La azarosa y sabrosona historia de la Primera B en Colombia/ Vol I: La Copa Concasa de 1991
Ya no es tanto, pero hasta hace poco uno solía hablar de «los equipos históricos de Colombia» para referirse a los mismos catorce que, con ausencias puntuales o más largas (alguno desapareció hasta por doce años) conformaron la primera división nuestra en la mayoría de los torneos pre-noventas. ¿Cuáles son esos 14? Podemos mencionarlos por combos: 1) los que casi todos los hinchas reconocen como «los grandes» (Nacional, América y Millonarios), independientemente que alguno de esos no se ha ganado ni una gallina en una rifa de 100 números desde el Frente Nacional; 2) la clase media-alta con aspiraciones (Cali, Santa Fe, Junior, DIM, Once Caldas); 3) el Tolima, que es una categoría de por sí; 4) los pequeños que a casi nadie le caen mal a pesar que su hinchada se ha dedicado a hablar mondá desde que ganaron un torneo en su triste vida (Bucaramanga y Pereira); y 5) los diminutos que casi siempre pululan en la B, gracia a que cuenta con directivos asesinos de clubes y de los que uno que los ve suelta invariablemente un «Ej, qué falla que (el equipo en cuestión) hace rato no juega en Primera» (Unión, Quindío, Cúcuta).
Como dijimos, esos catorce invariablemente jugaban un torneo sí y el siguiente también, al menos en las décadas de los 60, 70 y 80. ¿Por qué? Porque nuestro torneo profesional de clubes no tuvo sistema de ascensos y descensos desde su fundación en 1948 hasta 1990 (!); recién en 1991 se jugó de manera oficial un torneo de ascenso en Colombia. Dicho de otra manera: durante 43 años nuestro campeonato solo se renovaba cuando un club quebraba o cuando la Dimayor hacía alguna modificación a la bartola. En serio mandamos huevo.
La conclusión fácil es afirmar que la ausencia de un sistema de ascensos y descensos contribuyó a que nuestro fútbol se mantuviese en una pobreza rústica hasta bien entrados los 80. Hasta que te enteras que en países con igual o peor nivel que el nuestro antes de la bonanza de los 90, ya existían ascensos y descensos: en Ecuador desde 1971, en Bolivia desde 1954 y en Venezuela desde 1979 (marica, Venezuela tuvo ascensos y descensos 12 años antes que nosotros). Si vamos a buscar a qué factor echarle el muerto por ser tercerones a nivel sudamericano hasta 1990, hay muchos temas a esgrimir – la organización hechiza de nuestra liga profesional, la ausencia de un sistema adecuado de inferiores, los clubes no como entes sociales y deportivos sino como empresas de algún dueño, la repartija proporcional de billete sin importar el rendimiento deportivo, entre otras – de los cuales la ausencia de un sistema de ascensos es uno más a mencionar.
¿Cómo fue que nació el torneo de la B, y cómo fueron los primeros torneos en un país futbolero tan desacostumbrado a clubes diferentes a los de siempre? Te lo vamos a contar con todas las ganas aquí, comenzando con la primera edición de 1991.
Cómo inició este sueño rústico y hermoso de la B
Hasta 1990 inclusive la A, oficialmente en el corazón de todos, la Copa Mustang, era the one and only categoría del fútbol profesional colombiano. Uno se crio viendo al Cúcuta o al Tolima dar lástima por años seguidos en la A sin consecuencias más que una desazón constante en su hinchada. Esto no es una licencia poética: por ejemplo, el Cúcuta Deportivo terminó en cada uno de los torneos de 1983, 1984 y 1985 en el último lugar de la tabla… pero sin consecuencias, porque no existía el descenso. No había cuentas qué hacer, ni le tenían que parar bolas a lo que hacía otro club desgraciado en la misma tónica: lo único que pasaba era que la gente no iba al estadio, a diferencia de hoy en que tampoco.

