La final América vs Peñarol de la Libertadores de 1987 (Parte II) (o el gran «¿Por qué siempre a nosotros, Señor»)

Terminamos con esta parte final de nuestra crónica sobre al icónico partido de desempate entre Peñarol y América por la Libertadores de 1987. Si no te has leído la Primera Parte, vales mondTE INVITAMOS A LEERLA, perdón, no sé qué iba a escribir, je.

[Leer Primera Parte aquí]

Nos preguntábamos respecto a esa memorable final de la Libertadores de 1987: ¿qué tanto fue churreteada del América, y qué tanto fue que simplemente Peñarol era mejor y ganó porque debía ganar? Así de primerazo y sustentándose en los recuerdos ya llenos de moho o de un video cacorro de PlayGround es muy jodido decirlo, como pasa con grandes partidos como estos. Generalmente los recuerdos se te enredan con la leyenda urbana, y todo el mundo termina repitiendo como un loro las ideas instaladas por el zeitgeist popular, o por grupos/chats de hinchas ardidos bramando «son cosas del corazón al menos llegamos a la final puto» o de contras carcajeando malignamente «jajaja América jajajjaa».

Es por lo anterior que este humilde aspirante a cronista de farándula de estrellas decadentes que lo inviten a uno a pasar un fin de semana en su finca en Ibiza, Antibes o Barbosa tomando guaro y cantando a grito pelado «Three Days«, le dedicó buena parte de la vida que no tiene a verse todo el partido de pe a pa los 120 minutos. Y con esto tratar de analizar con los ojos imparciales que da el morbo qué carajo pasó para que al América se le escapara de esa manera tan marica la Libertadores que tenían como quien dice en la mano.

Las dos finales en donde América hizo un Casi

A veces se nos tiende a olvidar un hecho debido al peso específico que tuvo el desempate en Santiago: América estuvo a tres minuticos y monedas de ser campeón de la Libertadores sin necesidad de irse a parir en un tercer partido. Pero como diría Dexter, vamos por partes: para la ida en Cali el 21 de Octubre de 1987 ambos equipos llegaban en distintos modes. América venía con el mismo impulso arrollador en el campeonato local, aunque esta vez acompañados por el poderoso Millonarios de GaChiqui García – que finalmente terminó campeón ese año -; y eso que les tocó tirar a la suplencia en varios partidos claves de ese torneo para darle con todo a la Libertadores. A Peñarol le tocó hacer la misma pero con una nómina muy corta se quedaron lejísimo´ de pelear título en Uruguay ese año: por comparar, la suplencia del América – el equipo B – incluía a Zape, De Ávila, Pony Maturana, Hernán Darío Herrera, Sarmiento, Santiago Escobar, Julio César Uribe… la banca era mejor que todos los titulares juntos del América de 2010 para acá.

Así tituló cierta revista argentina desaparecida el bombazo de Peñarol en Avellaneda de semifinales. El viejo Peñarol pintaba por volver a la gloria.

Por lo que se vió de Peñarol en la semifinal (los partidos del otro grupo los transmitió la TV colombiana en directo) se esperaba un equipo rápido, firme, rocoso, con mucha salida de los laterales (Domínguez y Herrera eran unas maquinitas), sin muchos lujos pero que salía a atacar, y que cuando se iba arriba era más peligroso que declarar en contra de Uribe. Y América – o el Doctor Ochoa – lo interpretó perfecto en la ida: ante un Pascual reventadísimo de gente que alentó con el clásico «Y dale / y dale / y dale Rojo dale» maniató el eje del juego del Manya y no lo dejó ni pensar. Rapidito a los 20 minutos se puso 2-0 arriba (Battaglia y Cabañas) y se dedicó a controlar el juego, tirarle categoría y presión a los pelaos de Peñarol y dejar que el partido terminase así. Para el récord (?) la nómina de América ese partido fue con Falcioni, «Pitillo» Valencia, Víctor Espinosa, Álvaro Aponte, Jorge Porras; Luna, Santín, Roberto Cabañas, Hernán Darío Herrera (Alex Escobar), «Tigre» Gareca (Orlando Maturana), Juan Manuel Battaglia. La de Peñarol fue con Eduardo Pereira, José Herrera, Marcelo Rotti, Obdulio Trasante, Alfonso Domínguez, José Perdomo, Gustavo Matosas, Daniel Vidal, Ricardo Viera, Jorge Cabrera y Diego Aguirre. Total que el partido quedó 2-0 arriba y los Rojos se fueron tranquilos por la superioridad mostrada ese día.

