La reivindicación de los desposeídos: la Copa Concasa de 1991, el primer torneo de Ascenso en Colombia

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Dinastía 2

Hasta hace poco uno solía hablar de «los equipos históricos de Colombia» para referirse a los mismos catorce que, con ausencias puntuales o más largas, conformaron la primera división nuestra en la mayoría de los torneos pre-noventas. ¿Cuáles son esos 14? Podemos mencionarlos por combos: 1) los que casi todos los hinchas reconocen como «los grandes» (Nacional, América y Millonarios), independientemente que alguno de esos no se ha ganado  ni una gallina en una rifa de 100 números desde el Frente Nacional; 2) la clase media-alta con aspiraciones (Cali, Santa Fe, Junior, DIM, y metamos también acá al Once Caldas); 3) el Tolima, que es una categoría de por sí; 4) los pequeños que a casi nadie le caen mal a pesar que su hinchada se ha dedicado a hablar mondá desde que celebraron algo (Bucaramanga y Pereira); y 5) los diminutos que casi siempre pululan en la B por las andanzas de sus propios directivos/asesinos de clubes, y de los que uno cuando uno los ve suelta invariablemente un «Marica, qué falla que (el equipo en cuestión) hace falta en Primera» (Unión, Quindío, Cúcuta).

Como dijimos, esos catorce invariablemente jugaban un torneo sí y el siguiente también, al menos en las décadas de los 60, 70 y 80. ¿Por qué? Porque nuestro torneo profesional de clubes, y párale bolas a este dato, no tuvo sistema de ascensos y descensos desde su fundación en 1948 hasta 1990 (!); recién en 1991 se jugó de manera oficial un torneo de la B con ascenso en Colombia. Dicho de otra manera: durante 43 años nuestro campeonato solo se renovaba cuando un club quebraba o cuando la Dimayor hacía alguna modificación a la bartola. En el torneo de valer mucha mondá, el fútbol colombiano es el Rey de Copas.

Al saber este dato, la conclusión fácil es correlacionar la pobreza rústica de nuestro fútbol hasta los 90 con la ausencia de ascensos y descensos, más aún teniendo en cuenta que precisamente dejamos de estar en la cola del fútbol sudamericano por la misma época que se comenzó a jugar el torneo de la B. Pero te enteras que en países con igual o peor nivel que el nuestro antes de la bonanza de los 90, ya existían ascensos y descensos: en Ecuador desde 1971, en Bolivia desde 1954 y en Venezuela desde 1979 (marica, Venezuela tuvo ascensos y descensos 12 años antes que nosotros), y ahí tiembla la hipótesis. Creo que si vamos a buscar a qué factor echarle el muerto por ser tercerones a nivel sudamericano hasta 1990, hay muchos temas a esgrimir – la organización hechiza de nuestra liga profesional, la ausencia de un sistema adecuado de inferiores, los clubes no como entes sociales y deportivos sino como empresas de algún dueño, la repartija proporcional de billete sin importar el rendimiento deportivo, entre otras – de los cuales la ausencia de un sistema de ascensos es uno más a mencionar.

¿Cómo fue que nació el torneo de la B en Colombia, y cómo fueron los primeros torneos en un país futbolero tan desacostumbrado a clubes diferentes a los de siempre? Te lo vamos a contar con todas las ganas aquí, comenzando con la primera edición de 1991.

Cómo inició este sueño rústico y hermoso de la B

Hasta 1990 inclusive la A, oficialmente en el corazón de todos, la Copa Mustang, era the one and only categoría del fútbol profesional colombiano. Uno se crio viendo al Cúcuta o al Tolima dar lástima por años seguidos en Primera, sin consecuencias más que el aura de desconsuelo y tristeza que emanaba de esos equipos entre sus hinchas y los externos. Dando lástima en serio, por ejemplo, el Cúcuta Deportivo terminó en todos y cada uno de los torneos de 1983, 1984 y 1985 en el último lugar de la tabla… pero igual al siguiente año ahí seguía feliz en la A. No había cuentas qué hacer, ni le tenían que parar bolas a lo que hacía otro club desgraciado en la misma tónica: lo único que pasaba era que la gente no iba al estadio, a diferencia de hoy en que tampoco.