Lo más cercano a algo parecido a torneo de la B que hubo en los años pre-91 era la llamada «Segunda División», un torneo de clubes aficionados de todo el país, que se jugaba con muchas ganas en maratónicas series en canchas y peladeros de sitios como Girardot, Sabanalarga, Sincelejo o Yopal. El torneo era sostenido por la pura fiebre del fútbol y la resignación de los municipios en aceptar que su destino no los llevaría al fútbol profesional, ya que el ganador de este torneo solo lograba la alegría deportiva, y ya: no había ascenso a ningún lado. Pero ajá, le permitía a los aficionados de ciudades diferentes a las de siempre vivir lo que era un torneo nacional de fútbol.
El panorama comenzó a cambiar a finales de los 80, con el impulso de un directivo de la Dimayor, poco conocido en esos días: un señor llamado Jorge Correa Pastrana. Correa era un firme convencido de la necesidad de un sistema de ascensos y descensos en el fútbol colombiano, y comenzó a empujar la idea dentro de la institución. Pero SORPRESIVAMENTE NO JODA QUÉ INCREÍBLE, casi todos los capos digo, los presidentes de los clubes profesionales se opusieron a cambiar el orden establecido. Como es de suponer, la resistencia venía más fuerte del grupo de los clubes harapientos: los que un año terminaban de último y al siguiente de penúltimo, y a los que no les convenía un torneo de la B que los obligara a, bueno, a trabajar bien…
Pero la inevitabilidad de los nuevos tiempos se impuso de la mano de Correa Pastrana desde que asumió como presidente de la Dimayor en 1990. Correa a punta de ídem anunció la implementación del torneo de la Primera B a partir de 1991, cuyo campeón jugaría en la A desde 1992 y que tendría como nuevo socio no voluntario a un descendido de la Primera División desde 1993. El torneo sería patrocinado por una institución financiera, hoy desaparecida – fue adquirida por el otro extinto Bancafé en 1996 – llamada Corporación Cafetera de Ahorro y Vivienda, más conocida por su ¿sigla? ¿apodo?: Concasa. Por lo que, a semejanza de la Copa Mustang, la B colombiana tendría también su propio nombre: la Copa Concasa.

Entonces 1991 cerraría con un equipo ascendido a la A… y con ningún descendido a la B. El porqué no hubo descendidos de la A en 1991 se explica porque en 1988 el viejo club Sporting de Barranquilla (que ya había jugado en primera entre 1950 y 1953) se unió así no más al torneo de primera división sin sacar a ninguno de los que estaban, para completar así 15 equipos. Sí, quince: el torneo quedó patichueco. A pesar de algunos hitos que solo se dimensionaron después – como que en Sporting debutaron los inmensos Faryd Camilo Mondragón Alí y Miguel Ángel Calero Rodríguez; o que fue el club que trajo a Colombia a Daniel Tilger – el experimento no cuajó: la vieja hinchada del aurinegro en Barranquilla ya se había muerto casi toda o había cambiado de acera, y no se generó nueva afición. Por lo que después de un inicio algo prometedor, el club cayó en la intrascendencia total. Dos años después el Sporting dejó la intrascendencia para irse directamente a la verga: quedó de último en todas las tablas, registró el anti-record de asistencia a un partido de fútbol profesional (algo así como 78 personas) y llegó al extremo de subastar la camiseta para buscar patrocinadores. Correa Pastrana aprovechó la coyuntura para imponer lo del ascenso, al mismo tiempo dando contentillo temporal a los otros clubes al aumentar a 16 los equipos participantes en primera, lo que aplazaba el espinoso tema del descenso por un año más.

