Colombia y las Eliminatorias – Vol I: México 1986 (Parte 1)

Hola, soy el Fantasma de las Eliminatorias Pasadas, y vengo a recordarte que los torneos clasificatorios para la selección Colombia no siempre fueron guaro, felicidad, «Barranquilla la casa de la selección» o El Pacto de Lima. Comenzaremos rememorando el largo camino de ilusión, y posterior estrellada, de las Eliminatorias a México ´86. Porque como dijo Confucio: «El que no repite su historia está condenado a conocerla«. ¿Así era? No sé, pero arranquemos, no joda.

Ese horrible 1985

Norberto Molina ve en primera fila el gol de Enzo Francescoli en el 3-0 del amistoso de 1985 en Montevideo. Al fondo se ve a «El Pocillo» López y a «El Pato» Aguilera . ¿Soy yo o ese uniforme se veía muy bonito?

Hoy somos poca cosa, pero para 1985 éramos una de las selecciones más chiquiticas de Sudamérica. Así, sin asco. Exceptuando el espejismo que vivimos entre 1973 y 1975 (casi-clasificación al Mundial de 1974 y casi-título de la Copa América 1975), la selección Colombia se la pasaba ilusionando como agüevados a todos en el país, pero la historia terminaba siempre con el reguero de frases de siempre de los cinco centavitos para el peso y que jugamos como nunca y perdimos como siempre y el que no los hace los ve hacer y la gente maldita sea por qué no nací en Ipanema en vez de Ramiriquí/Remedios/Sabanalarga.

El primer golpe de ilusión en mucho tiempo vino precisamente en enero de ese año nefasto de 1985: la selección sub 20 que fue sensación del Sudamericano de la categoría en Asunción (al decir «sensación» ya no es necesario aclarar si quedamos o no campeones…), y que clasificó al Mundial  juvenil de ese año. Ese sub 20 de 1985 era un equipo atrevido, correlón, calidoso, tocador, muy diferente (este es un punto importante) al juego mostrado por los veteranos, y no solo por la calidad de alguno de los jugadores (ya hemos hablado hasta que no damos más de John Edison Castaño, por ej) sino por el cómo jugaban. Pregúntale a un sub 50 a ver qué recuerda de esa selección – «La del profe Marroquín» – y el 98.9865% te dirá que jugaban muy sabroso / ofensivo / vistoso.

Pero a nivel de selecciones el compromiso más importante para este año era para la de mayores: en mayo y junio nos tocaban las Eliminatorias al Mundial de México 1986. El sorteo nos colocó en el grupo con Argentina, Perú y Venezuela: dos pesos pesados y un Troncolandia que en la época era más malo que senador uribista. ¿Porqué solo nos tocaba contra tres y no contra los otros nueve? Recuerda que antes de 1998 la clasificación al Mundial en la Conmebol se disputaba en grupos separados, a diferencia del mazacote de hoy en el que un mediocre que empata 0-0 tres partidos seguidos puede incluso clasificar… Con cuatro cupos en disputa la Conmebol decidió formar los tradicionales tres grupos – dos triangulares y un cuadrangular – de los que el ganador de cada uno sacaba el viaje de one a México, y los segundos de cada grupo más el tercero del grupo de a cuatro (!!!) jugaban playoffs para agarrar el cupo restante.

Bueno, como contamos arriba a nosotros nos zamparon en el grupo de a cuatro, y aunque quedar de primero sobre la Argentina de Maradona + 10 y el Perú de Cueto, Malásquez, Navarro, Oblitas, Velásquez, Uribe, etc se veía lejísimo lejísimo, la posibilidad de quedar vivo con solamente ser menos malo que Venezuela, para después pasar a matarse con un Chile o Paraguay no se veía complicada. El verdadero medidor de aceite era ver qué tanta pelea le dábamos a los poderosos en el grupo que nos tocó, y ahí ver si teníamos sustancia para sobrevivir para agarrar, así sea por repechaje, el cupo faltante a México.

