Grandes churreteadas del fútbol mundial: El no-título del Super Dépor en 1994

Aprovechando el trend topic de estos días a raíz de, ehm, cierto partido que se jugó este miércoles en la tarde en El Campín, vamos a hablar de otra churreteada blanquiazul. En este caso recordaremos una que dolió en el alma al 98.56% de los que seguimos este maldito deporte enviciador, hermoso y maligno: la del Deportivo de La Coruña en la Liga de 1994.

Entre las tantas historias de frustraciones, amarguras, decepciones de último minuto y todas esas cosas que les suele pasar a los equipos humildes que nunca han ganado ni mierda, una de las más famosas y conocidas es la del Deportivo de La Coruña y su espectacular churreteada en 1994. Todos alguna vez hemos escuchado sobre ese partido y el montón de historias relacionadas con él – que Bebeto no quiso cobrar el penal, que los rivales estaban incentivados, etc… – pero no de los detalles y qué tan cierto es lo que se contó después. ¡Pero para qué estudiamos, marica, si no es para contarte esas cosas! Así que siéntate, silencia los chats, desactiva instagram, dile a tu asistente o a tu jefe que estás atendiendo algo muy importante – lo cual es cierto – y para bolas, que acá comenzamos…

El Real Club Deportivo de La Coruña (NO el «Deportivo La Coruña», bruto)

La vida del humilde Deportivo de La Coruña (por favor abstenerse de decirlo sin el «de») no ha sido digamos un calvario absurdo e interminable como «The Walking Dead«, pero sí ha sido sufridita. Desde su fundación en 1906 (sí, 113 años de vida tienen) hasta los años ochenta pasaron (salvo un breve periodo en los 50) más peleando un año por no bajar y el otro por subir que siendo protagonistas del fútbol español. El club de la ciudad costera de Galicia tenía mucha historia pero nanay de títulos, pero quién diablos le quitaba la afizión al Dépor a ese pueblo tan curtido y aguantador como es el gallego. Total que aunque lograron arañar un subcampeonato en 1950, llegaron a épocas tan jodidas que se la pasaron gran parte de los 70 y 80 penando entre Segunda y Segunda B.

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Don Arsenio Iglesias mirando el tablero del marcador o pensando si cerró la llave del lavaplatos antes de salir de la casa

Así que a finales de los 80 nada pintaba que para el club la cosa iba a ser diferente que lo que fue siempre. Llevaban ya varios años afincados cómodamente en la segunda categoría del fútbol español, peleando de vez en cuando por el ascenso pero desfondándose siempre en el momento crítico. Como en 1983, que tenían que ganarle en la última fecha al Rayo Vallecano en casa y esperar que Mallorca no ganase su partido de visita para lograr volver a Primera. Y resultó que el Dépor se cagó contra un Rayo que no se jugaba a nada (es un decir, porque los jugadores del Rayo habían sido, ehh, motivado$$$ por el Mallorca para que ganaran) y perdió 2-1 y con ello se les fue el ascenso en medio de un charco de churria. O en 1986, en el que llegaron a la última fecha empatados en puntos con Sabadell y – otra vez – Mallorca peleando por dos cupos, pero en la última fecha en Oviedo el árbitro les metió la mano y perdieron el partido con un penal más dudoso que los beneficios para la salud del Herbalife. En fin, ya eran tantas las dezepciones y las ilusiones aplastadas a último momento que los hinchas estaban casi que les balía berga todo y puesh nada.

