Grandes escándalos del fútbol mundial: La Batalla de Belfast (y la otra eliminación de Italia de Mundiales)

Esa noche de noviembre de 2017 en Milán no fue la única vez que la gran Italia no clasificó a un Mundial. La primera vez que esto pasó también hizo bulla, no solo por la caída de un grande, sino por un mierdero tan descomunal que quedó para siempre conocido como «La Batalla de Belfast«. ¿Cuándo y cómo fue? Pilla acá.

El italiano Rino Ferrario evacuado  después de su, eh, intercambio con la afición local al final del partido

La selección de Irlanda (no la Irlanda del Norte, pero sí…)

La selección de fútbol de Irlanda del Norte siempre ha sido como el hermanito menor y más desgraciado de las selecciones británicas. Y eso que, como sus primas hermanas, tiene añejecientos años de historia: la IFA (Irish Football Association) fue fundada en 1880, lo que la convierte de hecho en la cuarta asociación nacional más antigua del mundo. Fue fundada en Belfast, no en Dublín, en los días en los que toda Irlanda pertenecía al Reino Unido (por acá puedes aprender del por qué y como fue el conflicto de Irlanda del Norte).  Dato que llama la atención: desde su fundación hasta la separación de las dos Irlandas, el fútbol de la isla estaba fuertemente centrado en Belfast y no en Dublín, lo que habla de la fuerte influencia de los protestantes en el fútbol irlandés, o de la apatía de los católicos hacia el deporte nacido en Inglaterra, o de la fuerte centralización administrativa en la porción más unionista (pro británica) de la isla. O tal vez estemos introducing monkey y nada que ver, pero sí nos parece llamativo ese hecho.

Desde que comenzó a jugar como selección, Irlanda recibió un trato, eh, brusquito: debutó con una derrota por 13-0 (tre ce a ce ro) contra Inglaterra en la propia Belfast, en 1882. Después Gales los abroqueló ese mismo año con un 7-1 en Wrexham e Inglaterra los remachó con 7-0 en Liverpool antes de, por fin, tener un respiro al empatar en su cuarto encuentro ante Gales a un gol en Belfast, resultado que suponemos fue celebrado con alegría etílica por la población local. Recién en su decimosexto encuentro (en 1887) celebró un triunfo – ante Gales -, pero en general sus primeros años de fútbol internacional fueron un océano de devastación, en los que solo las esporádicas alegrías ante los casi igualmente tan horribles galeses les evitaban la desmotivación.

El escudo de la IFA, que usa la selección de Irlanda del Norte

Recordemos que aún estamos hablando de la selección de Irlanda: una sola, de toda la isla, porque Irlanda entera hacía parte del Reino Unido. Entonces la cosa tenía necesariamente que cambiar desde que ocurrió la partición de Irlanda en dos entes distintos: los 26 condados del sur formaron lo que hoy conocemos como República de Irlanda (en esos días era «Estado Libre de Irlanda» hasta que en 1937 se reinventó, digo, renombró), un estado independiente de la corona británica, y los seis del norte (la región que se llama tradicionalmente, Ulster), más industrializada y de mayoría protestante, quedó como parte del Reino Unido como Irlanda del Norte. Una sola isla + dos entes estatales diferentes = dos asociaciones de fútbol. Los de la Irlanda independiente formaron en 1921 la FAI (Football Irish Association), con sede en Dublín, en parte por tomar posición, en parte por azare debido a lo que argumentaban eran años de olvido y dejadez de los five suited fat men of Belfast con el desarrollo del fútbol en el sur. Los de la IFA – la original – no se dejaron achantar y decían que cómo era posible que la sede del fútbol irlandés no fuera en Belfast, en donde estaba más desarrollado el juego. Total que cada entidad se proclamó como la representante del futbol de la isla, y entre 1922 y 1949 hubo dos selecciones de Irlanda jugando simultáneamente, cada una con su propia federación, e incluso llamando a veces simultáneamente a los mismos jugadores.

El verguero lo solucionó la FIFA reconociendo a ambas entidades, cada una en su área de influencia, y dictaminando que ninguno de los dos equipos sería reconocido como “Irlanda”: el del sur sería oficialmente “República de Irlanda” y el del norte “Irlanda del Norte“, denominación con la que continúan hasta hoy. Y también estableció que los partidos pre-partición – o sea, entre 1880 y 1920 – se los adjudicasen en el historial a Irlanda del Norte y no a la República de Irlanda. Lo cual me imagino que con ese historial de mierda, no fue protestado mucho por Dublín.

