Solo en tiempos recientes los japoneses han medio sacado la cabeza con el fútbol: por lo menos han logrado aparecer cada cuatro años en los álbumes de Panini de los Mundiales. Si hoy para ti es normal verlos jugar aunque sea para cagarse frente a Bélgica en Octavos de Final de un Mundial, de pronto te asombrará saber que recién en 1998 pudieron clasificar por primera vez a uno. Incluso, para 1994 estuvieron a un pelito de clasificar: no lo lograron, y las circunstancias en que pasó su eliminación dan para llamarlo con toda justicia “churreteada”. El partido definitivo, que por siempre jamás quedó clavado en el alma de los aficionados nipones, se conoció para la posteridad como “La Agonía de Doha“, y aquí te lo contaremos.

El honorable deporte de la pelota moteada en Japón (NO, no hablaremos de Supercampeones, virgo)

¿Cómo se dice fútbol en japonés? No se vayan, por favor, que no voy a tirar un mal chiste… según nos informa nuestro corresponsal Brayan Estiven Nagatomi, por allá lo llaman sakkā (サッカー), término derivado del inglés “soccer” y mucho más usado coloquialmente que futtobōru (フットボール). Lo que no sé con certeza, es si el término viene de los británicos o de los gringos, ergo si la influencia del fútbol en Japón fue más efecto de lo que hicieron aquellos antes de 1945 o de estos después de la bomba.

¿Cuántas veces hemos comenzado una historia de estas diciendo “el fútbol en equis país tiene más historia de la que pensábamos”? Bueno, lo mismo diremos de Japón, país del que se registró como primer partido de fútbol a un match entre miembros de la Academia Naval de Tokio en 1873, organizado por un oficial británico llamado Archibald Douglas. Dicen las crónicas que el respetable público que acudió al encuentro, quedó asombrado porque asociaron el tipo de juego al Kemari, una especie de práctica-rito de la religión Shinto de la cual no daré detalles por respeto a los seguidores de este culto que nos están leyendo desde Chiriguaná y San Onofre.

Aquí los japoneses practicando “Kemari”, un juego que se disputaba en la aristocracia japonesa hasta el Siglo XVI. En este juego era más importante la manera de jugarlo que el ganar

Recién en 1888 se disputó el primer partido oficial entre dos clubes diferentes, el Kobe Regatta y el Yokohama Country, (ambos existen aún hoy, pero no como instituciones dedicadas al deporte que nos mueve el mango), y en 1917 se fundó el club de fútbol más antiguo del país, el Tōkyō Shūkyū Dan que aún compite en campeonatos amateurs. Solo hasta 1921 la federación nacional fue fundada, y casi como de casualidad: como la FA inglesa envió de regalo a un torneo universitario nipón una réplica del trofeo de la FA Cup, los locales decidieron formar una organización nacional equivalente para poder disputar campeonatos que permitieran ganarse el mismo. ¡Chúpate esa!

Una de las pocas alegrías japonesas en una cancha de fútbol en tiempos pasados fue en los JJOO de 1964, en donde vencieron a Argentina 3-2 en primera fase del torneo. Luego Checoslovaquia les clavó cuatro y les puso el tate kieto

Pero a pesar del impulso y las ganas, el fútbol no terminaba de agarrar onda en Japón; su práctica se vio confinada a competiciones universitarias y el que tomó la posta como el deporte popular del país fue el béisbol. Hasta 1965 se estableció un campeonato nacional, la Japan Soccer League (JSL) con equipos de Tokio, Osaka, Hiroshima y Kitakyushi, todos aficionados a pesar de que sus dueños eran compañías como Hitachi o Toyota. El nivel no alcanzaba para convocar al respetable, que acudía en masa a los juegos de la liga de béisbol (algunas ciudades tenían clubes en ambas ligas) pero no a los de la JSL. Así, el fútbol nipón no salía de ser una curiosidad para algunos entusiastas.

