Partidos, partidotes y partidazos: la final América – Peñarol de la Libertadores 1987 (Parte I)

El inesperado mondacazo que Diego Aguirre le zampó a toda una hinchada – y en esos ingenuos tiempos, a casi todo un país – al minuto 120 de cierto partido en Santiago en 1987 es uno de los momentos más icónicos/dolorosos de la mitología del fútbol nacional. Y por supuesto, con todo el rigor para gastarle tiempo a huevonadas que siempre nos ha caracterizado, acá nos dedicaremos a hacerle revisionismo a ese partido. Saque el morbómetro, busque el pañuelo/carbón (depende de quién sea hincha), póngase cómodo, siéntese, y lea.

Esto no es un SPOILER ALERT porque hasta los millenials come hamburguesas de chía conocen esto: ese 31 de Octubre de 1987 se jugaba en Santiago el tercer partido de la Final de la Copa Libertadores en Santiago, entre América de Cali y Peñarol. América era campeón con el empate, y ya estaba como quien dice pellizcando la gloria eterna al aguantar el 0-0 durante los 90 minutos reglamentarios y casi todos los 30 del suplemento. De repente, con el partido a punto de morir, con la gente en Cali y de hecho en todo el país destapando la de guaro, con los hinchas del América palmeándose y abrazándose anticipadamente tirándose frases de frondia alegría, reventando de orgullosos y contentos… todo fue aniquilado por un pelao de 22 años recién cumplidos que jugaba como delantero del Peñarol, en un milisegundo de asombro y pasmo que antecedió la frustración eternizada en el «¿¡Por qué siempre a nosotros, Señor!?».

El momentico ese, justico pero demoledor – y del que con los años uno se acuerda que salió casi como de la nada – se instaló como una barra de hierro corrugado en el pecho de los hinchas del América por siempre jamás. Más aún: ocupa palco de honor en el imaginario futbolístico nacional, justo entre los capítulos «Grandes churreteadas» y «Como siempre nos faltaron cinco centavitos para el peso«… Momento: ¿sí fue churreteada? ¿De verdad América perdió ese título por cagados, por maricas, por colombianos, por biches? ¿Qué tanto fue churreteada, qué tanto fue falta de categoría, qué tanto fue simplemente que Peñarol fue mejor esa tarde famosa de Santiago, y que el maldito destino se le iba a ofrecer sí o sí al Carbonero? Aguántate, que en este texto trataremos de responderlo.

Acá vamos: ¡no creerás lo que pasó al final! (ah, sí: perdió el América…).

El combo más infernal del fútbol colombiano

Un ejemplo de lo que era la nómina del América, acá en 1985 0 1986. ARRIBA, de izq a der: ¿Pompilio Páez?, Enrique Simón Esterilla, Ricardo Gareca, Henry Viáfara, Jairo Ampudia, Juan «Martillo» Penagos, Roberto Cabañas. SEGUNDA FILA: Jorge Porras, Gonzalo Soto, Reynel Ruiz, Julio César Falcioni, Pedro Antonio Zape, Hugo «Pitillo» Vaalencia, Pedro Sarmiento. TERCERA FILA: Juan Manuel Battaglia, Víctor Espinosa, Hernán Darío Herrera, ????, Alex Escobar. ABAJO: Willington Ortiz, Gerardo Gonzalez Aquino, Anthony De Ávila, John Edison Castaño. La mezcla de cracks con utilitarios que tanto le gustaba al Doctor Ochoa…

Hoy en día es complicado para la gente que creció viendo a los Diablos Rojos penar en la B y tener campañas normalitas en la A lo que voy a decir, pero para bolas que es tal cual: el América de los 80 es uno de los mejores y más brutalmente ganadores equipos de la historia del fútbol colombiano. Llaves, ¡lo categóricamente imponente que era ese América! Lo piensa uno con la calma que da haberlos visto sufrir en la B el paso de los años, y no queda ni así de dudas: el América era EL equipo del fútbol colombiano de los 80, ese que desde que entraba a la cancha a cantar los himnos ya iba ganando 2-0 de pura camiseta, el que veían en las canchas de Quito, Lima, Calama, Montevideo o Asunción y se le fruncía el asterisco y se le llenaba el pecho de un viento frío a la gente en la tribuna. El que era tan odiado y temido por unos como absolutamente idolatrado por muchos otros; fue por esos años que se generó la base grande que derivó en que hoy América tenga hinchas fieles desde Punta Gallinas hasta el caserío más perdido del Putumayo (y su respectiva masa de haters desde allí hasta allá).