Y antes que preguntes por qué si fue tan superior, América no aprovechó para golear a Peñarol e irse con más ventaja a la vuelta, te cuento un tema clave de esta final: por esos días, la reglamentación de la Conmebol para las finales estipulaba que en caso de victoria por bando en cada partido de la final, se jugaba un partido de desempate (atención) sin importar la diferencia de goles. Solo en el caso que si en este tercer partido no había ganador al término de los 90 minutos y de los 30 adicionales, (atención otra vez) ahí sí se tomaba como criterio la Diferencia de Gol para definir el campeón del torneo. Ahora, al contrario de lo que muchos pensamos en esos días y algún agüevado seguirá pensando hoy, eso NO se lo inventó la Conmebol de la nada para ese torneo: desde muchos años había existido esta regla en las finales de los torneos sudamericanos.

Pasa que en la Libertadores no se había aplicado aún completa la regla en particular: en trece finales que llegaron a un tercer partido este solo había terminado en empate en dos ocasiones, en 1977 (Boca vs Cruzeiro) y, mira tú, 1985 (América vs Argentinos Juniors), y ambas se fueron a penales… pero porque llegaron al desempate parejitos en GF y GC. ¿Hubo alguna vez un campeón en torneos Conmebol gracias al Gol Diferencia después de empatar el tercer partido? Sí señor: Paraguay en la final de la Copa América 1979 le ganó a Chile 3-0 en Asunción, perdió 1-0 en Santiago y aguantó los 120 minutos un empate sin goles tras el cual quedó campeón.

Jorge Villar acaba de meter uno de los goles más gritados de la historia de Peñarol

Entonces, daba igual que el América ganara en Cali 2-0 o 187-0 que igual si Peñarol ganaba como fuera en la vuelta, se iban al tercer partido. A los Rojos el empate en Montevideo les daba el ansiado título y la gloria, pero no fueron a buscar sí o sí el 0-0 esa noche del 28 de Octubre en el mítico Centenario. Por el contrario, salieron a lastimar a los locales, aprovechando el tener arriba las culebras de Willington, Battaglia, Cabañas y Gareca (ufff), con lo que el de aurinegro se vio atolondrado en ese PT, y más con el gol de cabeza de Cabañas a los 20 minutos que para otro equipo era el definitivo. Pero en el ST los rojos, sea por inercia, cagada u orden táctica se replegaron y dejaron venir a los locales – gran error que casi nunca funciona en casos similares – y Peñarol con muchas ganas y empuje, de a poco arrinconó a los rojos en su área de tal modo que en todo el estadio apestaba a empate y remontada.

Y así fue: a los 68 un delantero fastidioso, jodido y culebra del Peñarol, un tal Diego Aguirre (22 años) empató con un cabezazo tras tiro de esquina, y América si cabe pegó el culo más aún a Falcioni, que ya era pero lejos la figura del partido. Pero parecía que a pesar de los nervios y la ansiedad le iba a funcionar la táctica al América, porque moría el encuentro y los rojos seguían aguantando a punta de reboleo, pata (ve uno los partidos de esos días y asombra ver cómo se raspaba y pegaba en marca sin que se parara el juego) y pérdida descarada de tiempo. El título iba para Cali y ya olía a fiesta y Feria cuando al minuto 87 (!!!!), un recién ingresado Jorge Villar (20 añitos) mete un golazo el hp de tiro libre que desató la euforia local y la frustración caleña y los gritos de angustia de un lado y de histeria y emoción en otro y dale Peñarol de los milagros y la mística y vida hp por poquito. 2-1 terminó el partido y se fue todo a un desempate.

