La noche que murió Jock Stein: el dramático Escocia vs Gales de las Eliminatorias a 1986 (y 2)

«Big Jock» colapsando casi al final del partido en Ninian Park. Al fondo mira un alarmado Alex Ferguson, con los fotógrafos encima como cuervos rodeando la escena

Viene de la Primera Parte: La noche que murió Jock Stein: el dramático Escocia vs Gales de las Eliminatorias a 1986 (Parte 1)

Como decíamos, el partido Gales vs Escocia iba a definir casi que de facto quién de los dos seguía con vida rumbo a México ´86 – sea como clasificado directo o en el repechaje contra Oceanía – y quién iba a quedarse maldiciendo a los vecinos por TV unos meses después. Salvo una catástrofe española en Sevilla contra Islandia 15 días después de este partido, uno de los dos viejísimos rivales iba a quedarse fuera del Mundial, sin mente y sin darle vueltas.

Para los galeses el panorama para el juego crucial estaba de perlas en cuanto a su nómina,  ya que tenían a todos sus mejores jugadores disponibles. Los que sí estaban malucos en la nómina eran los escoceses, porque preciso para ese partido vital, iban a tener las bajas de dos de sus hombres clave: Graeme Souness (suspensión) y Kenny Dalglish (lesión), además de dos alternativas útiles abajo – Alan Hansen (también lesionado) – y arriba – Steve Archibald (gripa) -. Lo que obligó a Big Jock a hacer uso de jugadores con poco bagaje en la nómina de 16 para cubrirse: de hecho los delanteros que finalmente saldrían de titulares esa noche en Cardiff, Graeme Sharp (Everton) y David Speedie (Liverpool) llevaban solo un partido jugado con su selección.

Los titulares de Escocia ese 10 de septiembre de 1985 en el Ninian Park: de izq a der, David Speedie, Richard Gough, Alex McLeish, Graeme Sharp, Jim Bett, Steve Nicol, Gordon Strachan, Maurice Malpas, Roy Aitken, Jim Leighton y Willie Miller.

En fin, entre la trascendencia del encuentro, las bajas en la nómina, la posibilidad de ver a su selección eliminada por primera vez desde 1974 – y peor, bajo su mando -, Big Jock tenía encima más preocupaciones que el Ministro de Finanzas de Venezuela. Algo que era peligroso para un señor de 62 años y con problemas cardíacos, para lo cual estaba en pleno tratamiento médico. En esas condiciones hubiera sido una locura injustificable suspender el tratamiento para dedicarse de lleno a la preparación del partido final, y adivina qué: eso fue precisamente lo que hizo Jock Stein. El DT escocés decidió, sin decirle a nadie, dejar de tomar en los días previos al partido un medicamento que usaba como diurético para su enfermedad cardíaca, por temor a que le afectara su concentración para el encuentro. A ver, repetimos si no quedó claro: Stein interrumpió su tratamiento del corazón en plena preparación de un partido de altísima tensión. ¿Mala decisión? Dime tú.

Ahora, no sabe uno si tantos testimonios que salen después que pasan las cosas, son magnificados o deformados inconscientemente por los que lo cuentan; pero se dijo después que Jock Stein no estaba del todo bien en los días previos al choque. En la tarde previa al partido, un periodista de la BBC que estaba entrevistando a Big Jock, notó que «estaba muy pálido, y estaba sudando. Era un día cálido pero no tanto como para que estuvieras sudando«. Pudo ser simple estrés, obvio. Aunque también declaró después el portero suplente de ese partido, Alan Rough:

«En los días antes del partido, Jock no se veía como habitualmente era. Se veía muy pálido. Pero su meticulosidad en la preparación era la misma de siempre, así que no pensamos mucho en eso».

Lo cierto es que las veces que lo enfocan en la transmisión del partido, el hombre se ve normal y lúcido, así que ni puta idea si era tan evidente que estaba enfermo.

Ahora sí, el momento de la verdad

Willie Miller (izq) y Kevin Ratcliffe en el saludo protocolario

El 10 de septiembre en el Ninian Park de Cardiff la atmósfera era la esperable en un partido que definía tantas cosas, y entre rivales no con odio pero sí con mucha historia en medio. El estadio estaba abarroteited hasta las tits con sus 39,500 localidades, un tercio de ellas ocupada por la afición visitante, y todo esto se sintió en el bramido infernal que latió el respetable al salir los equipos a la cancha. Pilla abajo para que veas cómo se siente el fuego de un clásico de más de 100 años de historia: los rugidos de los cánticos de ambas hinchadas, superpuestos uno sobre otro como en olas que vienen y van una encima de la otra, sonando a gritos de batalla de tiempos inmemoriales cantados con pasión y alegría, gritando el “Scotland” y el “Wales” con ferocidad y determinación. Se emociona hasta un muerto de 20 días, te cuento.

