2022

Como un débil intento de exorcizar este cúmulo de frustraciones que tengo clavadas en el pecho, este humilde cronista de banalidades se dedicó en cuerpo y (lo que le quedó de) alma a desmenuzar las finales jugadas por el Poderoso en torneos cortos; todo para ver sí podía encontrar una puta razón que explicase esa catarata de fracasos. O sea, quería encontrar si hay alguna razón lógica y real para explicar tanta afinidad a perder finales – cosa que eventualmente se puede corregir -, o de lo contrario darme cuenta de no hay nada qué hacer porque somos un club inexorablemente meado por el destino. En el camino encontramos algunas cosas interesantes sobre el DIM y el fútbol colombiano en general, y acá las compartimos.

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Si eres hincha del DIM debes saberte este dato de memoria, y si no eres hincha, también: hemos perdido ocho (o-cho) finales de las 12 que hemos disputado en torneos cortos, y peor, las cuatro últimas al hilo. Este dato, que bastaría para sepultar la voluntad hasta de Samsagaz Ganyi, no ha podido evitar que la terca hinchada del Poderoso siga yendo al Atanasio a ver al equipo perder una final sí y en cambio la otra también. Es que somos muy maricas, la verdad: llevamos años con el mismo ciclo tóxico y agotador de que comienza un torneo y uno mmm va a ser lo mismo de siempre mejor no ilusionarse / ganamos varios partidos y uno ve estamos jugando sabroso será que sí / seguimos ganando y uno eso hp este equipo me ilusiona / clasificamos a fase final y ojo con el Rojo que tiene pinta de campeón / pasamos a la final y uno eso hp este año sí / nos estrellamos y uno nooo hp otra vez no hp por qué me hice hincha de este equipo te odio Dios y no vuelvo NUNCA a ir al estadio hp ya no más / comienza el otro torneo y uno va a ser lo mismo de siempre mejor no ilusionarse / ganamos varios partidos y vuelve a iniciar este maldito ciclo infernal del cual parecemos condenados hasta el fin de los tiempos desde la primera vez que fuimos al Atanasio con los papás/hermano/hermanas y nos enamoramos irracionalmente de esa camiseta roja y la pantaloneta azul.

Hace poco más de un mes vivimos la última edición de esta historia: contra un Santa Fe en apariencia normalito, con un nueve de como 50 años que nos embocó el 2-1 estando tullido. Tras este bluff, la estupefacción general de la hinchada se fue mucho por el lado de preguntarse por qué éramos tan «de malas», y acá es donde meto la cucharada: yo en particular no me trago ni por el hp el cuento de que somos un equipo «de malas«. Panas, creo firmemente que en el fútbol NO hay mala suerte, sino malas decisiones y falta de capacidad. Por decir algo, un penal botado en una definición es cagada del que lo manda fuera, y también incapacidad propia de no resolver la serie en los 180 minutos previos, o incluso algo turbio (¡Beeeetplay!). Un equipo que arrasa todo un torneo y que tiene un solo partido malo, que casualmente resulte siendo el de la vuelta de serie que da estrella, no es que sea de malas sino que o hubo algo e$traño, o sencillamente tiene menos cabeza/cancha para disputar una final que el rival. No le busquemos más.

Bueno, eso pienso yo, y en el afán de comprobarlo, me puse a desglosar las finales que perdimos, a ver si se podía concluir algo de ellas. Y vamos a eso.

El Poderoso en finales

Comencemos viendo cómo quedaron las finales en las que jugó el Poderoso desde que existen torneos cortos; esto es, desde el primer semestre de 2002, liga que ganó el América. Lo podemos ver en la tablita de abajo que resume de manera muy coqueta quién fue el local en la ida, quién en la vuelta, y cómo quedó cada partido; todo desde el punto de vista del DIM, obvio. Resalto en color rojo en la primera columna los cuatro torneos en los que quedamos campeones:

Resumen de finales del DIM: GF y GC se refieren desde el punto de vista del Medallo solamente. «V» es victoria del Rojo, «E» es empate y «D» es derrota. Dato demoledor: hemos ganado apenas 6 partidos de los 24 de las finales, con 11 empates y 7 derrotas.

Lo primero que se nota viendo la tabla es – im pactante – la poca cantidad de victorias nuestras en partidos de finales de liga colombiana: solo hemos ganado seis partidos de los 24 en definiciones por el título.