Obviamente esto no ocurría porque sí: los Diablos Rojos tenían en su nómina un combazo brutal, con algunos cracks de primer nivel del fútbol sudamericano y con lo mejor que le podían sacar a los otros clubes colombianos. Lo cual lograron gracias a un trabajo serio a todo nivel en lo administrativo y deportivo, pero sobre todo al detalle no menor de contar con un flujo interminable de billete: el que aportaron ciertos señores… ehhhh, con diversos negocios de naturaleza ambigua que se decidieron invertir en el club a finales de los 70. Y con esto le cambiaron la historia al equipo y en general al fútbol colombiano. Porque de 1978 para atrás no te miento si te digo que América era un equipo muy cosita de nada, con campañas de horripilantes a medio huevo, siempre a la sombra de su primo poderoso de verde y coronando muuuuuuuuy de vez en cuando una campaña decente, hasta que se quitaron lo virgo en 1979. Su pasado de pobres no impidió que fuese seguido por una fiel masa de hinchas en Cali, sufridos como un hp y curtidos en parir todos los años diciendo este año sí…

El Doctor Ochoa advirtiéndole algo a alguien

Pero como dijimos, a finales de los 70 el perfil del América cambió: con decirte que ya tenía el suficiente billete como para traer buenos jugadores de Sudamérica – incluso hablaron con un pelao chiquito y habilidoso de Argentinos Juniors – y tentar, a finales de 1978, a un DT vigente bicampeón de América  – Juan Carlos Lorenzo – para dirigir al club. El argentino no quiso venirse para Colombia y en su lugar los americanos decidieron irse por una vieja gloria del fútbol nacional, el multicampeón con Millonarios y Santa Fe Gabriel Ochoa Uribe, a convencerlo para que desistiera de su voluntario retiro de los bancos y se colocara al frente del equipo rojo de Cali. Lo convencieron, y fue la mejor gestión que hicieron porque con el Doctor Ochoa en la banca América comenzó una época de gloria que podemos decir que le duró casi 30 años.

Después del título de 1979 pelearon título dos años seguidos – quedaron terceros en ambos – y de 1982 en adelante, agárrate: campeón cada año hasta 1986, dando golpes de autoridad y jugando no siempre más bonito pero sí mejor que todos los demás. De hecho: esa era la imagen que daba el América por esos días, que sea como sea que le jugaras te terminaba clavando. Y no solo por la sapiencia del Doctor; por esa primera mitad de la década de los 80 por América jugaron tipos como Roque Raúl Alfaro, Ladislao Mazurkiewicz, Julio César Uribe, César Cueto, Guillermo «El Tanque» La Rosa, Daniel Edgardo Teglia, Víctor Lugo, Eduardo Pimentel, John Edison Castaño, Hernán Dario Herrera, Pedro Sarmiento, Carlos Ischia – más otros que mencionaremos más adelante – y un montón de figurones jóvenes y veteranos, muchos de ellos atraídos a punta de billete de otros clubes colombianos en los que eran figuras o pilares fundamentales: con lo que matabas dos pájaros de un tiro porque mientras te armabas por un lado el contrario se desarmaba [INSERTAR MEME DE NEGRO PENSANTE AQUÍ].

La Fiebre por la Libertadores

¿Dejar de ser horribles? CHECK. ¿Ganar títulos locales? CHECK. ¿Tener plata de sobra para llevar un estilo de vida rico y extravagante? CHECK. Ahora al América le faltaba el sueño de todo club sudamericano: la vieja y querida, y para los clubes colombianos, esquiva, Libertadores. Se dieron garra en 1980 (de hecho su segunda Libertadores: habían debutado en 1970 sin mucha bulla), 1983 y 1984, pero no les alcanzó para pasar a la final. Lo que sí lograron al fin en 1985 – el segundo club colombiano que llegaba a la final, luego del Cali en 1978 -, al quedar por encima de Millos, Guaraní y Cerro Porteño en Primera Fase, y de El Nacional y Peñarol en el grupo de semifinal; pero los bajó del sueño Argentinos Juniors por penales en un tercer partido en Asunción (la noche en la que el Pitufo De Ávila botó su penal). Volvieron en 1986 con todos los fierros y otra vez coronaron final, pero otro argentino les cagó la cara, aunque esta vez con más superioridad: River Plate se desvirgó continentalmente con ellos al ganarles ambos partidos.

