Crónicas e historias: los mata-mata entre Chile vs Perú en Eliminatorias, aka “La Guerra del Pacífico_reloaded”

Peruanos y chilenos se detestan con bastante fervor, y no solo en la vida diaria o en los escritorios de los políticos sino en cosas más trascendentales como el fútbol. Los encuentros que los enfrentan a ambos por partidos oficiales se juegan con un toque más de intensidad que lo habitual, así sea para disputar el título de una Copa Cafam. Imagínate si pelean entre los dos por un cupo directo al Mundial, cosa que pasó no una sino tres veces, entre el periodo 1974 – 1986, y que por acá te las contaremos, aprovechando la coyuntura que uno clasificó a Rusia y el otro no, aunque no en el orden en que nos imaginábamos hace tres años.

Como países vecinos Perú y Chile comparten varios aspectos comunes: la calidez deslumbrante del pisco, la majestuosidad de sus montañas, la inmensidad de su costa desértica, la belleza de sus mujeres (?). Las cosas que los separan son muchas – como en todos lados-, pero la más notoria y ácida es la vieja rencilla derivada de la Guerra del Pacífico entre 1879 y 1883, en la que ambas naciones se enfrascaron en una áspera guerra que terminó en goleada de visitante y robo de trapos a favor de los chilenos. Perú se involucró en esta guerra por puro sapo: el conflicto originalmente se generó entre chilenos y bolivianos por causa de los impuestos y las restricciones que el gobierno de La Paz impuso al comercio del salitre dirigido por compañías chilenas. Ante la negativa de los del Altiplano en revisar este tema, el gobierno de Chile invadió territorio boliviano – de hecho ocupó la en ese entonces boliviana Antofagasta – y Perú, que aparte de tener un tratado secreto de defensa mutua con Bolivia no tenía ni mierda que ver en el asunto, movilizó su ejército en su apoyo. Ahí jueque Chile le declaró la guerra a ambos, los atacó y venció en batallas sucesivas –  al final solo a Perú porque Bolivia se echó para atrás miserablemente después del primer año de derrotas – y terminó ocupando Lima en 1881 en medio de desmanes, saqueos y abusos de los soldados chilenos a la población civil, local y extranjera por igual. De allá recién se terminó de ir en 1883 y con la región de Tarapacá (donde está Iquique), Arica y Tacna (esta la devolvieron en 1929 a Perú) en el bolsillo.

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Oficiales bolivianos posando coquetamente para la lente en la Guerra del Pacífico…. con razón perdieron la guerra…

La goleada en contra y la pérdida de territorio dejaron un trauma en la sociedad peruana que aún persiste hasta hoy, y que se mantiene vivo desde instancias oficiales y la historiografía nacional, generando un afán revanchista que se transmite a todo nivel en Perú. Y bueno, en el fútbol se nota también, obvio, y se vivió con particular intensidad durante tres eliminatorias en las que los dioses del morbo los colocaron juntos a pelear por un cupo al Mundial. Repasemos como fue la cosa weon qliao causita.

Eliminatorias al Mundial de 1974: pasó Chile

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Peruanos y chilenos en el partido de ida en Lima (Fuente)

Acuérdate que hasta 2002 el campeón mundial vigente tenía cupo asegurado al torneo siguiente. Para 1974 con Brasil con su tiquete ya listo, quedaban nueve selecciones sudamericanas peleando por sus tres tradicionales cupos al Mundial. Mejor dicho, con dos y medio, porque la FIFA decidió mandar a un repechaje intercontinental al ganador del Grupo 9 europeo con el del 3 sudamericano por la clasificación al mundial. Y el Grupo 3 sudamericano agrupó, precisamente, a los protagonistas de nuestro post: Chile y Perú, con Venezuela como colado. Era la primera vez que se enfrentaban los viejos enemigos por eliminatorias mundialistas, después de cuatro participaciones chilenas (de las que clasificó solo en una, en 1966: los mundiales de 1930 y 1950 los jugó sin disputar eliminatorias y el de 1962 por ser sede) y peruanas.

En el papel los que mejor venían eran los de la banda cruzada, que por primera vez en su añejísima historia futbolística llena de derrotas dignas, tenían ya montado un equipo con jugadores de talla continental y hasta mundial: Teófilo Cubillas, Hugo Sotil, Héctor Chumpitaz, Juan José Muñante, Ramón Mifflin y Roberto Challe, entre otros, derrochaban calidad y clase de esa de la que aún los viejos cacrecos en cualquier cuchitril de Lima hablan con emoción. Con ese combo los paisanos de Stephanie Cayo (uofff) alcanzaron a llegar hasta cuartos de final en el Mundial anterior. Los chilenos, en cambio, habían faltado a México 70 al ser eliminados por Uruguay, pero para estas eliminatorias se las traían (?) con varios que hoy son leyendas históricas del fútbol telúrico, como los centrales Elías Figueroa, por esos días en Internacional de Porto Alegre – en donde era ídolo – y Alberto Quintano, los delanteros Carlos Caszely, Osvaldo “Pata Bendita (!) Castro Sergio Ahumada.

