Colombia y las Eliminatorias – Vol I: México 1986 (Parte 2 y final)

(Ver Primera parte)

Ahora sí, las Eliminatorias

El 26 de mayo de 1985 comenzó ahora sí el asunto. Esa tarde era la primera fecha de las Eliminatorias a México 1986 ante Perú, en un Campín al que no le cabía medio rolo feliz más. ¡Qué tiempos hermosos aquellos! Eran los días en los que la selección llenaba los estadios con un 95% de afición local, compuesta de, óigase bien: energúmenos de estratos y edades diversos – la mitad ya prendos antes de ingresar al estadio -, familias enteras con abuelas y pasmados bebés incluidos, señores rubicundos y gozosos con camisetas amarillas genéricas (algunas veces con una publicidad tipo «AUTOPARTES LA 45») que les quedaban ya pegadas como body, viejitas felices que las veías todas tiernas y de repente se levantaban a escupir un «este árbitro ladrón hp«, con una saña que no se adivinaba bajo su aspecto venerable y maternal. Algo que aún se vivió en Barranquilla por tres o cuatro Eliminatorias más, pero que ya hoy se perdió sepultado por la avalancha de influencers faranduleros, viajes en combo de Bancolombios extasiados y quejándose de los precios de una botella de agua, y treintañeros y cuarentones tirando selfie en la tribuna con la pareja, mientras toman extáticos un guaro al que todo el resto del año le hacen el feo.

La nómina titular que salió esa tarde fue: Zape; Porras, «Nano» Prince, Molina, Luna; Morales, Sarmiento, Willington; Lugo, Iguarán, «Kiko» Barrios. Lo que decíamos en la primera parte de este texto: era el esquema típico del Doctor, con el medio de barredores con Sarmiento y Germán Morales, Willington de volante, y arriba dos «punteros» (¡será viejo!) y uno cayendo por el centro. Y sí, el «Kiko» Barrios es el mismo que viejo y recuperado de placeres mundanos, se hizo ídolo del Bucaramanga noventoso; por los días que hablamos acá era un delantero reconocido en Junior, y ya había mojado convocatorias en la Copa América pasada. «Kiko» jugó esa tarde por lesión de Ascisclo Córdoba, que de no haber estado desgarrado era titular cantado..

¿Cómo nos fue? Bien porque ganamos: 1-0, gol de cabeza tras un tiro de esquina por «Nano» Prince. Pero jugamos mal: Perú nos comió con su medio que tocaba más que Slayer con César Cueto – José Velásquez – Gerónimo «Patrulla» Barbadillo, que triangulaban no solo sabroso sino con mucho criterio, y arriba Franco Navarro y Juan Carlos Oblitas remecían la defensa con sus desdoblamientos, gambetas y llegadas. Los visitantes ni siquiera sintieron un cambio temprano obligado por lesión de un defensa (Gástulo por Requena) y se adueñaron del encuentro sin problemas. Pero no la metieron, y nosotros sí, gracias al gigante del “Nano” que aprovechó que en un tiro de esquina a los 26´ los peruanos mirándose márcalo tú, no tú, no tú, ajá quién, para meter la cabeza y gol.

Molina, Iguarán y – llegando -Lugo abrazan al autor del único gol contra Perú en Bogotá

Incluso tuvimos para ganarlo más relajado: comenzando el ST bajan en el área peruana al «Guajiro» Iguarán que se iba como tromba al gol. Penal a los 2´ del ST para euforia del respetable, pero lo cobró pésimo «El Nano» Prince (¿él era el encargado o lo mandaron para que hiciera doblete?) y lo mandó afuera. Todo el ST se la pasó Perú acorralándonos, mandando olllazos, centros, pases en profundidad, desbordando, y dale para adelante a buscar el empate sin importar que a los 57´expulsaron a su defensa Toribio Díaz. Nosotros ni siquiera contragolpeamos sino que nos quedamos metidos atrás como unos pajaritos cuando hay lluvia, reventando el balón y desaprovechando el espacio que dejaban los peruanos. Pero al final todo quedó como estaba y debutamos con una muy sufrida victoria.