Hasta que en 1987 aterrizó un señor llamado Arsenio Iglesias, figura histórica como jugador del club coruñés y que ya como DT era una especie de Julio Comesaña gallego (¿cómo le dirían allá, «Pelo´e´borrico?): llevaba ya varios ciclos con el club, se iba y lo volvían a llamar para que diera una mano y de paso ver si de pronto, quién sabe, quizás, tal vez ascendiera al equipo. Don Arsenio, que era gallego hasta en el cartón de la oreja, agarró al club no solo aún en Segunda División sino con el riesgo ahí nomasito de descender a Segunda B. Y los salvó, por una vez con la suerte dándoles la mano en la última fecha: hicieron el gol de la salvación en tiempo de descuento. Don Arsenio fue confirmado para el año siguiente, pero tan o más importante para el club fue la llegada a la presidencia de un señor llamado Augusto César Lendoiro, empresario que primero saneó económicamente a la institución – después de años de estar cagados en deudas y reportado hasta por Datacreditiño -, y que una vez logrado el objetivo financiero se dedicó a armar un combazo para la categoría que de una vez ya, carajo, pudiese obtener el ascenso. Y lo logró en 1991, aún con el venerable Arsenio Iglesias al mando: el Dépor volvió a Primera.

El Deportivo en su primera temporada de retorno en Primera, en 1991-1992: Arriba Martín Lasarte (sí, ESE mismo), Yosu, Antonio, Djukic, Albístegui, Claudio. Abajo Aspiazu, Fran, Mariano, Kiriakov, López Rekarte. Estaba la base, pero aún faltaban varios cracks…

El primer año de vuelta en Primera – sin don Arsenio como DT, que se retiró voluntariamente – fue jodido y se salvaron por un peliño de volver a la B. Esa temporada el Dépor tenía una nómina que no era uffffff el DIM de Leonel (?) pero sí incluía a varios jugadores que serían parte de la base del futuro Súper Depor: el central yugoslavo (bueno, serbio) Miroslav Djukic, a ese momento desconocido hasta en la tienda donde le fiaban en su pueblo natal, caído a España ya con 25 años; el lateral vasco López Rekarte, descartado del Barcelona; el delantero Claudio Barragán y sobre todo el talentosísimo y punzante Fran, hijo de la tierrita y que había hecho (y terminaría haciendo) toda su carrera como profesional en el propio club.

Para la temporada 1992-1993 volvió Arsenio Iglesias, y además don César Lendoiro se metió la mano a la billetera, y con un muy buen ojo para las compras – el Dépor traía jugadores muy buenos y baratos -;  se reforzó la nómina con los que serían dos símbolos máximos del club de todos los tiempos, aunque en su momento en España nadie les paró bolas: el volante central Mauro Silva del Bragantino y el delantero Bebeto del Vasco da Gama. Aunque suene raro, al hoy legendario Bebeto nadie le tiraba mente en Europa or esos días, porque llegar allá con 28 años encima y la fama de goleador solo local no se prestaba como quien dice a la fanfarria general. Lo de Mauro Silva fue más que todo ojo del que se lo llevó, porque que sepamos fuera de Brasil (y no te digo que en su país) nadie había ni escuchado de él. Raro porque el man era una BESTIA, el tipo se comía el medio del campo sin dar pata exageradamente y con un criterio e inteligencia que anulaba hasta una orden de captura de la Interpol.

Bebeto y Mauro Silva en su presentación en el club, en 1992…

Con los dos brasileños – más otros refuerzos – y la sabia y prudente mano de don Arsenio el equipo agarró viaje y fue la sorpresa de la Liga 1992-1993: esa temporada quedó en tercer lugar, con Bebeto de goleador y con la valla menos vencida del torneo. En resumen estamos hablando de un equipo con mezcla de uno que otro canterano + descartados de otros clubes + diamantes ocultos del extranjero, todos ellos con virtudes explotadas sensata pero intensamente por don Arsenio. Con el impulso el Dépor se volvió a reforzar para la 1993-1994 y ahí el equipo agarró mucha más forma: increíblemente, en la fecha 14 agarró el liderato y lo sostuvo fecha tras fecha a pesar que veía por el retrovisor ahí no más a Barcelona y Real Madrid, pendientes que la cagaran para tomar el primer lugar. La gente en La Coruña se entusiasmó bastante y comenzó a volar mentalmente: ¿qué tal que de verdad se diera eso de quedar campeón? Es que en serio el equipo se veía bastante sólido, firme, terrenal pero con autoridad y monolítico: don Arsenio jugaba con un 5-3-2 invariable que sustentaba su poderío en un bloque defensivo al que no le entraba ni la CIA, y de hecho fueron por dos años seguidos el equipo menos vencido de la Liga.

