El Milagro de Leverkusen, o la churreteada de Español: la final de la Copa UEFA 1987-88 (y 3)
El arquero del Bayer Rudi Vollborn celebrando el cobro que le acaba de atajar al españolista Zuñiga en la tanda de penales. Pilla el millón de personas en la mitad de la cancha, los jugadores, algo de periodistas y mucho de colados hinchas del Leverkusen.
La historia de una de las finales más dramáticas de todos los tiempos del fútbol europeo de clubes culminó el 18 de mayo de 1988. Después de dejar en el camino a pesados como Milan, Inter o Barcelona, Español y Bayer Leverkusen se cruzaron para definir quién de los dos iba a dejar de ser perdedor eterno y cuál se quedaría toda la vida mascullando la mala suerte de aquella vez que casi ganamos…acá terminaremos de contarte como fue.
Cuando aún eran Bayer Neverkusen
El otro finalista de la Copa UEFA 1987-88 fue tan sorpresivo como el Español: Bayer Lerverkusen era el que menos pintaba al título de los clubes de Alemania Federal participantes el torneo. Las predicciones de medios e hinchas alemanes veían mucho más candidatos por nombres de jugadores, prestigio y nivel presente a Borussia Monchengladach, Borussia Dortmund o Werder Bremen. De hecho, el viejo club de deportes de la farmacéutica alemana clasificó de rebote a la Copa UEFA de esa temporada, al agarrar el cupo que liberó el Hamburgo (subcampeón de liga) por clasificar a la Recopa tras ganar la copa alemana. Así que nadie metía al Leverkusen en la pelea por nada, y pintaba que iban a pasar otra temporada más de sus 84 años de historia sin un puto título en Primera División (!).

Si te sientes ignorante porque no distingues a casi nadie de la foto de acá arriba, relajao, porque en verdad, ahí hay más desconocidos que los que tocan en Los Bukis aparte de Marco Antonio Solís y El Chivo. Básicamente, ese Leverkusen era dos o tres figuras + varios normales en mode_afilado + voluntariosos muy rendidores. Mejor dicho: otro Español. Los dos de esta nómina que saltan de una en la memoria popular son el surcoreano Cha Bum-Kun y el brasileño Tita; el primero era referenciable en esos tiempos en los que tener un jugador asiático en una liga de primer nivel era algo sumamente anómalo. Pero Cha no era solo una curiosidad exótica: era de verdad un muy buen delantero, rápido, inteligente para asociarse y con muy buen remate. Por otro lado, al delantero Tita lo conocimos muchos sub 51 por sus años en el Flamengo de Cromadeportes de Cromavisión; con el Rubro-Negro fue campeón de Libertadores y de la Intercontinental en 1981 (con Grémio hizo la misma en 1983).
Al polaco Andrezj Buncol seguro también lo has oído mentar, así sea por asociación con Panini (jugó los Mundiales de 1982 – completo – y 1986 – dos partidos -). Buncol jugaba de volante central/mixto con un criterio para manejar el balón insospechado en la pinta que tenía de tío del que toda la familia sabe que es alcohólico aunque él trate de ocultarlo. El polaco comenzó el torneo siendo alternativa del titular Christian Schreier, volante importantísimo del esquema del equipo rojiblanco, pero ante la lesión de este terminó siendo inicialista con muy buen desempeño. Pero el principal sostén de ese equipo era el menos mediático capitán Wolfgang Rolff, que como defensor o volante central se encargaba de organizar el juego desde el fondo y le sobraba para destruir el ataque rival. De Rolff poco nos acordamos, pero ahí donde lo ves jugó 39 partidos con la selección alemana, incluyendo cinco en dos Eurocopas y dos en el Mundial 1986.