Ahora sí, la última oportunidad

El sábado 31 de Octubre – apenas tres días después de la vuelta – se jugó el partido de desempate en un semivacío Estadio Nacional de Santiago, y me imagino la cantidad de gente por allá que habrá pensado «Shhhuta, io para qué voy a gastar un sssábado en el Nacional viendo ejto tipo, mejor me quedo en la casa, pó weon culiao» y que después se habrán querido cortar las huevas. Si uno se pone de estricto, América venía mejor y fue superior en tres de los cuatro tiempos de la final: pero el tema anímico de haber visto como se les fue todo en unos minutos no lo podías descartar así no más. Me imagino que Peñarol venía con todo el impulso por la casi heroica victoria de unos días antes, mientras que los jugadores del América – especulo – sentirían el aburrimiento por la copa que se les escapó por entre los dedos y, sobre todo, el cagómetro comenzando a marcar. Pero volvemos a lo mismo: América demostraba ser mucho más equipo que este furibundo y hambriento equipo de Peñarol, muy jodido pero con menos calidad que los de rojo.

Línea por línea por ejemplo, América le sacaba ventaja al Mirasol en casi todas. En arqueros por ejemplo Eduardo Pereira, era un muy buen portero, sólido, sobrio y seguro, el mejor de su país por esos días; pero que no alcanzaba el nivel de brillantez del gran Julio César Falcioni, una bestia en el arco con muchos recursos y que además estaba afiladito. El mediocampo de los rojos con Víctor Luna (nos olvidamos de lo gran jugador que era) – Sergio «Bocha» SantínCabañas (más media punta que 10 pero gravitando en todo el centro del ataque) derrochaba clase y calidad por cada tache, y superaba al oficioso, voluntarioso pero más terrenal de Peñarol. Lo mismo de los delanteros: la tripleta con Willington Ortiz y Battaglia de extremos y Gareca de ariete era una monstruosidad, que le sacaba cuerpos en oficio y calidad a la pareja Cabrera – Aguirre, rápida, punzante, muy luchadora pero con menos capacidad de improvisación.

América saltando a la cancha esa tarde de Santiago. Diego Aguirre los mira como cagado…

Pero en defensa Peñarol llevaba la ventaja, sobre todo con los laterales Herrera y Domínguez, unas locomotoras en marca y ataque que se movían todo el hp partido. ¿América? Tenía al «Pitillo» Valencia, un eterno lateral de la entera confianza del doctor Ochoa – que curiosamente en la línea defensiva confiaba más en el rocoso talento local – pero de esos que la afición suspiraba entre resignada y desesperada con sus cambios de frente y sus centros a la mierda. El otro era Jorge Porras, ese sí mucho más confiable y seguro pero que no podía estar para el encuentro en Santiago: en su lugar estaría Jairo Ampudia, un algo rústico lateral de la cantera que tampoco inspiraba mucha tranquilidad.

América esa tarde en Santiago. Arriba: Ampudia, Aponte, Víctor Luna, «Pitillo» Valencia, Falcioni, Santín y Espinoza; Abajo: Willington Ortiz, Cabañas, Gareca y Bataglia

Y el «Carbonero«. Arriba: Eduardo Pereira, Obdulio Trasante, Marcelo Rotti, José Perdomo, José Herrera, Alfonso Dominguez. Abajo: Daniel Vidal, Eduardo Da Silva, Diego Aguirre, Ricardo Viera y Jorge Cabrera