El recientemente desaparecido (de nombre) Equidad F.C, cuando se llamaba Seguros La Equidad y competía en los torneos aficionados de Bogotá y de Colombia en los 80

Lo más cercano a torneo de la B que hubo en los años pre-91 era la llamada «Segunda División», un torneo de clubes aficionados de todo el país, que se jugaba con muchas ganas en maratónicas series en canchas y peladeros de sitios como Girardot, Sabanalarga, Sincelejo o Yopal. Era un torneo rústico pero hermoso: sostenido por la pura fiebre del fútbol en municipios alejados de los periódicos nacionales, que aceptaban de esa manera con resignación que su destino no los llevaría a salir alguna vez en El Tiempo o El Colombiano. Sí, porque el ganador de este torneo solo lograba la alegría deportiva, y ya: no había ascenso a ningún lado. Pero por lo menos le permitía a los aficionados de ciudades diferentes a las de siempre vivir lo que era un torneo nacional de fútbol.

Jorge Correa Pastrana, a la izquierda, acompañando a León Londoño Tamayo, probablemente antes que este último fuera presidente de la Dimayor. La foto parece ser de principios de los 80 (Fuente)

El panorama comenzó a cambiar a finales de los 80, con el impulso de un directivo de la Dimayor poco conocido en esos días: un señor llamado Jorge Correa Pastrana. Correa era un firme convencido de la necesidad de un sistema de ascensos y descensos en el fútbol colombiano, y comenzó a empujar la idea dentro de la institución. Pero SORPRESIVAMENTE NO JODA QUÉ INCREÍBLE, casi todos los capos digo, los presidentes de los clubes profesionales se opusieron a cambiar el orden establecido. Como es de suponer, la resistencia venía más fuerte del grupo de los clubes harapientos: los que un año terminaban de último y al siguiente de penúltimo, y a los que no les convenía un torneo de la B que los obligara a, bueno, a no hacer chambonadas …

Pero la inevitabilidad de los nuevos tiempos se impuso de la mano de Correa Pastrana desde que asumió como presidente de la Dimayor en 1990. Correa a punta de ídem anunció la implementación del torneo de la Primera B a partir de 1991, cuyo campeón jugaría en la A desde 1992 y que tendría como nuevo socio no voluntario a un descendido de la Primera División desde 1993. El torneo sería patrocinado por una institución financiera, hoy desaparecida llamada Corporación Cafetera de Ahorro y Vivienda, más conocida por su ¿sigla? ¿apodo?: Concasa. Por lo que, a semejanza de la Copa Mustang, la B colombiana tendría también su propio nombre: la Copa Concasa.

Este es el viejo logo de Concasa. Uno que era bien agüevado, nunca se preguntó por qué una entidad llamada «Corporación Cafetera de Ahorro y Vivienda» tenía como sigla «Concasa»

Entonces 1991 cerraría con un equipo ascendido a la A… y con ningún descendido a la B. El porqué no hubo descendidos de la A en 1991 se explica porque en 1988 el viejo club Sporting de Barranquilla (que ya había jugado en primera entre 1950 y 1953) se unió así no más al torneo de primera división sin sacar a ninguno de los que estaban, para completar así 15 equipos. Sí, quince: el torneo quedó patichueco. Después de un inicio algo prometedor en su primer campeonato, Sporting cayó en una crisis económica y deportiva horrible que lo llevó, dos años después a quedar de último en todas las tablas, a registrar el anti-record de asistencia a un partido de fútbol profesional (algo así como 78 personas), y hasta llegó al extremo de subastar la camiseta para buscar patrocinadores. Correa Pastrana aprovechó la coyuntura para imponer lo del ascenso, al mismo tiempo dando contentillo temporal a los otros clubes al aumentar a 16 los equipos participantes en primera, lo que aplazaba el espinoso tema del descenso por un año más.

Una nómina del Sporting de Barranquilla que participó en la A en su resurrección ochentosa, esta foto creo de su último año en vida, en 1991. Gloriosísima alineación (Tomada de botefútbol).

La lucha (en el escritorio) por un cupo a la B

Apenas la Dimayor hizo oficial la creación del torneo de la B, llovieron solicitudes de inscripción de todos los colores: desde clubes serios con un largo y esforzado trajín de años en el fútbol aficionado, hasta impulsos desvariados de algún alcalde eufórico o un traqueto futbolero. En el medio se ubicaron esfuerzos serios, y no tanto, de gobernaciones y alcaldías preocupadas por meterle fútbol de verdá verdá a sus pueblos yertos.  Como registran los diarios de la época, 20 días antes del cierre de la recepción de inscripciones llegaron solicitudes de 23 equipos, algunos de ciudades exóticas para el fútbol como Riosucio, Barrancabermeja o Buenaventura.  De esas 23 solicitudes, 13 eran de clubes que habrían cumplido con los requisitos y la documentación  necesaria para participar en el torneo, y solo estaban a la espera de una visita de la Dimayor para que esta verificase que no les estuvieran metiendo mono.