Ahora sí, la selección de Irlanda del Norte

Entonces nos centraremos a partir de aquí con Irlanda del Norte, la cual nos atañe a este texto. La primera vez que los norirlandeses intentaron clasificar a un Mundial fue en 1950, la primera edición mundialista que incluyó a las cuatro selecciones británicas. En esta y la siguiente eliminatoria al Mundial, la clasificación para los británicos se dirimía en el venerable “British Home Championship”, el torneo anual entre las cuatro selecciones de la isla, que se jugaba con muchísimo fervor desde 1884 (y que precisamente por falta del mismo se descontinuó a partir de 1985). Así que oficialmente, el debut de Irlanda del Norte en unas Eliminatorias mundialistas fue el 1 de octubre de 1949 ante Escocia en Belfast: derrota por 8-2 (!). Después Inglaterra les empacó 9-2 en Wembley y terminaron con un tibio e inútil empate sin goles en Cardiff, y, si hicieron bien las cuentas, se darán cuenta que no les alcanzó para clasificar…

Los capitanes de Inglaterra Billy Wright (izq) e Irlanda del Norte Jackie Vernon, con el frondio sapo de negro (de piyama negra, más bien) vigilando, durante el sorteo previo al 9-2 en Manchester por las Eliminatorias en 1949.

Para 1954 les fue menos horrible, pero no clasificaron. Pero para 1958 la situación iba a cambiar al menos en el papel, porque la FIFA distribuyó a los equipos británicos en los diferentes grupos europeos. Y ahí le tocó a Irlanda del Norte la, en apariencia mala suerte, de ser encajados con la favorita Italia y con la por esos días mediocre Portugal en el mismo grupo por un solo cupo. Se suponía que por experiencia e historia, Italia iba a pasar fácil sobre los humildes norirlandeses y los casi inexistentes portugueses; si para Irlanda del Norte sobresalir entre los que conocía de toda la vida era imposible, imagínate enfrentándose a otras selecciones europeas, una de ellas de – en teoría – nivel top.

Pero por esos años precisamente los norilandeses tenían un equipo, no combazo, pero sí respetable, con algunos de los nombres más ilustres de su historia: comenzando con el arquero Harry Gregg, que a fines de 1957 pasaría al Manchester United, club en el que duraría 10 años de su carrera (Gregg fue sobreviviente – y salvó la vida a varios de sus compañeros – en la Tragedia de Munich). Además, el volante defensivo Danny Blanchflower, figurón en el fútbol inglés por 15 años, de los cuales 10 los pasó en el Tottenham Hotspur (en el que es considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, si no el mejor), o el delantero del Aston Villa Peter McParland, también uno de los ídolos históricos de su club. A ellos se les juntaban tipos muy esforzados y con decentes carreras en el fútbol inglés y escocés de la época: Billy Bingham (Sunderland), Wilbur Cush (Leeds United), Bertie Peacock (Celtic) o Jimmy McIlroy (Burnley). Todos dirigidos por un viejo conocedor del fútbol de Irlanda del Norte y con experiencia como jugador y DT en Inglaterra: Peter Doherty, manager de su selección desde 1951.

Volada del arquero Harry Gregg en un partido con su selección

Pero ante el aparente poderío que oponían los italianos, la nómina norirlandesa no se veía muy asustadora. La selección italiana tenía su prestigio sustentado no solo en los dos campeonatos mundiales de pre-guerra, sino en el nivel que mostraba su liga que lucía varrios de los grandes clubes de la época, que si no fuese por el Real Madrid se hubiesen agarrado alguna copa europea. Y ajá, eran equipazos, pero a la hora del té sus figuras eran casi  todos extranjeros. Por ejemplo, Juventus brillaba con dos cracks de afuera, el argentino Omar Sivori y el galés John Charles; Milan con el sueco Nils Liedholm, el uruguayo José Schiaffino (el campeón del mundo de 1950) y el argentino Ernesto Grillo; Fiorentina con los argentinos Loiacono y Miguel Montuori y el brasileño Julinho; Genoa con el uruguayo (otro del Maracanazo) Julio César “Pardo” Abbadie; Inter con el argentino Angelillo y el sueco “Naka” Skoglund; Roma con el legendario Alcides Ghiggia (x3 del Maracanazo) y el brasileño Dino Da Costa. Y varios más.