El partido comenzó como en Cali, como en Montevideo: con América dominando e imponiendo las condiciones sin arrasar pero sí con oficio y clase. El peso del ataque lo llevaron Battaglia – muy hábil y escurridizo por la izquierda, una culebrita – y Santín, que la movía y distribuía con bastante sabiduría asociándose con el paraguayo. A los 6 min ya avisó América con un disparo de Santín que atajó Pereira, y de ahí hasta la primera llegada de Peñarol (tiritititititooooo de Da Silva – nada que ver con Polilla – ya se había ganado una amarilla (exagerada) Battaglia, Willington también molestaba por la derecha y Luna se adueñaba del medio campo. América no arrasaba pero sí obligaba a revolcarse a los de Peñarol, que marcaban a punta de faltas (a los 13:00 hay un hp viajado de Obdulio Trasante a Gareca del que el árbitro, el recordado y puteado Hernán Silva, no dijo ni mu).

El que se veía solvente era América, pero lejos. ¿Peñarol? Llegó poco en esos primeros minutos, sobre todo buscando por el lado del «Pitillo» Valencia (supongo que Tabarez algo vio ahí), intentando moverla con Viera y Da Silva, que terminaban mandando pelotazos que eran rechazados con mucha suficiencia por Aponte y «Kaiser» (!!) Espinosa, y eso que Aguirre estaba muy metido en el área estorbando a los centrales. De a poco se fue soltando el aurinegro, con Domínguez y Herrera apoyando por los laterales, pero aún no había jugadas de peligro. Hasta el minuto 14:00, pero por parte del América: tiro de esquina cobrado por Battaglia y Gareca que cabecea contra el piso y manda la pelota cerquita del palo. El primer «ufffff» de la tarde.

Hasta ese momento el partido era parejo, con América llevando el gasto pero Peñarol respondiendo menos pero con criterio, aprovechando que los laterales (sobre todo «El Pitillo») no tenían mucha, ehhh, constancia en la marca. Pero a partir de ahí el PT fue todo del América, que comenzó a dominar con Luna y Santín manejando el medio con suficiencia, con Battaglia y Willy (intercambiando por ratos de banda), Cabañas pivoteando y llegando y Gareca teniendo incómodos a Trasante y Rotti. Cada que la agarraban Willy, Cabañas o Battagia caían de a tres de aurinegro a marcar, y generalmente tenían que frenarlos con falta. En ese PT el figurón fue Juan Manuel Battaglia: el man así enano y todo corría, llegaba, desbordaba, distribuía, molestaba… una culebra.

Jorge Goncalves tocándola, con Ricardo Viera, Luna y Ampudia mirándolo

A los 28:00 se salvó Peñarol: Contragolpe de Santín por el centro, manda a Willington que deja a su marcador por velocidad y gambeta (en serio qué crack era… y eso que ya estaba viejo), manda el centro y Gareca la remató con una chilena que se va cerquita (pero se la quitó a Santín que hubiese rematado más tranquilo). Ya América era el que merecía ganar, lo cual era el resultado de hacer la lógica: no salío a aguantar sino a presionar, seguro que con su calidad podían definir todo sin problemas. Parecía que habían aprendido de lo que pasó en el ST en el Centenario. Así terminó el PT, con América mejor y Peñarol de a ratos intentando zafarse, llevando la pelota al campo de los rojos (exponiendo al Pitillo, el más flojo de América) pero sin lastimar.

Para el ST Peñarol entendió que había que sacudirse para remontar, y salió a atacar, empujados por Viera, Da Silva y Cabrera, y por primera vez en el partido se vieron aplomados, con Aguirre además más metido en el juego. A los 50 min avisaron con un tiro de fuera de Viera que rozó en el palo de Falcioni: los primeros 10 min fueron todos de Peñarol, hasta que América se sacudió a los 53:00 con un cabezazo de Gareca que tapó Pereira. Pero en general fue Peñarol el que tomó la manija del partido en el ST, con Rotti y Trasante empujando de abajo, los laterales apoyando el ataque y Viera con Da Silva mandando arriba para que Cabrera y Aguirre pusieran a penar cada vez más a los defensores de rojo. Sobre todo Aguirre estaba venenoso, rematando TODO lo que le llegaba. Mas o menos hasta los 70 el que dominó fue Peñarol con América incomprensiblemente superado en todo lado; digo «incomprensiblemente» porque si hubiesen querido los de rojo se montaban otra vez en el encuentro; cada vez que llegaban cerca del área de Pereira hacían sudarle el asterisco a los uruguayos, como a los 64 con Battaglia rematando cerca, o a los 68 con Gareca llegando tras jugada de Willy.