Jijijijijiji

Cupo que hasta hacía menos de tres años lo teníamos en el bolsillo, porque hasta octubre de 1982 nosotros éramos el país designado por la FIFA para organizar el Mundial de Fútbol de 1986. Pero luego de meses de especulaciones, intrigas, de presiones y pujas y entonces qué van a organizar el torneo o no hablen de una vez llaves, Belisario Betancur anunció oficialmente en octubre de 1982 que renunciábamos a la organización del Mundial de Fútbol de 1986. Repito: renunciamos a hacer un Mundial. Tratando de ser imparciales, no fue tanto capricho de Belisario sino pragmatismo: la FIFA nos había designado como sede desde 1974, pero aparte del entusiasmo inicial no se había hecho una verga en ocho años, así que era irreal pensar en montar todo a la carrera en cuatro más, y para rematar en un país hecho mierda. No me acuerdo, la verdad, si hubo un fuerte bajón anímico en el momento: creo que pegó más el guayabo posterior a México ´86 y la certidumbre de no haber visto el Gol del Siglo en el Manuel Murillo Toro, o la de habernos perdido el Grupo B con Colombia – Bulgaria – Irak – Canadá. Pero lo que sí recuerdo es la sensación de oso mundial, y el desbarajuste mental de arrancar de cero con un equipo que hasta julio de 1982 iba a ver las Eliminatorias por TV relajado.

La era del Doctor 2.0

El gesto bondadoso y la cara amable del Doctor

El DT encargado de la misión de llevarnos a México ´86 era el histórico, serio y multiganador Gabriel Ochoa Uribe; al que la gran mayoría de la prensa y afición veía como el propio para el objetivo de clasificar tras 24 años en blanco. El Doctor estaba con un presente dulce con el América, al que llevó a ganar su primer título en 1979 y tres más de 1982 a 1984, ayudado fuertemente – no nos digamos mentiras – por el combo de jugadores tan hp que armó el club con la plata fresca procedente de, eh, diversos negocios de distribución y exportación (carraspeo) manejados por los rubicundos señores dueños del club. No sé por qué me están mirando raro, pero sigo… o sea que se puede decir que el Doctor fue uno de los que inventó al América como equipo grande, pues fue bajo su mando que el rojo caleño dejó de ser un pobre diablo fracasado a la sombra del Deportivo Cali, para ser ese club que ya entraba ganando 1-0 a punta de camiseta. Hoy las generaciones criadas con Alpinito y Gansito dan como un hecho natural que América es un grande, pero esto surgió apenas en la década de los 80, y bajo la dirección técnica del Doctor Ochoa.

El Doctor era muy respetado pero en verdad os digo que no era querido por todo el mundo. El viejo tenía fama de autoritario, obsesivo, ultra competitivo, caprichoso, terco y perfeccionista, todo lo cual puede ser cualidad o defecto según el gusto de cada quién. También de estudioso, de trabajador y meticuloso: afirmaba Willington Ortiz en esos días que «posee la videocasetera de fútbol más grande del mundo» y no era que tenía casettes de Betamax con versiones regrabadas de películas de Chuck Norris; de hecho, como parte de la preparación del equipo el concienzudo DT puso a todos (to-dos) los convocados a verse con él horas y horas de videos de los partidos de los rivales en Eliminatorias, de modo que cada uno de los nuestros conocía hasta el mugre de la uña de los que iba a enfrentar… más tarde te digo si funcionó… Lo que sí se le criticaba con saña al viejo era que sus equipos eran ultradefensivos, pero como al menos en el América le iba bien, shatdafacap.

Total que Ochoa llegó casi que por clamor nacional a reemplazar en el cargo al venerable «Caimán» Sánchez (que a su vez sucedió en el cargo a Carlos Bilardo post eliminación a España ´82), casi una reliquia del pasado y en su tercer – sería el último – paso como DT nacional. El gran «Caimán» la piloteó más o menos en los primeros amistosos a su cargo pero la pifió en primera fase de la Copa América de 1983. La prensa y afición comenzaron a mirarlo rayado, en parte creo porque ya tenía incluso por esos días un aroma a prehistoria que no generaba confianza en esos tiempos de modernidá. «El Caimán» aguantó en el cargo durante 1984, hasta que en octubre fuimos a un torneo amistoso en Los Angeles dizque la Columbus Cup, y ahí se le vino el mundo encima, porque el nivel mostrado en dos derrotas 1-0 ante México y – sobre todo –  un casi enternecedoramente horrible Estados Unidos, lo hundió. Así que el Caimán fue echado de la selección, y el país casi que al unísono pidió que asumiera el Doctor Ochoa. Cosa que, a pesar de la oposición inicial del mismo DT, aceptó, y casi todo el país recuperó la tranquilidad.

