Compendio explicativo de apodos de futbolistas colombianos – Vol 5

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Cucho y otros

La magia de un apodo bien puesto en el fútbol es que, de lo eterno que se vuelve, termina siendo más parte de tu identidad ante el mundo que lo que te aparece impreso en tu cédula (a menos que te llames de manera gloriosísima, por decir algo, Gumersindo Riascos, Eusebio Vera Lima, Tony Salja o Chedy Devenich). Por ejemplo, cuando te hablen de Darío Sierra, Carlos Alberto Valencia, Alonso López o Gilberto García seguramente lo primero que se te ocurrirá es que te están mencionando la cabeza de lista por el Centro Democrático para el Concejo de Copacabana. Pero cuando te aclaran que están hablando de «El Chusco«, «Panelo«, «El Pocillo« y de «Alcatraz« tú de una ahhh pero claro, cómo desesperaba a los hinchas el Chusco, cómo era de crack el Panelo, cómo marcaba de bien el Pocillo, cómo corría Alcatraz papá y qué mercenario era el hijo y qué hermoso era el fútbol hp.

Es bien sabrosón escudriñar en el submundo de los apodos de futbolistas colombianos, tema del que mientras más averiguas más te das cuenta del montón de material que hay, que es como para sacar un libro. Acá en este refugio de almas atormentadas le hemos dedicado hasta ahora cuatro artículos a recordar/desentrañar los apodos en el FPC, tanto si tienen relación con el reino animal (leer acá en el Vol I), con personajes reales o de ficción (Vol II), con objetos (Vol III) o si son inclasificables y/o destilan colombianidad (Vol IV). Y aún queda data para seguir hablando torreja, por lo que hoy continuamos con el compendio de apodos de los futbolistas colombianos, enfocándonos no solo en mencionarlo sino en el origen del mismo. Los que vamos a reseñar hoy no tienen que ver con una categoría específica, a diferencia de los cuatro textos anteriores: hay un poco de todo. Así que, comencemos.

No es país para viejos

Jairo «El Viejo» Patiño apareció unos 10 años más tarde de lo que le convenía, porque a pesar de derrochar talento y clase en casi todos los clubes en los que jugó, quedó de algún modo apagado en la nada de esa década perdida de la selección entre 200 y 2010. No sé si él cargará con esa frustración; pero con lo que sí carga desde pelao es con ese qué cule apodo demoledor de «Viejo«, que contrariamente a lo que uno pensaba, no se debe a su Conformación Diferente de Fisonomía. O sí: según él mismo contó, en su barrio en Cali lo llamaron así desde niño porque dizque se parecía al abuelo (!): “A mi abuelo ya le decían «el Viejo» [quién sabe por qué le decían «el viejo» a un abuelo], ese era el original. Y yo de pequeño ya me parecía a él«. Pobre man: debe ser una verga que a uno con, no sé, 30 o 40 años le digan que se parece su abuelo; ahora dime tú uno con 10 añitos. «Recuerdo que en ese momento me hacían llorar, no lo aceptaba. Pero poco a poco lo acepté y desde hace tiempo lo llevo con mucho orgullo y en honor a mi abuelo”. Ajá, es que qué más se puede hacer… la gente es mala, llave…

El apodo del centrodelantero de los 80 Carlos «La Fiera» Gutiérrez también le viene por otra persona, pero no un familiar. Tengo entendido que al aguerrido nueve oriundo de Manizales y jugador de Cristal (!) Caldas, DIM y Santa Fe, entre otros, el que le zampó el remoquete fue el venerable periodista, también manizalita, Javier Giraldo Neira, por su parecido con el goleador argentino del América, Pereira y Bucaramanga de los 70 Jorge Ramón «La Fiera» Cáceres. Lo que no sé en verdad es si el parecido es por como jugaban o por la carátula: si es por el estilo de jugar, probablemente aplica. En cambio, si es por la fachada, también.