Una semana después nos tocaba el primer chicharrón peludo: la selección Argentina de Maradona en Bogotá, en el duelo de ganadores de la primera fecha – Argentina había vencido 3-2 en San Cristóbal -. La visita del que sin discusión era el mejor jugador del mundo de esos años generó la expectativa y curiosidad que eran de esperar en el pueblo inocente, y la obvia preocupación en la selección a ver cómo putas hacían para frenarlo. Aunque alguno como Norberto Molina declaraba muy salsa como para autogenerarse confianza: «Sabemos que el grupo es difícil, pero al final el primero será Colombia. Argentina puede repatriar a todos los que quiera, eso nos beneficiará aún más. Nosotros sabemos lo que queremos, tenemos absolutamente todo estudiado. Argentina con esas incorporaciones demuestra que todavía está en veremos«. ¡Chúpate esa, Cristiano Ronaldo! «El Huevo» Gil declaró menos alzao pero con serena confianza: «Sabemos que Argentina es un rival difícil, pero le conocemos absolutamente todos los secretos, no nos queda nada por descubrirle y eso en la cancha se verá«.

La segunda fecha contra Argentina se jugó el 2 de junio en un – otra vez – abarrotado hasta los jarretes Para el Doctor Ochoa la respuesta a la pregunta «¿Cómo parar al mejor jugador del mundo?» era sencisha: poblar el medio con trincheras y alambrados. Además de los habituales Sarmiento y Germán Morales, las labores de destrucción iban a ser complementadas desde el inicio otro volante defensivo rústico neto: Américo «Kiki» Quiñonez. Con este esquema en teoría ganaríamos en marca, aunque en esencia se perdería volumen de juego porque Morales y Quiñonez eran pura voluntad y recuperación, pero no te armaban ni un plan un viernes en la noche.

Con respecto al partido contra Perú Ochoa cambió los dos laterales – no sé si porque no le convencieron o por planteamiento de acuerdo al rival -, y además entraron el mencionado Quiñonez y Ascisclo Córdoba (ya recuperado de la lesión); afuera quedaron Luna, Gil, Lugo y «Kiko» Barrios. Por lo tanto la titular contra Argentina fue: Zape, «Huevo» Gil, Molina, Prince, «Pocillo» López, Germán Morales, «Kiki» Quiñonez, Sarmiento, Willington, Ascisclo Córdoba, Iguarán. Argentina por su parte salió con Fillol; Clausen, Passarella, Enzo Trossero, Garré; Miguel Ángel Russo (sí, el mismo), Giusti, Marcelo Trobbiani, Burruchaga, Maradona, Pedro Pablo Pasculli.

Américo Quiñonez intentando parar a Maradona en Bogotá. Algunas veces solo lo podía a frenar a punta de faltas, en cambio el resto de veces, también

Desde los 00:00:01 del partido se vio patentico que la táctica nuestra era esperar y contragolpear. El «esperar» incluía encimar como perros a los argentinos en general y a Maradona en particular, que cada que agarraba el balón y se iba para adelante, le caían dos y hasta tres de amarillo tirando cipote de guadañazos para quitar del medio a la pelota, y/o al jugador. Eso hizo que el partido fuera bastante cortado, con mucha fricción de ambos lados – pero sobre todo nuestra, hay que decirlo – y con patadas escalofriantes de esas que uno dice hoy «huy maricaaaa». Los argentinos la intentaban tocar bien, con Trobbiani (el que jugó en Millonarios) como mejor jugador, secundado por Maradona y Burruchaga, pero casi todas sus jugadas de ataque terminaban con uno de albiceleste retorciéndose de dolor en el piso, y nosotros con el balón en nuestro poder solo para volverlo a perder, y el ciclo se repetía.

Pero me mandé a hablar del partido y no mencioné que inició movidito por otro motivo: a los dos minutos de comenzado el encuentro, Pedro Antonio Zape se lesiona solo (!!!) y en su lugar entra Luis Octavio «Ormeño» Gómez. Preocupación en el respetable porque si el debate era que los dos arqueros andaban no tenían el nivel necesario, ahora el tema es que había solo uno… sin embargo «Ormeño» entró bien y seguro, sin nervios y bien ubicado, y la gente se relajó. Lo justo hasta el minuto 43, en el que Pasculli aprovechó un pivoteo de Trobbiani y que nuestros defensas estaban no se donde, para fusilar solito a «Ormeño». 1-0, y así terminó el PT.

Para el ST Ochoa entiende que con tres volantes de marca no hará una verga, y saca a Quiñonez por Hernán Darío Herrera. Ahí manejamos con más criterio el balón, y comenzamos a preocupar algo a los argentinos, con Ascisclo e Iguarán metiendo temor desde las bandas y mandando el pase al área. Así tuvimos varias llegadas, pero al final el que empató fue el «Nano» Prince, otra vez de cabeza tras un tiro de esquina (!). ¿Es el «Nano» Prince nuestro proto-Yerry Mina? Yo diría que sí. El empate nos animó, pero los argentinos tenían mejor combo, en verdad. A los 68´otra vez Pasculli queda solo (mucho «los conocemos de memoria» pero a la hora del té en los goles se la pasaron tomándole las placas) y remata a «Ormeño». 2-1, que fue 3-1 cuando Burruchaga, después de que otra vez los nuestros marcaron al aire, pegó qué hp ramalazo por el palo del arquero faltando dos minutos. 3-1 y quedamos con la sensación incómoda que éramos demasiado normalitos para clasificar.