José Herrera chocando con Battaglia y creo Rotti. Al fondo mira Santín

Precisamente el gran Willington Ortiz fue el que aguantó el temporal para los de América en el ST: con su clase y gambeta metía miedo por la derecha [inserte chiste del CD aquí], desbordando y/o ganando en velocidad y centrando a Gareca, que no era muy dúctil pero para los defensas uruguayos era como tratar de sacar de la casa un escaparate de dos metros cargado de explosivos que podían explotar en cualquier instante. Al final del ST América logró emparejarlo y llegó un momento en el que encuentro fue llegada de uno y respuesta del otro, se puso muy sabroso el partido para los neutrales.

Antes de terminar ese ST pasaron dos hechos claves: 1) A los 74 min se fueron expulsados Herrera y Cabañas en la misma jugada; y 2) Se lesionó Gareca y tuvo que ser reemplazado a los 80 min. Las expulsiones afectaron a ambos, pero más a América que perdía una de sus culebras de arriba, la de más capacidad de inventarse una jugada de la nada, con la mitad del ST y todo el suplementario por delante. Y lo de Gareca fue fatal, porque América perdió su referencia de área y el aporte de potencia física que necesitaba para seguir manteniendo preocupados a los centrales aurinegros. Aquí viene una de las leyendas negras que generó ese partido y de las que serían más comentadas en tertulias y habladera de torreja con los parceros: el reemplazo de Gareca fue por un defensor central (!!!) llamado Enrique Simón Esterilla, que fue a jugar… de nueve (!!!!). Sí, tal cual: Esterilla entró y de una se colocó arriba, en medio de los centrales de amarillo y negro, como poste en función de no sé qué putas; porque el man no era precisamente un Sergio Ramos o Godín. Hoy aún no consigo entender qué putas se pretendía con ese cambio, pero lo que sí ayudó fue que los de rojo perdieran presencia en el área del frente. Ahora: revisando el video del partido PARECIERA que Esterilla iba a entrar sí o sí en ese momento y justo se lesiona Gareca… ¿puede ser que le tocó al Doctor dejar a Esterilla sí o sí porque el cambio ya estaba hecho? De pronto, pero sigue aún sin descifrar el enojoso detalle de por qué gran putas lo mandó a jugar arriba de nueve.

El momento en que Esterilla se comenzó a convertir en tema de tertulias a futuro…

Total que los 90 minutos terminaron sin goles, no sin que antes ocurriera además algo que también a muchos se nos olvidó: a los 43 del ST a Peñarol le robaron un penalazo más grande que el Estadio Nacional (!!!) por falta del «Pitillo» a Villar. ¡Imagínate que hubiesen pitado penal a Peñarol faltando dos minutos! Peor es que te ganen a los 120 pero mejor sigamos (?). Los uruguayos terminaron mucho mejor el ST, y con todo el impulso moral ayudados por un cada vez más creciente nerviosismo de los americanos.