Según declaró Enrico «Dino» Gallo, el directivo encargado de la Dimayor para organizar el campeonato, «La intención es hacer una categoría B con doce conjuntos, pero si hay catorce, pues mucho mejor«; deduzco que el número deseado de participantes se basaba en los que a esa fecha habían cumplido en teoría con los requisitos. Los 13 clubes preseleccionados a 20 días del cierre de inscripciones al campeonato eran: Deportes Dinastía (Riosucio), Deportivo Armenia, Alianza Llanos, Envigado, Tuluá (aún no se hablaba de «Cortuluá»), Rionegro, El Cóndor (Bogotá), Atlético Huila, Alianza Petrolera (Barrancabermeja), Sogamoso, El Cerrejón (Guajira) (!), Unión Girardot y Boca Juniors.

Las cuentas de la Dimayor para cada club aspirante a participar en la B de 1991. Según esto, por esos años alcanzaban por ahí 5.5 millones de pesos mensuales para manejar los salarios de toda una nómina de jugadores, cuerpo técnico y empleados administrativos (tomado de la nota mencionada de El Tiempo)

Al final, las cuentas de «Dino» Gallo de  que iban a ser de 12 a 14 clubes para el primer torneo serían optimistas. De los 13 clubes que habían pasado el primer filtro, solo ocho fueron seleccionados: se rechazó la inscripción al torneo de la B de 1991 de Alianza Petrolera, Sogamoso, El Cerrejón, Unión Girardot y Boca Juniors. Probablemente la visita de inspección que hizo la Dimayor a estos clubes encontró, eh, verdades a medias que les tumbaron la inscripción, y por eso nos perdimos de ver, entre otras cosas, a El Cerrejón jugando en el FPC. Solo uno de los rechazados de la primera edición participaría en la B, y lo hizo a partir de la segunda edición: el Alianza Petrolera; no estoy seguro que ese Boca Juniors mencionado sea el mismo que viene jugando en el ascenso hasta hoy. En total participarían 10 clubes en la primera edición de la Copa Concasa, ocho del primer grupo preseleccionado más dos aparecidos de última hora, que ya mencionaremos.

Tampoco participarían en el de 1991, ni en algún torneo futuro, los otros diez clubes que estaban pendientes de algún requisito, que te nombro acá por dato curioso: Deportivo Covisán (Villavicencio), Atlético Ocaña, La Dorada, Piña (¿ah?) ((Barrancabermeja), Atlético Cesar, Deportivo Zarzal, Tunja, Marino Klinger (Buenaventura) y Corpodeca (Cartagena).

Los gloriosos pioneros

Finalmente fueron diez los clubes seleccionados para la primera edición de la Copa Concasa, grupo selecto que incluyó equipos establecidos de años en fútbol aficionado, junto con clubes cuya acta de fundación aún olía a tinta de máquina de escribir y papel carbón. Pero lo más importante de todo es que, por fin, el torneo de ascenso en Colombia era un hecho ya sin reversa, lo que para uno en esa época fue una vaina revolucionaria que ni te digo. Que de pronto fuera un hecho concreto saber que el equipo que quede de último no juega más en la A, o la posibilidad latente de ver al América, al DIM, a Santa Fe, etc., visitando una cancha en Barrancabermeja o Villavicencio era una sabrosura y una expectativa bacana. Bueno, al final América efectivamente jugó años después en esas ciudades, pero en una situación diferente a la que uno se imaginaba… mejor avancemos…

Casi todos los clubes novatos confiaron, por convicción o necesidad, en la nómina que tenían de semi-aficionados y/o en créditos locales, pero varios corrieron contra el tiempo para reforzar sus planteles con jugadores con poco mercado, pero con experiencia en el fútbol profesional, logrando un mix aficionados + descartados de la A que le daba un aire rupestre pero digno a la Copa Concasa. Vamos a repasar cuáles fueron esos clubes que tienen el honor de ser los pioneros del fútbol de la B en Colombia, para interés y morbo de la afición:

Academia Bogotana (Bogotá)

Una nómina de Academia Bogotana en 1993. Aparecen dos futuros jugadores de Santa Fe, Orlando Garcés y Mauricio Matallana