El DT de Leverkusen era Erich Ribbeck, el mismo que después fue seleccionador de Alemania entre 1998 y 2000 (no le fue muy bien). El historial de Ribbeck antes de llegar a Leverkusen incluye pasos bastante mediocres por Rot Weiss Essen, Eintracht Frankfurt y FC Kaiserlautern entre 1968 y 1978. Pero por algún motivo que de verdad desconocemos – o era en verdad bueno como asistente, o sabía desarrollar jugadores, o era amigo de alguien poderoso, quién sabe -, su historial no impidió que fuese contratado en 1978 como AT de la selección alemana bajo el mando de Jupp Derwall, puesto en el que se mantuvo hasta la salida de este en 1984. A Bayer Leverkusen llegó en 1986, y en su primera temporada dirigiéndolos, por fin, logró algo destacable: los hizo clasificar por primera vez en su historia a una competición europea.
Decíamos que al Leverkusen nadie le tenía fe en la Copa UEFA 1987-88. Pero sin hacer bulla sobrevivieron las tres primeras fases de la competición, al superar al Austria Viena (0-0 y 5-1), Toulouse (1-1 y 1-0) y Feyenoord (2-2 y 1-0): rivales no de primer nivel pero sí potencialmente complicados. El sorteo en Cuartos les puso en frente un cascarudo y parecía que hasta ahí les llegaba el viaje europeo: enfrentarían al Barcelona candidato de cualquier título sin importar que en esos años aún no ganaba mucha cosa fuera de casa. Pero ese Barcelona, aunque contaba con varios cracks – Gary Lineker, Bernd Schuster, Lobo Carrasco – venía ñengue-ñengue por varios problemas internos. Los culés sacaron un valioso empate en la ida en Colonia – el estadio de Leverkusen estaba cerrado temporalmente por obras, atención a este detalle más adelante -, pero en la vuelta en el Camp Nou cayó sorpresivamente 1-0 con el modesto club alemán con gol de Tita. Leverkusen tampoco era el favorito en semifinales ante Werder Bremen, pero se lo cargó en el primer partido de local (1-0 con gol de Alois Reinhardt), y aguantó el 0-0 en un colmado Wesserstadion en Bremen, y así, con lo justo pero bien, los de la Bayer alcanzaron la final.

La última noche mágica del Sarriá

La ida de la final de la Copa UEFA 1987-88 se jugó el 4 de mayo de 1988 en el Sarriá. Ahora, si ante Brujas el estadio estuvo lleno hasta el cogote, literalmente ante Bayer no le cabía un suspiro. Con el mismo ambiente infernal que en las semis, pleno de personalidades locales y nacionales en la tribuna, Español saltó a la cancha con prácticamente toda España apoyándolos.
Ni el crítico más virulento del DT vasco podía cuestionarle el sistema o la alineación de la ida de la final: Español salía a ganarlo con el ofensivo 3-4-3, con dos carrileros en funciones ofensivas y tres delanteros definidos.Por su parte, Bayer Leverkusen había variado bastante las inicialistas a lo largo del torneo no tanto por táctica como por ausencias forzadas por lesiones, y por ejemplo esta noche aparecieron De Keyser y Buncol de titulares por los habituales Hörster y Schreier por lesión.
Español ganó la ida de la final con un rotundo 3-0, pleno de tal contundencia que a ojos de todos casi que definió el título por anticipado. El partido fue redondito para los locales, y eso que en el PT Leverkusen controló el ritmo de juego. Ribbeck razonó sensatamente que si pegaba el culo al arquero Vollborn, su equipo no iba a aguantar las oleadas de un Español cuyas mejores armas venían de las subidas de sus laterales y del montón de balones que mandaban al área. Así que enfocó a los suyos en tener la pelota y circularla entre ellos con Rolff como iniciador desde el fondo, Buncol y Falkenmayer distribuyendo desde el medio, Tita de mediapunta y Waas y Tauber arriba. Así, Leverkusen controló la pelota en casi todo el PT: y ni sintieron la salida a los 20’ de Cha por lesión.