Una semana después fuimos a Perú y sacamos un empate sin goles que dejó aburridos a los dos, y lejos de Argentina en la tabla (3 PJ – 3 PG – 6 Ptos). Nosotros salimos con «Ormeño»; Víctor Luna, Prince, Gonzalo Soto, Porras; Sarmiento, Morales, Quiñonez (otra vez los tres volantes de marca); Willington; Ascisclo, Iguarán. No encuentro crónicas del partido, así que apelo a mis recuerdos ya teñidos de bruma otoñal: jugamos mejor que Perú e incluso nos comimos un gol con Víctor Luna. Ya para la cuarta fecha que nos tocaba visitar a Argentina estábamos ya en el punto de que teníamos que ganar sí o sí y esperar resultados si queríamos ir directo al Mundial. Esta vez jugamos un poco mejor, pero igual perdimos 1-0 (Valdano), y ya, nada que hacer: solo nos restaba no hacer el ridículo ante Venezuela para pasar por la puerta de atrás al repechaje.

Gonzalo «Chalo» Soto metiéndole ganas ante un expectante Pasculli en Buenos Aires

Las dudas en el arco, y la solución desesperada

Pero si el nivel contra los dos poderosos del grupo fue preocupante, el que mostró la selección ante Venezuela prendió las alarmas y desató la avalancha de cuestionamientos. Porque jugamos demasiado mal y de manera muy mediocre ante una Venezuela muy limitada, que en San Cristóbal nos sacó el empate a dos goles, y que en Bogotá le ganamos con un 2-0 más triste que te dejen en visto una invitación a salir. La polémica fuerte se centró en el puesto del arquero, porque al pobre «Ormeño», al que de por sí no le tenían mucha confianza, le dieron como cajón mal cerrado por los goles en Venezuela (no encuentro videos, pero me acuerdo de uno en que el balón le pasó al lado y lo quiso sacar con los ojos).

Navarro Montoya cuando, movido por la desesperación y por errores de juventud, tomó una decisión horrenda: jugar en el Santa Fe

Ochoa estaba tan desesperado por encontrar arquero que se agarró de cualquier cosa: en Argentina estaba tapando con Vélez Sarsfield un pelao llamado Carlos Navarro Montoya, nacido en Medellín – hijo de un ex futbolista argentino – pero criado por allá desde chiquito. El hecho de haber nacido en esta hermosa tierra paraca (paracaminar en sus hermosas calles, iba a decir) era la justificación moral para nacionalizarlo y convocarlo a la selección, lo cual se hizo creo de manera express. Ahora, tú escuchabas hablar a Navarro Montoya y desde los dos segundos tenías la convicción que era más argentino que la devaluación del peso, pero ante la urgencia del momento eso no importó. Además, qué mejor solución para una afición que desde siempre, ante el primer «ché boludo» se desmaya de placer, que colocar a un argentino sobrador a tapar los remiendos… Total que Navarro debutó en el 2-0 ante Venezuela, en el que no fue exigido, pero su pinta de blanquito y cosmopolita tranquilizó a la gente. Ese día Ochoa probó algunas variantes a ver si el juego mejoraba algo: banqueó (al fin no joda) a Germán Morales para que jugara Carlos Ricaurte, que con Sarmiento tenían más nivel de creación; jugó Alex Escobar de 10, de centrales estuvieron «El Polaco» Escobar y Luis Eduardo Reyes…

Con los dos pálidos resultados ante Venezuela quedamos confirmados como el triste tercero del grupo de cuatro, y calificado (o más bien, «no echado») para el repechaje. El primer lugar del grupo, y por ende el puesto directo al Mundial de México, lo ganó Argentina con muchísima hambre sobre Perú. Los peruanos se habían recuperado del mal inicio en el torneo y le ganaron 4-1 a Venezuela en la cuarta fecha (estrenando DT, el partido contra nosotros hizo que echaran al anterior), y en la quinta les tocaba Argentina en Lima, que con el empate ya aseguraban la clasificación al Mundial. Pero los peruanos sacaron toda la casta que aún les quedaba y les ganaron 1-0 (Oblitas) en un abarrotado y eléctrico Estadio Nacional, y quedaron a un punto de los argentinos. Y en la última fecha en el Monumental, la gran Perú de esos años estaba ganando 2-1 (José Velásquez y «Patrulla» Barbadillo por Perú, Pasculli por el local) faltando 10 minutos, pero vino esa jugada con falta que terminó en el gol del caremondá de Passarella, y terminaron empatando. Perú quedó fuera del cupo directo por un punto, uno de los tres que perdió en dos partidos con nosotros. Ironías de la vida: lo único que logró Colombia en esas Eliminatorias fue cagarle la clasificación al último gran equipo peruano de la historia. Y de rebote le dimos la mano a los argentinos… valemos es mondá física…