deportivo temporada 93/94
El Dépor en esa histórica temporada 1993-94. Arriba Paco Liaño, Mauro Silva, Djukic, Voro, Ribera, Donato. Abajo: López Rekarte, Bebeto, Fran, Nando y Claudio

La formación base de ese equipo era con Paco Liaño en la portería, los centrales Voro y Ribera encargados de despejar todo, secundados por Djukic como líbero,  Lopez Rekarte y Nando como laterales; en el medio los brasileños Mauro Silva y el recién llegado brasileño Donato – que cayó a La Coruña del Atlético con 30 años y lesionado pensando en retirarse y terminó jugando 10 años (!) – despejaban todo y anulaban la creación del contrario, y el rol de creador estaba casi que centrado en el habilidoso Fran. Arriba Manjarín o el valenciano Claudio y el letal Bebeto. Con esta base y contra todo augurio nefasto, el equipo se mantenía en el tope de la tabla, dando golpes de autoridad como el 4-0 ante Real Madrid en Riazor y conservando el primer lugar a punta de empates justos y útiles (por esos días las victorias daban dos puntos apenas) y triunfos ajustados pero sin sufrir. Se acercaba el final de temporada y la gente en La Coruña no cabía en el cuerpo de la emoción.

El Dépor dependía de sí mismo y tenía todo a favor: Nada podía malir sal

La media maricada que estaba detrás del Deportivo ese año. Arriba: Zubizarreta, Guardiola, Nadal, Koeman, Stoichkov, Txiki Begiristain. Abajo Bakero, Amor, Sergi, Ferrer, Romario. Un megaequipo galáctico antes que se instaurara la costumbre de armarlos así

El asunto es que el Dépor se encaminaba sólido, sereno y seguro hacia su primera Liga, y a falta de cuatro fechas llevaba tres puntos de ventaja sobre su perseguidor, que no era cualquier lagañita de mico: nada menos que el famoso Dream Team del Barcelona de Johan Cruyff … Los coruñeses no eran un equipo uffff qué bruto, qué maquina de hacer goles estos cuates, pero como dijimos jugaban parejito y era demasiado difícil hacérselos: a la fecha 34 de 38, llevaban 52 GF (el más bajo de los siete primeros de la tabla) y apenas 18 GC (el mejor registro de toda la Liga, y uno de los mejores de todos los tiempos en España). El primer título se veía como que al alcance de la mano porque les quedaban cuatro partidos muy mamey: Lleida, Rayo Vallecano, Logroñés y Valencia, de los que los cuales los tres primeros estaban en el fondo de la tabla. Cuatro partidos, tres puntos de ventaja (o sea una victoria y un empate), ante rivales inferiores, después de una campaña con rendimiento parejito: tenían todo a la mano.

Pero, no joda, fue entonces que se dejó sentir la inevitable presencia del proverbial cagómetro, ese que casi siempre se le activa a un equipo chico cuando, contra todo pronóstico, está a punto de tocar el cielo con las manos. En La Coruña – jugadores, técnico, afición – la inminencia de la hazaña en una de las ligas más prestigiosas del mundo, la falta de costumbre de pelear títulos en Primera – llaves, apenas cinco años antes estaban en Segunda -, la relativa facilidad del camino que tenían por delante, les pesó en el pecho y en las patas de modo que esa maquinita aceitadita se comenzó a descarrilar. Fecha 35: un no calculado empate sin goles en casa de UD Lleida (terminaría descendiendo esa temporada) remeció la confianza. No importa, faltan tres fechas, vamos bien, ahora en Riazor cuadramos caja con Rayo. Y en la fecha 36 volvieron a empatar sin goles ante Rayo Vallecano (ver video abajo), comiéndose mil goles – el arquero de Rayo fue figura y hasta salvándose del 0-1 al final. La ominosa sombra de la churreteada creció ominosamente en La Coruña y las dudas llenaron los culos de equipo y afición; imagínate quién putas va a estar tranquilo mirando por el espejo retrovisor para ver atrás como tratan de adelantar el Barcelona de Romario, Stoichkov, Pep Guardiola, Ronald Koeman… porque sí, ellos ganaron sus dos partidos y descontaron dos puntos: a falta de dos fechas Deportivo era líder por apenas un punto.