Muchas de estas estrellas jugaban como “oriundi” (Sivori, Schiaffino, Ghiggia, Montuori, Loiacono) aprovechando su ascendencia italiana, y eran llamados apenas se podía – mínimo tres años después de jugado su último encuentro con otra selección – a la Azzurra. Algo que se veía como necesario, y útil, en Italia por esos días, urgida de retornar al nivel top después de dos fracasos seguidos en Mundiales.

Los héroes del Maracaná: Juan Schiaffino y Alcides Ghiggia en modo_mercenario con la selección Italia

Las Eliminatorias a 1958

Para la selección de Irlanda del Norte, las Eliminatorias al Mundial de 1958 iban a ser en la práctica casi que su primer contacto con el mundo exterior. Y no estamos metiéndole drama artificioso a esta historia: la primera fecha del Grupo 8 europeo, el Portugal vs Irlanda del Norte en Lisboa, supuso apenas la tercera vez en su historia que los norirlandeses enfrentaban a una selección de fuera de las islas británicas, sea en amistosos o partidos oficiales. Las dos primeras fueron ante Francia – en 1951 en Belfast y 1952 en París, la primera vez que jugaron fuera de las islas -, o sea que este partido ante los portugueses fue apenas la segunda selección en toda la historia con la que se vieron las caras, diferente de Inglaterra, Escocia o Gales. Fue el 16 de enero de 1957: 192 partidos en 75 años, de los que solo tres contra rivales del continente. ¡Chúpate esa! Con razón no avanzaban.

No eran los únicos novatos en esos tiempos lejanos aún de amistosos express, que hoy ves un partido en Sevilla y el siguiente a los mismos a los tres días en Moscú o Helsinski, y en los que cualquier jugador medio genérico acumula 50 partidos internacionales en tres o cuatro años. Los portugueses estaban más perdidos que la plata para el fútbol femenino en la Dimayor, y por un pelito se salvaron de un mierdero diplomático con los himnos: a última hora se enteraron que el himno de los norirlandeses no era el de la República de Irlanda sino el “God Save the Queen”…

El equipo que sacó Irlanda del Norte ante Portugal en Belfast en 1957. Arriba:  Willie Cunningham, Eddie McMorran, Harry Gregg, Tommy Casey, Alf McMichael. Abajo: Jimmy McIlroy, Billy Simpson, el legendario Danny Blanchflower, Billy Bingham, Wilbur Cush, Bertie Peacock

Los norirlandeses salieron de la experiencia en Lisboa más o menos indemnes: comenzaron ganando con gol de Billy Bingham a los 7 minutos, empataron los portugueses a los 33 min, y el marcador no se movió más. Resultado que no era taaaaaaaaan malo, pero que se veía maluco si pensabas que los italianos tenían toda la pinta de ganarles a los portugueses en ambos partidos.

El 25 de abril del mismo año fue el debut de los italianos ante los norirlandeses, en Roma. Los locales salieron con una nómina que para hoy es desconocida, sin figuras relumbrantes al menos para la historia que conocemos, todos de la Juventus, Lazio, Fiorentina, Sampdoria y Udinese. Ah, y sin oriundi. A los 3 minutos metieron el 1-0 y se auguraba el vendaval, pero no: los serios y aplicados norirlandeses presionaron y por poco meten el empate. No les alcanzó y el encuentro quedó 1-0. Una semana después Irlanda del Norte cumplió con lo que le tocaba – o sea, mantenerse vivo – y le metió 3-0 a Portugal en el Windsor Park de Belfast. Sí, seguir vivo y rezarle al Dios protestante: porque si Italia ganaba en Lisboa en la siguiente fecha del grupo tres semanas después, ya se encaramaba de líder y le bastaría con ganar de local a los portugueses en la quinta fecha para clasificar por anticipado, sin importar lo que pasase en la última fecha en Belfast.