Resultó que Venezuela fue bajada por la FIFA debido a líos entre la Federación y la liga profesional, lo que dejó el grupo convertido en la práctica en un Clásico del Pácifico a ida y vuelta en plenas eliminatorias. ¡Imagínate la tensión en ambos lados! Los peruanos quisieron hacer las cosas con seriedad y contrataron al prestigioso entrenador húngaro Lajos Baróti, con amplio historial con la selección de su país, a la que clasificó a los mundiales de 1958, 1962 y 1966 y con la que ganó oro en los Juegos Olímpicos de 1964; un palmarés impresionante para esos días (hoy un Checho Batista te gana el oro olímpico y aún así no suena ni para el Bucaramanga). Pero la cosa no engranó: bajo el mando del DT magyar la selección peruana se fue de gira preparatoria por América y Europa entre Abril y Junio de 1972, en la que perdió contra México, Escocia, Holanda y Unión Soviética, y empató contra Colombia, Rumania y un combinado del Magreb (Argelia y Marruecos). El hecho que fueron partidos preparatorios y que no se le ganó a equipos en general de buen nivel no se tuvo en cuenta, y el descontento de la siempre tóxica prensa peruana además de rumores como que Baróti nunca se hizo entender de sus jugadores – literalmente -, llevó a que la FPF eyectase al húngaro del cargo en Septiembre de 1972.

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Don Lajos Baróti tratando de hacerse entender de unos peruanos más azarados que uno esperando que lo atiendan en Urgencias en la EPS (Fuente)

Su reemplazante fue el uruguayo Roberto Scarone, entrenador con un palmarés pesadito: dos Libertadores y una Intercontinental con Peñarol, un subcampeonato también de Libertadores con Universitario de Deportes, más varios títulos de liga en Perú y Uruguay adornaban su CV de manera tranquilizadora para el respetable. Scarone comenzó mal (en su debut perdió 0-2 contra Argentina en Lima) pero poco a poco recompuso el camino ayudado por una seguidilla de victorias en amistosos y Juegos Bolivarianos, lo que le dio a la afición tranquilidad para lo que se venía. Un panorama ES PEC TA CU LAAAAR, aunque falta mencionar que sus rivales derrotados en ese paseo triunfal fueron del calibre de Guatemala, Panamá, BoliviaColombiaParaguay y hasta clubes (como San Lorenzo de Almagro…). ¿Los chilenos? Confiaron su destino al producto local: el veterano Luis “El Zorro” Álamos, multicampeón en la liga de su país y que que ya había clasificado a su selección al Mundial de 1966. Bajo su mando los de La Roja jugaron algunos amistosos por su lado y esperaron.

La ida se jugó en el Estadio Nacional de Lima un 29 de Abril de 1973, en una tarde en que, dicen las crónicas, “…hasta brilló el sol (…) en ese recordado marco la gente en las tribunas cantaba “Perú Campeón”, al son de los acordes de la banda de la Benemérita Guardia Republicana (…). Un director de barras, en los prolegómenos del juego, se animó a bailar una marinera con una guapa muchacha.”.  Una locura (?). Los locales ganaron 2-0 con goles ambos del gran “Cholo” Sotil (el primero jugadón previo entre él y Cubillas, el segundo un fierrazo) que rompieron el planteamiento ultradefensivo de los chilenos. 2-0, el peor resultado posible (?) pero iban con ventaja a la vuelta.

El resultado al parecer – según las crónicas de la época – llenó de confianza excesiva a unos y bajoneó bastante a otros. Para la vuelta el 13 de Mayo de 1973, en una Santiago enrarecida por el nocivo ambiente imperante en los últimos meses del gran Salvador Allende, los peruanos estaban más confiados que arquero en mano a mano con el Pipita Higuaín en una final, y repitieron nómina y planteamiento. Los locales, obviamente urgidos por el resultado de ida, se mandaron con tres delanteros de entrada para torcer el asunto. Pero casi no les resulta, porque ante un muy bien plantado abajo y arriba equipo peruano, los de rojo cagaron ácido muriático hasta el minuto 23 del ST, en el que el ingresado Julio Crisosto aprovechó un jugadón de Sergio Ahumada y las manitos de mantequilla del portero peruano Uribe para poner el 1-0. Y enseguida, el golpe final: tres minutos después el mismo Ahumada se fabricó él solito la jugada con la que puso el 2-0 que no se movió más. Todo igualado y a desempatar en terreno neutral.