Parece que Academia Bogotana de Fútbol, surgido de una escuela de fútbol del mismo nombre, cayó a última hora a la fiesta de la B, porque no se menciona como parte de los 23 clubes que enviaron su inscripción. Su uniforme era, si no me traiciona mal la memoria, todo blanco con visos verdes – el de la foto de arriba fue de 1993, me imagino que buscando identificarse con los colores de la ciudad -, y jugaron al menos en su primer año en el popular estadio del Olaya, bajo el mando del en ese entonces desconocido Arturo Boyacá. El club bogotano participó en torneos de la B con muy poco éxito e igual convocatoria entre la hinchada bogotana, para desaparecer en 1995 por bajos resultados deportivos, financieros y total falta de convocatoria. Lástima porque al menos el nombre era original, pero nos salvamos de ver a hinchas roloplatenses hablando de «Lakadé, loco«.

Alianza Llanos (Villavicencio)

Una nómina de Alianza Llanos de 1991. El arquero es «La Araña» Martínez. El señor que está de último abajo es el que resultaría uno de los goleadores del torneo, Mayib Arias (Fuente desconocida). Ambos fallecieron hace poco.

Alianza Llanos fue la primera y por años única referencia de fútbol profesional de la región llanera. El equipo se fundó en 1985 para participar en los torneos de micro de la capital del Meta, y en 1987 se metieron con mucho éxito y juicio al fútbol aficionado. Cuando salió lo de la Copa Concasa no lo dudaron y se inscribieron para participar, cosa que terminarían logrando a diferencia de su vecino de patio también del fútbol aficionado, el más antiguo Deportivo Covisán, que no pasó ni el primer corte de la preselección de la Dimayor.

En la Copa Concasa serían notorios no solo por sus exóticos  – para la época – orígenes, sino por su llamativo uniforme a lo Juventus. Por nómina y recorrido, la Vieja Señora llanera se perfiló como candidato al ascenso bajo la dirección del joven técnico José Luis Forero (si alguien nos lo referencia le agradecemos). Su plantel incluía jugadores con experiencia en la A como los defensas Freddy Bogotá y Stewart Lasso, veteranos curtidos en el torneo del Olaya como el delantero Mayib Arias y jugadores de la tierrita como el arquero Asdrúbal «La Araña» Martínez o el volante Omar Coy, ambos con años en el equipo desde sus tiempos del fútbol aficionado. Ah, y un colombo-brasileño dizque Analdo Da Silva. Que por como le fue, nos imaginamos que jugó gracias al pasaporte. «La Araña» Martínez y Omar Coy, entre otros, jugarían años después en clubes de la A.

Después de años de ser eterno aspirante al ascenso, el club villavicense desapareció luego de descender a la C en 1997, para retornar (al menos en nombre) por allá por 2007 en las categorías de fútbol aficionado del departamento del Meta.

Deportivo Armenia

Esta foto del Deportivo Armenia debe ser de 1991 o 1992 (Fuente desconocida)

Este equipo era de alguna manera hermano menor del querible Deportes Quindío, pero su existencia fue mucho más accidentada que la del clásico club de la ciudad (tremenda esa: ser más sufrido que el Quindío). Ahora, si el tradicional de la ciudad en la A nunca se distinguió por el apoyo masivo de su hinchada, ¡ahora imagínate al Deportivo Armenia! ¡Y en la B! ¡Y en su primer año! Y eso que El Tiempo en ese artículo linkeado arriba afirmaba pomposamente que «(…) la Escuela Club Deportivo Armenia, que tiene a disposición cuatro estadios (cada uno con capacidad de 8 mil personas), que le pueden servir de sede…«. No tengo idea si en Armenia había todos esos estadios por esa época (ni aún hoy), el caso es que terminaron jugando de local en el viejo estadio San José, ya casi en desuso después de la construcción del Centenario. Su primer técnico durante su efímera aventura en el fútbol profesional fue Adolfo “El Rifle” Andrade. Un par de años después desapareció.

Atlético Buenaventura

Una nómina del Atlético Buenaventura de CREO 1993 (no encontramos una del primer año)

Otro de los clubes que apareció a última hora inscrito, a menos que ese club «Marino Klinger» que mencionamos arriba sea este mismo. Con tanta gloria que le ha dado el puerto valluno al fútbol colombiano uno pensaría que el Atlético Buenaventura iba a llenar de magia y goles la Primera B. Y no. El club fundado en 1982 deambuló por los primeros cuatro torneos de la B sin éxito, hasta que le vendió la ficha al Unicosta. Su DT en su primer año en la Copa Concasa fue un conocido de los clubes de primera setentosos y ochentosos: Oscar «Severiano» Ramos.