Pero a partir de la década del 80 la popularidad del deporte en el país comenzó a aumentar paulatinamente. Algunos afirman que un famoso manga en el que el campo de juego mide diez kilómetros de largo y en el que los partidos duraban cuatro días, ayudó bastante a incrementarla. Total que ya eran frecuentes las asistencias de 50 o 60 mil espectador-sama en encuentros clave de Liga, aunque el promedio en los demás encuentros del campeonato seguía más bajo que el de la altura de su selección de basquetbol. Lo que aparentemente ocurría es que a la gente le gustaba el fútbol, pero no necesariamente tanto para aguantarse lo que veían en su campeonato. Esto explica por qué los partidos de la vieja Copa Intercontinental lucían estadios llenos a reventar, mientras que en los de liga no pasaban de 5,000. Ah, es que los clubes seguían siendo aficionados en plenos años 80, y eso no ayudaba a meterle sustancia al nivel general.

Yasuhiko Okudera en sus tiempos con FC Köln, club con el que se convirtió en el primer jugador asiático en meter gol en Copa de Campeones de Europa, al Nottingham Forest en la semifinal de 1979

Todo comenzó a cambiar desde que el delantero Yasuhiko Okudera (“Bazooka” según Andrés Salcedo en las transmisiones ochentosas de Transtel) fuera transferido al fútbol alemán en 1977. Allá duró nueve años desempeñándose de manera muy respetable en FC Köln, Hertha Berlin (en segunda) y Werder Bremen. Luego llegó Kazuo Ozaki (en 1983 al Arminia Bielfield), y ya con estos la JFA comenzó a considerar la creación de una liga profesional para impulsar el deporte en el país. Todo se formalizó con la creación de la J-League en 1993.

La figura que terminó de despertar el entusiasmo de la afición en el país, fue el legendario Miura Kazuyoshi, alias “Kazu”, nacido y criado en Japón pero formado como futbolista en Brasil a finales de los 80, en donde jugó para clubes como Juventus (São Paulo), Santos, XV de Novembro de Jaú y Coritiba. Regresó a Japón en 1990 para jugar con el Yomiuri S.C. de la JSL, club que rebautizado como Verdy Kawasaki sería uno de los fundadores de la profesional J-League en 1993. La creación de la liga profesional sería el quiebre definitivo para instaurar el fútbol como el deporte de masas que se vive hoy en Japón, pero faltaba clasificar a un Mundial para terminar de consolidarlo.

La selección japonesa y su sueño mundialista

Como selección, Japón intentó por primera vez clasificar a un Mundial de Fútbol en 1954, pero fue eliminado tras perder los dos partidos ante la misma Corea del Sur que fue vejada vigorosamente unos meses después por Turquía (0-7) y Hungría (0-9). Ambos partidos se jugaron en Tokio (ni idea por qué), y viendo cómo le fue a los coreanos capitalistas en el Mundial suizo, se puede decir que menos mal no clasificaron los japoneses: hubiesen recibido un Hiroshimazo bravo.

Los nipones volvieron a intentarlo en 1962 (de nuevo los sacaron los surcoreanos) y a partir de 1970 de manera consecutiva y sin éxito; la única vez que estuvieron cerca de lograrlo fue en 1986, en donde llegaron a la final por uno de los dos cupos asiáticos después de eliminar en la ronda anterior a Hong Kong, pero perdieron el cupo a México contra… otra vez Corea del Sur (!). A estas alturas lo de los surcoreanos contra los japoneses era más cercano a una toqueteada de culo que a rivalidad.

Ruy Ramos y Kazu Miura jugando para Japón en las Eliminatorias de 1994

El panorama para 1994, sin embargo, pintaba por primera vez favorable para los paisanos de la tripulación de Sankuokai. La selección venía ya demostrando nivel al haber ganado la Copa Asiática de Naciones en 1992, su primer logro internacional. Como años después recordó su DT neerlandés Hans Ooft (otro que hizo su carrera – en este caso como entrenador – en Japón): «Tuve un buen grupo de jugadores, todos de 25 a 30 años de edad, y sabía que podía hacer algo (…). Ganamos la Copa Asiática en 1992, sabíamos que en 1993 tendríamos mucha resistencia para clasificar, porque éramos el objetivo a vencer ahora».