Las formaciones fueron las siguientes:

Gales: 1. Neville Southall; 2. Joey Jones, 5. Pat Van Den Hauwe, 4. Kevin Ratcliffe (c), 3. Kenny Jackett; 7. Robbie James, 6. David Phillips, 8. Peter Nicholas, 10. Mickey Thomas; 11. Mark Hughes, 9. Ian Rush

Escocia: 1. Jim Leighton; 7. Steve Nicol, 2. Richard Gough, 5. Alex McLeish, 6. Willie Miller, 3. Maurice Malpas; 8. Gordon Strachan, 4. Roy Aitken, 10. Jim Bett; 9. Graeme Sharp, 11. David Speedie

La nómina galesa jugaba íntegra en el fútbol inglés, de ellos tres en el vigente campeón Everton (Southall, Van Den Hauwe, Ratcliffe). La escocesa era casi toda de los clubes locales: Aberdeen, Dundee United y Celtic, más algunos de la liga inglesa. Big Jock decidió abroquelarse atrás por el más que evidente respeto que cualquier equipo le tendría a una pareja de delanteros con Ian Rush y Mark Hugues: salió a la cancha con cinco defensas, corriendo al habitual lateral por derecha Richard Gough (Dundee United) hacia el centro para sumar un central más, y colocando a Steve Nicol (Liverpool) en ese lado. Ante la baja de Souness el patrón del medio era el metelón Roy Aitken (Celtic) en una labor de volante-ventilador con poca ductilidad pero mucho auxilio a los de arriba y los de abajo, en una especie de Abel Aguilar pero grandote, tosco y con cara de vendedor gringo de bienes raíces que los fines de semana se va a Las Vegas a hacer perversiones al escondido de su familia.

El primer tiempo fue muy intenso pero poco preciso. Lo más cercano a un armador que tenían los escoceses ante la ausencia de Souness era Roy Aitken, que aportaba mucha voluntad pero proponía menos que los candidatos a presidente en Colombia. A veces Jim BettGordon Strachan (los más calidosos de los escoceses, sobre todo este último) o Steve Nicol se iban por la banda o el centro y generaban alguna jugada, pero esta moría invariablemente en el muro galés y en la inhabilidad de los delanteros escoceses (Dalglish o Archibald hubiesen mostrado mucho más recursos que Sharp y Speedie). Por el lado galés el más calidoso indudablemente era Mark Hugues, el único que intentaba crear sin mandarla a la estratosfera. Los escoceses usaban bastante a Willie Miller desde abajo mandando el balonazo, y los galeses al grandote central Pat Van der Hauwe, que pelota que agarraban, balonazo que tiraban bien arriba al área rival.

Pat van der Hauwe anticipa a David Speedie

En resumen: ambos equipos, en parte por limitaciones propias y en no menor medida por instinto natural, se la pasaron bombardeando balones al lado del frente como si fuesen unas trincheras a las que había que tomar por demolición. Uno ve ese partido y se desespera marica bajen ese hp balón, por qué revientan todo, pana, tienes para pasársela a tu compañero, para que mandas el ollazo, si tienes AHÍ MISMITO a uno desmarcado no joda burro. Pocas veces se concretaba una llegada más o menos clara, la mayoría de las ocasiones el balón era o devuelto de manera expedita al lado contrario, o mandado afuera al lateral. ¿La agarraba un central? Puntazo para arriba. ¿Le caía a un lateral? Riendazo para arriba, sin asco, a que chocaran los de ataque suyos, que para eso estaban, o pelotazo al extremo para que vea si puede desbordar. Así fue el partido: rara vez Leighton o Southall la tocaron con los defensas para salir desde abajo.