La gran hazaña (o la gran…)

El primer tiempo suplementario comenzó con declaración de intenciones clarita por cada bando: Peñarol adelantó líneas y se dedicó a empujar y llegar con Viera, el ingresado Villar, Alfonso Domínguez, Cabrera y Aguirre; América se echó de una atrás, dejando solitos arriba a Willington… y Esterilla (!!!!), que eran los que recibían los poquitos balones que pasaban el medio. Y si Willy seguía siendo la figura por ganas, cancha y juego, metiendo miedo cada que la agarraba y evitando que todos los de aurinegro se fueran arriba, Esterilla jugaba de Estórber, limitadísimo y dañando los ataques rojos (como uno a los 12 min del 1TS tras jugada de Willy y Battaglia). Y ajá, qué esperabas si era un central, y no de los tipo Maldini sino Portocarrero… Peñarol ya se adueñaba del partido y América lo dejaba hacer, entre engarrotado y desconcertado por tener un poste arriba.

El 2TS se emparejó por ratos: entre el cansancio y los nervios, la patica más arriba, las obligaciones y el tener todo tan cerquita, el hombre menos… todo generó más espacios y oportunidades para América, que se abroqueló aún más y se jugó todo al contragolpe, confiando en Willy, Battaglia (qué hp par de enanos calidosos) y… Esterilla (que por obvias limitaciones aportaba menos que un «Te lo dije» después que uno la caga). A pesar de todo América llegaba por raticos y asustaba, pero le faltaba cerrar con un gol para ya destapar la botella y mandar tiros al aire. El partido iba muriendo y se llenó la atmósfera del Nacional con un bloque denso de angustia y de urgencia: Peñarol seguía empujando con muchas ganas y esperanza ya teñida de desesperación, pero los de rojo aguantaban, muy atrás por ratos y ya casi que rezando. Faltando minuto y medio para los 120 se salvó América: remata Villar por la derecha, rebota en un defensa y el balón lo agarra Ricardo Viera (figurón) que patea y lo manda infartantemente cerquitica del poste izq de Falcioni. Los de Peñarol se agarraron la cabeza, en Cali la gente respiró como salida de una pesadilla y parecía ser una de esas jugadas de las que uno dice «si aquí no nos hicieron gol, ya… esto lo ganamos«.

Pero no: faltaba la jugada que coronó una de los momentos más épicos del fútbol mundial, que digo del fútbol, del deporte universal, qué digo deporte, de la historia de la humanidad. Ya está terminando literalmente el partido y ni Peñarol ni América podían más del hp parto; la banca del América se dedicó a mandar pelotas al campo y a gastar cada milisegundo que podían agarrar para que se acabara ya el partido, que parecía que el reloj avanzaba dos segundos y retrocedía tres. De repente, en medio del pelotazo viene – pelotazo va le cae un rebote al delantero Diego Aguirre, que se mete guapeando y con las ganas del que acaba de entrar a la cancha, por la banda derecha del América entre jugadores rojos que como que no se atinan a frenarlo con ganas. Desde la izquierda del ataque y ya dentro del área saca un remate… que se mete pegado al poste izquierdo de Falcioni. ¡Gol!. Faltando siete segundos para terminarse los 120 min, Peñarol es todo euforia, incredulidad y lágrimas: 1-0 y con eso eran campeones de América.

Aún no estaba terminado el partido, pero era como si lo fuera: en lo poquito que faltaba (el descuento) al América solo le alcanzó para que le expulsaran a Ampudia y no hizo más. Terminó el encuentro y en medio del festejo incrédulo de jugadores e hinchas de Peñarol y de total abatimiento de los de rojo, se instaló una pesadilla que aún hoy sigue molestando a los hinchas: América perdió la Copa Libertadores de manera increíble cuando lo tenía casi como quien dice empacada en la maleta, frente a un equipo no malo pero sí inferior.

¿Qué-fue-loquepasó?