Pero valía verga que Leverkusen tuviese la pelota y que el público local murmurase preocupado, porque los visitantes no generaron ni media oportunidad de gol. Sus delanteros Wass y Tauber eran muy buenos asociándose con los demás, cayendo al espacio y marcando la salida del rival, pero el día que enseñaban a hacer goles en la universidad parece que no fueron: no marcaron uno solo entre ambos en el torneo. En cambio Español asustó dos veces antes de los 45 minutos: un disparo de Losada que sacó de parto el arquero Vollborn con la punta del dedo gordo del pie a los 7´, y un gol de cabeza de Orejuela a los 42´ anulado por un fuera de lugar de esos que hoy te demora un partido siete minutos esperando a ver qué dice el VAR. Hasta que justo antes de que el árbitro marcara el final del PT, Soler (qué hp jugador era) dejó botado a su marcador por la banda izquierda, y con todo el espacio y tiempo del universo, tira un centro precisito al área chica. Ahí lo cabecea solito Losada, marcado con lojojo por centrales y arquero: 1-0 y la gente que explota de contenta en el Sarriá.

El gol le insufló confianza a Español, y ya el ST fue otra cosa. Después del descanso los locales fueron los que se adueñaron de la pelota y el campo, mientras los alemanes veían cómo se les iba el partido de las manos. Y si Español pegó un golpe psicológico con un gol terminando el PT, zampó otro mazazo comenzando el ST: a los 4’ otro centro derivó en un rebote que Soler remató con la derecha desde el punto penal. Y a los 56, también después de un centro (!) (esta vez de Valverde), Losada pone el tercero de palomita desde el área chica. Español tenía tan noqueado a Bayer que no se relajó con el 3-0 ni se echó para atrás, e incluso tuvo el cuarto en un cabezazo de Golobart que pegó en el palo, y que hubiese dejado la final mucho más sentenciada. Bueno, más sentenciada aún, porque un 3-0 es más que suficiente para mantener en una final en la vuelta, ¿o no?
Al terminar el partido el ambiente en el estadio y en toda la ciudad variaba entre la franca alegría hasta la euforia desmedida. No solo la ventaja de los tres goles, sino la superioridad, categoría y fuerza mental y futbolística que mostró Español esa noche dejó saturados de confianza a los sufridos ypor una vez en la vida extáticos aficionados Periquitos, y al resto de España que los apoyaba con muchas ganas. La gente en las tribunas cantaba y coreaba feliz, con una fe y fervor que aún hoy en día duele con el alma ver ya sabiendo uno lo que pasó después. Pero ni el ambiente, ni el resultado, disculpan a este periodista del video de abajo por la carretada de sal que le descargó a todo el Periquitoverso con el “Ahora, a Leverkusen de turismo …”.
¿A Leverkusen de turismo?
La vuelta de la final estaba programada para dos semanas después. El título se definiría en el estadio Ulrich-Haberland de Leverkusen, lo cual no tendría nada de raro si no fuera por el detalle que parte de este estaba en obras de construcción (!). ¿Se acuerdan de que Leverkusen jugó su partido contra Barcelona de local en Colonia? Bueno, eso fue porque su estadio estaba en medio de trabajos remodelación y readecuación, y precisamente una de sus tribunas estaba en obras sin terminar. Hasta el día de hoy no se atina uno a responder el por qué la UEFA permitió jugar una final continental en un estadio en condiciones deficientes de seguridad, y sobre todo teniendo tan fresquito el negro antecedente de lo que pasó tres años antes en Bruselas.
Pero a Clemente este tema logístico no le paraba bolas, a juzgar por las declaraciones entre polémicas y desubicadas que tiraba a una prensa ansiosa de ver con qué mierda iba a salir hoy ese viejo cabecicuadrado. Cualquier día te tiraba frases sensatas como “A pesar del 3-0, hay mucha tela que cortar. Ni está todo hecho ni el camino va a ser de rosas y a mí me gustaría que todos recordaran cómo equipos de la talla del Real Madrid han sido vapuleados en estas tierras«, lo cual está muy bien para aterrizar a sus jugadores y evitar que se llenen del exceso de confianza tan nocivo para los equipos chicos en estas instancias. Pero declaró tanto en ese sentido que más que precavido, se vio derrotista o cagado. Como cuando dijo que su equipo “no tiene término medio, porque o lo hace muy bien o muy mal, pero espero que no pierdan la concentración”. O cuando tiró perlas como “Quiero que mis hombres salgan al campo convencidos de que pueden perder, como salieron en Sarriá con la obsesión de empatar a cero«; o “ (…) todo esto son tonterías porque puede pasar de todo y ya no digo si hay prórroga. Entonces, que Dios nos pille confesados”. Calma, don Javier.