Alfredo «El Pirata» Ferrer y Gilberto «Memín» Granados pueden testificar que hicieron parte de una selección Colombia, con esta foto en la que están listos para ir a dormir y a la vez para ir a hacer una diligencia al banco

El Doctor Ochoa puso como condición para aceptar el cargo que debía tener control y apoyo totales para ejecutar su plan de trabajo, y aseguró que de ser así se comprometía – imagínate si no – a clasificar a la selección al Mundial. No sé si fue exigencia de Ochoa o ya estaba establecido desde antes, pero el caso es que se formó un dizque Comité de Notables que incluía desde políticos godos como Alberto Casas Santamaría hasta un periodista, el maestro Daniel Samper Pizano, cuyo propósito era apoyar a la Federación en el manejo del equipo. Las crónicas dicen que más que apoyar, este Comité era el que manejaba la selección: conseguía patrocinios de la empresa privada para los costos del proceso, gestionaba amistosos y lograba que la Dimayor y los clubes prestaran a los jugadores convocados para los partidos de preparación, cosa que hoy es normal pero por esos días en ningún lado era una norma.

Como parte del proceso al Mundial, el Comité, o el Doctor, o ambos, buscaron cambiarle la cara al seleccionado.  Literalmente: fue con el Doctor Ochoa que se dejó de usar el incomprensible uniforme de color zapote y su suplente blanco (sí, por esos días era incomprensible, hoy lo añoramos los colombianos de todas las edades: la verdad que uno sí es muy marica), por el amarillo + azul + rojo que apela hondo al corazón chibchocaribe. En fin, todo muy profesional y enfocado al logro del objetivo, salvo un detalle que por ese tiempo no era visto como algo anómalo: Gabriel Ochoa era DT de la selección sin dejar de serlo con el América. Es decir, El Doctor se dedicaba a la vez a su trabajo como DT del América y también al de la selección (!). ¡Chúpate esa!

La selección en el debut de Ochoa y del uniforme amarillo, vs Suiza en El Campín, el 1ro de febrero de 1985. Arriba:  «Pocillo» López, Hernán Darío Herrera, Luis Eduardo Reyes, Luis Norberto Gil, Víctor «El Káiser» (!!!) Espinosa, Pedro Antonio Zape. Abajo: Ascisclo Córdoba, Didí Valderrama, «El Guajiro» Iguarán, Pedro Sarmiento, Germán Morales. Para el ST entró Alfredo «El Pirata» Ferrer por Germán Morales (Fuente: «Historia de la Selección Colombia 1924 – 2014», de Guillermo Ruiz Bonilla)

El debut del Doctor con la selección fue también el del nuevo uniforme: el 1ro de febrero de 1985 contra Suiza en Bogotá, como parte de un mini ciclo de partidos que íbamos a tener en todo ese mes. El lector habrá notado que hemos mencionado mucho la palabra «Bogotá» junto con «Selección Colombia«, lo cual nos lleva a aclarar que no es una aberración abstracto-geográfico-espacial; te contamos que (agárrate fuerte) en esos días era casi que dado por sentado que Bogotá era la casa de la selección, y ni el barranquillero más fafaracho y jarto de Tres Esquinas adulterado hubiese pensado en que Barranquilla debía ser la sede del equipo. Entre otras cosas porque el Metropolitano aún estaba en construcción (recién se inauguró en 1986), por lo que el estadio oficial de la ciudad seguía siendo el vetusto, diminuto y polvoriento Romelio Martínez. Y era natural: tú veías por televisión las imágenes de los partidos del Junior en el Romelio, y casi que esperabas que en cualquier momento un puntazo se terminara llevando una mesa de fritos, una antena de televisión de una casa de tejas de zinc, una señora tomando el fresco en una mecedora en el balcón de la casa, o los tres al tiempo. Así que, con razón, ni en las giras de amistosos de la selección se tenía en cuenta a Lare Nosa, y más bien la Federación prefería visitar esporádicamente ciudades exóticas como Cali, Medellín o Pereira, cosas así.