El triste (y cantado) final

Los que salieron contra Paraguay en Cali, ya cuando Ochoa dijo «qué hps». Arriba: Félix Polo, Víctor Luna, Miguel Augusto Prince, Navarro Montoya, Luis Murillo, «Polaco» Escobar. Abajo: John Edison Castaño, «Pipa» De Ávila, «Pibe» Valderrama, Alex Escobar, Willington Ortiz. ¿Ves que sí podías armar algo decente, Doctor?

Pero calma, pueblo, que no estaba todo terminado: aún faltaba que nos eliminaran del todo. La larga historia de ilusión, dudas, desencanto, caprichos y decepción que fueron estas Eliminatorias para nosotros, tuvo su fin en octubre y noviembre de 1985. Como explicamos antes, el último cupo de la Conmebol para México 1986 era para la selección que sobreviviera de un repechaje (era la primera vez que el país escuchaba esa palabra), que consistía de un doble playoff entre equipos segundones. Una llave la constituyó Chile (segundo de Uruguay) y Perú, y la otra Paraguay (virreina de Brasil) contra nosotros. Jugaban partidos ida y vuelta, los ganadores pasaban a otro playoff final y chao.

El partido de ida se cuadró para el 27 de octubre en Asunción. Esto significaba que Ochoa tenía casi cuatro meses para hacer los más que necesarios ajustes, darse cuenta que no servía seguir haciendo lo mismo que no funcionó antes (digo yo) y preparar a conciencia el compromiso. Momento, que el «preparar a conciencia» tiene un *: recordemos que Gabriel Ochoa seguía siendo el DT del América al mismo tiempo que lo hacía con la selección. Y justo para septiembre y principios de octubre, los Diablos Rojos estaban peleando la clasificación a la final de la Libertadores en segunda fase contra Peñarol y El Nacional (Ecu). Y lo lograron: jugarían la final contra el clasificado del otro grupo semifinal (Argentinos Juniors) el 17 y 22 de octubre. Sí, cinco días no más antes de jugar la ida contra Paraguay por el cupo al Mundial, Ochoa iba a tener la cabeza 100% ocupada con el América en una final continental…

¿Podía haber una situación más desfavorable para preparar un partido por la clasificación al Mundial que tener solo cinco días para hacerlo? Sí: que fueran tres días. Porque al final América y Argentinos Juniors tuvieron que jugar un partido de desempate, que se disputaría (¿casualmente?) en Asunción el 24 de octubre de 1985, el cual perdería América (no importa cuándo leas esto)… De modo que tres días después, cuando Ochoa se cambió de banquillo para dirigir la selección contra Paraguay en Asunción, la selección no había jugado un solo partido desde aquel contra Venezuela en junio… qué papayazo tan hp.

Los paraguayos saludando a su gente antes de revolearnos el dedo en Asunción en 1985

Ochoa mandó los siguientes a la cancha ese 27 de octubre en el Defensores del Chaco: Navarro Montoya, Félix Polo, «Polaco» Escobar, Prince, Carlos Mario Hoyos; Germán Morales, Luis Murillo, «Cheché» Hernández, «Barrabás» Gómez, John Edison Castaño, Willington Ortiz.  Como se ve, el Doctor pateó la mesa y quiso resetear el sistema a ver si ahora sí arrancaba: solo Prince, Morales y Willington quedaban del primer partido en Lima en mayo, y gente como Polo, «Cheché», «Barrabás», Murillo y la sensación del momento John Edison Castaño, eran nuevos o casi debutantes a nivel de mayores. Como intención, la verdad, estuvo buena… lástima que, como vimos, el equipo no había sido fogueado a nivel competitivo… lo que se evidenció en la cancha con un Paraguay que nos superó en todas las líneas, anuló las pocas jugadas de ataque que tuvimos y nos clavó un demoledor 3-0 que dejó en el ambiente la sensación de «Listo, gracias por todo». Lo único a rescatar de este partido es que fue el debut en selección mayor del gran Carlos Alberto Valderrama Palacio, que entró por «Cheché» a los 63´.

