La Selección Colombia en las Eliminatorias de 1994: un viaje tragimágico / Vol I: la precuela

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El gran Pibe en acción frente a Argentina en semifinales de la Copa América de 1993. Lo marcan Fernando Redondo y Ricardo Altamirano

Las Eliminatorias al Mundial de 1994 no se resumen solamente en el 5-0. Antes, y en medio, hubo mucho de dudas, polémicas, confirmaciones, y en general, bastantes más matices e historias que antecedieron la euforia desbordada del Monumental.  Acá contaremos cómo fue ese camino que nos llevó a ser la mejor selección del universo mundial de todos los tiempos – o al menos eso fue lo que nos creíamos por esos días – desde el proceso previo hasta esos 36 días de agosto y septiembre de 1993, los más felices y mágicos de nuestras vidas como colombianos.

Si hay un año que defina lo apocalíptico y guachafitoso que somos como nación es 1993. Ese año en Colombia estábamos igual, o hasta peor, que siempre: sepultados por la habitual carga diaria de carros bombas, secuestros, guerrilla y paracos, políticos ratas, traquetos visajeándose impunes, y almas vendidas por cien mil pesos y una muda de ropa bonita. Pero a pesar de esto, todos, absolutamente todos los colombianos, estábamos como nunca en nuestra historia orgullosos de haber nacido en este cenagal infecto. Todo por causa de, o por culpa de, la selección Colombia de fútbol: el combinado nacional de las Eliminatorias de 1993 hizo que todo el país se pegara el viaje más bonito de sus vidas, montado en un bus multicolor de recocha, bullerengue, Maizena y fiesta, que nos llevó felices por senderos insospechados de gloria, y nos hizo vivir un protagonismo que nunca habíamos tenido en nuestra vida mediocre de alegrías efímeras. Vamos a recordar cómo fue.

Surviving Pacho

El Mundial de Italia 1990 terminó para nosotros con ese pasmo desconsolador contra Camerún del 23 de junio de 1990 en Napoli, y su respectiva, y enésima, aterrizada a la ilusión nacional – SPOILER: no iba a ser la última -. A pesar del bajonazo final, para todos fue chévere y recordable nuestro retorno mundialista: que la emoción de escuchar el Oh Gloria Inmarcesible en un Mundial, que nuestro primer triunfo en Copas del Mundo, que la decepción y dudas ante Yugoslavia, que viva Colombia hp PUSIMOS DE RODILLAS A ALEMANIA APRENDE KÁISER, ahora sí que se tengan todos hp, que huy qué pasó, por qué salimos a jugar así contra Camerún, que ay marica Higuita la cagaste, y que jugamos como nunca y los cinco centavitos y que mataron al tigre y se asustaron con el cuero y toda la plantilla de frases prediseñadas que terminan apareciendo en momentos como ese y que nos definen eternamente como una nación que vale seis mil litros de física mondá.

Listo, terminó la fiesta, muy sabroso todo, ¿qué venía después? Nada por el resto de 1990: no había compromisos internacionales en ninguna categoría con la selección después del Mundial ese año. Por lo cual, el tema Selección Colombia pasó al congelador para la mente mundana del respetable, cubierto por asuntos más novedosos e inmediatos como la definición del en ese entonces muy potente torneo profesional colombiano; el andar de Nacional en la Libertadores – en la que fueron el único club colombiano participante, remember el desastre del torneo de 1989 – y, menos sonado en el día a día pero muy seguido, la suerte de Pacho Maturana en Europa.

Pacho Maturana en la tapa de la extinta «Deporte Gráfico», con la clásica foto «todo abrigado y en un lugar público con blanquitos desprevenidos de fondo para que se note que es Europa»  (tomada de Bestiario del Balón)