El amistoso contra Suiza (en esa época una total equis a nivel internacional, pero era europeo al menos) terminó 2-2, con goles nuestros de Didí Valderrama y Pedro Sarmiento. Ayúdate de la foto de arriba para organizar el esquema: Zape (América) en el arco, «Pocillo» López y Gil (ambos de Millos) de laterales, Espinosa y Reyes (ambos del América) de centrales; Germán Morales (Millos) y Sarmiento (América) en el medio, Herrera (América) de 10, Ascisclo (Millos), Iguarán (Millos) y Didí (Junior) adelante. Como ves, los 12 que jugaron ese día (contando a Alfredo «El Pirata» Ferrer, de Millonarios, que entró a los 76´) venían, con la solitaria excepción de Didí Valderrama, de los dos clubes más poderosos del momento: América (cinco jugadores) y Millonarios (seis).

De la nómina de ese día, salvo el central Víctor Espinosa (debutante en selección contra Suiza) y «Huevo» Gil (su segundo partido), los demás eran ya ultra conocidos. Y no eran paquetes ni por ahí, como a veces se suele pensar de ellos con el peso tóxico de la época sabrosa que vino después. Hay gente de la que uno piensa «qué cagada que no surgieron 10 años después«, como el habilidoso «Arriero» Herrera, el multi utilitario y hoy subvaloradísimo Pedro Sarmiento o la culebra de Didí Valderrama. Del Guajiro ya todos conocemos su historia posterior, y lo que en realidad extraña de él es cómo fue que precisamente en sus teóricamente mejores años no hizo casi nada en la selección (la respuesta obvia es que no lo aprovecharon…). El gran Pedro Antonio Zape era una institución en el arco desde los años 70. Otros eran mucho más, eh, terrenales: Germán Morales era un picapiedra rústico pero eficiente barriendo rivales y balones en el medio con Millos; Espinosa y Reyes eran eh, poco dúctiles, pero cumplían. «El Pocillo» y «El Huevo» (!) se esmeraban como laterales. Pero en la nómina faltó en ese primer ciclo de partidos, no se si por lesión, EL jugador del fútbol colombiano de los 70 y primeros 80: el inmenso Willington Ortiz, sin ninguna exageración uno de los mejores jugadores de América de la época.

El Doctor mantuvo la misma inicialista en el siguiente amistoso, el 10 de febrero ante Polonia en El Campín (derrota 2-1, el gol nuestro de Ascisclo), y solo cambió a un central – Espinosa – por otro  – Norberto Molina, de, adivina: Millonarios… – en la repetición ante los polacos cuatro días después en Cali (1-0, Pedro Sarmiento). La verdad eran buenos amistosos en la época para un equipo medio huevo como el nuestro – estaba haciendo la tarea la Comisión -, de hecho Polonia vino con la base que jugó el Mundial año y pico después. El 21 de febrero empatamos en Chile a un gol con tanto de Eduardo Emilio Vilarete, y allá el doctor probó desde la inicial a una nueva pareja de centrales: Norberto Molina y Henry Viáfara (!!!) (América) y adelante a Vilarete (Unión). La mini gira cerró con una clavada preocupantemente contundente en Montevideo (3-0 en contra) y una inesperada reivindicación en Asunción (3-0 a favor, goles de Ascisclo, «El Guajiro» y Vilarete).

«El Pato» Aguilera marcándonos el segundo de los tres que nos zamparon en Montevideo. Germán Morales solo alcanza a salir en la foto

Además de los mencionados, Ochoa le dio algunos minutos en estos partidos de preparación a otros jugadores: unos aún pelaos Leonel Álvarez y Gildardo Gómez (DIM), William Knight (Junior) y Gilberto «Memín» Granados (!!!!) (Bucaramanga).

Las dudas en el arco

No sé qué conclusiones sacó el Doctor de la gira, pero lo que sí se evidenció, o al menos eso quedó en la mente básica del aficionado y la prensa, es que necesitábamos un reemplazo urgente para el puesto de arquero. El tema con el legendario Pedro Antonio Zape es que justo ese año se fue del Deportivo Cali de toda su vida precisamente para el rival de patio, y para rematar a mamar banca. América andaba por esa época gastando todo afiebrado y loquito su plata de nuevo rico, comprando lo mejor que había en Colombia para reforzar su nómina y, ajá, de paso para desarmar a posibles rivales (¿o para desarmar rivales y de paso reforzar su nómina? Es igual). Total que el gran Zape se fue a América, con 35 años encima, a pelearle puesto a un tal Julio César Falcioni (!!), y era pelea perdida por nivel actual y por portación de pasaporte. Así que 1985 agarró a Zape ya veterano y con poca actividad, combinación más peligrosa que estar borracho y despechado y tener el celular a la mano.