La primera final perdida: la de 2008 contra América

Resumiendo, en partidos de finales por Liga tenemos un récord de 24 PJ – 6 PG – 11 PE – 7 PP – 26 GF – 27 GC. O sea, si lo llevamos a un teórico rendimiento en puntos (porcentaje de puntos obtenidos en todos los partidos sobre el total posible, si ganas todos los juegos tienes un rendimiento de 100%) de 40%… mediocre desempeño que en un torneo regular no te alcanzaría ni para pelear clasificación a los ocho en la última fecha. Bueno, esto no es un dato uffff marica no lo veía venir, pero sí es muy diciente de cómo nos hemos portado en finales.

Lo otro que llama la atención es que, si pillas la tabla de arriba, ves cómo los partidos ganados del Medallo en finales se reparten de manera medio simétrica: los tres primeros en la ida de las primeras cuatro finales, los otros tres en la vuelta de las últimas cinco. ¿Quiere decir algo? No sé: pero es posible que esta tendencia tenga que ver en buena parte con la distribución de localías en esas finales: por cosas de clasificación, o reglamento, en cinco de las primeras seis finales que jugamos en torneos cortos comenzamos en casa, mientras que en cinco de las últimas seis comenzamos afuera. Si a esto le sumas el Dátolo que de los únicos seis partidos que hemos ganado de los 24 de las finales, cinco han sido de local, entiendes un poco mejor esta tendencia en el tiempo: básicamente lo que muestra la tablita de arriba refleja el hecho de que somos horribles como visitantes cuando jugamos afuera en finales.

Y ojo que esto no implica que de locales en cambio seamos como quien dice un tifón: 5 PG – 4 PE – 3 PP en partidos por la gloria jugados en casa. Sí es más presentable que como nos va lejos del Atanasio, y pilla la gráfica de al ladito; si lo comparamos en rendimiento, hablamos de un 53% de locales contra un 28% de visitantes. Entonces, juntando lo de cómo nos va en las idas y las vueltas y cómo de locales y visitantes, la fácil es decir que pareciera que comenzáramos los finales dormidos; pero más bien puede ser el tema de la distribución de las localías en la ida y vuelta que comentamos arriba, lo que lo hace ver de esa manera.

En general en finales somos tan malos visitantes como Israel en Gaza: solo una vez hemos ganado en las 12 oportunidades que jugamos afuera: fue en Neiva en 2009 (hace nueve finales y casi 16 años…). De hecho: solamente en una de las últimas ocho finales que jugamos, logramos quedar campeones tras NO ganar en el partido de ida: el combo de Leonel ante Junior en 2016.

Viendo los datos de arriba también caes en cuenta de tres cosas que no son tan notorias si no la pensaste antes con calma: 1) siempre que el Poderoso ganó la final de ida, ganamos estrella (solo la final de 2016-1 vio salir al Medallo campeón sin haber ganado el primer partido); 2) nunca hemos quedado campeones cuando perdemos en la ida; 3) jamás hemos ganado una tanda de penales en una final: 0/3. Mortal.

Pero sigamos viendo más datos a ver qué podemos elucubrar.

¿Fuimos siempre superiores a los rivales? Mmmm…

Algo que me pregunté bastante en mis noches de insomnio, fue si la sensación que tenemos la mayoría de los hinchas de “perdimos siendo un equipo muy superior al rival, qué inyustishia” está soportada por los números fríos y duros. Porque para el hincha del Medallo, salvo casos puntuales como el inmirable equipo del Bolillo de 2012, o el insaboro de David de 2022, nosotros en finales éramos una tromba, y solamente por cosas de la mala fortuna o porque Dios no existe (o si existe nos tiene tirria el hp), las perdíamos ante equipos muy medio huevo.

¿Si fue tan así? Para comenzar a responder esto, pilla primero la grafiquita de abajo, que muestra cómo fue el rendimiento en puntos (% de puntos obtenidos sobre el total posible) del Poderoso en tres momentos clave de cada torneo en el que fue finalista: 1) en la mitad de la Fase «Todos contra Todos» – por lo general es al décimo partido de la fase regular-, 2) al final de la Fase «Todos contra Todos» – fecha 18, 19, 20 o 22 según el reglamento de cada liga – y 3) al final del torneo, con cuadrangulares (o playoff) y final incluidas:

% de Rendimiento en puntos del Poderoso en tres momentos de cada torneo en el que llegamos a finales: en la mitad del Todos contra Todos, al final del Todos contra Todos, y cuando terminó el torneo.