Y resultó que, inesperadamente, los italianos se complicaron la vida al perder en Lisboa 3-0. Italia afrontó este partido lleno de dudas porque venían de recibir una paliza en Zagreb por 6-1 ante Yugoslavia. Para remediar el asunto, la comisión técnica que dirigía el seleccionado azzurro (varios dirigentes + el exjugador campeón de 1934 Alfredo Foni, en la práctica el DT) metió manotazos a la desesperada intentando remendar el equipo. Manotazos en serio: solo repitieron dos de los jugadores del partido contra Irlanda del Norte un mes atrás (!) y metieron cinco debutantes, entre ellos dos oriundi rioplatenses, Alcides Ghiggia (Roma) y Bruno Pesaola (Napoli). Y así les fue: los portugueses abrieron el marcador con un tiro desde fuera del área, finalizando el primer tiempo, y remataron con dos goles más finalizando el segundo, en los que la marca italiana fue más tibia que el gobierno de Duque condenando el paramilitarismo.

El batacazo revivió a portugueses y norirlandeses y les llenó el lomo de interrogantes a los italianos. Y obvio, fue recibido con bastante alegría en Belfast, porque faltando dos fechas para terminar el grupo, las cosas estaban con Portugal e Irlanda del Norte arriba (3 puntos, 3 PJ) e Italia abajo (2 puntos, 2 PJ). Nada decidido, pero aún con todos dependiendo de sí mismos para clasificar. Y para la humilde selección de Irlanda del Norte, se venía un panorama que nadie hubiese predicho ni pasado de sack old al inicio de las Eliminatorias: si le ganaban en la siguiente fecha a Italia en el Windsor Park, programada el 4 de diciembre de 1957, eliminaban a los italianos faltando un partido. Si lo hacían, solo les restaba esperar que en la última jornada, el 22 de diciembre, Italia le ganase o empatase a Portugal para que Irlanda del Norte clasifique a Suecia.

La Batalla de Belfast

La tarde del 4 de diciembre de 1957 todo estaba en ambiente para el partido crucial: el Windsor Park estaba lleno con antelación por más de 35 mil (otras fuentes aseguran que 50,000) locales expectantes seguramente ebrios. Ebrios de emoción, digo… la selección de casa esperaba con lo mejor que tenían para el partido, y no inventaron demasiado con la nómina. Los italianos sí volvieron a meterle mano al equipo pataleando para ver si se reponían del susto: hubo seis cambios con respecto al partido en Lisboa (…), incluyendo tres oriundi rioplatenses: los legendarios Ghiggia y Juan Schiaffino, y Miguel Montuori. Haciendo la cuenta, los italianos usaron 24 jugadores diferentes en sus tres primeros partidos de esa eliminatoria… ni Giancarlo Ossorio te sale con esas.

Sí, llaves, todo listo, menos el árbitro (!): el húngaro Istvan Zolt no pudo llegar a tiempo al partido, debido a que la niebla no había dejado salir su vuelo desde Londres (otras fuentes de la época dicen que el juez no llegó porque se designó a última hora). Ya se acercaba el inicio del partido y aún no se había solucionado el tema del árbitro: los norirlandeses contactaron al árbitro inglés Arthur Ellis – que estaba disponible desde el norte de Escocia y podía viajar por ferry a Belfast – por si no llegaba Zolt, y le sugirieron a los italianos reemplazarlo por él. Pero estos rechazaron esa posibilidad por temor a que el inglés se parcializara con sus primos, o se demoraron mucho para tomar la decisión. Ante esto los norirlandeses ofrecieron un árbitro local lo cual, evidentemente, tampoco fue aceptado por los italianos.

Total que habían llegado a un punto sin salida, y la solución más obvia era aplazar el partido. Pero hete aquí que tenías ya un estadio fulleado con casi 35-50 mil almas emocionadas, algunas de las cuales habían pedido permiso en el trabajo para ir al partido, y que estaban ajenas a todo el merequetengue. A ver si encontrabas quién putas iba a salir a avisarle a miles de tipos turbulentos y semiembriagados que habían perdido casi todo el día, que no se iba a jugar el partido, que le avisamos cuando se jugará, que gracias y que vuelvan a sus casas en orden. Al final los delegados del juego tuvieron una ideota: jugar de todos modos el encuentro, con un árbitro local, pero considerarlo como amistoso y reprogramar el match válido por eliminatorias para el siguiente mes.