¿Qué fue lo que pasó ese sábado nefasto para unos y glorioso para otros? Intentemos sacar alguna conclusión: antes que todo, por lo visto en los tres partidos, América era superior que ese Peñarol con mucha hambre, empuje, orden y fuerza pero con menos nivel y clase. Ya hemos hablado de la cantidad de cracks que lucía ese América: ¿cuántos tenía Peñarol? ¿Quienes de los que lograron esa hazaña de 1987 hicieron o habían hecho una carrera larga y respetable? Te lo respondo: Eduardo Pereira, José Herrera (jugó con buen nivel en Europa varios años y fue seleccionado), Alfonso Domínguez, José Perdomo, Ricardo Viera. ¿Aguirre? Jugó en montón de clubes, siendo destacado en alguno que otro. ¿Villar? ¿Da Silva? Desaparecieron rapidito del fútbol de alta competencia. Ahora, me dirás (y con razón) que vale huevo que no hayan tenido carrera gloriosa siempre que en el momento en que se juntaron, formaron un equipo de miedo. Claro que sí, llave: pero igual queremos apuntar a que, por algún motivo, a ese América prestigioso y lleno de figurones le tocó el culo un equipo normal.

¿Podemos hablar de churreteada? Pienso que sí. A América la gloria le quemaba en las manos no solo en ese partido de Santiago sino el de tres días antes en Montevideo: en los momentos en los que más tenían que mostrar la casta y echarle la clase encima a los pelaos de Peñarol, se dejaron invadir de los nervios y se les comenzó a llenar de preguntas el jopo. ¿Cómo puede ser que un equipo con tanta clase encima se deje arrinconar a punta de ganas cuando los tenían como para matar a sus rivales en cualquier momento del partido? Hilando más fino, ¿es normal que tres ocasiones en esa triple final – el gol de Villar en Montevideo, el penal no pitado del «Pitillo» a Villar a los 88 min, el gol de Aguirre a los 120 – América o cometió errores o le empacaron un gol preciso en los minutos finales?

Puede ser que el Doctor Ochoa, que tenía fama bien ganada de precavido (en otro DT diría uno «amarrado» y por respeto no dice uno «cagao«) echara atrás a los suyos con el marcador a favor. Gran error, y lo pagó caro, porque lo único que se logró es que se le diera campo a ese Peñarol que mejor se movía cuanto más tierra libre tenía a la vista. Ya en el plano futbolístico, podemos concentrarnos en el cambio de Esterilla por Gareca, que no sé si influyó para perder el partido, pero sí definitivamente para no ganarlo, y en el pobre desempeño de los laterales Ampudia y «Pitillo», sobre todo este último que fue un colador. De resto, y sobre todo Battaglia, Willy, Santín y Luna, cumplieron.

Qué cagada con el Doctor…

Y listo: Peñarol perdió en la Intercontinental ese año con el Porto y perdieron 2-1 en 120 minutos, y nunca más han ganado Libertadores. Para ese América ese partido fue un golpe bravísimo del que no hubo una cuarta oportunidad, porque al año siguiente se los bajó el Nacional uruguayo en semifinales. Recién América volvería a una final de Libertadores en 1996 contra River Plate, que afrontó sin ningún sobreviviente de ese amarga tarde de Santiago (aunque sí dos de ese plantel, «Pipa» De Ávila y Alex Escobar, que alcanzó a jugar en la ida de Cali de 1987). Y la perdieron…

 

Plus: el compacto del partido

 

 

About YoSoyElCarlos
Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

2 Comments on La final América vs Peñarol de la Libertadores de 1987 (Parte II) (o el gran «¿Por qué siempre a nosotros, Señor»)

  1. 1
    DAVID CALEÑO says:

    Para la época contaba yo con 10 añitos. Recuerdo partes de ese día de las brujitas, casi todas son de ese partido.

    Ese día como casi todos los días de las brujas llovió en la tarde aunque para la hora del juego ya había escampado. Recuerdo ver a un vecino cargoso y afiebrado ir por la cuadra con una bandera del América de un lado al lado feliz porque su equipo se iba a coronar campeón, faltarían como 5 minutos para el final del alargue. Recuerdo la bulla de los que en la cuadra eran hinchas del rival de patio y lo aburridos y callados que estábamos los hinchas del otro bando, del lado verdiblanco. Esperando el milagrito que parecía no querer llegar, que algo extraordinario sucediera porque sino la montadera tan HP ese fin de semana en el barrio y el lunes y el resto de la vida en la escuela, colegio, universidad o trabajo no se la iba a aguantar ni el verraco.