En la penúltima fecha el Dépor tenía que ir al campo de Logroñés a ganar sí o sí para depender de sí mismo en la última fecha. Y lo logró:  en un campo lleno de hinchas coruñeses que habían viajado con toda la fe a alentar, le ganó 2-0 al local con tantos de Donato y Manjarín en el ST, y otra vez alivio total con retorno de la confianza perdida: los blanquiazules quedarían campeones si ganaban por cualquier marcador en la última fecha. Si empataban, tenían que esperar que Barcelona no ganara su partido respectivo porque en ese caso, igualarían en puntos y la ventaja la tendría el Dream Team por su mayor Diferencia de Gol. En todo caso, el Dépor tenía todo en sus manos para obtener por primera vez en su historia el título de campeón de Liga, más meritoria aún por lograrse sobre los ultraprestigiosos Barcelona y Real Madrid. “Tenía todo en sus manos…“.

El día de la verdá

Y se vino el gran día. La fecha 38 y última de esa Liga se jugó un 14 de Mayo de 1994; al Dépor le tocaba recibir al Valencia de Guus Hiddink que no tenía nada por qué pelear, mientras que el Barcelona enfrentaría al Sevilla. Prácticamente toda España y quisiera creer todo el mundo siempre libre y nunca inlibre quería que el título fuese para los esforzados, luchadores y humildes gallegos. Incluso la afición coruñesa estaba en el fondo esperanzada en que Valencia, que tras una temporada de mierda no se jugaba un carajo, se relajara y entregara en bandeja el partido al Dépor.

Pero no las iba a tener todas consigo (?): resulta que Barcelona apeló a la vieja y poco admitida táctica del Hombre del Maletín. El equipo azulgrana incentivó a los jugadores de Valencia con una “prima” de tres millones de pesetas por cabeza para salir a ganarle al Dépor, como reconoció años después el central de aquel equipo ché Fernando Giner: “Una semana antes, sabíamos lo que teníamos. El dinero lo cobramos a la semana siguiente. Lo recogimos en la autopista, a mitad de camino entre Valencia y Barcelona. Se encontraron un jugador nuestro y uno de ellos. Lo guardamos en casa de uno del equipo y lo fuimos repartiendo. Salimos a tres millones de pesetas [18.000 euros] cada uno de la plantilla (…). Hiddink no cobró nada. Dijo que estaba cumplido“. En otra entrevista Giner declaró que “Claro que hubo prima, y cuantiosa, del Barça, pero yo soy de una forma de ser en la que la amistad prima más que el dinero. Voro y Nando acababan de llegar al Deportivo esa temporada después de pasar por el Valencia y yo quería que ganarán una Liga que merecían (…) Sí, cobré, pero era un dinero amargo(!!!!!)… qué gran amigo el hijueputa.

La atmósfera en La Coruña en la semana previa a la fecha final se vivió con esa mezcla de nervios, expectativa y opresión en el pecho y la garganta que dan los partidos decisivos en una hinchada. Todo el mundo respiraba fútbol hasta por los poros del pelo, los colores blanco y azul adornaban cada esquina, no se hablaba de otra cosa sino del partido; supongo que hasta culeando los coruñeses pensaban en Bebeto, Manjarín y Fran. Seguía flotando en el aire la terrorífica inminencia de la churreteada, pero la victoria en Logroño de la fecha pasada encendió la luz de esperanza que, bueno, los muchachos se pusieron nerviosillos pero supieron responder y hoy sabrán qué hacer, jejeje.