El tema es que el anuncio fue hecho por los altavoces del estadio a cinco minutos del pitazo inicial (!), cosa que el respetable recibió, como era de esperar, con acritud. La mayoría de la gente en las tribunas culpó a los italianos de la situación, así que no extraña que cuando saltaron ambos equipos a la cancha, y sobre todo, cuando tocaron el himno italiano, la reacción fuera un mar de abucheos e hijueputeadas, en parte por el azare general, en parte – supongo – por la reacción ante el himno desconocido por la totalidad de los asistentes (¿cuándo había escuchado el himno italiano un trabajador de Belfast en esos días sin transmisiones ni, de hecho, televisión en todas las casas?).

Así fue que, desde el inicio del partido, el ambiente estuvo caldeadísimo afuera y adentro de la cancha. Los jugadores se contagiaron del ambiente, sobre todo los italianos, que se colocaron a la defensiva ante la reacción del público. El defensor Ferrario, según las crónicas:

 “…comenzó el partido decidido a que ningún jugador irlandés se acercara a yardas del golero italiano; al menos en una docena de ocasiones él atacó [a los norirlandeses] sin la menor provocación”.

Su compañero Chiapella era otro que estaba pasado de revoluciones, y levantó a Danny Blanchflower en un cruce entre ambos: el ambiente se calentó aún más. Los locales se pusieron a tono, y el juego degeneró rapidito en un festival de pata bastante áspero. Lo que recordó posteriormente el legendario Billy Bingham (que muchos años después fue el DT que los llevó a dos mundiales seguidos, 1982 y 1986) nos ilustra de cómo fue el asunto:

“Nos sacamos la mierda a pata con ellos (…”we were kicking the shit out of each other…”). Yo fuí machacado todo el tiempo. Fue el amistoso menos amistoso en el que jugué. Ellos (…) se encontraron con un equipo a tono con el temperamento irlandés. No me patees, o te patearé dos veces. Nunca dejamos que los de afuera nos pateen en el Windsor Park. No, tú no te ibas a salir con la tuya: siempre cobrarías de vuelta”.

El italiano Chiapella fue expulsado casi al final del partido

Las mismas crónicas hablan de “el famoso Schiaffino en una ocasión especial, no estuvo mejor en su comportamiento”. La “ocasión especial” (dicha así parece una recepción en el Club Campestre) fue una jugada con el norirlandés Wilbur Cush, delantero y autor de varios goles claves en esta eliminatoria. El uruguayo cepilló feo al norirlandés en una acción del partido, y creo que la cagó con la decisión: Cush era un tipo áspero y con fama de agresivo (imagínate un tipo que tenga fama de agresivo en Irlanda del Norte) apodado “El pequeño Hombre de Hierro de Lurgan” y que después de su retiro como futbolista ingresó al “Ulster Special Constabulary”, la fuerza de policía pro-unionista. La revancha del norirlandés vino al rato, cuando en otra jugada le metió a Schiaffino una patada que, según las crónicas, “made the crowd wince’” (“hizo que el público gimiera de dolor“, o traducido libremente “uhhh, qué hijueputa levantada”). Como declaró años después Billy Bingham recordando ese momento, “Con Cush, Schiaffino golpeó al tipo equivocado”.

El partido continuó en medio de ese intercambio de levantón viene – levantón va, protestas por cada decisión en contra – sobre todo por los italianos – y el ambiente estaba bastante enrarecido. El segundo tiempo fue del mismo calibre, con tramos enteros sin el balón en movimiento por las protestas masivas de italianos al juez local hasta por la decisión más marica. Así fue que, cuando terminó el, ehh, amistoso con empate a dos, el público estaba totalmente fuera de sí, y decidió meterse a la cancha a intercambiar algunos conceptos tácticos con los jugadores italianos.