Total que llegó el momento de la verdad en una tarde primaveral en Leverkusen del 18 de mayo de 1988. El estadio, como era de esperar, estaba abarrotado casi todo de hinchas locales, además de unos 3,000 de Español que viajaron expresamente para ver a los suyos. Curiosamente, el sector de prensa del estadio estaba también full con una cantidad inesperadamente alta de periodistas. ¿Tanta expectativa generó la final? No: según cuenta un artículo de la revista Kicker, lo que en realidad pasó fue que Bayer Leverkusen decidió compensar la ausencia de público en las tribunas en reconstrucción, metiendo en el sector de prensa a empleados de Bayer y socios del equipo haciéndolos pasar como periodistas (!). Cule viveza. La marrulla quedó en evidencia desde que comenzó el partido cuando los “periodistas” de una comenzaron a cantar y alentar a Leverkusen, sin ni siquiera tomarse la molestia de disimular tomando alguna nota o haciendo el mettenmonen de llevar un cuaderno. ¡Ah, pero los marrulleros y ventajosos somos los latinos!
Pero a pesar del aliento del público local, del estadio digno del Wilhelm Plätze Alcid, de los nervios por la trascendencia del momento, Español aguantó como un campeón el PT. Los primeros 45 minutos fueron parejos, con más iniciativa del Bayer Leverkusen – imagínate si no – pero que no le sirvió para quebrar el 0-0 ante un Español muy firme y concentrado. Clemente solo hizo un cambio respecto del partido de ida (metió al volante Golobart en el medio y dejó fuera a Valverde), pero en la práctica revolvió todo el esquema; movió a Urkiaga y Job a los laterales, a Iñaki al medio y Orejuela al carril derecho para armar un 4-4-2. Estos cambios entre un partido a otro era algo que, como vimos antes, le espetaba con saña la prensa española al DT vasco. Ahora, con lo mal que tiende a caer Clemente incluso con los años pasados, y lo exagerada que nos puede parecer su paranoia de cambiar todo dependiendo del rival, uno no le ve lo equivocado al menos desde el planteamiento, de colocar un volante no defensivo sino de manejo, y dejar dos delanteros, sabiendo que estás de visitante y tienes tres goles de ventaja. Pero como suele pasar, la versión sórdida es la que queda en la memoria general, y se decía, y se sigue diciendo, que Clemente la cagó por miedoso en esa final.
Ribbeck cambió media defensa y a los dos delanteros con respecto al partido de ida y puso desde el inicio al volante Schreier, aun no recuperado del todo de su lesión, pero la necesidad tenía cara de Der Hund. De todos modos, y a pesar de un Buncol majestuoso que manejó los ataques de Bayer con mucha suficiencia, y un par de sustos al arco de Español, el PT terminó sin goles, y el título parecía devolverse para España.
El infierno de Leverkusen se comió vivito a Español
Pero algo pasó en el entretiempo en el vestuario de Bayer Leverkusen, o en el de Español, o en ambos, porque el partido que se vio en la segunda parte fue totalmente diferente del primero. Por el lado del local supongo que asumieron que no les quedaba sino salir a matar o terminar de morir en los 45 minutos de vida que le quedaban, y eso tal cual fue lo que hicieron. Ribbeck metió desde el descanso al delantero Waas por el volante Schreier, no sé si por lesión de este o por necesidad, pero el asunto es que le funcionó muy bien el tener un delantero más acompañando a Falko Götz. Con Rolff adelantado y laterales y volantes yéndose continuamente arriba a mandarla, pivotearla y rematar, Leverkusen literalmente apabulló al Español a partir del descanso. Y ahí por primera vez en el torneo vemos al Español totalmente desbordado, abrumado por el cambio repentino de los del frente y pariendo piñas para rechazar apuradamente los embates furiosos de un Leverkusen que, desde exactamente el 45:01, se fue con todo arriba sin guardarse nada.