El Cóndor (Bogotá)

El escudo de El Cóndor en su primera época (no conseguí fotos del equipo de ese año, sino de años posteriores en los que cambiaron de uniforme y preferí por eso no subirla)

De todos los pioneros de la B de 1991, El Cóndor era el que más pintaba para ascender, pero nunca pudo con la pesada carga de ser EL candidato. Antes del 91 era un tradicional participante del famoso Torneo del Olaya bogotano, por lo que su llegada al primer torneo de la B se caía de madura, y así fue. El equipo carroñero (no les decían así pero qué hp apodo hubiese sido) vestía todo de verde oscuro y jugaba sus partidos de local en El Campincito. El técnico con el que debutó no fue otro que el mítico Alonso “El Cachaco” Rodríguez, bombero voluntario del Santa Fe en la dirección técnica del equipo por esos años.

¿Los conocidos en la nómina de El Cóndor que jugó en la primera Copa Concasa? El arquero ex-Mishos Eddy Villarraga, el ex-DIM Jorge Raigoza, Federico Valencia y el defensor Cástulo Boiga (!). Ah, y un brasileño, un tal Jailson Da Silva. Su figura terminó siendo un delantero veterano del Olaya llamado Arquímedes Marinés.

Un dato de color: El Cóndor estaba patrocinado por los Laboratorios Biogen, que lanzaron una masiva campaña para conseguir accionistas (si alguno de ustedes encuentra en el chifonier del papá unas acciones de Cóndor – Biogen, véndanlas cuanto antes, no sea que pierdan valor…).

Deportes Dinastía (Riosucio)

Una alineación de Dinastía en 1991. El arquero lo he visto en algún lado… creo que en una película colombiana… el que está a su lado es Guillermo «El Teacher» Berrío (Fuente desconocida)

La información que teníamos – de oriundos de ese municipio, ojo, no estamos vendiendo humo – es que el club pertenecía a un, eh, próspero empresario local (intercambio de miradas cómplices, carraspeos) fanático del culebrón televisivo yanqui ochentero “Dinastía”. Y que era tan afiebrado, que todo lo que tenía – hoteles, restaurantes, fincas, avionetas – lo bautizaba con el nombre de la serie. Así fue tal cual con el equipo de fútbol, que en el primer año de vida disputó hasta la última fecha un cupo al cuadrangular final, y en el siguiente año se desfondó totalmente. Su nómina de 1991 incluía al futuro campeón de América Juan Carlos Henao, y a conocidos – posteriormente – como «El Teacher» Berrío y «La Cachaza» Hernández. El técnico era otro histórico (del verbo “habitual”) del fútbol colombiano: Heberto Carrillo.

Envigado F.C.

Envigado F.C. en una tarde de ese 1991. Arriba: Harry Villada, Jhon Fredy Cortés, Hugo Tuberquia, Walter Gómez, Jhon Jario «Matías» Mejía, Luis Alfonso Muñoz. Abajo: Jhon Fredy Palacio, Alejandro «Saltarín» García, Víctor Echeverry, Jhon Jaime «La Flecha». Gómez, Sergio «Jeringa» Guzmán (Fuente)

Por cosas del progreso (ese que derrumba bosques y expulsa animales nativos de su habitat), el municipio antioqueño de Envigado se volvió casi como un inmenso barrio de Medellín, en el que uno solo se da cuenta que entra cuando nota que en los semáforos el amarillo aparece también antes de la luz verde. La cercanía de ambas ciudades ocasionó no solo que los también los arriendos en Envigado subieran al costo de Singapur, sino que el fútbol en el municipio vecino históricamente esté totalmente teñido de rojo y de verde. A pesar de eso, en 1989 se fundó el Envigado F.C., que tomó para su uniforme los cacofónicos colores de la bandera de la ciudad, y que desde sus inicios hizo del Parque Estadio Polideportivo Sur su sede. Para la prensa antioqueña era, en 1991, un candidato al ascenso por la labor seria y metódica de sus inferiores. Ya veremos más tarde cómo le fue.