Las eliminatorias para los Samurai Azules comenzaron en abril de 1993. Un mes atrás había iniciado la primera temporada de la J-League, pero los jugadores japoneses andaban afiladitos y con ritmo de competencia, porque antes habían disputado una especie de Copa de Liga con los clubes profesionales. Los dos figurones del equipo eran el ya mencionado Kazu Miura y un brasileño semidesconocido cuya carrera futbolística se desempeñó toda en Japón: Ruy Ramos, un 10 de aquellos que ya no se ven. Esto último no necesariamente es un elogio: el juego de Ramos era insoportablemente ochentoso, de toque ultra cansino, a cinco por hora, cambios de frente fastuosos y no siempre útiles y menos ritmo que Sigur Rós. Pero esto le alcanzó para ser un referente del fútbol japonés de los años ochenta. Para estas Eliminatorias Ramos ya contaba con 36 años encima, de los cuales solo los tres últimos los había jugado con la selección japonesa: me imagino que allá la pensaron mil veces antes de meter a un extranjero a la selección.

Los japoneses comenzaron bien las Eliminatorias, pasando la durísima primera ronda (solo clasificaba el primero de cada uno de los seis grupos de a cinco participantes a la fase final) con siete victorias y un empate bajándose a los favoritos Emiratos Árabes Unidos y a los horribles Tailandia, Bangladesh y Sri Lanka. La AFC ya había determinado que la fase final sería un hexagonal a jugarse en Doha, Qatar, entre el 15 y el 28 de octubre de 1993, en el que clasificarían al Mundial los dos primeros del mismo.

Iraníes (de rojo) e iraquíes en el partido entre estos por la tercera fecha del hexagonal final, en el que no hubo muertos. El capitán de los iraquíes es el histórico – allá, pues – Ahmad Radhi, el autor del único gol de su país en Mundiales, contra Bélgica en 1986 (Foto: Urhan Ozbilici/AP/Press Association Images)

La lista de los clasificados al Hexagonal Final hubiese generado comités conjuntos de crisis entre la CIA, el FBI y el Pentágono, si los gringos hubiesen tenido algo de puta idea de que existía el soccer por esos días: Irán (uhh), Irak (uhhhh) y Corea del Norte (uhhhhhhh) acompañando a Corea del Sur, Japón y Arabia Saudí, toda una pesadilla para los futuros anfitriones de la Copa Mundial de 1994 en caso de haberse clasificado alguno de los primeros mencionados. Gracias a Yahvé que esto no pasó más recientemente, porque seguro Trump mandaba su misilazo a Doha sin consultar con la OTAN ni Rusia.

Pero incluso sin estos concerns de los yanquis, este Hexagonal pintaba áspero por tanta rivalidad ancestral – y no tanto –  encima: iraníes e iraquíes venían de matarse mutuamente por ocho años en una guerra que había terminado apenas tres atrás; coreanos buenos vs coreanos malos (escoger cuál a su elección) en su conflicto de varias décadas; saudíes vs iraníes (ergo, árabes suníes vs persas chiítas), y, no menos importante, los dos coreanos vs japoneses, por el recuerdo aún fresco de las cagadas que estos últimos hicieron en Corea durante la ocupación en la IIGM. Majestuoso marco para disputar el torneo, lo que motivó a la FIFA a enviar árbitros europeos con más rodaje internacional para pitar en el Hexagonal.

Japón contra Corea del Norte en esas Eliminatorias (Foto: AP/Press Association Images)

Tantas expectativas parecieron pesarle a los japoneses, que agarraron un solo punto en sus dos primeros partidos: empate sin goles ante Arabia Saudí y derrota 1-2 ante Irán. Parecía que el sueño mundialista nipón se esfumaba, pero el 3-0 ante Corea del Norte, y sobre todo, el vital 1-0 ante Corea del Sur (gol de Miura, que también hizo dos en el anterior) encarrilaron la Eliminatoria para los dirigidos por Ooft. Porque los puntos obtenidos y la tendencia de los rivales de joderse entre sí, resultaron en que Japón llegó a la última fecha como líder del Hexagonal y por ende clasificado, con los mismos puntos (5) y mejor DG que los árabes saudíes – el otro clasificado parcial -, y uno por encima de los hasta ese momento eliminados Corea del Sur, Irán e Irak. Miremos cómo estaba la tabla antes de la última fecha:

Pos Equipo PJ PG PE PP GF GC Gol Dif Pts
1 Japón 4 2 1 1 5 2 3 5
2 Arabia Saudí 4 1 3 0 4 3 1 5
3 Corea del Sur 4 1 2 1 6 4 2 4
4 Irak 4

1

2 1 7 7 0 4
5 Irán 4 2 0 2 5 7 -2 4
6 Corea del Norte (x) 4 1 0 3 5 9 -4 2

Como vemos, Corea del Norte era el único eliminado: para la última fecha los otros cinco equipos tenían posibilidades de clasificar. ¿Y cuáles iban a ser los encuentros de la última jornada? Japón vs Irak, Corea del Norte vs Corea del Sur y Arabia Saudí vs Irán, todos partidos con alto nivel de stress no solo deportivo sino, en dos casos, político. El más jodido era Irán, por tener -2 de DG, pero si se fajaba a goles y se le daban los resultados en los otros dos partidos, podía coronar cupo a Estados Unidos.

¿Qué necesitaba Japón? Ganar para no depender de nadie; si empataba, tenía que rogar para que o Arabia Saudí o Corea del Sur no ganaran sus respectivos partidos (con que uno de los dos no lo hiciera, le bastaba). Si perdían, incluso los japoneses podían clasificar si surcoreanos y árabes perdían, y la DG les ayudaba. Pero como venía el tren, lo mejor era ganar y no andar rezándole a otros que no querían hacerle el favor.

Cara A: La Agonía de Doha

Los japoneses antes de enfrentar a Corea del Norte por la tercera fecha de esa Eliminatoria, el 21 de octubre de 1993. Arriba: Shigetatsu Matsunaga, Toshinobu Katsuya, Kenta Hasegawa, Mitsunori Yoshida, Masashi Nakayama y Kazuyoshi Miura. Abajo: Takumi Horiike, Hajime Moriyasu, Masami Ihara, Tetsuji Hashiratani, Ruy Ramos

El 28 de octubre de 1993 se jugó la fecha final del Hexagonal de clasificación de la AFC para el Mundial de 1994, con tres partidos simultáneos en Doha (supongo que allá cada barrio tiene su coliseo deportivo con 40 mil espectadores cada uno). Al momento del pitazo inicial, los únicos que dependían de sí mismos eran japoneses y saudíes: los demás tenían que ganar y esperar una resbalada de alguno de estos dos. A los japoneses se les notó la trascendencia del momento, y comenzaron jugaron muy mediocremente y con demasiados errores contra los iraquíes, como vuelve a recordar Hans Ooft “No jugamos muy bien, pero anotamos, 1-0”.

Tal cual: después de un comienzo en el que ambos rivales se dedicaron concienzudamente a pasarle el balón al contrario, los japoneses anotaron el primero gracias a un rebote aprovechado por (otra vez) Kazu Miura.  Pero sí: los de azul jugaban horriblemente, mostrando dudas por cada arista, regalando todo lo que pasaba por sus pies y luciendo imprecisos hasta para sacar el arco. Pero habían aprovechado la suya a los 5 minutos para agarrar ventaja y el cupo a USA 94.

Lo malo es que desde que se colocaron en ventaja, los japoneses regalaron el balón a los no muy duchos pero voluntariosos iraquíes, y la oportunidad histórica les arrugó el alma y ablandó las patas. El 10 Ruy Ramos agarraba la pelota solamente para dársela al de al lado, o si no, para perderla fastuosamente con los iraquíes. De todos modos, el primer tiempo terminó en un pálido pero suficiente 1-0, con los iraquíes buscando la victoria que los clasificara, pero sin poder concretarla, para alegría de los cientos de japoneses que celebraban con sus perfectamente sincronizados cánticos en las tribunas de Doha.

El segundo tiempo pintaba para la misma vaina sin emociones, hasta que al minuto 54 el iraquí Radhi Shenaishil agarró un centro cómodamente en medio de los centrales nipones, la acomodó con el pecho y remató para empatar el encuentro y bajar del barco a Estados Unidos a los japoneses. Ah sí, porque en ese momento tanto Arabia Saudí como Corea del Sur estaban ganando sus respectivos encuentros. Así que el empate no le servía ni a nipones ni a iraquíes, por lo que ambos se fueron encima con todos los nervios aflorando para encontrar la ventaja. Fue de Japón: a los 69 minutos, Masashi Nakayama remata al borde del área chica un pase preciso de Ruy Ramos, y otra vez los Samurai Azules se ponen arriba y se montan de nuevo al bus del Mundial. Los iraquíes protestaron fuertemente el gol, que se gestó casi que encima de un jugador suyo tirado en el piso sin que los de azul pararan el juego, y para rematar con el autor a 3.5 mm en posición de offside. Pero el árbitro no les paró bolas y los japoneses menos.