Porque el buen Pacho fue contratado por el Real Valladolid español para ser su DT a partir de julio de 1990. Para que dimensiones el impacto de esta noticia en esos días, piensa que si hoy un Alejandro Restrepo, David González o Alberto Gamero fuesen contratados por un, no sé, Granada o Betis, es muy factible que la fanaticada en general estará interesada que les vaya bien allá, y que la prensa les hará bulla hasta cuando vayan a mear a los baños del Bernabeu. Y te digo que eso pasa incluso en estos tiempos en los que hasta un vendedor de cortinas kosovar tiene historial laboral dirigiendo clubes españoles o italianos. Ajá, ahora imagínate cómo fue el impacto y expectativa en 1990 para nosotros, que si mucho exportábamos DTs y jugadores a Venezuela y Ecuador, al tener un DT colombiano y afrodescendiente, querido por el 98.87% del país, en una liga tan importante como la española, en tiempos en que el acceso a todo nivel para los extranjeros – para no mencionar sudamericanos – estaba restringido por normatividad en los torneos europeos de antes de la ley Bosman.

Por eso la llegada de Pacho al fútbol europeo fue una bomba mediática para la ingenua fanaticada criolla de esos días, que comenzó a seguir con orgullo y expectativa bacana el paso del chocoano por la liga española. Cuando digo «seguir» acordémonos que en esa época pre-internet a uno le tocaba cazar noticias a punta de radio, de las secciones deportivas de los noticieros de mediodía, 7:00 p.m. y 9:30 pm, y de lo que salía en el periódico al día siguiente. Todo con delay, y dependiente totalmente de lo que publicasen, que no siempre era necesariamente lo que uno quería ver.

La partida de Pacho a Valladolid hizo que en la práctica, la selección Colombia se quedara sin DT, pero casi nadie le paró bolas por todo lo que comentamos arriba (creo también porque el país se estaba literalmente desangrando y desbaratando, digo yo). Ahora, en teoría, supuestamente, el DT de la selección siguió siendo Pacho. No tengo muy clara la situación contractual de Pacho con la Federación en el segundo semestre de 1990, pero lo que sé es que no lo habían echado ni él había renunciado, sea cual sea el contrato o acuerdo de palabra que lo ligaba a la selección.

Pacho sentado en el banco del Valladolid

El tema hubiese sido más claro si Pacho estuviese en Colombia, porque así la Federación hubiese podido hacer lo que solía casi toda su vida: nombrar al DT de la selección para compromisos puntuales, sin importar que este tuviese contrato vigente con su club en la liga colombiana (!). Así se hizo con Gabriel Ochoa en 1985: recordemos que fue simultáneamente DT de América y de la Selección durante las Eliminatorias, y que jugó la ida del repechaje en Paraguay tres días después de haber perdido el desempate contra Argentinos Juniors. De hecho, pocos se acuerdan que pasó tal cual con el mismo Pacho en 1987 y 1989 por Copas América y Eliminatorias: continuó siendo DT de Nacional durante los compromisos con la Selección – lo reemplazaba en el Nacional como encargado  generalmente Hugo Gallego – y funcionó con él. Qué recocha, llaves. Afortunadamente, por la profesionalización del cargo, y sobre todo por el hecho que ya las Eliminatorias no se jugaban en un lapso de un mes sino de dos años y medio, esto dejó de hacerse y el DT de la selección era full time. Pero en esos tiempos era lo normal en Colombia (salvo excepciones como Bilardo para España ´82) y en otros países.

Total es que en julio de 1991 se venía la Copa América, y Pacho andaba aún por España. Así que la Federación tuvo que buscarse un reemplazo temporal para dirigir la Selección en este compromiso, el primero pesado después del Mundial de Italia. El que era cantado para reemplazar a Pacho para la Copa América era su pana, el popular «Bolillo» Gómez, en esa época joven, innovador y atrevido, muy lejos aún de ser ese pintoresco autopersonaje renegón y chabacano y que se obliga sí o sí a poner a jugar horriblemente feo y mal a sus equipos, así sea dirigiendo al Barcelona de 2010. Bolillo manejó con mano firme a Nacional desde que se fue Pacho a España, y lo metió a semis de la Libertadores y lo sacó subcampeón en Colombia ese mismo 1990. Por lo tanto, contaba no solo con la bendición papal de Pacho y la continuidad de un proceso positivo, sino con el respaldo de los buenos resultados. Pero pasó que el Bolillo tuvo desacuerdos con la Federación por amistosos, plata o por compromisos con Nacional, no sé bien. El tema es que el 18 de enero de 1991, la Federación nombró al (qué eufemismo uso para no decir «hp pícaro»… ah, ya sé) polémico Luis Augusto «El Chiqui» García como el DT de la selección para la Copa América de ese mismo año.