Acá se pueden ver varias cosas interesantes. Primero que todo, partamos de la premisa de base que un rendimiento ideal para un torneo es del 67%: la famosa media inglesa (ganar todos los partidos de local y empatar todos los de visitante). Establecido esto, vemos que el Medallo de hecho solo tuvo un torneo de desempeño superior: el glorioso campeón de Jackson, Pipe Pardo, Mosco y compañía de Leonel de 2009 (qué vaina: si Leonel no fuese tan mercenario y culión vicioso, no existiría este texto que estoy escribiendo ahora mismo). Ahora, los que más se le acercan en rendimiento son ese del cagón de Arias de 2023, que estuvo parejito todo el semestre pero que se esfondó a seis minutos de entrar a la historia (bueno, entró a la historia por la churreteada), y el de Leonel campeón de 2016, que como vemos en la gráfica, terminó mucho mejor de lo que estuvo andando hasta la mitad del torneo (y sin que en realidad le estuviese yendo horrible).

Esta gente, que terminó dándole la alegría más grande la historia a la hinchada del Medallo, a mitad de torneo iba más eliminada que Chile de Mundiales

Los restantes finalistas nuestros tuvieron rendimiento entre normalito a mediocre, si lo miras con lupa, incluyendo los dos primeros campeones (!). Nota que los tres primeros finalistas nuestros en torneos cortos comenzaron mal cada campeonato (ese de 2008 comenzó perdiendo cinco de los primeros seis partidos), pero se recuperaron, agarraron buen paso y lograron coronar final, y en los dos primeros casos, título. Y eso es lo ¿bonito? ¿jodido? del FPC actual, que permite que a un equipo le baste una buena racha para ganar una estrella. El caso del de 2012 es brutal: clasificamos a cuadrangulares con un rendimiento de 48% (!) de puntos en la Fase Todos contra Todos, y aun así estuvimos literalmente a un penal de ganarle un título al combo tremendo de Millonarios de ese año, que había quedado de primero en el Todos contra Todos, y en el propio Campín.

De hecho, si vemos los desempeños en puntos de nosotros en las últimas cuatro finales, los números muestran que, de nuevo salvo ese de 2023, fueron equipos que no tuvieron un rendimiento sobresaliente en general. El del profe Zambrano de 2018 y el de David de 2022 estaban chulinguiando feo en la mitad del torneo, pero se recuperaron precisamente cuando necesitaban hacerlo y les rindió para clasificar a la final. El del profe Restrepo de 2025, pensándolo con cabeza fría, y con todas las virtudes que tenía y la sensación de solidez que daba, no era el combazo que pensábamos todos si ves que entró a cuadrangulares – y en el octavo puesto – con un rendimiento tan normal de 53%; de hecho, fue un poco más mediocre que el de Santa Fe, que entró como sexto con un punto más que nosotros.

Mirémoslo resumido en esta tabla de abajo que compara las posiciones y rendimientos en fase Todos contra Todos de los finalistas cuando el Medallo disputó título en torneos cortos. Y notas que solamente en esas dos campañas de Leonel de 2009 y 2012, quedamos campeones siendo primero de la fase regular (de hecho, fueron las únicas veces que quedamos al tope de la tabla). Y que apenas en esas dos ocasiones, y ante Junior en 2023 llegamos siendo en números claramente superiores al rival.

Entonces, viendo lo anterior uno nota que tampoco hemos sido siempre la máquina que arrasaba rivales: casi siempre navegamos de manera fluida en la mediocridad rampante del FPC.

Lo interesante es además compararnos con todos los demás finalistas de torneos cortos, para comprobar si este es el caso general. Para eso, pilla en la gráfica de abajo cómo les fue a los finalistas de cada torneo en la fase de Todos contra Todos, además, comparándolo con el del club que quedó de primero en la misma fase ese mismo campeonato:

Rendimiento (% de puntos obtenidos sobre posibles) del campeón, subcampeón y primero en la tabla regular de cada torneo corto en la Fase de Todos contra Todos. La línea punteada representa el «rendimiento ideal» de 67%

Un ejemplo para que no te enredes con la grafiquita: el primero de los torneos cortos, como lo ves ahí arriba, vio cómo quedaba campeón un club que terminó la fase de Todos contra Todos con un mediocrísimo 50% (América, el puntico naranja), sobre uno que la había terminado con 58% de rendimiento (Nacional, el puntico azul claro), mientras que el primero de Todos contra Todos (Cali, en morado) con un 59%, no pasó a disputar el título. Otro: en 2007-2 el campeón fue el mismo que quedó de primero en la de todos contra todos (Nacional con un 70% de rendimiento), mientras que el subcampeón la finalizó con un 63% (Equidad). Facilito.

