Grandes Escándalos del fútbol Mundial: los mierderos internos de Holanda y Alemania en 1974

¿Los jugadores son lo más sano del fútbol? Sí, bobo, claro. Los mierderos internos originados por envidia, choque de egos y amor al billete se han dado siempre en todo grupo de personas, y los equipos conformados por esos seres maravillosos y solidarios que son los futbolistas no son la excepción. Por ejemplo, debajo de la la explosión de la selección holandesa de fútbol en el Mundial de 1974 hubo mucho más que esa imagen de fútbol total y lirismo eficiente y pobrecitos se merecían el título y toda esa monserga que lee uno de pelao. Es más, te digo que ese cipote de equipo al que en la final le faltaron cinco para el florín (?) estaba socavado por peleas internas originadas por mezquindades más dignas del Junior de Teo que de una selección de clase mundial. Pero sus rivales en la final no se quedaban atrás: los alemanes arrastraban una vergonzosa historia de codicia que por poco priva a su afición de su segundo título mundial. Pille que acá le contamos.

Típico del buen Johan 

Todos sabemos que el figurón de la selección holandesa de 1974 era el egocéntrico, crack, multicampeón y figura mundial Johan Cruyff. El flaco era el centro de atención de esa selección holandesa que retornaba a un mundial después de 36 años de ausencia en medio de una gran expectativa. Y ojo que cuando digo “centro de atención” me refiero no solo dentro de la cancha: todas las crónicas coinciden en que a Johan le gustaba la plata más que culear, y que si había algo que lo llenara más que el billete era el imponer sus deseos sin importar los demás. Siendo Cruyff el crack máximo del fútbol europeo de esos años le era fácil hacer esto; lo sabía el Barcelona, que se movía presuroso con cada pedido/idea/capricho que se le cantaba en las huevas al habilidoso jugador. ¿Un ejemplo? El entrenador alemán Hennes Weisweiler sería eyectado del Barcelona preciso después que el crack no fuera alineado contra Sevilla en un partido de 1976…

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La selección holandesa en 1972. El portero Jan van Beveren es el primero de arriba, Cruyff es el tercero de los hincados. (Fuente). ¿Si pilla el detalle de las rayas en el suéter de Cruyff? El Flaco usaba otro diseño distinto al de sus compañeros por temas de exclusividad en la indumentaria…

La cosa era igual en la selección, como era de esperar. Desde que Cruyff tomó dimensión de figura mundial comenzó a imponer sus gustos y decisiones en el equipo, y se aprovechó de esto para tener más libertades que el Chicho Serna con los árbitros cuando jugaba en Boca. Cruyff y algunos de los del llamado Clan Ajax (Johan Neeskens, Arie Haan, Wim Suurbier, Ruud Krol, Gerrie Mühren, Piet Keizer y Johnny Rep) tenían ventajas económicas y disciplinarias sobre la mayoría de sus compañeros en la selección: llegadas tarde a los entrenamientos, libertad para fumar en el vestuario, escogencia de qué partidos amistosos jugar o no, ausencias de la concentración por viajes así fueran de placer… debe estar leyendo esto Juan Fernando Quintero y pensando “Uhhh qué manes tan conchudos ome gonorrea ome”.

Muy liberal todo, pero lo más lógico en estas situaciones es que los que están afuera del queso se azararan, y esto fue precisamente lo que pasó. Los inconformes con el estado de cosas eran principalmente los provenientes del FeyenoordRinus Israël, Wim Rijsbergen, Wim Jansen, Eddy Treijtel, Theo de Jong o el crack Wim van Hanegem. Pero el que se destacó de los inconformes fue el gran portero del PSV Eindhoven Jan van Beveren, una leyenda del fútbol holandés, un gigante de esos que parecía tapar el arco nada más parándose en frente, y que aparte tenía unos reflejos que te sacaba un obús a quemarropa mandado al ángulo. Van Beveren no tenía pelos en la lengua (¿de dónde putas sacaron ese dicho? Qué vaina rara tener la lengua peluda… eh, sigo) para hablar las cosas y así disparó a los del Clan Ajax por ejemplo después de la fallida clasificación al Mundial de 1970: “No nos hemos clasificado porque algunos jugadores han olvidado la importancia del torneo, se han dedicado a hablar únicamente de dinero y han carecido del compromiso adecuado. Ha sido una gran decepción” ¡BUM!