    Pero al que le van a dar le guardan, dicen por ahí. Y el milagrito ocurrió. Y cómo todo suceso paranormal llegó con su asunto raro, porque para empezar faltando por ahí un minuto o menos para finalizar el segundo tiempo del alargue la señal de la televisión se dañó (yo vivía en Palmira, Valle, y esa señal se dañó allí y creo que en Cali y otras poblaciones del departamento, ahora bien, no sé si eso fue a nivel nacional, por lo que aprovecho esta ocasión para preguntar). Tan rápido como se pudo se ubicó alguna emisora que transmitiera el partido aunque para la época lo que el fanático raso hacia era poner a todo volumen su emisora o locutor favorito y le bajaban volumen al tele, ahora esa gracia no se puede hacer porque la señal de la tele está más adelantada que la de la radio. Y justo en ese momento estaban terminando de narrar la jugada y el gol de Aguirre casi al unísono retumbando por todos lados. Recuerdo haber escuchado muchos madrazos aunque también muchas risas y burlas mientras en ese preciso momento volvía la señal de la tele mostrando la repetición del gol y viendo a Enrique Simón tirado en el piso con las manos en la cara y Diego Aguirre yendo hacia Oriental del estadio nacional de Santiago donde estaban unos pocos hinchas del carbonero.

    El vecino, el que andaba jodiendo con la bandera no la creía, según lo que contaría luego dijo que se quedó como un marica viendo la pantalla de su televisor como esperando que le diera respuesta a lo que acababa de pasar.

    Y es que ahí mi hermano donde se mezclan lo terrenal con lo sobrenatural no hay muchas respuestas, a lo mejor esa conjunción de múltiples eventos extra como jugar un tercer partido en cancha neutral, un sábado cuando en esa época lo único a lo que estábamos acostumbrados era a ver sábados felices, un 31 de octubre por la tarde, un horario para nada tradicional en la época. El más avezado dirá que fue «justicia divina», ya tú sabes porque. A estas alturas de la vida y tratando de despojarme de cualquier asomo de parcialidad a favor o en contra, yo lo que pienso es que hubo una mezcla de cagadera y falta de viveza, de cancha, algo que si tienen los del cono sur. Se cagaron porque siendo y peor aún sabiendo que eran más se echaron pa atrás en algo típico del profe Ochoa, de hecho muchos, pero muuuchos partidos los ganaron así, tirados para atrás y luego llegaba Battaglia o cabañas, centro y gol de cabeza de Gareca. Y en Montevideo y en Santiago de Chile recularon demasiado y Peñarol se le fue encima con más huevos que otra cosa, oiga usted hacer eso frente a un equipo uruguayo…Y faltó cancha y viveza en esos dos partidos porque necesitando el empate tendrían que haber recurrido a las mañas, a las faltas, a quemar tiempo tirándose al piso y todo lo que dicta el manual quema tiempista, y ellos tenían maestros para eso, cabañas y Falcioni eran los propios para quemar tiempo, pero inexplicablemente no lo hicieron. De hecho esta fue una de las recriminaciones que cabañas luego le hizo al doctor Ochoa, porque cuando faltaba nada para terminar el partido en Chile no tiraban balones, o hacían algo para quemar tiempo, Ochoa dicen que no dejó hacer nada de eso, también cuentan que a raíz de eso además de un incidente en una piscina con el perro del profe, el mago del Pilar salió del equipo.

    Y yo, bueno, tuve que aguantarmelos casi una década más, aunque ya con menor poderío, pero ese día de las brujas de 1987 quedó grabado como uno de los pocos días felices que el fútbol me dió en la infancia…

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