Aquí podemos ver el momento exacto en que se les rompe el corazón – Vol I 1985

Así que 1987 era el año del sí o sí para el América de Cali. Para quitarse la sal continental los Diablos Rojos contaban no solo la experiencia – y tirria – acumulada de dos años sino un combo brutal de jugadores legendarios: comenzando por Julio César Falcioni (traído desde Vélez Sarsfield al club en 1981) un arquero ágil, carismático y segurísimo, de esos que tienen partidos que uno como rival dice resignado «vida hp, a este hp flaco no se le puede meter ni un hp gol«. Más arriba la clase y visión del volante central uruguayo mundialista en México 1986 Sergio «Bocha» Santín y del de la selección Colombia Víctor Luna; y una línea de ataque que si la lanzabas sobre los alemanes en la Batalla del Somme te desbordaban las trincheras y llegaban hasta Berlín: los paraguayos Roberto Cabañas y Juan Manuel Battaglia, el argentino Ricardo «El Tigre» Gareca y el aún vigente y ya glorioso Willington Ortiz. Para rematar en la banca tenían a figurones del fútbol criollo como Santiago Escobar, Pedro Sarmiento, Hernán Darío Herrera, «Pipa» De Ávila, Alex Escobar e incluso el crack de Julio César Uribe. Eran en serio una máquina infernal.

Arriba: Falcioni y Gareca; Cabañas, Battaglia y Gerardo Sabino González Aquino (ya retirado en 1987). Abajo: Willington Ortiz y Sergio «Bocha» Santín. Dos palabras: BRU TAL

Total que por lógica eran candidatazos al título de Libertadores en 1987, pero primero tenían que pasar en su grupo por encima de dos bolivianos – The Strongest y Oriente Petrolero – y sobre todo de otro de los grandes equipos colombianos de esos tiempos, el tremendo Deportivo Cali del Pibe, Redín, «Mortero» Aravena, Jorge Amado Nunes, «El Gato» Fernández, «Piripi» Osma, Olaechea… y lo lograron, aunque raspándose las huevas en el alambre en el intento. Por esos días había un solo cupo a la fase semifinal por cada grupo: los ganadores de cada uno de los cinco grupos se unían al campeón del año anterior y formaban dos triangulares de los que el ganador de cada uno pasaba a la final… durísimo.

Total que fue un toma y daca (?) entre los dos caleños, que terminaron compitiendo por cuál le hacía más goles a los otros dos para ver quién pasaba. El asunto fue que con el Cali metiéndole 5-1 y 4-0 a los bolivianos, América llegó a la última fecha del grupo obligado a ganarle por seis goles más a su rival – The Strongest – en el Pascual Guerrero, para al menos forzar un desempate con el Cali por el pase a la siguiente fase. Y lo lograron: el 12 de Junio de 1987 ante un estadio a full, metieron precisito un 6 a 0 – el sexto lo hizo «El Tigre» Gareca a los 44 del ST (!!!) – que los igualó en todo (goles, puntos) y obligaron al playoff por el desempate, que ganaron por penales al Cali después de un 0-0 en los 120 minutos. Todo muy forzado, pero tan épico que pintaba para la gesta.

Las semifinales también fueron bastante paridas para los Diablos, que compartieron triangular con el Barcelona bananero y con el por esos días durísimo Cobreloa. El debut fue un 2-2 en Calama que supo a amargo porque América se dejó empatar un partido que tenía 2-0 arriba tempranito, con goles de Santín y Gareca (ver acá). Después le ganaron en Guayaquil al Barcelona 2-0 (Cabañas y Hernán Darío Herrera) pero la pifiaron en el Pascual ante Cobreloa al empatar a un gol (de Juan Manuel Battaglia) en un partido apretadísimo, que comenzaron abajo e igualaron después de un feroz bombardeo al arco de Mario Osben. Así que llegaron a la última fecha – contra Barcelona – otra vez obligados a ganar, esta vez por tres goles para empatar en todo con Cobreloa e ir a otro playoff… pero hicieron cuatro (dos de Gareca, uno de Battaglia, uno de Willington) y clasificaron a la final, la tercera consecutiva. Acá abajo está el resumen del 1-1 vs Cobreloa en Cali, y ojo a las atajadas y al penalazo que no les pitaron a los chilenos.

Su rival en la final vino de un grupo bravísimo: el conformado por dos argentinos, el campeón vigente River Plate y el poderoso Independiente de Islas, Rogelio Delgado, Monzón, Marangoni, Giusti, Bochini, Barberón y Percudani, y el venerable multicampeón Peñarol. De los tres el menos opcionado en la previa para pasar era el aurinegro, con un plantel lleno de pelaos («botijas» dirían allá) producto de una crisis económica que atravesó el equipo y que los obligó a incorporar poco y a jugársela con la juventú. Fue así como el Peñarol afrontó esa copa con un montón de imberbes de 20, 21 y 22 años como titulares fijos (!!!) como los laterales José Herrera y Alfonso Domínguez, el central Goncálvez, los volantes Eduardo Da Silva, José Perdomo y los delanteros Vidal, Diego Aguirre y Jorge Villar entre otros; apoyados por la columna de veteranos: el arquero Eduardo Pereira / los centrales Obdulio Trasante Marcelo Rotti /el volante Ricardo Viera (que de hecho jugó, y muy bien, en el Cúcuta, Junior y Nacional a principios de los 80). Todos dirigidos por un tal Oscar Washington Tabarez, por aquellos días con apenas 40 años y la misma cara de viejo que hoy.