Atlético Huila (Neiva)

El Atlético Huila en el estadio de Buenaventura, en un partido de 1992 (Fuente)

A diferencia de varios de los anteriores, el Huila fue uno de los clubes que CASUALMENTE se fundaron con la creación de la Primera B (el club se fundó en noviembre de 1990). Pero al contrario de ellos, los opitas sí perduraron en el tiempo y aparte, generaron hinchada. El club se formó con el apoyo de la alcaldía de Neiva y la Gobernación del departamento, que entre ambos aportaron la estrambótica suma de 80 millones de pesos (!!!) para que el club tuviera vida en su primer año. Debutó en el profesionalismo de la B bajo la dirección de Víctor Quiñonez y de una se encajonaron en el venerable y hoy casi en ruinas Guillermo Plazas Alcid. Y bueno, como sabemos, Huila duró hasta hace poquito: desapareció en diciembre de 2025.

Deportivo Rionegro

Según la leyenda (la de la foto, pues), esto fue en el primer partido de la B, en el estadio de Rionegro, contra Envigado. Las tribunas no estaban a reventar pero siempre había su gentecita ( Tomada del grupo «Fotos antiguas de fútbol en Rionegro«)

Un histórico de las categorías de fútbol aficionado en Antioquia, Rionegro F.C. fue fundado en 1944 (!) para desahogar las ganas de fútbol de ese municipio al Oriente de Medellín. A pesar de la cercanía con una plaza pesada para el fútbol como Medellín, tenían todo para crear permanencia y tener al menos una modesta base de seguidores: estadio propio, separación geográfica con Medellín – a diferencia de Envigado -, historia en la espalda, y hasta el hincha fiel, como verán en la imagen abajo. Pero no les dio: acariciaron el ascenso en un par de ocasiones, pero se desinflaban al final. Aguantaron lo que pudieron, y hasta 2014 fueron el único club originario de la primera edición de la B que aún competía en la categoría, sin cambio de sede o nombre, hasta que la falta de billete, o el pragmatismo, o el cansancio, no sé, los llevaron a mudarse y cambiarse de nombre: hoy son el Itagüi Leones. Al menos conservaron algo de su historia en el nuevo nombre: su apodo como Rionegro F.C. eran «Los Leones» o «Leones de Oriente». Su técnico en este torneo comenzó siendo Orlando «El hermano del Piscis» Restrepo.

«El Cucho», hincha fiel de Rionegro (!), con su hijo alentando al equipo en 1992. La foto fue publicada por un señor llamado Mauricio Cifuentes en el grupo de fb «Fotos antiguas de fútbol en Rionegro. Don Mauricio es el pelaíto de la foto. Sí, es el hijo de «El Cucho».

Club Deportivo Tuluá

La foto más antigua que hemos podido encontrar de Cortuluá: esta nómina inicialista de enero de 1992 (Tomada del Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca)

Honestamente no sé si el club aún no se llamaba Cortuluá, o así se llamaban pero la gente le decía Tuluá a secas. El club tulueño era otro de los que tenían historia encima: se fundó en 1967 y logró durar sus años en la A y en la B haciendo bulla por épocas, hasta que lo trasladaron a Yumbo y le cambiaron el nombre en 2024. Eso deja a Envigado F.C como el único club sobreviviente de los 10 que participaron en esa primera Copa Concasa. Tuvo su mérito el sobrevivir tantos años, y de hacer más o menos afición a pesar de la carga que supone la cercana influencia del Cali y del América… Ha sido hasta la fecha el único club del primer torneo de la B que jugó Libertadores.

1991, el primer torneo. Campeón y único ascendido: Envigado F.C.

Los escudos de los clubes que participaron en el primer torneo del Ascenso en Colombia

El primer torneo de la B derrochó pobreza digna por cada una de sus aristas y un bajo nivel futbolístico en general, pero dejó en el aire la sensación de divertida curiosidad de las novedades y un panorama en general alentador (ayudó mucho el impulso y buena onda de Jorge Correa Pastrana). El 20 y 21 de Abril de 1991 se jugó la primera fecha del campeonato, cuyos marcadores reseñaremos por amor a las estadísticas inútiles: en un El Campincito «cuyas tribunas se vieron totalmente colmadas» (dicen los diarios de la época), Cóndor empató con Alianza Llanos 1-1; el gol de Federico Valencia por los locales a los 6 minutos fue el primero de la historia del Ascenso en Colombia. Además, en Rionegro los locales perdieron 1-0 contra Envigado; Dinastía perdió 1-0 contra Huila en Riosucio y Buenaventura perdió 2-1 de local contra Tuluá. Armenia – Academia Bogotana fue aplazado. Sí, ningún local ganó en la primera fecha.