Por declaraciones como estas el talentoso flaco le agarró ojeriza (?) a van Beveren, pero comía callado; porque quién putas sacaba al inmenso portero de la titular, y más cuando con sobradas actuaciones ayudó a la Oranje a clasificar al mundial de 1974. Pero en el camino al mundial pasaron dos cosas determinantes: 1) el DT que los había clasificado, el checoslovaco František Fadrhonc, no renovó su contrato con la selección y fue reemplazado por el multicampeón con Ajax Rinus Michels, y 2) nuestro Jan se lesionó feo en la ingle y se alcanzó a recuperar justo antes del inicio del torneo. Acá Cruyff agarró el centro perfecto y la empalmó de volea: cuando el portero se recuperó y pidió al nuevo técnico jugar solo un tiempo en un amistoso previo al debut mundialista, Cruyff presionó feo a su entrenador para que le exigiera que jugara los 90 minutos so pena (?) de no ser convocado. Ahí jueque Van Beveren dijo que por qué tengo que jugar todo el partido Michels dijo porque sí viejo lo digo yo Van Beveren respondió que pero así es muy duro don Rinus el técnico dijo así son las cosas mijo lo toma o lo deja van Beveren dijo ahhhh me imagino que ese flaco malparido está echándole carbón Michels dijo piense lo que quiera Van Beveren dijo entonces me voy suerte es que les digo (?). (Fuente)

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Rinus Michels, a la izq cuando era una señora y jugaba en el Ajax, a la derecha como señor y entrenador de fútbol

La alineación del técnico holandés con Cruyff era entendible dado que Michels era de la entraña profunda del Ajax. Como jugador había estado doce años en el club con números muy respetables, ganándose fama no solo de rendidor sino de excéntrico: es conocida por allá una anécdota en la que por broma se presentó vestido de mujer con abrigo de piel y todo (!!!) al hotel donde jugaban antes de un partido de visita. Ehh, sí, sí, “BROMA”, je. Pero como entrenador en el Ajax impuso unas reglas y disciplina que rápidamente se ganaron la autoridad de sus dirigidos, que de seguro no conocían esa incómoda anécdota (?). Total que cuando arribó a la selección, menos de un mes de iniciar el campeonato de 1974, tuvo la aprobación casi unánime de los seleccionados. Pero enseguida se hizo del lado del clan Ajax no solo por preferencias sino por evitar un boicot, y entre otras cosas apoyó la “sugerencia” de Cruyff de poner en el arco al mediopelo de Jan Jongbloed, un oscuro portero con carrera bastante normal en clubes de su país, cuyo mayor mérito era ser parcero del Flaco de la 14. ¿Dije normal? Exagero: para el Mundial de 1974 ya con 33 años había jugado en total dos (2) partidos con la selección (!!): el primero en 1962, en un amistoso contra Dinamarca en el que jugó 4 minutos (y encajó un gol), y otro en mayo de 1974, un mes antes del mundial, después que entre Michels y Cruyff decidieron ponerlo a jugar de titular. De hecho, Jongbloed en ese momento no era futbolista profesional, pues jugaba en un club aficionado de Ámsterdam y vivía de un negocio de venta de tabaco que manejaba con su esposa.

La defenestración (?) de van Beveren fue notoria no solo por su dimensión como jugador sino por la mediohuevez de su reemplazo. Pero otras que ocurrieron en el camino, sea por decisión técnica o por otras razones, ehhh, desconocidas, no fueron tan mentadas porque se disimularon con la altísima calidad de los que sí jugaron. Como por ejemplo la polémica y efímera convocatoria de Willi Lippens, alemán de nacimiento y germanoparlante pero de madre holandesa, que en su único partido con la selección naranja fue víctima del burling (?) de sus propios compañeros por el temita ese de la nacionalidad, ¿sí pilla? (jugadores como Van Hanegem y Krol que habían perdido a su familia a manos del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial fueron particularmente hostiles con el doblecamiseta). Pero la más fuerte aparte de la de Van Beveren fue la no convocatoria de Willy van der Kuijlen, el mayor goleador de todos los tiempos de la Eredivisie (hizo 311 goles en 545 partidos ¡jugando de volante!), que no fue llevado a Alemania por razones que no conocemos. Ah, pista: jugaba en el PSV Eindhoven. Van der Kuijlen junto con Jan van Beveren fueron vueltos a llamar a la Oranje en 1975, pero el primero la cagó feo en contra del patrón Cruyff: resulta que al ver llegar al Flaco y a Neeskens a una práctica de la selección un día más tarde que sus compañeros, el volante del PSV soltó un maligno (?) “Ahí vienen los reyes de España”. El chascarrillo llegó a oídos de Cruyff, que acto seguido hizo la propia de él: le exigió al técnico (ya no era Michels) que sacara a van der Kuijlen y ya que estamos a van Beveren o si no él se iba a la mierda. Obvio que sacaron a los dos del PSV: ningún técnico se iba a hacer cargo de echar al ídolo del país.