Fue el caos: al menos dos mil espectadores se metieron a perseguir a los italianos, que tuvieron que ser protegidos por los propios futbolistas norirlandeses para evitar que la cosa se pusiera aún más fea. Pero no lograron evitar que que el volante italiano Rino Ferrario (uno de los que más asado se mostró en los 90 minutos) fuera agredido por la turba luego de mandarle un puñetazo a un espectador – que hay que decirlo, le había mandado primero el suyo al italiano -. Ferrario fue rescatado por los pelos por la policía y los jugadores locales, y terminó en el hospital con heridas en la mandíbula y muslo. Al final algo parecido al orden se restauró con mucho esfuerzo por the tombs y los italianos pudieron salir cagados, pero vivos. Así terminó, afortunadamente sin consecuencias mayores, la que en el futuro se conocería como “La Batalla de Belfast”.

«Ven que tenemos que conversar del partido» le dicen los norirlandeses al italiano Ferrario. HermosDIGO reprochable foto

Aftermath

Los diarios italianos hablando de la tángana

Como era de esperar, los incidentes hicieron bastante bulla en su momento, y no solo a nivel deportivo. El mierdero fue tan descomunal que hasta en el Parlamento italiano se cuestionaron si era seguro mandar a los ragazzi a Belfast de nuevo para el partido definitivo. Incluso, le tocó a la embajada de la República de Irlanda en Roma sacar un comunicado diciendo que Belfast no quedaba en su país sino que hacía parte del Reino Unido. Al final nada pasó, no hubo sanciones, y se decidió por parte de la FIFA que el compromiso definitivo se jugaría en Belfast el 15 de enero de 1958.

En medio, Italia jugó su partido de local (en Milán) el 22 de diciembre contra Portugal: un 3-0 que dejó fuera a los últimos y revivió a los primeros, a los que solo les bastaría un empate en el encuentro de verdá-verdá en Windsor Park para clasificar. Considerando el desmadre de un mes antes, esta vez para el partido defintivo en Belfast la logística estuvo al pelo: al árbitro – el mismo húngaro que no llegó al partido original – lo mandaron tres días antes a la ciudad; la presencia policial se aumentó, y hasta hubo la expectativa suficiente como para que la BBC transmitiese el cotejo, toda una rareza por esos días.

Y resultó que, en medio de un ambiente de total tranquilidad adentro y afuera del campo, Irlanda del Norte derrotó 2-1 a Italia y clasificó al Mundial de 1958. Los locales marcaron x2 antes de los 30 minutos con Jimmy McIlroy y Wilbur Cush, y se defendieron sin parir exageradamente ante los ataques italianos, que descontaron en el ST con el brasileño Dino Da Costa (uno de los cuatro oriundi que sacaron esa tarde, junto con Schiaffino, Ghiggia, Montuori). Faltando veinte minutos Ghiggia fue expulsado – las crónicas coinciden en que no fue una acción violenta – y las esperanzas italianas de empatar se esfumaron.

La clasificación norirlandesa al Mundial marcó varios hitos: 1) los clasificó por primera vez al torneo más importante de la humanidad, 2) eliminó a Italia por primera vez de un Mundial en su historia; 3) fue parte de la, hasta la fecha, única fase final de un Mundial de fútbol en que las cuatro naciones constituyentes del Reino Unido clasificaron a la vez. El trauma fue tan fuerte para los italianos, y fue el punto más bajo de un periodo negrísimo para su selección que entre 1950 y 1966 se la pasaron fracasando en todos los torneos. En cambio para el fútbol de Irlanda del Norte fueron años dulces, que remacharon con un Mundial bastante digno (llegaron a Cuartos) y los títulos – compartidos – del British Home Championship de 1958 y 1959, pero se les apagó el impulso por muchos años, hasta 1981… pero esta es otra historia.

Y más de los diarios italianos llorando, esta vez post-eliminación. El que escribió esta nota fue el legendario DT bicampeón mundial Vittorio Pozzo

Fuentes 1, 2, 3, 4

About YoSoyElCarlos
Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

2 Comments on Grandes escándalos del fútbol mundial: La Batalla de Belfast (y la otra eliminación de Italia de Mundiales)

  1. 1
    Ayrton says:

    genial crónica de esas llaves que si se dejaban ver, si hubiera nacido (?)
    ufff, un uruguayo metiéndose con «el tipo equivocado», es lo que debe pasar cuando se abandonan los apacibles (¡) campos sudacas, por la europa recientemente hollada por la guerra, barbaries, progromos y experimentos con humanos

  2. 2
    Giovanni says:

    Excelelente master como siempre. Esa foto del Pepe Sschiaffino destila grossez por cada pixel

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