Los iraquíes acusaron el bombazo (perdown) y les costó reaccionar; para cuando lo lograron, los de azul tenían el partido bastante controlado, y lo jugaban más en campo rival que en el propio. Pero a medida que se acercaba el pitazo final, entre la necesidad de los del golfo y la creciente angustia japonesa, hicieron que el partido se inclinara con más fuerza hacia el arco de Shigetatsu Matsunaga (¿hace falta aclarar de qué equipo es?). Los balones merodeaban con más frecuencia el área japonesa, pero estos aguantaban el 2-1 que les daba el pase a Estados Unidos sin importar los resultados de Arabia Saudí (iba ganando 4-2, terminó ganando 4-3) y Corea del Sur (3-0). El sueño mundialista japonés iba materializándose cada vez más, y era solo cuestión de resistir unos minutos y ya.

Hasta que llegó el minuto 90. Con todo Japón eufórico y expectante, viendo el partido por TV en las calles y en sus casas a miles de kilómetros de distancia, con los suplentes y cuerpo técnico nipones incapaces de estar sentados, explotando de nervios al costado de la cancha, con todos los de azul esperando el pitazo final para celebrar y liberar la tensión que apretaba el pecho… hubiera sido una lástima que se les derrumbara el sueño. Y adivina qué pasó.

¿Se cagaron los japoneses? Con todas las letras: faltando 15 segundos para los 90 minutos, Ruy Ramos agarra un balón en campo iraquí, mira y piensa qué hacer con él, mientras los rivales lo miran de lejos como extras de película de artes marciales rodeando al protagonista en una pelea. Pero en vez de quedarse con la pelota y hacer consumir el tiempo, intentó huevonamente dar un pase adelante a un compañero, y este es interceptado por un defensor. Los iraquíes agarran, se van furiosamente arriba y mandan por la punta derecha a Jaramondá o no sé qué jugador, que a punto de meter el pase de la muerte es bloqueado por un defensa japonés. Tiro de esquina con tiempo ya cumplido, cobro corto que un iraquí – te debo los nombres – agarró, desbordó con precisión, y mandó el centro que, en el área, el ingresado Jaffar Omran Salman cabeceó con plenitud y justeza, saltando como dos cabezas más que los tres azorados japoneses que lo marcaron. Gol de Irak: 2-2 y sayonara.

Cara B: El Milagro de Doha

La Desolación: una postal

El gol cayó como una bomba atómica para los japoneses, derrumbados de pasmo en el campo, en casa y hasta en la transmisión por TV: el narrador nipón quedó en atónito silencio por unos 15 segundos tras el gol, antes de proseguir con voz apagada en lo que supongo (no sé japonés) fue para decir “¡Por qué siempre a nosotros, venerable Kami-Sama!”. Los iraquíes no celebraron casi, sino que se fueron de una para reanudar el encuentro y buscar el 3-2, pero no hubo tiempo para un carajo más.

 

Cuando el árbitro pitó el final, la totalidad del equipo japonés, literalmente, se derrumbó en la cancha, abrumados de dolor y de estupefacción al ver como se les escapó de las manos de manera tan marica el cupo al Mundial, que tenían como quien dice en sus manos. Fue tan conmovedor como ver el total desplome de las ilusiones de los hinchas en Japón, sumergidos en un devastado silencio en sus casas y en las calles en las que se amontonaron a verse el cotejo, llorando a moco tendido, llenos de pasmo, amargura e incredulidad por el mazazo del final.