El nivel del torneo fue muy parejo, lo cual no necesariamente quiere decir «emocionante«: abundaron los 1-0 y 1-1 y hubo pocas goleadas. Pero de a poco, la Copa Concasa comenzó a pegar en la psiquis colectiva de la afición futbolera, que era lo que al final se quería. Y aunque el público no desbordó en general los estadios, sí hubo movimiento de gente en algunas plazas, al menos más del que uno ve hoy en absolutamente cualquier partido transmitido de la B hoy por ese canal nefasto. Acá dice por ejemplo, que en el Alberto Grisales «la tribuna de preferencia del estadio Municipal, donde se cobró la boleta a mil pesos, se vendió todo el papel y los organizadores habilitaron el sector opuesto donde los aficionados siguieron el espectáculo de pie. Al Municipal de Rionegro asistieron 3.159 aficionados que pagaron $ 2.479.000.)

El primer campeonato se jugó en dos vueltas: en la primera se agrupó a los equipos en dos pentagonales regionales y en la segunda se jugó en el famoso Todos contra Todos; los cuatro mejores de la Reclasificación tras las dos vueltas, irían a un cuadrangular final para definir el único ascendido a la A. Hablamos de pentagonales «regionales», en realidad el criterio fue «grupos armados para que el viaje en bus sea menos costoso»: el A incluyó a Huila, Tuluá, Buenaventura, Dinastía y Armenia, el B a los dos bogotanos (El Cóndor y Academia), los dos paisas (Envigado y Rionegro) y Alianza Llanos, que descuadraba toda la logística. La primera vuelta terminó sin definir candidatos así como decir uff, clarísimos, aunque se comenzaron a perfilar por resultados los que decorarían el fondo de la tabla: Armenia, Academia Bogotana y Tuluá.

Un momento de un Envigado vs Rionegro en un partido de la Copa Concasa entre ambos. Creo que el de Envigado es Víctor Echeverry.

Faltando una fecha para finalizar la fase regular, había tres asegurados al cuadrangular final: El Cóndor, Alianza Llanos y Atlético Huila. Además uno casi asegurado: Dinastía (20 puntos) era cuarto de la reclasificación, seguido por Rionegro y Envigado, que con 17 puntos ya no alcanzarían a los de Riosucio aunque ganasen la última fecha – la victoria daba dos puntos en esos días -. Pero decimos «casi asegurado» porque Envigado estaba pendiente de la resolución de la Dimayor sobre una demanda que ellos interpusieron por un jugador mal inscrito por Buenaventura en un partido que perdieron contra los del puerto. Si la demanda era favorable, les darían los dos puntos a los paisas, que llegarían a la última fecha a un punto de Dinastía: ahí les tocaba seguir rezando para que los caldenses perdiesen en la última fecha – de locales  -contra el eliminado Buenaventura, y los naranjas hacer su tarea de ganarle a Academia en la Capital. Milagrosamente, sí, MILAGROSAMENTE (…), se dieron las tres cosas: Envigado ganó su demanda, Dinastía perdió de manera inexplicable de local y Envigado ganó de visitante, con lo que los naranjas se colaron literalmente por el patio al cuadrangular final. Hay que creer en lo$ milagro$.

Así que el cuadrangular final lo conformaron Envigado/Arcolores (casi todos los clubes tenían al patrocinador como apellido), El Cóndor /Biogen, Alianza Llanos/Lotería del Meta y Atlético Huila / Doble Anís. Y en esta fase se destapó el naranja ganando cuatro partidos (todos por 1-0 a Huila, dos veces a Alianza y a El Cóndor), empatando uno (1-1 con El Cóndor) y perdiendo otro (contra Huila también por 1-0, ya en la última fecha con el ascenso en el bolsillo). La definición perfecta de «ganar con lo justo». Envigado logró el ascenso al quedar campeón de la Copa Concasa en la penúltima fecha, en un Polideportivo Sur abarrotado de señores entusiastas, emotivas amas de casa y desocupados varios (por ejemplo, yo) con la victoria 1-0 a Alianza Llanos. El gol del ascenso fue de su delantero Jorge Iván «El Torky» (!) Hoyos.

La noticia del ascenso de Envigado en El Tiempo. Yo la verdad no me acuerdo de la «congestión en las calles».