El Chiqui en su primera época con la selección, cuando aún no metía tramullas taaaaaaaaaan de frente

Léase bien: la Federación nombró al «Chiqui» el DT para la Copa América: el entrenador de la selección seguía siendo Pacho Maturana. Según esta noticia, Pacho era el «jefe del cuerpo técnico de las selecciones nacionales de fútbol» (chúpate esa), y no dejaba de ser el seleccionador: solo que dejaba que asumiera temporalmente el «Chiqui». Entre otras cosas, Pacho había sugerido, tras el impasse con el Bolillo y la Federación, una terna entre el vetusto Gabriel Ochoa, el «Chiqui» y Diego Edison Umaña para que la Federación escogiese al propio. Y al final, después de una conversación telefónica que tuvieron los dos grandes representantes de las mafDIGO roscas paisa y bogotana, el DT chocoano aceptó el nombramiento del «Chiqui». Supongo que en dicha conversación, ambos capos acordaron no pisarse mutuamente sus asuntos, negociaron quién sí y quién no podía ser convocado, y levantaron vetos pasados a jugadores emblemáticos de una u otra familia. De todos modos no era un nombramiento rebuscado o absurdo, porque sea lo que sea que digas del $hiqui sobre cualquier aspecto oscuro de su vida, no se puede negar que el viejo sabía bastante de fútbol por esos días.

«El Chiqui» dirigió la Tricolor durante unos amistosos y eb la Copa América de 1991, que resultó en el inevitable «Sí, pero» de esos años de semi-gloria: SÍ tuvimos momentos muy buenos (el 2-0 contra Brasil – la primera victoria sobre ellos en partido oficial -, clasificamos a la fase final, en general se mostró un ritmo más dinámico), PERO quedamos de últimos en el cuadrangular final detrás de Argentina, Brasil y Chile, perdiendo tres y empatando uno en los cuatro últimos partidos del torneo. Al final la sensación fue que hubo una necesaria, aunque tibia renovación en el juego, pero hasta ahí: casi nadie quedó diciendo «por favor que siga el Chiqui«. Había incertidumbre en quién iba a ser el que manejara el barco tricolor de ahí en adelante, porque no se contaba con un Pacho Maturana que parecía afincado y firme en Valladolid. Resultó que a Pacho le estaba yendo bien allá, haciendo jugar bien a los pucelanos y posicionándolos cómodos en la mitad de la tabla, superando las expectativas que tenían todos allá sobre el club para esa temporada.

El Mono contra Jaime Pizarro en el empate contra Chile en la Fase Final de la Copa América de 1991
Dato inútil para almacenar en el cerebro No. 1877625: «El Tucho» Ortiz fue DT de la Selección Colombia de mayores

Así fue que en el siguiente partido de la selección post Copa América 1991, tras un año sin competencia (!), en el banco nacional se sentó el respetado, afable y conocedor, aunque de bajísimo perfil, DT antioqueño Humberto «El Tucho» Ortiz. «El Tucho» fue por muchos años la mano derecha de Gabriel Ochoa en el América, y estaba de moda por esos días por ser el director del Bucaramanga del Kiko Barrios, Elías Correa y Robert Villamizar que peleó finales por primera vez en su vida (jaja imagínate el Bucaramanga peleando campeonatMOMENTO).

Bueno, él fue el DT de la selección por dos partidos amistosos en 1992. El 31 de julio fue el primero de ellos, en Los Angeles en el ya en esos días clásico contra Estados Unidos. La nómina inicialista de ese partido fue una curiosa mezcla entre bastiones inamovibles de siempre, nuevos que tenían su oportunidad a ver qué onda, conocidos de antaño reflotados para la ocasión, y de «marica, ¿este man jugó en Selección Colombia«?. Pilla: Eddy Villarraga, Wilson Pérez, Luis Carlos Perea, Jorge «El Paisa» Gutiérrez, Antonio Moreno; Leonel Álvarez, Freddy Rincón, Alex Escobar, «El Pibe» Valderrama; «Pipa» De Ávila, «Tren» Valencia (entraron Wilmer Cabrera por Leonel, Bernardo Redín por Alex Escobar). Ganamos 1-0 con gol del Tren Valencia, y abajo puedes pillar en el video.