El de la izq es «La Fiera» Cáceres, el de la derecha «La Fiera» Gutiérrez

Los sub 35 tienen referenciado a Orlando «El Fantástico» Ballesteros como ese delantero no top, pero sí rendidor que tuvo buenos momentos en el Junior – con los que fue campeón en 2004 – y Envigado. Bueno, los sub 50 conocieron fue a Orlando «El Fantasma» Ballesteros, subcampeón con Bucaramanga en esa histórica y rarísima temporada 1996-97.  Y obvio que es el mismo tipo: creo que ya venía con el apodo de «Fantasma» cuando comenzó a brillar en el Bucaramanga de fines de los 90, entendiendo este mote no como el de un man que desaparece en momentos importantes, sino el que aparece en el área a meter el gol cuando nadie lo espera.

Al menos esa es la historia que conozco: lo que sí es seguro es que en algún momento de su vida dejó de ser mundano y se entregó al Señor (AEEEE), y que desde ahí lo de «Fantasma» le azaraba por motivos religiosos (en otros lados leí que fue a la mamá la que no le gustaba el apodo). Entonces pidió públicamente que lo conocieran como «Fantástico» para evitar conflictos con el Aleluyiverso. Mejor dicho: ADVA (Antes de volverse Aleluyo) era «el Fantasma» y DDVA era «el Fantástico» . Pienso que fue un cambio muy marica; pasó de un apodo que inspira temor reverencial o al menos prevención en defensas contrarios a uno que pega solamente si eres el trompetista de una orquesta de música tropical o el dueño de un picó en Turbaco.

El origen del apodo de Jorge «El Patrón» Bermúdez es muy conocido, y no tiene nada que ver con algún chiste malo de los argentinos. Un narrador de allá se asombró de que, recién llegado Bermúdez a Boca en 1998, de una comenzó a gritarles a los compañeros para organizar la defensa, y dizque dijo «¿Cómo puede ser que este tipo que llegó hace tres días les dé órdenes a todos?… llegó el que manda, llegó el Patrón«. En cambio el origen del apodo de Andrés «El Michi« (!!!) Sarmiento no le hemos podido rastrear; pero muy probablemente tiene algo que ver – si no, es qué casualidad tan hp – con la existencia del gran Blas «Michi» Sarmiento, saxofonista, arreglista y leyenda de la música colombiana.

Leí por algún lado que el apodo del delantero del DIM, Nacional, Millos y otros clubes en los 60 y 70 Javier «El Toro» Tamayo se lo pusieron porque dizque (cito): «Era usual ver a Tamayo con una vincha en su frente, como solía hacerlo, el Toro, compañero del famoso Llanero Solitario«. El tema es que he visto como 10 fotos del hombre y en ninguna le veo la famosa vincha… entonces parece pura paja la versión. Aparte el man era peludo pero tampoco era que tuviese la melena de Peter Steele… lo más seguro, y que me confirmen algunos vejetes, es que el apodo le vino natural por su potencia, fuerza e instinto goleador.

Hoy que ves la nómina de un Deportivo Cali llena de reciclados, todoadiezmiles y viejorros a punto de retirarse, se te hace casi irreal pensar que lo cotidiano hace tiempo en el Azikarero era que tuvieran en su nómina a dos o tres cracks de clase y talento continental. Por ejemplo, a mediados de los 90 sacaron de la cantera a los dos calidosos de la foto: el de la izquierda es Edison «Guigo» Mafla, volante/mediapunta peligrosísimo y con mucha clase y una pegada brutal (al balón, no pegada como Villa). Lo de «Guigo» le salió, según él mismo contó en una entrevista, porque de pelaíto veía mucho por TV al Topo Gigio, el programa infantil con la marioneta italiana, y le comenzaron a decir dizque «el Gigio«. Pero por la casa de él había otro man al que le decían así por razones que el tiempo ya sepultó, y para distinguirlo de ese, le estamparon lo de «Guigo«. ¡Cipote de manera rebuscada de obtener un apodo!