Es algo muy interesante de ver de este partido: vas a ver cómo era el clásico fútbol de las islas británicas pre-siglo XXI. Te lo recomiendo para que te veas este juego algún día, – está íntegro acá por si te lo quieres pillar –y de una te advierto que NO vas a disfrutar de juego bonito, ni de jugadas de ataque hermosamente elaboradas, y de hecho, de no muchas jugadas de gol. Pero sí es un encuentro en donde no te aburres porque vives la intensidad en absolutamente cada jugada. Casi absolutamente todas las maniobras de ataque en este partido, consistieron en tirar un bombazo arriba para que lo pivotee el 9 -> se distribuya el balón ganado a los extremos -> estos metan el centro para el remate de cabeza o el pie providencial. Nada de salir jugando y tocarla entre los defensas y el mediocentro para armar la jugada: el arquero la agarraba, y de una, sin pensarla, sin siquiera despegar los ojos de la pelotica, pummm, la mandaba para arriba para que se mataran por cabecear los delanteros con los defensas contrarios.

Ahora, uno ve este partido y lo comparas con otros de los mismos equipos, y está claro que ambos abusaron esa noche en particular del recurso del bombazo al área: tú ves a Escocia por ejemplo en otros juegos, y la tocaban más seguido (tenían gente para hacerlo: Strachan, Souness, Bett, Cooper, Dalglish), con más asociación, y mucho pelotazo al fondo, sí, pero con menos bartoleo. Creo que les hizo muchísima falta sobre todo Graeme Souness, que como mediocentro ayudaba a distribuir con mucho criterio el balón, y el talento arriba de Dalglish. Gales sí jugó muy parecido a lo que jugaba normalmente.

De izq a der Bett, Hughes, McLeish, Nicol, Phillips, Aitken, Speedie (a lo lejos) yendo al maul

Al ver un partido de estos de repente caes en cuenta de lo parecido que es al rugby: tirar para arriba para ganar la pelota, ir al choque los del equipo de uno contra los rivales, alejar la pelota lo más rápido que puedas de tu cancha, poner a los tuyos en bloque a chocar por el balón y distribuirlo si lo ganas, o al menos generar el saque de banda a favor. Puede ser, no sé, especulo, que era la huella de los orígenes comunes del fútbol con el rugby, como preservado en el tiempo en el estilo de juego en las islas británicas en partidos como este. No sé si es pura paja esto que estoy diciendo, pero si es así, memo siono.

Sigamos con el cotejo. El partido estaba parejo, con ninguno de los rivales sacando ventaja sobre el otro ni generando así que digamos ufff que ocasiones claras. Hasta que al minuto 13 vino el gol galés. Hay saque de banda desde la izquierda del ataque de rojo (increíble cuántas ocasiones se generaban con la pelota quieta), que como era habitual, mandaron al área al cabezazo. Los escoceses rechazan, el balón cae a un punto muerto en la esquina del área escocesa donde lo agarra Peter Nicholas, que se va al fondo, le colaboran Roy Aitken y Steve Nicol que se estorban entre sí para marcarlo, y en la raya mete el centro, por una vez acertadamente, a ras de piso y no al cabezazo. Casi en el punto penal la empalma Mark Hugues de primera, y gol. 1-0, y con este resultado, Gales aseguraba mínimo repechaje, y Escocia quedaba dependiendo del milagro que Islandia gane en Sevilla: en la práctica, eliminada.

Hughes (al centro de rojo) patea para el 1-0 parcial que clasificaba a los galeses. McLeish, Miller y Gough lo sufren

El gol remeció la confianza de los escoceses, pero salvo la decisión de Big Jock de mandar a Steve Nicol de volante por la derecha, y quedar otra vez con cuatro en el fondo, el trámite no cambió demasiado. Los escoceses intentaban llegar pero no hicieron parir de manera concreta a Southall. Tampoco los galeses hacían revolcar a Leighton, cosa que probablemente hubiesen podido hacer más frecuentemente si en vez de mandar el malparido balón al aire, juntaban a Hugues, Rush y Mickey Thomas, un 10 medio lagunero pero muy calidoso, que tenían pegado como volante bien a la derecha dedicado a mandar ollazos. Strachan era el que más criterio tenía en el lado escocés, y por momentos se mandaba sus jugadas, pero no era muy acompañado, y el juego volvía al mismo círculo de balonazo-rechazo-balonazo-rechazo.

Así prosiguió el encuentro por el resto del PT. Aunque hubo alguna que otra ocasión de gol, el partido estaba más trabado que asistente a concierto de Cultura Profética. Al final del PT ocurrió algo medio raro que cagó/emocionó al respetable (pilla abajo): viene el millonésimo pelotazo galés al área escocesa – de esos mandaron muchos como que con los ojos cerrados, porque fue directo al arquero y sin delanteros propios cerca -. La bola venía suave para que la agarrara relajao el portero Leighton, pero el tema es que decidió dejarla caer al piso para, aparentemente, jugarla con los pies. Pero le rebotó de mala manera en el tobillo, se le fue larga y tuvo que tirarse a agarrarla apurado para evitar un segundo gol. Al rato terminó el PT y nadie más pensó en la jugada… pero esta fue un síntoma de una anomalía que solo sabía el arquero escocés.