Días después, también en Los Angeles, empatamos sin goles frente a México; «Tucho» mandó a la cancha a los mismos del amistoso anterior, salvo Wilson Pérez (jugó en su lugar un Ceferino Peña que estaba volando con el recién ascendido Huila) y Leonel (Wilmer Cabrera); en entretiempo entró «Niche» Guerrero por Alex Escobar. Total que «El Tucho» hizo su labor en esos dos partidos, y se fue para continuar su vida calladita pero exitosa. Para la Selección, estos fueron dos partidos de compromiso que no hicieron parte de algún proceso, y que aparte pintaban como «mientrastanto». Porque por esos días el buen Pacho Maturana ya se había devuelto de España: el trencito rendidor y humilde que había construido en Valladolid en la temporada 1990-91, se le descarriló feísimo en la 1991-92 (CASUALMENTE cuando llenó la nómina con nuestros compatriotas), y fue despedido del club pucelano el 7 de abril de 1992. Pacho asumió después como DT del América; y con ellos lograría en diciembre el primer título local de su carrera. Creo que a todos nos hubiese tumbado de la silla el saber, si en ese momento hubiésemos consultado la bola de cristal de Saruman, que a Pacho le tomará 20 años (!) en lograr su segundo título local – y que pinta será el último -, y en la liga de Arabia Saudí.

La era Pacho 2.0 (o la era Pacho + Bolillo 1.0)

Para el segundo semestre de 1992, la sombra del DT chocoano estaba presente y encima del cargo de la Selección; sin embargo, se acercaba el fin de año y nada se concretaba al respecto. Algo que ya comenzaba a ser preocupante, teniendo en cuenta que para 1993 se nos venían dos compromisos pesados: la Copa América de Ecuador y, sobre todo, la clasificación al Mundial de Estados Unidos 1994, en la que ya sabíamos desde diciembre de 1991 las culebras que nos íbamos a encontrar: teníamos que pelear con Argentina, Paraguay y Perú por un cupo directo al Mundial, o uno al repechaje si quedábamos segundos. Las prioridades eran las mismas de siempre: tirar a ganar la Copa América, o al menos pelearla hasta arriba era deseable (ya el pueblo sentía que había equipo para ganarla); pero nadie en la vida te iba a cambiar una Copa América por una clasificación al Mundial: el verdadero objetivo de 1993 era clasificar a Estados Unidos, como fuera. Y te cuento que, no sé cómo se ve ahora después de más de 30 años de machacar y pintar de azul cielo cada septiembre las historias de ese surrealista 1993, pero en ese momento, la verdad, la clasificación al Mundial se veía jodida.

Para ir al Mundial, primero que todo nos tocaba matarnos con la Argentina campeona de América de 1991 -y que repetiría título en julio de 1993 -, el equipazo afiladito y letal del «Coco» Basile con Batistuta, Simeone, Ruggeri, Caniggia y Leo Rodríguez, de los que además de tirarte encima todo el peso de la camiseta, ya no les podías decir que eran picapiedras o bartoleros; era un combazo efectivo, rápido, certero y letal. Argentina era la candidata de todo el mundo para agarrar el cupo directo al Mundial, y aunque uno tuviera toda la fe del universo y confiaba en la armada del Pibe, sabía en el fondo que era muy duro quitarles el primer puesto del grupo. Entonces la pelea directa para nosotros era contra el tosco, rústico pero impresionantemente efectivo y difícil Paraguay, uno de esos equipos cansones y ásperos que sabías de memoria cómo jugaban, pero con los que nunca pasabas 90 minutos relajados. Paraguay era de esos equipos extraños que así como podía perder contra un El Salvador, le podía plantar cara a un Alemania en Düsseldorf sin problemas, y que cuando jugaba contra nosotros parecía que estuviesen defendiendo un pedazo de la patria los hps. Ah, y también nos tocaba contra Perú, que ya para esa época no le inspiraba miedo a nadie, pero que lucían un aura de «ojo con«, sobre todo porque estaban dirigidos por el sabio y conocido por acá, Vladimir Popovic, y porque tenía en sus filas un crack – no exagero – mundial: José «El Chemo» del Solar. Insisto: nadie te puede decir ahora que las Eliminatorias de 1993 se veían fáciles, ni por el putas, te digo.