La falta de ritmo de Zape parece que se notó en la cancha, o eso fue lo que concluyó el pueblo, en estos partidos. Debo apelar a los recuerdos de mi lejana juventú porque las fuentes escritas consultadas no son detalladas: contra Chile en Santiago, Zape fue criticado al dar rebote por el gol del empate de Letelier al minuto 90, después de un buen partido nuestro en el que controlamos a los chilenos a punta de contragolpe. Después en el 3-0 en Montevideo no sé qué responsabilidad tuvo Zape, la verdad, y no hay videos de los goles como para chequearlo. Pero sí recuerdo que al legendario arquero le cayó mucha roña al final de esta gira de febrero.

El gran Pedro Antonio Zape en, a pesar de su cara en la foto, días más felices

Aparentemente Gabriel Ochoa tampoco quedó convencido de la confiabilidad de Zape, porque lo alternó con el suplente, el popular Luis Octavio «Ormeño» Gomez (no, por milésima vez aclaramos que «Ormeño» no era el nombre) en los siguientes amistosos. Ormeño tapó contra Paraguay (2-2) y Uruguay (2-1) en Bogotá en Abril, y Pedro Antonio tapó en otro contra Paraguay (1-1), y los dos contra Brasil: en la derrota 2-1 en Belo Horizonte (gol de Prince de penal) y en el muy celebrado 1-0 ante Brasil en Bogotá (Víctor Lugo). Pero la solución de «Ormeño» tampoco lo dejó tranquilo a él, y de hecho tampoco a la afición. Ahora, hoy en día muchos se acuerdan mal de «Ormeño» porque tienen el recuerdo más inmediato de sus años nefastos en Junior y en el final de su carrera en el DIM. Pero, panas, la verdad es que para la época «Ormeño» era un buen arquero y muy cumplidor, y lo puedes comprobar en los partidos que hay en iutúb. Sospecho (es sospecha no más), que el tema de ser negro en un país como KKKolombia le bajó el nivel de tolerancia con la afición…

Así que no extraña que el clamor nacional casi que al unísono era lograr la alternativa más cercana: había que nacionalizar a Julio César Falcioni. Ochoa, que lo dirigía en el América y confiaba ciegamente en él, se lo propuso, pero Falcioni declinó: «Estoy muy bien ocupando mi plaza de extranjero, y no quiero cambiar de nacionalidad«, declaró. Si fue por patriotismo o porque esperaba que Bilardo se lo llevara a la selección, no sé. Pero hizo bien, y lo sostengo a pesar que el cabeza cuadrada del Doctor Bilardo (cómo será de horrible la medicina que muchos prefieren dirigir equipos de fútbol) no se lo quiso llevar al Mundial a pesar de ser el mejor arquero de Sudamérica en el momento, y en vez de él llevó a un normalito como Pumpido y un Quiénesese como Zelada. Imagínate el guayabo que le hubiese dado a Falcioni el ver a los suyos levantando la copa del mundo, y pensar que él hubiese podido estar ahí celebrando pero en cambio por marica lo vio desde la TV, y peor, con cédula colombiana…

Por lo tanto Ochoa se tuvo que conformar con los dos que tenía, y no confió (o no intentó) explorar otras opciones locales: Heberth Armando Ríos (de buen nivel con Santa Fe) o el más conocido James Mina Camacho (Quindío), veterano de la Copa América 1983. 

Vale la pena ver los mejores momentos de los amistosos contra Brasil. Acá el 2-1 en Belo Horizonte…

…y la victoria ante Brasil, la primera de toda la historia ante ellos en categoría mayor. Que, como podemos ver de la transmisión brasileña, los dejó bastante aburridos; si fue como se ve en el resumen, los pasamos por arriba. El DT brasileño Evaristo de Macedo aguantó un juego más (amistoso vs Chile) y lo echaron para volver a traer a Telé Santana, que los clasificó al Mundial.

En estos partidos de abril y mayo Ochoa probó nuevos jugadores, algunos con experiencia previa en selección, otros nuevos: los laterales Jorge Porras y Víctor Luna (América), los centrales Miguel Augusto «El Nano» Prince (Millonarios), Gonzalo Soto (América) y Álvaro «El Polaco» Escobar (Cali), los volantes defensivos Américo «Kiki» Quiñonez (América) y Eugenes Cuadrado (Unión Magdalena), los delanteros Jesús «Kiko» Barrios (Junior) y Víctor Lugo (América).