No iban ni cinco minutos del ST y ya para cualquiera era más que evidente que Español no iba a aguantar semejante voltaje por 40 minutos más. El equipo instintivamente (¿o por orden del DT?) se echó para atrás a aguantar a la heroica, pero con esto lo único que logró fue regalarle todo el campo a Leverkusen para que generase a destajo los ataques que quisiera. Para acabar de joder, cada que agarraban la pelota los españoles la rifaban arriba como unos agüevados a devolvérsela al local, y este les devolvía la cortesía mandando oleada tras oleada de jugadores a quemarles el rancho. Así, no fue para nada sorpresivo que a los 54´viniera el 1-0 de Leverkusen, tras centro de Waas (se jugó un partidazo) por la derecha que el defensor Miguel Ángel no solo le sacó sin querer la pelota a un compañero que la iba a revolear, sino que se la dejó suavecita a Tita en el área chica. Y Tita, que por algo era bicampeón de Libertadores y mundial, no desaprovechó ese papayazo.

A los 60´ Ribbeck quemó su segundo cambio de una manera que en el momento se vio como un tremendo WTF: sacó a Tita por el más rupestre Klaus Tauber (el otro delantero que jugó la ida) en un cambio que protestó con estupefacción todo el estadio. Ahora, sacar a tu figura y autor del único gol del partido, por un tanque semidesconocido y voluntarioso que además no había metido un solo gol en todo el torneo, era una apuesta la doblehp, de esas que si no resultan se convierten en la primera hoja del despido de un DT. Pero si ves el partido con calma te das cuenta que la decisión tenía su lógica, si considerabas que a Español todo ese ST lo tenían volteado era a punta de centros y empuje más que de habilidad. Y funcionó: a los 62´vino el 2-0 con golazo de palomita de Falko Götz en medio de los centrales inmóviles viéndolo rematar, tras centro desde la izquierda de, precisamente, Tauber.

Ni el Periquito más derrotista se hubiese imaginado este negrísimo panorama al término del PT. Casi sin darse cuenta, Español estaba a un gol de dejarse igualar la final con un mundo entero de 28 minutos para terminar el partido. Y lo peor es que así como estaban jugando ambos equipos, el tercero caía de maduro que iba a llegar. Español necesitaba urgentemente calmarse antes que todo, para así reconformarse futbolística y anímicamente y evitar la debacle; pero de parte de Clemente no vino nada de eso. El DT vasco se la pasó todo el ST de pie, quemando cigarrillo tras otro con cara de llevar una tragedia por dentro, y solo por ratos tiraba instrucciones sueltas nerviosamente a los suyos, rodeado ignominiosamente por una banda de periodistas carroñeros que sin pena le zampaban los micrófonos en la cara. Clemente en el momento en que más lo necesitaban sus dirigidos, parecía lleno de un fatalismo letal que le transmitía todito a sus jugadores.
Los cambios de Clemente no ayudaron a calmar a su equipo. Después del 2-0 metió primero a Zubillaga, y 10 minutos después a Zuñiga; dos volantes defensivos reemplazando a dos de manejo como Orejuela y Golobart. El DT seguro pensaba que lo que necesitaba era más marca en el medio, pero, de nuevo, con la frialdad que da verse este partido sin azare y con el resultado puesto, no era lo más conveniente. Creo que les hubiese ido mejor si metían a Valverde por un volante para jugar con tres arriba, y cambiar a Losada por un 9 fresco y oportunista como Michel Pineda. Así refrescaría la delantera y sobre todo, impediría que Bayer Leverkusen saliese tan impunemente desde abajo. Pero Clemente no lo pensó así, y decidió cambiar pero para seguir igual… lo peor es que la alternativa del danés Lauridsen que les hubiese caído ni mandado a hacer para manejar la pelota y preocupar a Rolff no se contemplaba, porque ni siquiera estaba convocado entre los suplentes.