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La nómina chilena que ganó en la vuelta en Santiago. El primero de abajo a la izquierda es el famoso Carlos Caszely

El partido de desempate se programó para el 5 de Agosto de 1973 – ¡casi tres meses después! – en el Centenario de Montevideo. Una infinidad de tiempo que los peruanos aprovecharon de manera muy diligente para autocuestionarse y llenarse de dudas. Sobre todo su técnico, que fue duramente criticado por la florida (?) prensa local por sus decisiones en el partido de vuelta, particularmente por haber reemplazado al crack Teófilo Cubillas a los 12 del ST con el marcador aún en cero. Para rematar al propio Cubillas la prensa le estaba dando garrote en forma, acusándolo dizque de estar pensando más en su inminente paso al fútbol europeo (al Basel suizo) que en la selección. Total que para el partido en el Centenario Scarone decidió incluir a cinco jugadores que no estuvieron en el partido de Santiago: Orlando de la Torre, Carlos Carbonell, Ramón Mifflin, Juan José Muñante y el delantero Héctor “Atómico” (!) Bailetti, este último reemplazando a… Teófilo Cubillas, al que una (abro comillas con los dedos indice y medio de cada mano, agito varias veces) lesión (ídem) le impidió estar en la convocatoria. Al menos esa era la versión oficial: lo que se decía en voz baja era que el DT Scarone y el crack peruano no se podían ni ver, y por eso el uruguayo no lo quiso llevar a Montevideo. El caso es que el mismo Cubillas confirmó en ese momento lo de su lesión y hasta públicamente apareció vendado y con bastón – aunque años después desmintió él mismo en una entrevista que estuviese lesionado (!!). Si no fue, cipote de burrada del DT uruguayo.

La otra fuente de dudas era por el lado de la portería: el titular en la eliminatoria era Manuel “Chicho” Uribe, portero de Defensor Lima, que había debutado con su selección en la mencionada gira internacional de 1972 de Lajos Baróti. Pero parece que el hombre en cada partido exhibía menos seguridad que el Microsoft Security Essentials, y comenzó a flotar en el aire la necesidad de contar con un arquero más confiable. Ante el fracaso de la propuesta de nacionalizar al arquero argentino Horacio Ballesteros – la idea fue rechazada por un sector de la prensa y vetada por el propio presidente del país -, surgió el nombre de – pon atención – Ottorino Sartor, aka “El Blindado de Chancay” (!!!!!!), que alternó algunos partidos amistosos bajo Scarone pero al que no convenció del todo. Sartor después fue el titular durante todos los juegos del Perú campeón de la Copa América de 1975, en la que fueron campeones, y hoy es considerado el último gran arquero nacido en el país. Pero para Scarone el titular fijo, a pesar de las dudas, era Uribe, que precisamente en ese momento había perdido la titularidad en su club – estaba ya como tercer arquero (!!) -, y que además, o por causa de, estaba con menos ritmo que gringo bailando vallenatos y con visible sobrepeso.

OTORINO SARTOR CON ATLETICO CHALACO

Otorino Sartor, aka “El Bilndado de Chancay”. Con ese nombre y apodo ya se garantizó el libro de la inmortalidad

Pero del nivel del portero o del merequetengue de Cubillas casi nadie se acordaba cuando Perú iba ganando 1-0 ya a punto de terminar el primer tiempo en Montevideo. El partido había sido intenso y parejo, con ocasiones de gol para ambos equipos en medio de una respetable afluencia de gente al estadio. El gol peruano fue obra de Bailetti a los 40 minutos del PT, después de una jugada de Roberto Challe coronada con un ramalazo del delantero al ángulo, y con esa ventaja el equipo peruano se iba al descanso pensando en cómo aguantar para lograr la clas… ah, no, aguanta el viaje. En tiempo de compensación del primer tiempo vino el infortunio/la cagada; a los 45 min y monedas hay falta a favor de Chile, y cuando los peruanos aún estaban acomodándose en la barrera cobró a lo chileno (o sea, a traición (?)) Francisco “Chamaco” Valdés; el portero Uribe reaccionó a destiempo por estar acomodando la barrera (!) y chaz, gol y 1-1 al descanso. Eso no fue todo, porque a los 13 del ST vino la remachada: un chileno manda un ollazo como desde 800 m al área peruana, el portero Uribe que sale como niña, el defensor Navarro se queda y desde atrás aparece el chileno Rogelio Farías, que toca con la uña del dedo pequeño del pie el balón antes que este pique. El rebote o la acción del chileno o la duda metódica aturdieron al portero “Chicho” Uribe y esto lo mató, porque el rebote se lo comió vivito y el balón terminó entrando casi como con pena a su arco. 2-1, y Perú pasó de tener medio tiquete a Alemania 74 a tener que remontar patas arriba para no quedar fuera de todo.