Peñarol en primera ronda superó tranquilo su grupo sobre los peruanos Alianza Lima y dizque Colegio San Agustín (¿eh?) y el uruguayo Progreso (¿uh?), lo cual era más o menos esperable. Pero contra todo pronóstico, incluso el de sus hinchas más afiebrados, el aurinegro comenzó a dar golpes de autoridad claves que lo llevaron a la final. En el debut en semifinales dio el batacazo y le ganó 3-0 a Independiente en el Centenario (ver goles acá). Dos semanas después River les sacó el empate en Montevideo y los puso a penar, y más aún cuando los Rojos de Avellaneda le empacaron un 2-0 al Millonario, y se colocaron a tiro de clasificar si le ganaban en la vuelta en Argentina al Carbonero. Pero nada: un 30 de Septiembre de 1987 el viejo y glorioso Peñarol sacó la casta histórica – paradójicamente con un grupo en su mayoría de veintañeros – y le ganó con mucha categoría a Independiente 4-2 en Avellaneda, aguantando las embestidas locales, demoliendo los ataques de los de rojo y matándolos al contragolpe. Con eso eran finalistas a falta de la última fecha ante River. Abajo verás los goles de Peñarol en ese partido (en este se ven los seis goles de ese partido, pero no tiene muy buena resolución).

Los finalistas eran entonces como dos versiones bizarras de sí mismas: el uno era el multimillonario reciente de nómina pesada y prestigiosa pero que no tenía títulos; al otro le sobraban copas y era un grande histórico pero con menos plata que venezolano recién llegado. ¿Quién iba a ganar? Lo veremos en el próximo capítuPFF YA SABEN QUIÉN GANÓ, pero les vamos a contar la historia completica…

[Continuará…]

About YoSoyElCarlos
Secretario General, Subcomisario Político, Jefe de Redacción, vocal, tesorero, mensajero, consejero y La Vieja de los tintos del Politburó de La Monserga del Fútbol. Más hincha del DIM que un hijueputa. Acuario pero no Virgo. Arquero puteador. Excelente memoria para cosas que no sirven.

5 Comments on Partidos, partidotes y partidazos: la final América – Peñarol de la Libertadores 1987 (Parte I)

  1. 1
    DAVID CALEÑO says:

    Como hincha del rival de patio de este equipo de camiseta roja, tuve que padecerlos por más de una década, mi niñez fue adornada con toda clase de bullying de amigos, vecinos y compañeros de escuela. Así que si, formo parte de esa masa de haters que van desde la árida Maicao hasta la triste Ipiales que vió impotente crecer el poderío no solo económico sino en títulos del rival de patio. Y así y todo en 1985 y 1986 el único equipo que se le paró con huevos en la cancha y le jugó de tú a tú, y en más de una ocasión le pintó la cara fue el deportivo de Redín y Valderrama, que además era otro combazo. Por eso y tal vez sólo por ese hecho, en esa niñez terminé de afianzar mi devoción absurda por el azucarero en vez de irme por la fácil y hacer lo que la mayoría de niños en esa época hacían de irse por el rival de patio. Gran artículo del que me queda claro lo vital y fundamental que fue el «héroe» de Santiago Diego Aguirre en ese título del carbonero, pensé que este man solo había sido el gol en la tarde de Halloween, y ese Vidal era un crack. Siempre tengo presente lo buen arquero que era Pereira y esa férrea defensa con trasante que luego llegó al deportivo y no pasó nada con él. Viendo los compactos se da uno cuenta que este equipo estaba diseñado para la gloria. Finalmente una inquietud, tengo presente un partido de la libertadores un día domingo en el Pascual Guerrero y con lluvia, con una goleada del América y el último gol haciéndolo Gareca de pecho. No recuerdo el año la verdad, pero se me antoja que pudo haber sido ese partido fue ante the strongest…

  2. 2
    Carlos says:

    Apostaría que el que se encuentra entre el Arriero y Escobar es Miguel Ángel Guerrero. Pero si uno revisa su historial en wikipedia sale que ese año, 1987, estuvo en el Bucaramanga.

  3. 3
    Carlos says:

    Master que bueno tener un par de posts nuevos, ya hacían falta… También es bueno ver que goza usted de tanto tiempo libre para verse estos partidos nuevamente.
    Respecto a lo sucedido, es una churreteada mayúscula, flaquear en los momentos justos demostró que a ese equipo le faltaba jerarquía, le falto malicia al técnico y a los propios jugadores, y mas aun si tenemos en cuenta que era un equipo que venía de disputar varias finales seguidas con una mejor nomina y mas experiencia.

    Pero bueno, al menos dio espacio para estas bonitas tertulias futboleras

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