El de la derecha de la foto es Arley Betancourt, talentosísimo y muy dinámico diez que pintaba muchísimo por esos días, pero que se cagó la carrera él solito por zamparle una trompada y levantar a patadas a un árbitro en los Panamericanos de Mar de Plata de 1995. Después de la suspensión de un año que se ganó por la FIFA, volvió y tuvo una buena carrera, pero muy lejana a lo que insinuaba cuando comenzó. Bueno, al man le decían, párale bolas, «Garequita» desde sus años de juvenil, porque tenía el mismo motilado del legendario Ricardo «El Tigre» Gareca. Acá menciono una versión alterna del apodo: conozco gente que jura y rejura que el apodo no era Garequita con G sino «Carequita«, y leí en algún lado que se lo pusieron en un partido en honor al delantero brasileño Careca. A mí me suena más logica la primera versión, por contexto y el peluquín que lucía Betancourt en sus inicios.

Sobre panelas, cucas, alpinitos y cocos, entre otros

Elkin «El Sultán» Soto y Carlos «El Panelo» Valencia comparten en la vida no solo el hecho de haber sido unos cracks los hps, sino el ser manizalitas y, para más remate, venir del mismo barrio de esa ciudad: La Sultana. De ahí  le viene el apodo a Elkin Soto, pero lo de «Panelo» no tiene que ver con la vecindá sino con algo bastante random: resulta que el papá de uno de los compañeros con los que jugaba de niño en los torneos aficionados de Manizales, vendía o fabricaba panela, de la cual tomaba una parte para regalarle a los pelaítos del equipo de su hijo a modo de energizante ancestral. ¿Quién era el que más comía panela? Pues «El Panelo«, marica, que raíz de este hecho, comenzaron a llamarlo así, y el apodo le quedó de toda la vida. Por razones similares, Erwin «Alpinito» Carrillo obtuvo el sobrenombre que llevará por todo el universo: de pequeño le gustaba mucho, sí, el alpinito. Y también relacionado con los dulces es que vino el apodo de la figura prehistórica y leyenda del 4-4 Germán «Cuca» Aceros, que lo llevó encima desde que era niño en el barrio Modelo de Bucaramanga: su papá vendía cucas (las galletas negritas), y por eso le zamparon el sobrenombre.

Lo del apodo de Juan Camilo «El Cucho» Hernández era un misterio para muchos de nosotros, viéndole la pinta de pelaíto que aún tiene con 27 años y que seguro lucirá el hp cuando tenga 65: parece el hijo menor de la vecina del barrio de uno del que la gente le pasa poniendo quejas a la mamá por necio. O sea, es el caso totalmente opuesto al del «Viejo» Patiño pero con apodo similar. Y no tiene nada que ver con la edad: el sobrenombre se lo pusieron en la escuela de fútbol en la que comenzó a jugar Hernández cuando era (más) niño, porque el entrenador le dijo al papá que se le parecía al volante argentino del Inter y la selección el Cuchu Cambiasso, Según contó el papá del Cucho, la comparación del entrenador fue porque el pelao iba rapado, al igual que el Cuchu – solo que el rapado del argentino se lo puso Dios -; pero me imagino que algo tuvo que ver también la calidad en la cancha.

El volante Omar «El Misio» Suárez fue histórico/habitual del Once Caldas de finales de los 80 y principios de los 90, cuyo particular apodo le viene desde niño cuando era acólito – el que le ayuda al cura en la misa – en su natal Caldas (el municipio de Antioquia, no el departamento). De ahí le comenzaron a decir dizque «misionero», y ruego en serio que haya sido por razones teológicas, que luego se abrevió a «Misio«. Lo de «Coco» para la ex-promesa del fútbol colombiano Bryan Perea le viene también desde pelaíto, porque comenzaron a decirle «Cocoliso» (el hijo de Popeye, no el hp ese que está bien muerto) desde que se rapaba la cabeza. Y el volante argentino campeón de América en 1985 y jugador de Millonarios, Mario Hernán «El Panza» Videla, heredó el apodo del papá, defensor central en Gimnasia y Esgrima de Mendoza.

Y listo por ahora. Pero seguro vendrán más.

Artículos anteriores sobre apodos en el FPC: 1) Apodos del reino animal; 2) apodos de personajes reales o de ficción, 3) apodos de objetos, 4) Apodos inclasificables.

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Las Yosvida Fuentes:

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