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Aquí podemos ver justo el cuadro de cuando al arquero peruano se le rompe el corazón

El resto del partido los peruanos se fueron para arriba a buscar el empate, ante lo cual los chilenos asumieron la consigna de jugar al toque corto y a circular el balón, para así aprovecharse de un medio peruano con mucha calidad pero con menos marca que la ropa de un Todo a Diez Mil. Con eso controlaron los embates de la banda cruzada, pero también fueron ayudados por las decisiones del técnico Scarone, que por ejemplo, reemplazó a una gloria como el Cholo” Sotil por un debutante Juan Carlos Oblitas aún biche para estas lides. A pesar de esto, Perú tuvo varias opciones pero el marcador no se movió: clasificó Chile al repechaje intercontinental. Lo que pasó con los chilenos después todos lo sabemos: clasificaron al mundial tras el vergonzoso play-off contra la URSS en una Santiago mancillada por las botas asesinas de los malparidos militares. El DT Álamos no pudo dirigir a su selección en el Mundial por motivos de salud (una diabetes que se lo terminó llevando en 1983) y fue reemplazado en Alemania por su ayudante; pero la gloria de haber llevado a su selección a dos mundiales nadie se la ha quitado hasta el momento.

Por el lado peruano el golpe fue durísimo, porque no solo quedaron fuera del Mundial con un combo tremendo, sino que para más piedra el que los sacó fue precisamente el odiado rival de toda la vida. Consumada la eliminación se generó la tradicional ronda de repartija de culpas y acusaciones entre periodistas, dirigentes, políticos y demás escoria; el principal señalado fue el técnico Scarone por sus decisiones – o falta de ellas – y por el manejo turbio con el Teófilo que no se quiere comer a las señoras esposas de los compañeros. Scarone fue echado del cargo tras el fracaso, volvió a dirigir al Universitario y poco después cayó al fútbol argentino. Lajos Baróti retornó a la dirección técnica de la selección de su país dos años después, y los clasificó al Mundial de 1978. Pero el que peor quedó fue el portero peruano Chicho” Uribe, que quedó con la carga de sus cagadas en los dos goles en Montevideo. La prensa y afición lo fustigaron tanto por su actuación que unos años después terminó tomando la decisión más horrible de todas: irse a un club de  la liga ecuatoriana de fútbol (?). El partido de Montevideo fue el último que jugó con su selección.

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Caricatura aparecida en un diario peruano después de la eliminación. Parece que no quedaron estimando mucho a Scarone

Eliminatorias al Mundial de 1978: la revancha de Perú (una que les salió…)

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Después de su impensada y humillante eliminación a manos de los chilenos en 1973, Perú se puso las huevas por una maldita vez en su vida y se desquitó enseguida: ganó la Copa América de 1975 dándose el gustico además de eliminar a sus enemigos del sur en primera fase (empate en Santiago a un gol y victoria del local en Lima 3-1). Triunfazo que le dio una muy merecida gloria ad aeternum a cracks como Julio Meléndez, Chumpitaz, Gerónimo Barbadillo, “Cholo” Sotil, Cubillas y Juan Carlos Oblitas, entre otros. Y para mantener viva la mala leche, el maldito y rocambolesco azar quiso que se encontraran de nuevo en eliminatorias para Argentina 78, compartiendo grupo con Ecuador (un invitado de circunstancias por esos tiempos) por un cupo al Triangular final que se jugaría en Cali para definir los dos clasificados directos por Sudamérica (acá se menciona cómo estuvo el asunto).

Ahora, si el ambiente en los partidos entre Chile y Perú era generalmente más denso que el “Pornography” de The Cure, para 1977 estaba cargado como el carajo. Porque desde 1975 abundaban los rumores de una inminente guerra entre ambos países; el dictador peruno Juan Velasco Alvarado al parecer quería conmemorar el inminente centenario de la Guerra del Pacífico con la reocupación por parte del ejército de los territorios perdidos con los chilenos; incluso se había gastado un buen billete comprándole montón de armamento a la Unión Soviética. Los chilenos en cabeza del malparido de Pin*ch*t estaban más que todo a la expectativa, y al parecer no tenían muchas ganas de meterse en una guerra en la que se veían inferiores en recursos; por eso hasta hablaron con ese otro maravilloso ser humano llamado Henry Kissinger para que ver si les daban una manito y así atacar a Perú de manera preventiva (Kissinger les dijo tajantemente que no). Total que la segunda mitad de los 70 en la pelada y desértica costa Pacífica de Sudamérica hubo rumores de invasión, movimientos de tropas de ambos países de lado y lado de la frontera y las ciudades limítrofes en alerta.