Los gloriosos pioneros
Cuando la Dimayor hizo oficial en 1990 la creación de ese nuevo bebé no deseado por algunos («por algunos» = «por los presidentes de los clubes que olían a formol») a jugarse desde el siguiente año, llovieron solicitudes de inscripción de todos los colores: desde clubes serios con un largo y esforzado trajín de años en el fútbol aficionado, hasta impulsos desvariados de algún alcalde eufórico o un traqueto futbolero. En el medio se ubicaron esfuerzos serios, y no tanto, de gobernaciones y alcaldías preocupadas por meterle entretenimiento a las grises existencias de sus pueblos yertos. Según registran los diarios de la época, a la fecha del cierre de inscripciones (30 de noviembre) llegaron solicitudes de veintitrés equipos, algunos de ciudades exóticas para el fútbol como Riosucio, Barrancabermeja o Buenaventura.
Los aspirantes al primer torneo de ascenso en Colombia debían cumplir una serie de requisitos para poder hacer parte de la gran fiesta de barrio de la Primera B. Entre otros puntos, la Dimayor le exigía a los clubes un presupuesto de 150 millones de pesos (!) que en su momento fue calificado como «astronómico«. Vea usté, con esto se le paga una semana hoy a un DT de los Char…
Finalmente fueron diez los clubes seleccionados para el primer torneo de la B, que por razones de patrocinio se iba a llamar oficialmente y por muchos años Copa Concasa, grupo selecto que incluyó equipos establecidos de años en fútbol aficionado, junto con clubes cuya acta de fundación aún olía a tinta de máquina de escribir y papel carbón. Pero lo más importante de todo es que, por fin, el torneo de ascenso en Colombia era un hecho ya sin reversa, lo que para uno en esa época fue una vaina revolucionaria que ni te digo. Que de pronto fuera una realidad saber que el equipo que quede de último no juega más en la A, que íbamos a ver clubes nuevos jugando el torneo de la A, o que se contemple la posibilidad de ver a Millonarios o América jugar en Barrancabermeja o Villavicencio (al final América sí jugó años después en esas ciudades, pero en una situación diferente a la que uno se imaginaba)… era una sabrosura y una expectativa bacana.
Algunos de los clubes novatos confiaron, por convicción o necesidad, en la nómina que tenían y/o en créditos locales, pero de resto casi todos corrieron contra el tiempo para armar sus planteles con jugadores con poco mercado pero con experiencia en la A, logrando un mix [aficionados + descartados de la A]. Veamos cuales fueron esos clubes que tienen el honor de ser los pioneros del fútbol de la B para interés y morbo de la afición:
- Alianza Llanos (Villavicencio). La primera y por años única referencia de fútbol profesional de la región llanera, jugaba con camiseta a rayas blancas y negras y pantaloneta blanca. Por nómina la Juventus de los Llanos Orientales (?) se perfiló como candidato al ascenso bajo la dirección del joven técnico José Luis Forero (si alguien nos lo referencia le agradecemos): su plantel incluía jugadores con experiencia en la A como el portero Asdrúbal «La Araña» (!!!) Martínez o los defensas Freddy Bogotá y Stewart Lasso, además del volante Omar Coy (uno de los pocos oriundos de Villavicencio en el equipo y futuro refuerzo de varios equipos de la A y la B), y el que fue goleador del torneo, el delantero Mayib (!!!) Arias o el colombobrasileño Analdo Da Silva. Que por como le fue, nos imaginamos que jugó gracias al pasaporte. Después de años de ser eterno aspirante al ascenso el club desapareció, para retornar (al menos en nombre) por allá por 2007 en las categorías de fútbol aficionado del departamento del Meta.
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Una muy gloriosa foto de Alianza Llanos en los actos previos a un partido de la primera Copa Concasa. De izq a der: Carlos Cardona, Germán Tabares, Omar Coy, Mayib Arias, ?, Héctor Valoyes, el gordo local hincha fiel, Freddy Bogotá, Stewart Lasso, ¿Julio Cabezas?, un señor random (¿periodista? ¿logístico?), Harold Bonilla. En la foto falta el arquero, seguramente era Asdrúbal «La Araña» Martínez
- Academia Bogotana (Bogotá). Vea usté, en Argentina hablan de “la Academia”, acá también la tuvimos. Y también es parte del pasado (?). El club bogotano participó en torneos de la B con muy poco éxito e igual convocatoria entre la hinchada bogotana, para desaparecer en 1995 por bajos resultados deportivos, financieros y total falta de onda. Jugó en el popular estadio del Olaya. Su primer técnico fue el en ese entonces desconocido Arturo Boyacá.