Así que la vuelta en Cali (no se si porque la mayoría de los convocados eran ya del América y Cali) una semana después, no llamó a mucha gente. El ambiente de pesimismo general era notorio, y el 2-1 final («Checho» Angulo y Willington) que no sirvió para un carajo tapó los que fueron casi que los primeros momentos de buen juego del equipo en todas las Eliminatorias. Este partido que acabó el largo parto que fueron estas clasificatorias para nosotros, también significó la despedida del gran Willington Ortiz con la selección.

Y listo, se acabó el Mundial 1986 para nosotros; Paraguay después eliminaría a Chile y se ganó el último cupo al Mundial. Para nosotros esas Eliminatorias no nos sirvieron para una verga. De hecho lo único que logramos fueron cagadas: le dañamos el caminado a Perú y le jodimos la carrera internacional a Navarro Montoya, que años después cuando era el mejor arquero de Argentina, no pudo jugar con su selección por culpa los tres partidos que disputó con nosotros esta vez. También estuvo de malas que justo después, apareció René Higuita y a nadie se le ocurrió reflotar a un man tan poco identificado con Colombia como Navarro Montoya, en unos momentos en que preciso estábamos con el tema de los puros criollos a flote.

El Doctor Ochoa no siguió más con la selección, afortunadamente, y siguió en el América para perder más finales continentales. ¿Qué hizo de bueno con la selección? Muy poco: el cambio de uniforme, la insistencia en un proceso serio y estructurado… ¿qué más? A nivel futbolístico, nada: Ochoa jugó horrible, y evolucionando muy poco, de las selecciones nuestras de finales de los 70. Nos la pasamos todos cagados, encerrándonos y tirando pata, jugando al pelotazo, al choque y al centro para el 9, tratando de igualarnos a equipos con mucho más físico y cancha que nosotros.

Afortunadamente (gústenos o no lo que hizo después), dos años después cayó Pacho Maturana a cambiar toda la historia de nuestro fútbol, lo que hizo comenzando por aceptar la obviedad que ni por el hp íbamos a igualar a argentinos, uruguayos o paraguayos jugando a lo que ellos saben… ¿entonces por qué no jugamos al toque frío y relajao que, como buenos colombianos, nos gusta porque evita que arriesguemos? Bueno, el ciclo de Ochoa en 1985 fue el antecito de este momento de epifanía que hoy nos tiene de segundones, pero al menos lo hacemos con gracia…

About YoSoyElCarlos
Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

7 Comments on Colombia y las Eliminatorias – Vol I: México 1986 (Parte 2 y final)

  1. 1
    Edwin says:

    Yo estaba muy joven cuando los hechos ocurrieron, pero recuerdo a mi padre satisfecho por el trabajo de la selección jugó esa vuelta en Cali contra los paraguas. Gracias máster por traernos éstas sabrosas crónicas. Sí tiene ko-fi o algo me cuenta que me le encantaría regalarle una cervecita o un café a mi nombre.

  2. 2
    Alejandro says:

    Que buen post master. Mi memoria de la selección arranca en las vacas gordas (?) de la Copa América del 87. En sus mismas palabras de otro post «pasamos de ser un equipo que nunca ganaba a uno que nunca ganaba pero metía un susto».

    Me declaro hincha furibundo del uniforme rojo. Pero quedémosnos con el amarillo porque (citándolo de nuevo) el problema de la Selección es la permanente cambiadera de uniforme.

    • 2.1
      YoSoyElCarlos says:

      Gracias man. El uniforme rojo se ve muy bonito, la verdad, con el tono adecuado. En esas fotos vs Uruguay de la Parte 1 de acá no se si es la calidad de la foto pero se veía hermoso ese uniforme

  3. 3
    Di Negri says:

    Hola YSEC.
    Soy uruguayo. Hace meses que leo este blog, está bárbaro, o como dirían ustedes, calidoso. Me encantan esas historias poco conocidas que aquí se cuentan, también el ver cómo se vive el fútbol en Colombia. No sabía que tenían una historia de tanta queja, ni que su camiseta antes era naranja.En fin, buenísimo el blog. También me río mucho con las bromas que hace.
    Yo no era nacido en 1986, URUGUAY 🇺🇾 clasificó al mundial…para qué, fue una vergüenza en México 1986.Nunca vi a mi Peñarol campeón de América, pero también habría sido amargo vivir esos años tétricos de mi Celeste.
    Si quiere, me gustaría escribir alguna nota cuando tenga tiempo, soy un apasionado de la estadística futbolera, y conozco algunas curiosidades que dan para un artículo.
    Saludos 🇺🇾🇨🇴

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