El talentoso Wily van der Kuijlen

Pero todos estos vergueros al final parecían enterrados entrado el torneo de Alemania 1974, en el que los holandeses se pasearon sobre todos los rivales en bicicleta durante la primera y segunda rondas. El mundo estaba cama laaacaaa con el juego de los holandeses en general y de Cruyff en particular; los de naranja se convirtieron en firmes candidatos al título y todo parecía encaminado a una histórica desvirgada precisamente en casa de los odiados alemanes. Con sus victorias sobre Alemania Oriental, Argentina Brasil los holandeses clasificaron a la final en la que esperaban ganarle fácil a los locales, que medio a los tumbos y solo mostrando autoridad en la última parte del torneo habían clasificado… A ver, y ¿cómo venían los alemanes?

Si, ¿por Die haus cómo andamos? Toten codiciosen

Del intríngulis (?) de la selección de fútbol de Alemania Federal en 1974 se cuenta muy poco. Los teutones, dirigidos por el respetado Helmut Schön, estaban enclaustrados en una concentración en Malente (suburbio de la ciudad de Münster) cerrada por todos lados y cuidada por guardias y perros armados (los guardias, no los perros, aclaro) y una altísima seguridad, por temor a otro suceso como el de los atletas israelíes en las Olimpiadas de Munich. Era un encierro en teoría, pues igual la mayoría se escapaba bajo la aprobación tácita de todos; por ejemplo el Káiser Franz Beckenbauer no perdonaba su salida nocturna al amparo de la oscuridad (?) para ir a lubricarle las coyunturas a la actriz Heidi Brühl (uoffffff). Otros frecuentaban sitios de, eh, esparcimiento diverso en la cercana Hamburgo. Escapadas clandestinas pero que al final no afectaban la moral ni la disciplina del equipo.

Pero la verdad es que los jugadores alemanes estaban llenos también de problemas y con un verguero tremendo que estuvo a esto no más de dejarlos sin título mundial. ¿La causa? A ver si adivinan: el vil metal. La gloria, el orgullo, la patria, la supremacía aria (?) y el honor de regalarle el triunfo al pueblo alemán les valía Bergen a casi todos los integrantes de esa selección alemana de 1974. Porque lo primero que los preocupaba, lo que los desvelaba y no los hacía concentrar ni disputar amistosos con ganas, era la pregunta: “¿Y cuánto billete nos vamos a llevar si quedamos campeones?”. La inquietud parecía dilucidada días antes del inicio del torneo: la Federación alemana de Fútbol (DFB) acordó con los jugadores otorgarles un premio de 30,000 marcos en caso que lograran el título. Cifra que les pareció suficiente a los seleccionados alemanes… hasta que conocieron un dato que les envenenó la cabeza: la cifra era notoriamente inferior a los premios que iban a recibir otras selecciones participantes al mundial.

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Uli Hoeness, Beckenbauer y Gunter Netzer pen$ando en co$a$ diver$a$ en una práctica en Malente (Fuente)

Y ahí fue cuando comenzaron los rumores, murmullos y cónclaves apresurados a todas horas entre los jugadores de la selección alemana en su concentración para discutir el tema de premios. La situación llegó al clímax una noche, cinco días antes de su debut en el campeonato mundial, en la que la plantilla decidió llamar por teléfono al mandamás de la DFB para exigir un aumento en el premio en caso de ser campeones del mundo. El líder de esta pandilla de mercenarios era nada menos que Franz Beckenbauer, ya en su tercer mundial, capitán indiscutido y líder absoluto del equipo. El Káiser llevaba la voz cantante en los reclamos a la DFB y fue el delegado por los jugadores en las negociaciones con el presidente de esta, Herman Neuberger. ¿Qué cómo que negociaciones? ¡Las hubo, marica! Por que la DFB insistía en sus 30,000 marcos pero los jugadores – con el Káiser como vocero – exigían 100,000 marcos por cabeza para jugar con ganas. Este merequetengue duró toda la noche hasta que agotó la paciencia del técnico Schön, que al ver la mezquindad de sus dirigidos los llamó codiciosos y amenazó incluso con cambiar a los 22 convocados por otros nuevos (!!!!) o renunciar a su cargo. Afortunadamente para los alemanes, la DFB consintió en aumentar el premio a 70,000 marcos, que después de una cerrada votación (11 a favor – 11 en contra) fue decidida con el voto del Káiser que instó a sus compañeros a aceptar. El técnico decidió quedarse y la situación se salvó. Todos contentos.