La entrada de los dos volantes destructores le dio más piernas al medio de Español pero el juego siguió exactamente igual: los Periquitos echados atrás aguantando, revoleando y rezando, y regalándosela a los de blanco y rojo cada que pasaban la mitad de la cancha. Lo cual pasó cada vez en menos ocasiones, porque por muchos tramos del partido los once de azul y blanco estaban a menos de 30 metros de su arco, amontonados como gallinas esperando a ver qué hacían los alemanes. El partido seguía su curso, y de tener la copa como quien dice ya casi en las manos, a 45 minutos y tres goles de distancia, los españoles estaban a punto del desastre. Y a los 81 minutos cayó el previsible 3-0: cobro de falta por la derecha que, con total tranquilidad a pesar de estar rodeado de blanquiazules, cabeceó a las redes el gran Cha. La final se igualaba increíblemente en 36 minutos, con Español engarrotado y el estadio estaba hecho una caldera. Aún quedaban nueve minutos eternos en los que, como venía la mano, era posible hasta un 4-0. La noche se le venía a Clemente y a Español.

A ver el estado de ánimo de la banca de Español tras el empat…
Afortunadamente para los visitantes, Leverkusen con el gol se le calmó un poquito el nivel de neura que tenía y bajó medio cambio en el bombardeo. Aún así no dejó de tener a un Español noqueado y metido en su arco. Pero no se movió más el marcador ni en los 90 minutos ni en los 30 de la prórroga, y la definición de la Copa UEFA 1987-88 se fue al martirio de los penales.
Caos y milagro en los penales
El campeón se iba a definir por la tanda de penales en el arco opuesto al de donde estaba la hinchada visitante. Antes de la tanda ya la mitad del campo estaba inundada de periodistas y (guiño) periodistas: un montón de hinchas de Leverkusen se metieron a la cancha y duraron toda la tanda allí, controlados por las uñas por la seguridad del club, mezclándose con los jugadores y celebrando sin disimulo cuando les tocaba. Imagínate que hoy veas en una definición por penales de una final de la Champions a 500 randoms y barras del público metidos en medio de Haaland, Salah o Mbappé, celebrando con ellos y alentando. Bueno, eso tal cual pasó. Después se supo que el club se salvó de una millonaria multa por parte de la UEFA por un pelito, “(…) entre otras cosas, porque el árbitro Jan Keizer destacó [en su informe] que los empleados de seguridad del Bayer intentaron calmar la situación en todo momento”. Qué locura, llaves. Afortunadamente no ocurrió nada más anormal, pero estuvo a esto de que la situación degenerara en caos.
La tanda de penales le duele, y le dolerá toda la vida a cada hincha de Español que estaba vivo y consciente ese 18 de mayo de 1988. No vale la pena narrarla, solo verla; mira abajo a partir de los 3:44 (nota al margen: llama la atención lo expedita que eran las definiciones por el punto penal de esos tiempos; cada pateador iba a lo suyo, pateaba y de una seguía el otro, y así, de una):
Duele el verlo. Español desperdició la ventaja del primer tiro atajado por N´Kono al botar sus tres últimos disparos con Urkiaga (tuvo una noche horrible) Zuñiga y Losada. A éste último le toca el quinto penal de la tanda de Español, y tenía que marcarlo para después rogar que el último pateador de los locales la cague, y así prolongar la agonía en la muerte lenta de los uno a uno. Losada se fue de una a cobrar su tiro, se paró en frente, y… mejor que lo cuente el mismo Clemente:
“Pero llegaron los penaltis y le digo [a Losada] «Pipiolo, ¿tiras un penalti?». Y él: «¿Yo? ¿Y qué hago?». Le expliqué: «Pues qué vas a hacer, darle una hostia [un riendazo, pues] y ya está». Fue a tirar y sí, le dio una hostia. Yo no he visto un penalti igual en toda mi vida. Sacó el balón del estadio (…) Le dio una hostia al balón como si hubiera sacado de puerta, ¡qué hostia le dio! Desapareció la bola. Luego, en el avión, nos descojonábamos de risa. Pero fue muy triste”.