Complementa la gráfica anterior con esta que muestra la posición en la tabla con la cual clasificaron los finalistas de cada torneo a la fase siguiente (sea cuadrangulares, playoff con cuartos de final o con semifinal de una vez como en 2010-1):

Volviendo al mismo ejemplo de arriba: en el primero de los torneos cortos el campeón América había terminado de octavo en la fase de Todos contra Todos y el subcampeón Nacional había terminado de tercero.

Revisando ambas gráficas uno pilla que hay de todos los casos. En general, y ya se ha hablado mucho en todo lado, el campeón del FPC no es el que mejor desempeño/rendimiento/puntaje tiene en el torneo. Se ve en la distribución de los puntos de los campeones (color naranja) en ambas gráficas: muchos con rendimientos normales a mediocres, al menos la mitad en posición inferior en la fase regular que los subcampeones. De hecho, en esencia solamente en 20 de las 46 finales disputadas hasta julio pasado ha participado el primero de la fase de Todos contra Todos: menos del 50% de las veces. Y de estas, en 14 ocasiones el primero logró refrendar su campaña siendo campeón: en las otras seis veces (Cali en 2003-2, Tolima en 2006-2 y 2010-2, Santa Fe en 2013-1 y 2020-1 y Nacional en 2018-1) perdió la final.

Lo puedes ver acá, resumido:

Y vemos casos como el de Junior, que solamente ha quedado dos veces de primero en la fase regular, y de esas una fue campeón: sus otras cinco estrellas las logró sin haber quedado en el tope de la tabla de Todos contra Todos. Por el contrario, pilla el demoledor historial del Tolima, que en siete ocasiones terminó como líder de la fase regular (es el segundo club que más veces quedó de primero después de Nacional)… pero en ninguna de ellas logró ser campeón (!). El ya proverbial verbo «Tolimiar» viene de esa estadística, y particularmente del periodo 2010-1 a 2012-1 en los que el Tolima quedó de primero en cuatro de esos cinco torneos, pero solo en uno llegó a la final (que perdió contra Once Caldas) … Águilas, Equidad y Huila han quedado de primeros alguna vez (dos veces Águilas) sin coronar título. Como dijimos, en el FPC de nada vale ser el Barcelona de 2009 en fase regular y cuadrangulares, si al final se te hache achí en las finales.

Bueno, ¿qué tiene que ver con el Medallo todo esto? Mira la gráfica: dos veces hemos quedado de primeros en la tabla de Todos contra Todos, y en ambas fuimos campeones. De hecho, salvo Nacional y su arrasador dominio en el torneo (once veces fue el mejor en fase regular, y en seis de esas fueron campeones), nadie más lo ha logrado más de una vez. América nunca ha quedado campeón cuando terminó en el tope de la tabla de Todos contra Todos, por ejemplo. Millos, Santa Fe, Cali, Junior, Bucaramanga y Once Caldas lo lograron una vez. Miratúesavaina.

Pero es un dato menor, la verdad. En el fondo, que apenas en dos ocasiones de 46 hayamos sido el mejor club en el Todos contra Todos habla claramente que el Poderoso es parte de la misma marea de mediohuevez de los clubes colombianos, campeones y subcampeones incluidos. Pero ajá, esto lleva a la pregunta de por qué la pifiamos más en finales que los que son tan mediocres como nosotros. ¿Sí es así? Para responder esto sería útil ver cómo estamos en cuanto a finales ganadas vs perdidas y qué tan diferente o no es nuestro performance (?) en esta instancia con respecto a los demás clubes. Ah, te tengo el dato, relajao, y acá abajo te lo muestro (el dato, malpensado), ordenado de mayor a menor por % de finales ganadas sobre disputadas:

Y miras tú cosas interesantes. Primero, quitando los clubes que ganaron la única final que jugaron, el equipo que mejor le va cuando juega finales de torneos cortos es el América (cuatro de cinco) seguidos de Once Caldas y Millonarios (tres de cuatro). Es decir: hablamos de clubes que casi nunca coronan finales, pero cuando lo hacen, las ganan casi siempre, lo que al final no sé si habla bien o mal de grandes en decadencia como América y Millos. Es decir, son unos medio pelos generales, pero que sacan la casta en las pocas ocasiones en las que les toca hacerlo. Digo «casta» por llamar de algún modo al hecho que, por ejemplo, Millonarios solamente ha ganado un partido de los ocho que ha disputado en finales de torneos cortos (!!!!!!) … pero eso no importó un carajo si al final ganó tres estrellas en esas cuatro ocasiones.