Bajo este ambiente tan festivo inició el grupo de Eliminatorias con el partido entre Ecuador y Perú en Quito, el 20 de Febrero de 1977. Los peruanos comenzaron ganando con gol de un enchufado Juan Carlos Oblitas, pero el árbitro dio un penal más sospechoso que partida de nacimiento de futbolista africano sub 20 y los locales terminaron empatando el partido. Resultado que les ardió en el alma a los peruanos, más aún cuando en la segunda fecha les tocó a los chilenos visitar a Ecuador y se llevaron la victoria por 1-0, con lo que estos quedaban con toda la ventaja en caso de igualdad en los enfrentamientos mutuos. O sea que para el siguiente partido que los enfrentaba a ambos en Santiago el 6 de Marzo, los chilenos tenían la oportunidad casi de sentenciar el grupo, porque en caso de ganar solo necesitaban después derrotar a Ecuador en casa para ya asegurar su clasificación, sin importar lo que pasara en el último partido con los peruanos en Lima.

La tenían peluda los peruanos, pero para esta vez, a diferencia de 1973, estaban más preparados. Comenzando porque en el banco contaban desde hace un par de años con un zorro del fútbol peruano, Marcos “El Chueco” Calderón, entrenador del equipo peruano campeón de América de 1975 y unánimemente respetado por jugadores – es sabido que manejar a futbolistas peruanos es más difícil que un blanco gane la prueba de 100 m en los JJOO – e hinchada. Y además porque el equipo era la misma base que alcanzó la gloria en 1975: Chumpitaz, José Velásquez, Cubillas, Sotil, Oblitas, Muñante, Percy Rojas, Barbadillo, entre otras glorias.

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La selección peruana de 1977. Los cuatro primeros son Ramón Quiroga, Juan Carlos Oblitas, Sotil y Cubillas. El sexto es el inmenso José Velásquez, Muñante el antepenúltimo y Chumpitaz el penúltimo. COM BA ZO.

Los chilenos por su parte estaban dirigidos por un tal Caupolicán Peña (no puede negar la nacionalidad con ese nombre el hijueputa), técnico respetado en el país que hasta esa fecha había conseguido la cantidad de, déjame contar….mmjá, sí: cero títulos. Y a diferencia de sus rivales, Chile sí tenia vergueros internos: el legendario delantero Carlos Caszely fue vetado de la selección para disputar esas eliminatorias. Al pobre Caszely se la tenían montada fuertemente los militares en el poder por el asunto de su conocida filiación izquierdista, dándole como a cajón mal cerrado desde los medios oficialistas, que solo lo mencionaban cuando la cagaba y en cambio se la pasaban dándole pantalla al sapo afín al regimen Elías Figueroa. A pesar de esto y de un desinterés total de los dirigentes por él, el gran Caszely comía callado y seguía poniéndole ganas a su selección, incluso llegando a pagarse él mismo los pasajes aéreos en varios encuentros (!). Pero llegó el punto en que las indirectas no funcionaron y el baneo fue directo: las autoridades milicas le ordenaron al entrenador de la selección no llamar a Caszely para las eliminatorias, y don Caupo (?) no fue capaz de oponerse. Así que el gran delantero no fue y esto le quitó un referente de ataque a la Roja para lo que se venía.

Como era de esperar el ambiente para el partido en Santiago estaba caldeadito, con miles de chilenos bramando por la victoria y confiados en la supremacía del pueblo mapuchino (?). Pero al parecer los visitantes eran más mañosos: cuenta la leyenda que cuando los peruanos salieron a calentar a la cancha se encontraron con los chilenos haciendo lo mismo, a pesar que ya estaban estipulados los horarios para ambos. Pero en vez de devolverse o entrar en el manoseo de la discusión inútil y el yo te dije que iba a estar a esta hora y no tú no me dijiste y que sí y que no y qué hacemos, don Marcos Calderón se azaró todo y le ordenó a sus jugadores a gritos: “Entren carajo, entren, que estos chilenos no nos van a bajar la moral”, lo que remató braveando al pobre Caupolicán Peña con un “¡Tú no me conoces, huevón a mí no me vas a ganar con cojudeces!”. ¿Qué hizo el DT chileno? Se fue mansamente con los suyos de la cancha, deshaciéndose en disculpas y dejándole el campo a los peruanos para calentar – o sea, le hicho achí -. Los incas comenzaron perdiendo 1-0 – gol de Ahumada a punto de terminar el primer tiempo – pero después empataron con un tiro desde fuera del área direccionado con GPS por Juan José Muñante a los 25 del ST. El resultado se quedó así y Perú emparejó el andar en la eliminatoria.