El Pibe, Andrés Escobar, Freddy Eusebio y otro que no atinamos a saber quién es, en un entrenamiento de la selección en 1991. Los tres siguieron siendo base del proceso de Pacho

Fue recién en diciembre de 1993 que, por fin, la Federación nombró DT para la Selección, y fue Francisco Matur… ah, no, momento: que según esta nota de El Tiempo, la Selección iba a ser dirigida por el dúo Pacho Maturana . Hernán Darío Gómez. Mira esa: de algún modo nos olvidamos que en algún momento, se hablaba del «binomio Maturana – Gómez«. Al leer en la nota que, «Francisco Maturana le entregó su total respaldo a la elección de Gómez como seleccionador nacional«. o que «[Juan José Bellini] Siempre dijo que el técnico preferido era Hernán Darío Gómez. Y pese a que el entrenador renunció por las amenazas [ah qué bendecido país], siguió en contacto para tratar de persuadirlo«, uno cae en cuenta que ese proceso de 1993 en realidad fue iniciado oficialmente por el bromance Bolillo – Pacho.

De hecho, en el primer partido con la nueva administración, el que se sentó en el banco fue el Bolillo. Fue en un amistoso contra Venezuela en San Cristóbal, el 20 de febrero de 1993, que terminó en un insaboro e inodoro 0-0. La primera nómina de la nueva era Pacho – Bolillo no solo tiene su huella indeleble, sino que olía a Rosca Verde por cada tobillera:

René Higuita; «Chonto» Herrera, Geovanis Cassiani, Alexis Mendoza, Diego Osorio; Leonel Álvarez, Freddy Rincón, «Chicho» Serna, «El Pibe»; «El Tren» Valencia, J.J. Tréllez.

Hasta en los que entraron, «Barrabás» Gómez, «Carepa» Gaviria, Víctor Aristizábal y – solitaria excepción – Víctor Danilo Pacheco por Osorio, Chicho, El Pibe y el Tren, se notaba la mano cargada hacia el verde comprador compulsivo. El siguiente partido fue el 31 de marzo de 1993, en Medellín, en un amistoso contra Costa Rica. Ese día la nómina fue parecida, aunque con varios nuevos: José María Pazo; «Chonto», Perea, Alexis, Diego Osorio; «Carepa» Gaviria, «Barrabás» Gómez, Freddy Rincón, Alexis García; «El Tren», «El Pipa». Entraron Oscar Córdoba por Pazo, Harold Lozano por Barrabás, Oscar Cortés por Freddy Eusebio, Pachequito por Alexis García y «El Gato» Pérez (!!!) por «Pipa».

La nómina en los amistosos siguientes – 2-1 a Estados Unidos -no joda otra vez – en Miami el 8 de mayo, 1-1 contra Venezuela – x2 – en Bogotá el 21 de mayo, 1-1 y 1-0 contra Chile en Santiago y Bogotá el 30 de mayo y 6 de junio – fue en esencia rotación entre los ya mencionados, además de la adiciones como la de Faryd Mondragón, más las apariciones puntuales del gran «Guajiro» Iguarán (que jugó 18 minutos vs Venezuela a modo de homenaje) y el delantero Jorge Cruz Cruz, por esos días con tremendo bombo por sus goles en el fútbol argentino, pero al que Pacho solo le dio un partido para probar si rendía con la selección. Y no. Sea por su tipo de juego – más de choque que de velocidad – o porque de verdad el sistema no le funcionaba, Cruz fue un qué más pana mucho gusto y espero volvernos a encontrar claro me llamas y ahí cuadramos, contra Chile en el 1-1 en Santiago.