Pero no, no supieron qué hacer. Desde el minuto 0 toda la expectativa y ganas y cálculos y la historia y las estadísticas y la gente que te alentaba y el sueño de miles de personas pesó como matrimonio a la fuerza en las piernas y pechos de los once jugadores blanquiazules, que ya en el partido decisivo entraron imbuídos del espíritu de La Garroteira: no hubo manera de crear juego, no llegaban al área del Valencia, no tenían opciones y terminaban dando vueltas sin sentido. El Valencia, en cambio, motivado por el e$píritu competitivo, salió a jugar con muchas ganas y soltura, generando ocasiones y llegando con mucha frecuencia al área local. Mientras tanto en el Nou Camp, comenzó perdiendo el local, pero antes que la hinchada coruñesa comenzara a ilusionarse remontaron los Culés y definieron todo con varios goles de Romario (5-2 quedó el encuentro). Todo dependía de lo que pasara en el Riazor, en el que el tenso ambiente enmarcaba un juego muy plano de los locales, totalmente bloqueados mentalmente para desequilibrar y con un público cada vez más angustiado.

Moría el partido sin cara de cambiar el asunto, y todo se encaminaba a un empate sin goles que le servía el título al Barca; el Riazor era todo un solo nudo de angustia y decepción ante la oportunidad perdida. De repente, en el minuto 89 el local Nando entra al área y es derribado – se deja derribar bastante, también – aparatosamente por el valencianista Serer. El sapo de negro marca penalty y el estadio y todos los españoles fuera de los del Barça – y hasta alguno de ellos también – y el mundo que se querían caer de la emoción y la histeria: si el Dépor marcaba ese penal, era campeón de Liga por primera vez en su esforzada historia. ¡Ay marica! Se va a cobrar el penalty en medio de abrazos emocionados de los jugadores y cuerpo técnico coruñeses, y sospechosamente azaradas protestas valencianistas, que parecía que estaban a punto de perder una final del mundo.

No, el de la derecha NO era el encargado de cobrar los penales

El encargado a cobrarlo es Djukic, y aquí surge leyenda negra que quedó para la posteridad y que se instaló en el imaginario del pueblo: se afirmó y quedó como verdad instalada que Bebeto era el encargado de cobrar el penal, pero simplemente se arrugó y le dejó la responsabilidad a otro que sí fue capaz de hacerlo. ¿Es verdad esto? El mismo del Valencia Giner ayudó a instalar el mito al afirmar que Bebeto todo el partido le había recriminado dizque por ser unos vendidos, y lo remachó “Lo que son las cosas, cuando pitan el penalti me dirijo a él y le digo que ya lo tenían, que si era lo que quería ya lo había conseguido. Desapareció de mi vista, se escondió y lo tuvo que tirar Djuka [Miroslav Djukic]. Me jodió que se borrara de esa manera“. Ahora, ¿sí era Bebeto el encargado de cobrar penales? NO: el responsable era Donato, que había convertido cinco de sus diez goles de la temporada por esta vía. Pero pasó que ya el hispano-brasileño ya no estab en la cancha por haber sido reemplazado. Sin él adentro el encargado de los penales era Miroslav Djukic, cuyo único gol de la temporada había venido por la misma vía. O sea: NO es verdad que Bebeto se negó a cobrar ese penal: lo cierto es que el que estaba a cargo de hacerlo en ese momento era Djukic. Hecho que se refuerza con este Dátolo: Bebeto había fallado ya dos penales en la campaña.