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El gran Neil deGrasse Tyson Marcos Calderón (a la derecha) con el Cholo Sotil, en medio de una celebración

Con las previsibles victorias de chilenos y peruanos de locales ante Ecuador, el asunto se definía en el encuentro entre ambos en la última fecha, el 26 de Marzo de 1977 en un Nacional de Lima que estaba hasta las tetas de gente tan enfervorizada que tenían ganas de terminar el cotejo invadiendo Arica. Al respecto declaró años después el jugador chileno Rodolfo Dubó: “Siempre ha sucedido que cuando se viaja a Perú la selección chilena no es recibida muy cordialmente. Y aquella vez no fue una excepción”, Gracias, Rodolfo. O como dijo el central Alberto Quintano “En Eliminatorias, Chile y Perú tienen toda una historia. En algunos momentos se generó una situación conflictiva porque entre los dos países, al margen de la parte deportiva, se vivían otro tipo de animosidades en lo político. Y los partidos no eran sólo la consecuencia de los 90 minutos sino que también influían las posiciones gubernamentales de cada país”. Cómo rompen el cassette para declarar estos manes…. A Perú solo le servía ganar, y tal vez por eso los nervios le jugaron en contra en un primer tiempo en el que no encontraron claridad ante unos chilenos todos con el culo pegado a su arquero Vallejos. Pero todo se resolvió a los 4 minutos del ST, cuando Muñante manda un centro por la derecha al área chilena, que es cabeceado a gol por los 1.67 m de altura del Cholo Sotil en medio de los dos altos centrales Figueroa y Quintano (!). 1-0 y el delirio en un Nacional que estaba ya hecho un aquelarre (?) de euforia. Y solo cinco minutos después se terminó de hundir el buque chileno con el segundo gol local a cargo de Oblitas: 2-0.

Resultado que no se movió más y que implicó la clasificación peruana en un estadio doblemente despelucado con la locura de la victoria y con la ñapa de la eliminación de los odiados chilenos. Con el pitazo final el público se dejó llevar e invadió la cancha, en una marea feliz que paseaba en hombros a los gozosos jugadores, la prensa desatada celebrando más que informando, y aficionados metidos en medio de la recocha, todos eufóricos y llorosos, muchos ondeando furiosamente banderas peruanas y cantando el himno. Ah, y también al dictador peruano Francisco Morales Bermúdez, que había reemplazado en el cargo a su colega Velasco dos años atrás. El presidente peruano bajó de su palco en el que se había visto el encuentro, entró a la cancha y fue a donde el gran Julio Meléndez a pedirle la camiseta, reportedly (?) con la frase “Dame la camiseta que ahora la quiero sudar”. El capitán peruano se quitó su camiseta y así toda sudada se la enfundió al dictador, que acto seguido se puso a cantar a grito pelado el himno del Perú a dúo con un confuso Meléndez, a los que al final se les uniría el DT Marcos Calderón. La hinchada aprovechó el momento para pedir a coro la suspensión del toque de queda para esa noche, para así poder celebrar sin peros; el dictador aceptó bonachonamente y el pueblo volvió a estallar. Me hubiesen puesto a inventar todo esto y no lo saco ni en 125 años.

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El dictador Morales Bermúdez, a la izquierda con la camiseta olorosa a grajo (?) de Julio Meléndez (al centro) y Marcos Calderón (derecha), entonando el himno peruano post partido de clasificación en Lima. ¡La cara de “¿!Cómo mierda hago para irme de acá!?” de Meléndez!

Perú terminó clasificando al Mundial junto con Brasil en el triangular de Cali, jugado en julio de ese mismo año. Marcos Calderón dirigiría a su selección en el Mundial de 1978, en el que hicieron un muy buen papel en primera ronda y se desfondaron en segunda con transacciones comerciales de containers de trigo incluidas. Luego de ese Mundial, Calderón dejó la selección y se mantuvo vigente en el fútbol local, ganando campeonatos con Universitario, Sport Boys y Sporting Cristal entre 1979 y 1985. Murió en 1987 en el accidente aéreo del avión de Alianza Lima. Por su parte, los chilenos no asimilaron la derrota y echaron al carajo a Caupolicán Peña: lo reemplazaron con Luis Santibañez, con el que les fue mejor…

Y eso es todo. ¡Ah, no, momento! Hace poco un periodista chileno develó que los servicios de INTELIGENCIA chilenos aprovecharon la coyuntura de la eliminación a su favor, y tomando nota que todo el Perú estaba enfarrado, bebiendo o culeando, enviaron aviones Hawker Hunter a espiar una base aérea camuflada en la región sureña de Arequipa. Sí: sobrevolando directamente el territorio peruano sin que nadie en ese país se diera cuenta… según esta historia, el ejército chilenazi tenía esto previsto de antemano, por lo que apenas consumada la eliminación enviaron los aviones espía. Qué manes tan vivos..

Eliminatorias al Mundial de 1986: pasa Chile pero ambos quedaron fuera…

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El portero Eusebio Acasuzo, el gran protagonista de esta eliminatoria

El Clásico del Pacífico no se repitió en 1982, pues tanto peruanos como chilenos clasificaron al mundial jugando en grupos distintos; los primeros se bajaron a Uruguay y Colombia, los segundos a Ecuador y Paraguay. Tampoco se vieron las carátulas en la Copa América de 1983, en la que Chile quedó fuera en primera ronda al cagarse en el último partido en Venezuela – clasificaban a semis ganando por cualquier marcador pero no pasaron del empate a cero -, y Perú llegó hasta semifinales en donde fue apeado (?) por Uruguay, a la postre campeón. Y en las Eliminatorias de 1985 también fueron agrupados en zonas distintas, en una clasificatoria que tenía un cambio en el formato: los tres ganadores de grupo pasaban directo al Mundial de México, mientras que los segundos de los grupos de a tres y el segundo y tercero del grupo de a cuatro se enfrentarían en un repechaje para definir el cuarto cupo por la Conmebol.