El ascenso de Envigado fue bastante sufrido a esas alturas, porque casi toda la fase regular se la pasaron dando tumbos, primero bajo el mando del histórico ex-jugador Norberto Molina, y luego, y hasta el final, con el veterano de las inferiores paisas Hugo Castaño, que arregló un poco el caminado y los hizo andar derechitos en la fase final. A pesar de los vaivenes y los ayudines recibidos, el equipo que logró el histórico ascenso tenía varios jugadores que después trascendieron a nivel nacional o local: Hugo Tuberquia, Pacho Cassiani, Guillermo «El Teacher», Berrío – que había comenzado el torneo en Dinastía –, John Jaime «La Flecha» Gómez, Edgar «El Pánzer» Carvajal (que en esa época, si no recuerdo mal, jugaba de 9). Los pilares del equipo eran Tuberquia, Cassiani, los esforzados John Jairo «Matías» Mejía y Samuel Cárdenas, además de dos delanteros que hicieron goles bastante claves en ese torneo, y después se perdieron en la intrascendencia: «El Torky» Hoyos (hermano de Carlos Mario) y Alejandro «El Saltarín» García. Del origen del apodo del primero no me pregunten, del segundo sí lo sé porque lo sufrimos tuvimos como jugador en el DIM: era conocido por su virtud como cabeceador a pesar de su metro cuarenta de estatura.

Para el año siguiente los dueños del equipo premiaron a casi todos los que lograron el histórico ascenso sacándolos por la puerta de atrás o relegándolos a la suplencia virtual. Fue así como la primera campaña de los naranjas en la A, en 1992, vio a un Envigado repleto de estrellas – Julio César Uribe, Rubén Darío Hernández, Alberto Gamero, Wilman Conde, J.J. Galeano, «Pacho» Castell – y solo a Tuberquia, Cassiani y Vanegas como habituales entre los que coronaron el ascenso de 1991. Al DT Castaño también lo eyectaron para poner en su lugar a ese honesto trabajador del fútbol llamado Luis Augusto «El $hiqui» García.

Y eso fue todo. Ah, no: me dice la producción que hay unos datos más….

  • El goleador del campeonato fue un señor llamado Arquímedes Marinés (El Cóndor) con 8 goles (en 24 partidos, o-cho-go-les… aunque hay que decir que se lesionó en la última parte del torneo), seguido de Mayib Arias (Alianza) y «El Torky» Hoyos con 7; Alvaro Abaúnza (El Cóndor) con 6; y Fabio «El Policía» Hurtado (Rionegro) y Héctor Pérez (Armenia) con 5.
  • El equipo más goleador fue El Cóndor con 26 tantos. El menos goleador fue el Deportivo Armenia con 9 goles (uno cada dos partidos… horrible).
  • La mejor defensa fue la del Deportes Dinastía, con 11 goles recibidos, mientras que el premio «Túnez 2026» se lo llevó otra vez el Armenia, con 23 goles recibidos.
  • Este torneo vio debutar al futuro modelo de «Artridene Gel»: Oscar Julián Ruiz se metió su primer pito a la boca de manera profesional en un Cóndor – Envigado en El Campincito.

Nota: este artículo se reescribió completamente a partir de un texto mucho menos detallado publicado aquí en 2014

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9 pensamientos sobre “La reivindicación de los desposeídos: la Copa Concasa de 1991, el primer torneo de Ascenso en Colombia

  1. La primera fecha del primer torneo de segunda división de la historia del fútbol colombiano, empezó con un partido aplazado. Por el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo.

  2. Creo que YSEC se equivoca al decir que el dinastia es el unico equipo caldense profesional ademas del once caldas,vale recordar al deportes caldas, que jugó en primera division por allá entre 1948 hasta desaparecer en 1954 (no estoy seguro si desapareció ese año) y quedó campeón de la liga en 1950

    1. No lo tenia al hermano del Chico, hubiese venido con el chico este a Boquita. Pero lo mataron con el nombre a Marinillo, lo hubieran puesto por lo menos Marino, Mariano, Marin. Es un comentario de buena onda.

  3. No es el mismo, solamente que los del caldas son vivos y pusieron a ese equipo como si fuera una version añeja del once, de hecho, los historiadores señalan el titulo del deportes caldas separado con el once caldas

  4. Ambos equipos jugaron el torneo del 50, por lo cual en aras de la honestidá(?) del fútbol colombiano esa estrella no es del actual Once Caldas, Varta o Phillips.

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