Ahora, si te da pena preguntar quién putas es Gonzalo Soto o Américo Quiñonez o Eugenes Cuadrado, relajao, que en ese momento a muchos les extrañó también que se convocara a estos manes, muy dedicados y profesionales pero más rústicos que volante central surgido de la cantera del DIM. Sin embargo el Doctor tenía una gran debilidad por este tipo de jugadores limitados pero disciplinados tácticamente, y no tenía problemas en convocarlos, y en ponerlos de titular sí o sí. Así era el Doctor…

La selección en el amistoso ante Uruguay en Bogotá el 28 de abril de 1985, el penúltimo antes del inicio de las Eliminatorias. Arriba: Eugenes Cuadrado (¿eh?), Gonzalo Soto (¿ah?), Luis Eduardo Reyes, Américo Quiñonez (…) , «Ormeño» Gómez, Jorge Porras. Abajo: Carlos Ricaurte, Víctor Lugo, Willington Ortiz, «El Guajiro» Iguarán, Luis Norberto Gil.

Total que bajo el mando del doctor Ochoa llegamos a las Eliminatorias con 11 PJ – 5 PG – 3 PE – 3 PP – 15 GF – 13 GC, un uniforme nuevo y, mal que bien, un equipo base formado: Zape (le daba más confianza que Ormeño); Pocillo López/ Jorge PorrasNorberto Molina – «Nano» Prince – «Huevo» Gil / Victor Luna; Germán Morales – Pedro Sarmiento – Willington – Víctor Lugo –  Iguarán – Ascisclo / Kiko Barrios. Al final la pareja de centrales que terminó afianzada fue la del chiquito pero cansón Molina y el grandote, ríspido, fuerte y empujador «Nano» Prince. Adelante Herrera terminó perdiendo la titular en beneficio de Willington, al que el Doc ubicó de volante para dejar otros tres en punta. La que sí parecía estar clarita para el viejo era en el medio: prefería dejar de comer que dejar de usar a la pareja Germán Morales – Pedro Sarmiento, que se mantuvo casi inamovible en todo ese periodo de preparación.

Lo otro que había quedado clarito desde el minuto cero era que la selección iba a jugar a lo mismo que le encantaba al Doctor: a puro contragolpe, papá. El equipo estaba diseñado para eso: una defensa pachocha y pesada para esperar y aguantar, un medio más destructor que la década del 90 para las bandas de hair metal, un volante – media punta más arriba y tres delanteros, dos en los extremos (en esa época se les decía dizque «puntero») y uno en el medio, uno de ellos bajando a volantear cuando se requería. Y eso de local: si jugábamos de visitante, o contra un poderoso, el medio se poblaba más de minas con un volante defensivo más. La táctica era al pelotazo, pero en serio, agarramos el balón y lo tiramos arriba para el choque o pique del «puntero derecho» o el «puntero izquierdo» o el 9. Era lo que se veía en el América, pero también en muchos clubes del fútbol colombiano, salvo alguna excepción. Como el Deportivo Cali, que ese año estaban recuperándose de una temporada anterior tétrica, y que estaban mostrando resultados y buen fútbol en un equipazo dirigido por Vladimir Popovic. Pero a Ochoa no le convencía, o ya estaba jugado con los suyos, y por eso tal vez no se fijó en un mono de crespos desgarbado y relajado, que justo ese año explotó jugando bastante sabroso como volante ofensivo en ese Deportivo Cali.

Así estaban las cosas antes del debut en Eliminatorias ante Perú, el 26 de mayo de 1985 ¿Iba a funcionar el equipo y la táctica en los partidos de verdad? No te tiraremos spoilers…

El equipo el día que le ganamos a Brasil, once días antes del debut en Eliminatorias. Arriba: Pedro Sarmiento, Nolberto Molina, “Kiki” Quiñónez, Miguel Augusto “Nano” Prince, “Huevo” Gil, Pedro Antonio Zape. Abajo : Alonso “Pocillo” López, “Kiko” Barrios, Víctor Lugo, Willington Ortíz, Germán Morales. (Tomada de «El Pulso del Fútbol)

(Continuar en la Parte 2)

About YoSoyElCarlos
Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

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