A Perú le tocó contra Argentina, Colombia y Venezuela, en un grupo en el que los de la franja cruzada exhibieron grandes momentos de fútbol junto con lagunas inexplicables ante rivales fáciles. Los peruanos tenían aún un equipazo impresionante, con veteranos gloriosos como Oblitas, Barbadillo, José Velásquez o César Cueto junto con otros más recientes como Jorge Olaechea, Franco Navarro, el grandísimo (de pie no joda) Eduardo Malásquez (no se sienten cacorros) y Julio César Uribe, con los que le pelearon de tú a tú (?) la clasificación a Argentina. Pero al final los puntos perdidos contra nosotros en Bogotá y Lima los condenaron a tener sí o sí que ganar en el último partido en el Monumental. Y fue una exhibición casi gloriosa de fútbol, clase, garra y huevas de los peruanos – tal vez la última en toda su historia hasta la fecha -, remontando el 1-0 de Pasculli a los 10 minutos con dos pepas de José Velásquez y Gerónimo Barbadillo en el primer tiempo, sobreponiéndose a la lesión del gran Franco Navarro por la criminal patada del burro de Julián Camino y aguantando con toque y muchas ganas el partido hasta los 80 minutos, cuando vino el gol de Gareca ayudado por la, ehhhhh, ¿marcación estricta? de Pasculli a Chirinos. Por estico y con todo en contra, Perú casi le quita el cupo a Argentina en un Monumental extrañamente mudo (?); pero no pudo ser y se fueron (junto con nosotros que quedamos terceros y clasificamos con la misma hambre que Once Caldas a los playoff 2018-1) al repechaje.

Chile por su lado tampoco pudo ganar su grupo: el empate a un gol en su debut en Quito fue más letal que pronóstico optimista de cierto periodista deportivo colombiano, porque al final fue la diferencia que impidió superar a los uruguayos – que sí ganaron en Ecuador – en puntaje. Los chilenos tenían algunos nombres respetables: el gran portero Roberto “Cóndor” Rojas, Jorge “El Mortero” Aravena, Patricio Yáñez y Juan Carlos Letelier, que salvo un par de nombres no eran ¡qué bruuutoooo, qué sinfonía tienen estos cuates!, pero podían hacer bulto. El otro convidado a la repesca fue Paraguay, segunda del grupo de Brasil con una victoria (a Bolivia), dos empates y una derrota.

Total que el sorteo quiso que se repitiera, otra vez, el Clásico del Pacífico en un mata-mata por Eliminatorias, y me pinto a los peruanos frotándose las manos con fruición pensando en cómo se la iban a guardar a los rústicos y voluntariosos shraidores. Por jugadores Perú le llevaba una cordillera de ventaja a Chile, pero por nivel actual estaban parejitos: aquellos derrochaban más magia en sus botas pero eran más irregulares, estos no tenían mucha calidad pero eran más sólidos. Por lo que la ida fue en Santiago, el 27 de Octubre de 1985, se presagiaba un partido parejísimo, con los chilenos intentando romper la defensa peruana con los bombazos del “Mortero” Aravena y los visitantes manejando el balón y tocando con su estilo para lastimar el arco local.

Sí, se veía parejísimo…. peeeero… pasa que en el pórtico peruano estaba Eusebio Acasuzo, veterano arquero en ese momento en el Bolívar paceño, que agarró ya viejo la titularidad de su selección y al que el mundo en general solo conocía del álbum de Panini en España 82. En este partido de Santiago alcanzó la fama mundial, pero por el enojoso detalle de haber sido por causa de una de las actuaciones más horribles que se recuerden de un arquero en un partido internacional. A los 6 minutos un tiro libre bien dirigido pero bastante atajable de Aravena se convirtió en el primer gol. Dos minutos después, un tiritititititito (?) de Hugo Rubio se le escurrió ominosamente entre las manitos de nena para el 2-0 parcial. Y a los 15, un bombazo de Alejandro Hisis – este sí más difícil – fue el 3-0. Retomo: a los 15 minutos del partido de la ida, ya Chile iba ganando 3-0.