Coreanos del Norte (de blanco) vs los del Sur en el partido de la última fecha entre ellos, el que resultaría siendo parte del "Milagro de Doha"
Coreanos del Norte (de blanco) vs los del Sur en el partido de la última fecha entre ellos, el que resultaría siendo parte del «Milagro de Doha»

A los que les cayó la clasificación como que del cielo fue a los surcoreanos, y con estos también pasó algo increíble. Corea del Sur jugó su partido con total resignación, esperando un milagro que no se veía que se fuera a dar. El encuentro entre ambas Coreas fue aparentemente tranquilo y sin angustias para los del sur: “Honestamente creo que los norcoreanos estuvieron muy relajados con los surcoreanos“, dijo años después el árbitro rumano Ion Crăciunescu, uno de los que la FIFA se trajo de Europa a dirigir el hexagonal. Me imagino que para los eliminados norcoreanos, la perspectiva de perjudicar a sus hermanos enemigos, para así al mismo tiempo favorecer a los odiados japoneses, no les debía agradar mucho.

Cuando terminó el partido entre las Coreas con victoria para los del Sur por 3-0, los ganadores saludaron a sus vecinos del norte con cortesía y tranquilidad, resignados a una triste eliminación y ya mentalizados en devolverse para su casa sin gloria. Ya se disponían a salir del campo con el ánimo en mode_bajo, cuando de repente alguien avisó del gol de Irak, y ahí se desató la locura entre los surcoreanos aún en la cancha. “Los surcoreanos comenzaron a saltar y a celebrar” dijo Crăciunescu, “Creo que vi a los norcoreanos contentos por los del sur y por lo que le pasó a los japoneses“. Obvio: la desgracia del odiado rival japonés pudo más que la política, y unió a ambos contendientes en la franca alegría que da la mala onda contra un enemigo común.

Ese doble momento en canchas distintas, con la desolación de los japoneses en una, y la impensada euforia surcoreana en otra; con los unos aplastados por dejar perder por tan poquito el cupo a su primer Mundial por un lado, y los otros saltando incrédulos y felices por el otro, es uno de los pedazos más hermosos y épicos de toda la historia de las Eliminatorias.

Los nipones estaban devastados, como era de esperar. Como declaró el volante de esa selección, Hajime Moriyasu:

No puedo recordar estar en el vestuario post partido, o hablando con los medios después, o yendo en el bus al hotel. Me había dedicado al sueño de la Copa del Mundo, habíamos vivido tantos entrenamientos y había gastado más tiempo con mis compañeros que con mi familia. Podía ver la Copa del Mundo en frente de mí, pero cuando fui a agarrarla, se desvaneció en el aire”.

Tremendo. Para los surcoreanos, esa noche de clasificación inesperada se conoció como “El Milagro de Doha”. Pero para los japoneses y el resto del mundo, por siempre se conocerá como “La Agonía de Doha” (o “Tragedia de Doha”).

Cuatro años después, los japoneses se quitaron la espina al clasificar con mucha angustia sobre Irán, en circunstancias algo parecidas, pero que esta vez les resultaron favorables a ellos: el cupo a su primer Mundial lo obtuvo Japón con un gol de oro, al minuto 118 de un partido de playoff contra Irán en Malasia, después de un empate parcial a dos goles en los 90 minutos. El gol lo convirtió el delantero Masayuki Okano, tanto que sería su segundo y último en partidos con su selección.

En Francia 98 hubo solo dos jugadores japoneses que se quitaron la amargura de esa noche en Doha: Masami Ihara y el autor del 2-1, parcial Masashi Nakayama. Los demás o se retiraron o se quitaron la vida por el deshonor de la churreteada. Bueno, esto último en realidad no pasó, pero la verdad lo merecían…

3 pensamientos sobre “Historias de Eliminatorias: La Agonía de Doha

  1. Muy bueno el artículo. Pero:
    si a Japón le va mal en este Mundial, la culpa la tendrá sin duda la sal provocada por la publicación de este artículo sobre un fracaso japonés en Doha, justo unos días antes de una participación japonesa en Doha.
    He dicho (?)

  2. Hay que tener paciencia para ver eliminatorias asiáticas de de los 90. Ya de por sí es difícil verlas hoy día. Siempre interesante eso sí, la distribución de partidos en ese pedazo de tierra tan grande de por allá.

    Gracias Master, por publicar estás huevonadas que seguramente nunca nadie nos preguntará.

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