Sí, muy triste fue, en eso sí tenía razón.
El final de los años bonitos
Y así, con ese tiro mandado a la mierda por Losada, se acabó la historia del Español europeo hasta el sol de hoy. Bueno, no: participó varias veces más en Copa UEFA, e incluso llegó a otra final – perdida, obvio, contra Sevilla – en la edición de 2006-07 (¿quién era su DT? Ernesto Valverde). Pero nunca más hubo un equipo Periquito que ilusionara tanto a su gente y unificara a toda España a su alrededor como ese de 1987-88. Luego de esos dos años mágicos les cayó con toda la furia la bajoneada post casi_título: en la temporada 1988-89 un desfile de siete diferentes DT no evitó que descendieran en la Promoción ante Mallorca tras acabar en el puesto 17 del torneo.
Javier Clemente seguía de DT Periquito al principio de esa temporada, pero un comienzo nefasto de 19 partidos sin ganar (huy) y last but not least, las declaraciones del DT a la prensa en contra de sus jugadores diciendo que eran “un equipo de Segunda”, hicieron que la directiva lo despidiera. Como sabemos, años después terminó dirigiendo a la selección española en un proceso agridulce que duró seis años, lo vió clasificarse a dos Mundiales y una Eurocopa, y terminó desbarrancándose entre polémicas y decisiones cuestionadas contra Nigeria y Paraguay en 1998 y en la derrota contra Chipre en el primer partido de la clasificación a la Eurocopa 2000. El DT ha seguido dirigiendo un montón de equipos en el mundo, desde clubes de Primera y Segunda en España y Francia, hasta selecciones como la serbia, camerunesa y libia en un tobogán cada vez más descendente de prestigio. Con los libios consiguió su único título oficial desde el logrado con Athletic en 1984: el Campeonato Africano de Naciones (una especie de la Copa Africana B) de 2014. Actualmente está sin trabajo, y quién sabe si dirija pronto porque está en el selecto Club Bolillo Gómez de DTs alguna vez exitosos y hoy más obsoletos que un teléfono fijo.
¿Y Leverkusen? Le fue mejor, porque no descendió. Y tampoco volvió a ganar nunca nada, más que el título de Eterno Subcampeón, hasta que se quitó esa pesada carga en julio pasado…
Bonus track: mira los carroñeros de estos periodistas yendo a hurgar noticias en medio del dolor y la miseria. Los manes hechos mierda y estos gallinazos encima buscando declaraciones…
Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14
Excelente crónica y mejores referencias de videoteca y hemeroteca. Gran pluma maestro
Muchas gracias, compa.
Qué cosa dolorosa para la gente de Espanyol, me recordó a mi querido equipo rojo y diabólico de Cali. Excelentes crónicas, maestro, de verdad se siente como si uno viera esos partidos completos.
Pana, yo viéndome los partidos lo que sentí fue un aroma a DIM que ni te cuento… que vaina tan triste en serio lo que les pasó.
Que bien compa, gracias.
No me quiero imaginar el viaje de regreso a Barcelona. Afortunadamente, para ellos, sus vecinos todavía no los podían cargar con sus títulos internacionales y mucho menos con el recuerdo de la final perdida ante el Steaua todavía fresquito en la memoria
Que bueno leerse estas crónicas! Darse cuenta de como pechean por allá nos muestra que los nuestros no son los únicos (?)
En España todo el mundo iba con el Español. Incluso los que eran del Barcelona. Yo, sin ser seguidor del Español, desde esa final le deseo todo lo peor al Bayer. Desde ese día, odio eterno al Bayer Leverkusen.