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En el gol de Rubio Acasuzo tuvo menos reacción que Gustavo Cerati

¡Imagínate! Ni el chileno más fumado se le hubiese ocurrido estar con esta situación apenas comenado el partido. Mientras, los peruanos se pasaron mirando entre ellos a ver qué putas hacían, porque ya tenían que mandar toda previsión al carajo para ver si al menos descontaban algo y hacían alcanzable la vuelta en Lima. El pobre Acasuzo siguió unos minutos más en cancha pero en automático, derrochando por todos los poros una sensación de balón merodeando = ocasión de gol que no se la podía quitar de encima. Tanto que a los 25 minutos, el DT Roberto Challe (mundialista en 1970, y entrenador de la selección desde la cuarta fecha de estas eliminatorias) no aguantó más y decidió reemplazarlo por el aún más veterano Ramón Quiroga, el mismo del Mundial 1978. ¿Incinerada? Naaaa, peor era dejarlo. Con el incómodo asunto del arquero resuelto, Perú apretó y descontó con Franco Navarro casi para terminar el primer tiempo, emparejó las acciones pero un penal de Aravena en el ST y otro gol de Navarro dejaron el asunto en 4-2, más o menos remontable. Pero el peso de la diferencia y la cagada en Santiago fueron muy fuertes para los peruanos, que en la vuelta en Lima – con Quiroga en el arco – el 3 de Noviembre no vieron media y perdieron 1-0 con gol de Aravena. Así que pasó Chile al playoff final contra Paraguay (que bajó a Colombia sin muchos problemas), pero la albirroja se los comió cruditos: 3-0 en Asunción y 2-2 en Santiago.

Ese repechaje marcó oficialmente el fin del fútbol peruano como potencia sudamericana. Sea por falta de recambio generacional o porque se les acabó la mecha, lo cierto es que desde ahi Perú no había conseguido más que triunfos morales y victorias sin efecto práctico hasta que el escritoriazo chileno les abrió las puertas en 2018. Al que también le cambió todo fue a Acasuzo, que fue recibido en Lima con muestras de especial cariño por los aficionados locales: lo agredieron físicamente, lo acusaron de vendido, le recalcaron su condición de muerto… años después declaró en una entrevista “Desde ese partido, la gente me miró con otros ojos, todos se olvidaron de mis triunfos con la ‘U’, con Bolívar, con la selección, pasé a ser un apestado y nunca más me llamaron a una selección“. Qué hijueputas tan ingratos, ¡cómo olvidar sus grandes triunfos en el fútbol boliviano!

Publicado originalmente en La Refundación

About YoSoyElCarlos
Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

5 Comments on Crónicas e historias: los mata-mata entre Chile vs Perú en Eliminatorias, aka “La Guerra del Pacífico_reloaded”

  1. 1
    DVVID CVLEÑO says:

    Gran post brother. Viendo ese combo que tenían en los 70s ya se entiende porque quedamos de virreinas en la copa América del 75, no había con qué hacerle frente a ese impotable equipo peruano, así tuviéramos a zape, Willington, Brand, Ernesto Díaz. Y bueno, ya luego el desplome y declive que tuvieron en los 80s y del que se atollaron hasta más no poder en los 90s y la primer década de este siglo. Curioso que el asunto de los puntos en las pasadas eliminatorias tuviera como protagonistas a los que armaron el pedo de la guerra del pacífico: Bolivia, Perú y Chile. Y más curioso aún fíjate tú, que al final los incas se hayan bajado y dejado sin mundial a los mapuches, que si no hubieran armado el mierdero de la reclamación de los puntos hubieran ido al repechaje. Por último, no sé si ya lo hicieron, pero sería bueno que vuesas mercedes escribieran sobre la historia de la clasificación de chile al mundial del 74, o la historia del partido contra Brasil en las eliminatorias del 89, cuando el “cóndor” Rojas se abrió la ceja para simular un golpe con un guijarro de la tribuna y que les costó una sanción que no les permitió disputar las eliminatorias a USA 94. Ahí les dejo la inquietud.

  2. 2
    Oscar says:

    El partido Chile – Perú en 1997, en Santiago, ese partido fue de los mas hostiles por eliminatorias que haya visto, es que desde los himnos la cosa ya estaba jodida; ese día Salas y cía le echaron el camión encima a Perú.

    Aquí los himnos…

  3. 3
    Andrés says:

    Sin duda de las mejores rivalidades del fútbol suramericano, recuerdo que para la última eliminatoria los chilotes le ganaron a Perú en Lima y les dejaron pintando el vestuario con la nada provocadora frase “por aquí pasó el campeón de América”.
    Me dio nostalgia con los resúmenes de goles y jugadas de esa época, con música avantgarde (?) de fondo mientras comentan las jugadas.
    Abrazo!

  4. 4
    Juan Mecha says:

    Poniéndome al día Master,muy buen post y tremenda la rivalidad de los chilenos y peruanos.
    Dulce venganza la de los peruanos en estas eliminatorias haber dejado eliminado a Chile por gol diferencia y ppor el consabido escritoriazo.

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