- Deportivo Armenia. Este equipo era de alguna manera hermano menor del querible Deportes Quindío, pero su existencia fue mucho más accidentada que la del clásico equipo de la ciudad (tremenda esa: ser más sufrido que el Quindío). Ahora, si el Quindío nunca se distinguió por el apoyo masivo de su hinchada, ¡ahora imagínate al Deportivo Armenia! ¡Y en la B! ¡Y en su primer año! Su primer técnico durante su efímera aventura en el fútbol profesional fue Adolfo “El Rifle” Andrade. Una duda para la posteridad: si hubiera tenido éxito el equipo, ¿las barras bravas del Armenia se hubieran hecho amigas de las del Deportivo Armenio?.. Un par de años después desapareció.



- Atlético Buenaventura. Con tanta gloria que le ha dado el puerto valluno al fútbol colombiano uno pensaría que iban a llenar de magia y goles la Primera B. Pero no: parece que los jugadores calidosos emigraban a Cali y Bogotá… no tenemos muchas reseñas del efímero paso del club por la Primera B, pero si no estamos mal jugaban con camiseta verde y pantaloneta amarilla (…). Su técnico fue un conocido de los clubes de primera setentosos y ochentosos: Oscar «Severiano» Ramos. Tampoco sobrevivió a las malas campañas/administraciones/contrataciones y desapareció al tiempo.

- El Cóndor (Bogotá). De todos era el que más pintaba para ascender, pero nunca pudo con la pesada carga de ser EL candidato. Antes del 91 era un tradicional participante del famoso Torneo del Olaya bogotano, por lo que su llegada al primer torneo de la B se caía de madura. Ahora: mal, lo que se dice mal, no le fue; pero su primera participación fue una decepción para los tres hinchas que lo seguían (?) y para la prensa bogotana ávida de hablar maravillas de esa gran cantera que dicen que es el fútbol capitalino (será cantera por lo estéril…). El equipo carroñero (?) vestía todo de verde oscuro y jugaba sus partidos en El Campincito. Estaba patrocinado por los Laboratorios Biogen, que lanzaron una masiva campaña para conseguir accionistas (si alguno de ustedes encuentra en el chifonier (?) del papá unas acciones de Cóndor – Biogen, véndanlas cuanto antes, no sea que pierdan valor…). El técnico con el que debutó no fue otro que el mítico y monumental – je – Alonso “El Cachaco” Rodríguez, bombero voluntario del Santa Fe como ocasional técnico del Santa Fe por esos años. Después de años seguidos sin lograr pegar en Bogotá el club se mudó a Girardot iniciando un periplo que finalizó seguro en alguno de los clubes que hoy están en la A o la B. ¿Los conocidos en la nómina que jugó en la primera Copa Concasa? El arquero ex-Mishos Eddy Villarraga, el ex-DIM Jorge Raigoza, Federico Valencia y el defensor Cástulo Boiga (!). Ah, y un brasileño, un tal Jailson Da Silva. Su figura terminó siendo un delantero veterano del Olaya llamado Arquímedes Marinés (!!).

- Deportes Dinastía (Riosucio). La información que teníamos – de oriundos de ese municipio, ojo, no estamos vendiendo humo – es que el club pertenecía a un, eh, próspero empresario local (intercambio de miradas cómplices, carraspeos) fanático del culebrón televisivo yanqui “Dinastía”. Y que era tan fanático que todo lo que tenía – hoteles, restaurantes, fincas, avionetas (?) – lo bautizaba con el nombre de la serie. Así fue tal cual con el equipo de fútbol, el único caldense que se ha visto en el fútbol profesional aparte del Once – al menos hasta donde sabemos – y que en el primer año de vida disputó hasta el final por un cupo al cuadrangular final. El técnico era otro histórico (del verbo “habitual”) del fútbol colombiano: Heberto Carrillo. Después de una horripilante temporada al año siguiente, desapareció.