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La cara de felicidad de estos muchachos irradia expresiones de “¡me gané 70,000 marcos!”

Bueno, casi. Porque los germanos tuvieron una mediocre primera fase con grises triunfos contra Chile y Australia más derrota humillante ante Alemania Oriental. Esta última hizo reaccionar al equipo, que se recuperó cuando más lo necesitaba sobre todo por el impulso y autoridad de Franz Beckenbauer. Total que cuando se enfrentaron en la final esa tarde de verano de 1974 alemanes y holandeses ambos estaban en alza y eran sin dudar los mejores equipos del torneo. Pero de los dos eran los holandeses los que concedieron unas ligerísimas ventajas: 1) un algo inexplicado exceso de confianza hacia los locales; 2) su capacidad de generar escándalos estaba intacta. Un par de días antes de la final el diario alemán Bild sacó una nota en la que afirmaba que cuatro jugadores holandeses sin identificar habían pasado una noche en la piscina de su concentración en Hiltrup acompañados por dos chicas locales desnudas. Sea verdad o no (el diario nunca publicó fotos del hecho), la nota pegó fuerte en la concentración por la reacción de las esposas de los jugadores, que no cuestionaban si las chicas eran locales o foráneas (?) sino el hecho de estar en cueros con sus esposos en una piscina. Como dicen por ejemplo acá la concentración holandesa se inundó de llamadas de las preocupadas/llorosas/iracundas esposas de los jugadores precisamente un dia antes de la final. Y en esta actividad destacó Danny, la jermu de Johan Cruyff, que lo mantuvo en vela toda una noche bombardeándolo a preguntas y cuestionamientos. ¿Tuvo que ver todo este enredo en la preparación de los holandeses para la final? Ni idea, pero definitivamente no ayudó a un carajo…

Como todos sabemos el título fue para los locales, que juiciosamente dejaron las cagadas para después de la final: resulta que en la cena de honor de la DFB a los campeones en Münich no se le permitió la entrada a las esposas de los jugadores… pero sí estaban las de todos los directivos de la Federación. Los indignados jugadores, acompañados de sus esposas y novias, fueron a celebrar como debe ser en discotecas de la ciudad (el humillante episodio fue una de las causas por las que el histórico goleador Gerd Müller se retiró de la selección a sus 29 años; de hecho la final de 1974 fue su despedida como internacional). Años después declaró sobre este bochornoso episodio el legendario Sepp Maier: “los alemanes somos capaces de organizar una competición mundial y aplastar hasta al más fuerte rival con nuestra férrea disciplina. Pero no tenemos la más remota idea de cómo armar una fiesta”. Y sí. Para los holandeses les quedó el soso e inútil título de campeones morales, pero ni eso les sirvió para agarrar experiencia. Cruyff duró unos años más en la selección hasta que se apartó por su propia voluntad en 1977.

Publicado originalmente en La Refundación

About YoSoyElCarlos
Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

5 Comments on Grandes Escándalos del fútbol Mundial: los mierderos internos de Holanda y Alemania en 1974

  1. 1
    Andres84 says:

    Gran post master, un porterazo Van Beveren, que habría pasado si hubiera tapado en los mundiales del 74 y 78?, saludos.

  2. 2
    Edogarudo says:

    Gran post señor. Eso pasa por tratar como neerlandeses a los holandeses (?). Me imagino a los respectivos CAVs de la época armando bochinches respectivos. Ah, ¿hay que preocuparse por su capacidad de ver rostros femeninos en hombres? Digo (?)

  3. 3
    Oscar says:

    Que cosa con Holanda, siempre hay un mierdere con esa seleccion de vez en cuando, en Francia 98 fueron por problemas raciales, sobre todo entre Davids y Van der Sar.
    Jugadorazo Johan Cruyff sin discusión pero que deidad y diva se convierten estas personas se dan con mas autoridad que el técnico y los directivos, acá también hemos visto como alcahuetes de divas, que el DT nacional de turno, llevo a la figura de la selección a un encuentro de romance con una cantante(?)-modelo, mientras esperaba en carro afuera de esa fogoso encuentro…..

  4. 4
    Juan Mecha says:

    Excelente post Master, que mierda lo que es la naturaleza humana de cagarse en todo.

  5. 5
    Invitado says:

    Ah, el equipo de Cruyff… El equipo de Messi…

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