El defensor yugoslavo agarró el balón en medio de la euforia y angustia y parto e ilusión de miles de coruñeses dentro y fuera del Riazor, disparó y… le salió un tirito que fue fácilmente contenido por el portero valencianista González (!!!!). No hubo tiempo para más: el partido quedó 0-0 y Barcelona quedó campeón de Liga agarrando el primer puesto justo en la última fecha, después de 23 fechas en las que el Dépor fue líder… churreteada consumada y drama.

Acá vemos toda la dramática secuencia final, narrado por unos folclóricos narradores venezolanos («EL Coruña«….)

El post-cagada

Esa tarde-noche en La Coruña se sentenció una de las más grandes churreteadas de todos los tiempos. Ojo, hablamos de una protagonizada por un equipo humilde, uno que casi no se la creía que estuviese a punto de tocar el cielo con las manos. Pero no deja de ser churreteada al fin: el Dépor en las últimas cuatro fechas ganó un partido y empató a cero los otros tres, dos de ellos ante equipos que terminaron descendiendo a Segunda esa temporada. Pero ajá, no deja de ser dolorosa la manera en que dejaron escapar la gloria por amarillos.

Terminado el partido todo el Riazor era un único pasmo triste e incrédulo ante los hechos increíbles que acababan de vivir. El protagonista de todas las miradas, abrazos, consuelos y palmeadas era el pobre Djukic, derrumbado ante el hecho que lo marcaría de por vida en tertulias futboleras y recuentos de cagadas. Al gran central serbio le costó salir del trauma, pero salió, como lo declaró en una entrevista años después: «Aquel día fue el más triste de mi carrera deportiva. La jugada, la imagen, el momento, me persiguió durante mucho tiempo, era como una obsesión insana. Un día decidí que no podía seguir pensando en aquel maldito instante, no quería volverme loco«. Bueno.

Djukic queriendo que se lo trague la tierra

 

Ese Dépor se mantuvo con buen rendimiento la siguiente temporada, pero tampoco le alcanzó para el título: quedaron de segundos detrás de Real Madrid, esta vez sin chureteadas escandalosas de por medio. Pero se sacaron un poquito la mondá el clavo al ganar su primer título oficial importante: la Copa del Rey 1994-1995 que obtuvieron al ganarle en la final a… Valencia. Don Arsenio Iglesias siguió unos años más, pero el honor de ganar la Liga y sacarse un poquito la sal gruesa de aquel partido de 1994 le tocó a Javier Irureta como DT en 2000, con una nómina en la que seguían aún como titulares y pilares inamovibles Donato, Mauro Silva y Fran. Bueno, ellos sí se sacaron el clavo…

EL momento de la Liga 1993-1994

 

YoSoyElCarlos

Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

4 comentarios sobre “Grandes churreteadas del fútbol mundial: El no-título del Super Dépor en 1994

  • el 7 junio, 2019 a las 12:44
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    Excelente! Julio Comesaña técnico y César Augusto Londoño presidente (?), ¡Que viva Colombia!

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  • el 9 junio, 2019 a las 13:24
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    Muy buen post Master, me imagino la tristeza en La Coruña ese día, ese guayabo futbolistico debió haber sido grande. Sobre los narradores venezolanos, que recocha de transmisión.

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  • el 13 junio, 2019 a las 20:38
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    Excelente post, Charles. Mira que yo también pensé todala vida que Bebeto se había cagado. Es que si yo soy Bebeto a Giner lo ENCIENDO A TROMPADAS apenas lo vea. Qué escrachada tan hp le pegó de gratis.

    Filozzzzofando un poco… Es increíble lo futbolero que es el pueblo español. Gallegos, vascos, catalanes, madrileños, etc. En todos lados se respira fútbol y lo sé con conicimiento de causa. No, no he ido, pero me han contado (?). Aparte, un lee crónicas como estas y se da cuenta de lo trascendente que es el fútbol allá. Creería que tienen una cultura futbolística tan (o más) fuerte que en Inglaterra o Italia.

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