- Envigado F.C. Por cosas del crecimiento demográfico el municipio antioqueño de Envigado se volvió casi como un inmenso barrio de Medellín, en el que uno solo se da cuenta que entra cuando nota que en los semáforos el amarillo aparece también antes de la luz verde. La cercanía de ambas ciudades ocasionó no solo que los medellinenses vayan los sábados a farrear allá con dedicación sino que el fútbol en la ciudad históricamente esté totalmente teñido de rojo y de verde. A pesar de eso, en 1989 se fundó el Envigado F.C., que tomó para su uniforme los cacofónicos (?) colores de la bandera de la ciudad y que desde sus inicios hizo del Parque Estadio Polideportivo Sur su sede. Para la prensa antioqueña era, en 1991, un candidato al ascenso por la labor seria y metódica de inferiores dirigida por un señor llamado Hugo Castaño, viejo técnico del fútbol aficionado. Ya veremos más tarde cómo le fue.

- Atlético Huila (Neiva). A diferencia de varios de los anteriores, el Huila fue uno de los clubes que aparecieron mágicamente con la creación de la Primera B (el club se fundó en noviembre de 1990). Pero al contrario de ellos, los opitas sí perduraron en el tiempo y aparte, generaron hinchada. El club se formó con el apoyo de la alcaldía de Neiva y la Gobernación del departamento, que entre ambos aportaron la estrambótica suma de 80 millones de pesos (!!!) para que el club tuviera vida en su primer año. Debutó en el profesionalismo de la B bajo la dirección de Víctor Quiñonez y de una encajonados en el venerable Guillermo Plazas Alcid. Y bueno, como sabemos, aún sigue dando lora.
- Deportivo Rionegro. Un histórico de las categorías de fútbol aficionado en Antioquia. Este club fundado en 1957 (!!!) y que jugaba todo de rojo aprovechó la oportunidá y se enroló en la Primera B desde el primer torneo. Acarició el ascenso en varias ocasiones, pero pecheó siempre. Hoy sigue existiendo pero se mudó al municipio de Bello cambiándose de nombre a Leones (el apodo desde sus inicios). Su técnico en este torneo comenzó siendo Orlando «El hermano del Piscis» Restrepo.

- Club Deportivo Tuluá. Aún no se llamaba Cortuluá. Fue otro de los que sobrevivió e hizo más o menos afición a pesar de la carga que supone la cercana influencia del Cali y del América. Aparte tiene el mérito de haber aguantado una horrible campaña en su primer año (terminó de último) y no desaparecer, finalmente ascendió en 1993 y mal no le fue: ha sido hasta la fecha el único club del primer torneo de la B que jugó Libertadores. Su sede desde siempre fue el estadio 12 de Octubre.
1991, el primer torneo. Campeón y único ascendido: Envigado F.C.