Diego Osorio y Fabián Estay en el 1-1 en Santiago del 30 de mayo de 1993. Lo del logo de Bavaria en la camiseta de la selección en los amistoso, fue la propia colombianada de aprovechar la coyuntura como sea para ganar billete. El cuento se acabó cuando la FIFA se azaró

La polémica que nunca falta: Aristi y la selección

Para el último amistoso pre-Copa América (el 1-0 a Chile en Bogotá), ya Pacho tenía la base del equipo armada: la inicialista fue con Faryd Mondragón; «Chonto», Perea, Alexis, Diego Osorio; Leonel, Barrabás, Freddy Rincón, «El Pibe»; Aristizábal, Asprilla. Bueno, al menos era SU base: la polémica ya estaba armada por la inclusión de dos que rechinaban fuertemente en el equipo: Barrabás Gómez y Víctor Aristizábal, ambos de, mira tú que no quiero ser cizañoso o malpensao, Nacional.

Y aquí hay que ser justo: la gente se olvida/no sabe, que cuando era pelao, Barrabás era un jugadorazo, completico y multifuncional, que te rendía de mediapunta o de 8 sin problemas. Ya para 1993 hacía rato que se había comprado una parcelita en uno de los puestos de la primera línea de volantes, como para que se le notara menos el peso de sus 33 años. Pero aún ahí su decadencia era más que evidente, sobre todo por su tendencia a marcar siempre con faltas y a aportar un carajo al juego. Para rematar, la clase y presencia de un prócer como Leonel a su lado, lo dejaba mucho más expuesto. Para el grueso de la afición era más que cantado que en su rol, el crack de Harold Lozano hubiese aportado muchísimo más en juego y estrategia, y sin sacrificar la capacidad de marca. Pero para la dupla Pacho – Bolillo, Barrabás era inamovible y cada que podían se la pasaban justificando la titularidad fija del (ojos entrecerrados de sospecha) hermano de Bolillo.

La gran polémica del fútbol colombiano de los años 90

La otra gran polémica, y una que dividió el país futbolístico por muchos años, fue la insistencia de Pacho – Bolillo por el delantero de Nacional Víctor Hugo Aristizábal. Que fuera de las entrañas del verde comprador era secundario, porque, total, con la camiseta de la selección uno apoya así sea un tridente ofensivo Netanyahu – Hitler – Uribe. Pero el tema de Aristizábal es que se veía enternecedoramente inofensivo a nivel internacional, y no era solo por su nivel menor comparado con otros en su puesto, sino que no lo apoyaban los números en la selección. Y no es que estuviésemos flojos de delanteros por esos días como para escriturarle la titularidad a uno discutido en muchos sectores de la prensa e hinchada, y que completó dos goles en 10 PJ con la selección hasta el inicio de las Eliminatorias. Por ssos años en particular, en el fútbol colombiano brotaron de repente varios delanteros de muchísima clase y calidad; comenzando por los más conocidos hoy como Faustino Asprilla que era figurón en el Parma, Adolfo «El Tren» Valencia que era un animal en Santa Fe y sonaba fuerte para ir a Benfica (terminó yendo al Bayern), J.J. Tréllez que estaba dulce con Nacional, o Antony De Ávila. Ellos, más Aristizábal, eran los que siempre coronaban convocatoria con la Tricolor.

Los que no olían ni un rumor de llamado, eran delanteros con gran nivel goleador vigente y con pasado con la selección, pero que parecía que estuviesen vetados por algún oscuro motivo: Albeiro Usuriaga (América, del gran Palomo es vox populi el motivo por el cual lo vetaron), Rubén Darío Hernández (DIM) y Miguel «El Niche» Guerrero (Junior, terminó siendo el goleador del torneo colombiano ese año). Y también hubo otros que se mataron haciendo goles ese año, pero que no tuvieron casi oportunidades en la selección: Miguel Asprilla del Once Caldas o Ramón Moreno del Quindío). Ahora me acuerdo que algo que se le criticaba a Pacho en esa época, era su poca disponibilidad en probar alternativas en algunos puestos. Como que se daba por sentado que un jugador con un buen presente, tenía que pagar derecho de piso – o veteranía, o jugar con ciertos equipos – para tener su oportunidad. Y cuando la tenían, los echaban a la guerra en algún partido como para que se dijera «sí ven, se le dio la oportunidad y no rindió«. Pero oportunidades para Aristizábal, en cambio, hubo muchas. Si, me vas a decir que Aristi goleador de clubes y lo que quieras, figurón de la Copa América que ganamos en 2001, y multigoleador en Brasil. Pero la verdad, en los años buenos de la selección, Aristi no hizo una verga.