Uno de los tres títulos ganados por Millos estuvo pendiendo de un hilito ante un equipo cuyo 10 era Sebastián Hernández y que clasificó con 48% de rendimiento…

Al final vemos que no necesitas arrasar en playoffs para ganar títulos: El multicampeón Nacional ha sacado 11 estrellas de las 16 finales disputadas, sin importar que en los 32 partidos que jugó ahí ganó 14 veces, empató 8 y perdió 10: un rendimiento propio de un séptimo de Liga Betplay. Es que es esa es la cosa: así como se juega el FPC, no importa cómo te vaya por los puntos sino cómo afrontas una miniserie de 180 minutos partida en dos. Literalmente, basta con sacar una ventaja suficiente en una de las dos, o llegar parejos y confiar, para sacar estrella en Colombia.

Respecto al Medallo: la comparación con Junior, el otro que ha jugado 12 finales es interesante porque ves varias cosas. Una que el éxito en finales entre el Yuyu y el Poderoso no es taaaaaaan diferente: 6 títulos de ellos vs 4 de nosotros, lo que básicamente lleva a pensar que la diferencia entre ambos equipos es de una de las finales que perdimos contra ellos. Lo otro que notas es que, increíblemente, los números de Junior en los partidos de las finales no es mediocre sino rarísimo: 8 PG (el segundo en este rubro después de Nacional) – 3 PE – 13 (!) PP (el de más derrotas en partidos de finales). De hecho, Junior ha perdido todos y cada uno de los doce partidos de visitante que jugó por finales (el treceavo fue contra Once Caldas en la vuelta en el Metropolitano en 2009). Pero, de nuevo: bale berga si estás hablando de seis estrellas…

Conclusiones

Sí, muy interesante todo… pero ¿entonces qué es lo que le ha pasado al Poderoso? La obvia es decir que la razón por la cual la pifiamos tan seguido es que no hemos formado nóminas capaces de ganar finales (#GraciasYsec); pero ese argumento tambalea cuando revisas algunas de las de los campeones de los torneos cortos, y lo que ves no es para que uno diga uffff pana el Real Madrid de Engativá. Pilla por ejemplo si ves esta alineación de la final de vuelta del Pereira de 2022-2 y decías «huy estos manes tienen categoría de campeón»: «Chipi Chipi» Castillo, «Pecoso» Correa, Carlos Ramírez, Jhersson Mosquera, Maicol Medina, Jhonny Vásquez, Leíder Berrío, Jimer Fory, Juan Pablo Zuluaga, Leo Castro, Bryan León (!)… para rematar, cuatro de ellos perdieron finales después jugando con el Poderoso (León x 2). Pero fueron campeones, y el resto es verso.

Tampoco podemos quejarnos mucho del sistema de competición del FPC, porque, como vimos arriba, más que renegar por haber perdido tantas finales casi que deberíamos agradecer por haber jugado tantas, viendo la mayoría de nuestras campañas. No hemos distado mucho en el andar de otros finalistas y campeones, y, salvo tres torneos, no destacamos particularmente sobre otros en las campañas en las que llegamos al último partido. Pero aun así y todo, somos – junto al Junior – el segundo equipo con más finales disputadas de torneos cortos.

Lo que creo que pasa es que sobrevaloramos las posibilidades de nuestros equipos que llegan a finales. No es un tema de mala suerte: salvo torneos puntuales, nos hemos armado no para ser campeones sino para clasificar a cuadrangulares. Casi siempre hemos tenido un manejo administrativo y deportivo de equipo mediano, buscando mantenernos ahí, siendo solventes económicamente, y si de vez en cuando arañamos un título, melo. Y antes que me digas que la mayoría de los demás hacen lo mismo y ganan más que nosotros te diré que sí, pero que esto lleva a que estemos demasiado sujetos al azar, al caos, a lo que resulte, algo muy volátil y que pesa el doble en una definición por el título, donde se castigan fuertemente las malas decisiones puntuales de DT o jugadores.

En conclusión: ¿estamos salados? Nombe. Estamos es jodidos, que es distinto. Pero, ajá, por pura probabilidad nos va a tocar alguna otra final en la que el que decida mal, el que tenga un inhábil de 9 o el que se churretee en la ida, sea el rival. Ahora, no sé, ¿qué tal que se armen nóminas + DT que busquen no meramente clasificar, sino ser el mejor del torneo desde el minuto cero de la fecha 1? Así, dejaríamos menos campo al puto azar. Digo yo…

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