Así que el cuadrangular final lo conformaron Envigado/Arcolores (casi todos los clubes tenían al patrocinador como apellido), El Cóndor /Biogen, Alianza Llanos/Lotería del Meta y Atlético Huila /Doble Anís. Y en esta fase se destapó el naranja ganando cuatro partidos (todos por 1-0 a Huila, dos veces a Alianza, y a El Cóndor), empatando uno (1-1 con El Cóndor) y perdiendo otro (contra Huila también por 1-0). Quedaron campeones en la penúltima fecha en un Polideportivo Sur abarrotado de señores entusiastas, emotivas amas de casa y desocupados varios (?) con la victoria 1-0 a Alianza Llanos, con gol de su delantero Jorge Iván «El Torky» (!!) Hoyos. A pesar de los ayudines (?) el equipo que logró el histórico ascenso tenía varios jugadores que después trascendieron a nivel nacional o local: Hugo Tuberquia, Pacho Cassiani (recordado por los hinchas de Rosario Central… no diremos si el recuerdo fue grato), Guillermo «El Teacher», Berrío, John Jaime «La Flecha» Gómez, Edgar «El Pánzer» Carvajal (que en esa época jugaba de centrodelantero. En serio). Pero por ejemplo «El Teacher» y «La Flecha» eran más que todo suplentes, los pilares del equipo eran Tuberquia, Cassiani, los esforzados John Jairo «Matías» Mejía y Samuel Cárdenas (históricos del club) y dos delanteros que hicieron goles clave y después se perdieron en la intrascendencia: «El Torky» Hoyos (hermano de Carlos Mario) y Alejandro «El Saltarín» (!!!!!!!!) García. Del origen del apodo del primero no me pregunten, del segundo sí lo sé porque lo sufrimos tuvimos como jugador en el DIM: era conocido por su virtud como cabeceador a pesar de su metro cuarenta de estatura.
Muy bacano y todo lo de Envigado, pero para el año siguiente los dueños o sacaron por la puerta de atrás o relegaron a la suplencia virtual a casi todos (técnico y jugadores) los que ascendieron para traer a medio mundo: Julio César Uribe, Rubén Darío Hernández, Alberto Gamero, Wilman Conde, J.J. Galeano, «Pacho» Castell y varios más comandados por ese honesto trabajador del fútbol llamado Luis Augusto «El $hiqui» García.
Y eso fue todo. Ah, no: me dice la producción que hay unos datos más….
- El goleador del campeonato fue un señor llamado Arquímedes Marinés (El Cóndor) con 8 goles (en 24 partidos, o-cho-go-les…), seguido de Mayib Arias (Alianza) y «El Torky» Hoyos con 7; Alvaro Abaúnza (El Cóndor) con 6; y Fabio «El Policía» Hurtado (Rionegro) y Héctor Pérez (Armenia) con 5.
- El equipo más goleador fue El Cóndor con 26 tantos. El menos goleador fue el Deportivo Armenia con 9 goles (uno cada dos partidos… horrible). La mejor defensa fue la del Deportes Dinastía, con 11 goles recibidos, mientras que el premio «Selección Camerún 2014» se lo llevó otra vez el Armenia, con 23 goles recibidos.
- Este torneo vio debutar al futuro modelo de «Artridene Gel» (?): Oscar Julián Ruiz se metió su primer pito a la boca de manera profesional en un Cóndor – Envigado en El Campincito,,,
La primera fecha del primer torneo de segunda división de la historia del fútbol colombiano, empezó con un partido aplazado. Por el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo.
Me imagino que les quedó grande manejar la demanda de boletas para el Armenia – Academia Bogotana (?)
Creo que YSEC se equivoca al decir que el dinastia es el unico equipo caldense profesional ademas del once caldas,vale recordar al deportes caldas, que jugó en primera division por allá entre 1948 hasta desaparecer en 1954 (no estoy seguro si desapareció ese año) y quedó campeón de la liga en 1950
Gracias, Wilbert. Pero entiendo que es el mismo Once Caldas? Porque de hecho antes de sus títulos post Profe Montoya, al Once se lo mostraba con una estrella.
Es este el equipo de Chicho Y Marinillo Serna?
No lo tenia al hermano del Chico, hubiese venido con el chico este a Boquita. Pero lo mataron con el nombre a Marinillo, lo hubieran puesto por lo menos Marino, Mariano, Marin. Es un comentario de buena onda.
No es el mismo, solamente que los del caldas son vivos y pusieron a ese equipo como si fuera una version añeja del once, de hecho, los historiadores señalan el titulo del deportes caldas separado con el once caldas
Ambos equipos jugaron el torneo del 50, por lo cual en aras de la honestidá(?) del fútbol colombiano esa estrella no es del actual Once Caldas, Varta o Phillips.