La selección en un encuentro en la Copa América 1993. Arriba: Freddy Eusebio, Oscar Córdoba, Tren, Alexis Mendoza, Perea, Barrabás. Abajo: Leonel, Diego Osorio, Chonto, Aristizábal, el Pibe.

Pero se venía la Copa América 1993, y ahí íbamos a darnos cuenta si en el Aristigate tenían razón los que tomaban las decisiones en la selección, o los millones de desocupados que no sabíamos una verga de fútbol pero opinábamos gratis en la universidad, la oficina o la cerveceadita después del partidito. ¿Cómo nos fue en esa Copa América? Otro SÍ PERO: pasamos a semifinales a punta casi que de empates, nos bajó Argentina por penales en la semifinal y quedamos de terceros al ganarle a Ecuador por el partido de los perdedores. El equipo se vio, al menos, sólido y con autoridad y más cancha; pero se notó mucho adelante la falta de contundencia para aprovechar el buen juego del equipo. ¿Puede ser esto se debió a la insistencia de Maturana de jugársela con Aristizábal en toooodo el torneo? Mejor no digo Nadal. Lo cierto es que el ruido por la presencia de Aristi en la selección, se incrementó tras esa Copa América.

Ese fue el inicio oficial de la gran polémica futbolística nacional de los 90, que envenenó el ambiente por muchos años en la afición y prensa: los que los que decían que Aristi era un jugadorazo y que su rol en la selección era invaluable más allá del hecho anecdotico de si hacía o no goles – curiosamente los que decían eso eran en un 99.876% hinchas de Nacional -, contra los que opinaban que cómo putas podía jugar ese man en vez del Tren Valencia, del 9 sensación del fútbol colombiano por esos días, Iván René Valenciano, o del Gato Pérez (esto último lo mascullaban solamente los hinchas de Millos y la prensa capitalina).

El penalti que se comió Aristizábal en la tanda en semifinales contra Argentina, y que de paso nos eliminó del torneo, le añadió un toque de condimento a la tirria del respetable

La preferencia – justificada o no-  del cuerpo técnico por Barrabás y Aristi era tan evidente y notoria, que en el aire flotaba un ambiente de, por decirlo así, indignación, en esos días previos a las Eliminatorias. Muchos de los aficionados nunca comprendimos si era terquedad, fe, conocimientos, obvia rosca, o puras ganas de joder de Pacho – Bolillo, en mantener a dos tipos que evidentemente le quitaban brillo al equipo. Lo que daba más putería era saber que teníamos con qué quitarnos ese lastre pegajoso de ser perdedores de toda la vida, que era por fin realista pensar en un título oficial con la nómina que lucíamos y con lo aceitado que estaba el equipo. La sensación de que «estamos para ganar pero no se nos va a dar por maricas» se envenenaba con el razonamiento, sustentado o no, de que en parte eso pasaba porque en la selección no todos los que jugaban eran los mejores en su puesto.

Era especulación pura y dura: nada te garantizaba que con una armada Harold – Leonel – Freddy – Pibe – Tino – Tren hubiésemos ganado esa Copa América, por muy brutal que suene este combo infernal. Era bastante posible que ese genoma humano cagón que tenemos todos los que hemos nacido entre el Cabo de la Vela y Leticia, hubiese aflorado inevitablemente en algún momento del torneo. Pero la posibilidad siempre latente y nunca alcanzable de celebrar un título, combinada con el nivel de alguno de los que jugaban siempre, elevaba a niveles del absurdo la incredulidad y azare de la afición. Todo lo anterior fue logrando que, sutilmente, el ambiente de la afición en los partidos de la selección tuviese siempre algún tufillo venenoso, y que se comenzara a generar una nube tóxica alrededor de la selección, que terminó explotando en el verano de 1994 en Estados Unidos.

En la semifinal de la Copa América de 1993.

Polémicas y todo, terminó la Copa América para nosotros el 3 de julio. Y te tiro el SPOILER: no la ganamos. Y no había tiempo para procesar nada: menos de un mes después, el 1ro de agosto, comenzaban las Eliminatorias al Mundial de 1994, y ahí sí que se venía lo peludo.

¿Cómo nos fue en esas Eliminatorias? ¿Logramos clasificar al Mundial de Estados Unidos 1994? No te imaginarás lo que nos pasó (sigue acá en la Segunda Parte).

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9 pensamientos sobre “La Selección Colombia en las Eliminatorias de 1994: un viaje tragimágico / Vol I: la precuela

  1. Excelente post Master y si Señor, que tipo desesperante era Aristizabal, otro que tambien creo recibió muchas oportunidades fu Trellez.

    1. Pana, sí. Tréllez era otro de los que Maturana ponía hasta para repartir el algo. Menos mal que el Tren llegó de Bayern por varias fechas de las Eliminatorias, y que Valenciano rindió… si no, seguían insistiendo con esos dos.

      Gracias, llave.

  2. Yo que pensaba que la tirria del público no nacido entre Marinilla y Sopetrán contra Aristizábal era un fenómeno posterior a la famosa frase de Pacho de «el mejor jugador del mundo sin balón».

  3. Es INAUDITO el encoñe que tenían ese par de laisas con Aristizabal en esa época. Cuántos delanteros borrados por ese tipo. Sí, después hizo mejor carrera, pero aquel momento NO LE DABA.

    Qué daño hizo esa rosca paisa, puros fictis como Barrab*s, aristinalga o el ChonGo Herrera. El único de esa camada que en realidad era CRACK era Leonel, el resto era pura ROSCA.

    Pero bueh, qué se podía esperar de Maturranga siendo tan VAGO no quería probar a más nadie. Prohibido olvidar que a ese lo inventó Escob*r

    Párrafo aparte, para la RECOCHA que tenía la federación a la hora de elegir el Dt. Qué desespero y qué pernicia.

    Muy buen post, Master. Sigamos denunciando (?)

  4. Escucho a mucha gente diciendo que como era de bonito vivir en los 90’s y pues mas alla de la nostalgia en color pasteles sepia y marron, la verdad era que el ambiente era muy pesado y eso que hablo del fútbol, en los otros aspectos de esa epoca pre-1994 era una sociedad tratando como de abrirse campo.

    Unos apuntes…

    – Te falto el amistoso contra Francia B en martinica donde se lesiono el Pipa y no estuvo disponible para la CA y las Eliminatorias.
    – Andrés Escobar si mal no recuerdo se habia lesionado en la Libertadores y su lugar lo ocupo Alexis Mendoza
    – Lo mismo a Diego Leon Osorio que se lesiono en la CA y lo reemplazo Wilson Perez
    – Recuerdo que al Tino no lo iban a convocar a la CA en el que regresaba de Italia, donde tuvo la mejor temporada de su carrera. El grone estaba en vacaciones y lo hicieron traer hasta Ecuador, creo que desde ahi empezo la maricada de la permisividad con el Tino y alcahuetearle todo. En la actualidad, el Tino en programas deportivos critica a James por lo mismo.
    – Lo del Palomo debio ser por que segun se habia robado unas joyas en una concentracion previo a Italia 90 ?

    1. Pana, qué más. Precisitos tus apuntes: Osorio y Andrés eran fijos en el equipo de Pacho, y solo por lesiones salieron del equipo. Andrés era un jugadorazo, pero Osorio para mí es de los mejores laterales surgidos de este platanal, el man estuvo muy de malas con las lesiones.

      Tino caremondá. Y lo del Palomo, eso es lo que decían.

  5. En el verano del 93, el Tino llegó de Italia directo a San Andrés, con una aspirante a presentadora de tv, armando escandalo en El Dorado por que no lo dejaban colarse en la fila. Y mientras él estaba en la playa bronceándose, el Tren y Valenciano se mataban en los entrenamientos para tener que ver como los sentaban en la banca a los dos segundos de que el Tino llegara a Ecuador. Nunca es una alegría ser banca, pero serlo de un man que ni entrena, peor.

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