La furia

¿Qué pasó? El vestuario escocés se puso candente en el entretiempo cuando Leighton le contó a Jock Stein una detallito, je: la verdad es que el arquero era bastante miope, y jugaba con lentes de contacto, algo que no sabían sus compañeros, ni siquiera su DT en Aberdeen Alex Ferguson, pues el viejo Jim tenía temor que lo mandaran a comer banca por su condición de cegatón. Su situación de capacidades_visuales_diferentes nunca le había afectado hasta el momento, pero resultó que en este partido precisamente se le había caído uno de los lentes, y de ahí esa jugada rara en que casi la pierde al final del PT por calcular mal. Lo peor no fue eso sino que el agüevado este no llevó reemplazo, y Big Jock se volvió como loco gritándole “qué tipo para valer verga no joda” en escocés, de todas las formas y colores, con un perturbado y sorprendido Alex Ferguson – que, como dijimos, no sabía nada de la condición de Leighton a pesar de estar dirigiéndolo de años en Aberdeen -, secundándolo.

Quién diría que un man con esta cara del tío vago que nunca ha trabajado en su vida pero todos en la familia quieren, tuvo dos mundiales jugados y uno más convocado encima

Al final no quedó más remedio para los escoceses que quemar un cambio: para fuera Leighton, para adentro el veterano Alan Rough, un tipo de bastante bajo perfil, rendidor sin ser un crack, pero sereno y con experiencia en dos Mundiales jugados con su selección. Rough – al que Big Jock le dedicó un cariñoso “Good luck ya fat bastard” al salir al campo para el ST – casi no pasó problemas, respondió bien las que le tocó, mostró seguridad y jugó exactamente a lo mismo que hizo Leighton: mandar el puntazo para la estratosfera cuando tenía que despejar. La verdad que el reemplazo de Leighton no se sintió, pero los visitantes habían quemado innecesariamente un cambio en un partido que tenían que sí o sí emparejar, y con toda la vida por delante había que decidir cómo usar la carta que les quedaba por usar.

El segundo tiempo fue más de lo mismo, con Escocia llevando la iniciativa del ataque aunque con poca claridad, y los locales concentraditos, defendiéndose con ganas pero sin pasar demasiados sustos. Daba la impresión de que hubiesen podido jugar dos días seguidos y no hubiese pasado nada diferente; pero como te digo, la intensidad de los 22, el empuje continuo, el bombardeo permanente de obuses a cada lado, la lucha por ganar centímetros, la fe inalterable en el venerable estilo que jugaban sus tatarabuelos, el ambiente en las tribunas, la tensión en el ambiente… todo esto hace que te veas el juego completico y sin pestañear un segundo.

Así estaba el asunto cuando a los 16 del ST, Stein decide quemar el único cambio que le quedaba: para afuera Gordon Strachan y para adentro el habilidoso extremo Davie Cooper (Rangers). El reemplazo parecía discutible no por Cooper (por acá se le conoce relativamente poco, pero es considerado uno de los más talentosos jugadores de todos los tiempos del fútbol escocés), sino por el que salió: Strachan era el único que aportaba talento, creación y algo más que ir al bulto. Me imagino que lo que pretendía Stein era revolucionar el equipo, y para eso movió también el esquema: mandó a Davie Cooper arriba bien pegadito a la banda izquierda, corrió un poco más al centro a Speedie y subió al lateral Malpas al medio. En la práctica un 3-3-4 para ir por todo, porque si no ya for what sonofabitches.

Pero le funcionó el cambio a Stein porque Cooper no solo no desentonó sino que le metió más peso y sentido al ataque de azul oscuro. Se asoció con Speedie y Bett por su lado, desbordaba cuando la recibía y hacía multiplicarse a los de rojo en su afán de interceptarlo, que por ratos se mostraban apurados ante este delantero más venenoso que twitter. Por ejemplo:

Lo curioso es que a los 75 min una jugada clave vino por el otro lado: después de una serie de rebote aquí y allá, Steve Nicol manda un pase al fondo que, con la mano en el corazón, tiene cara de ser puro “a ver qué sale” más que de pase quirúrgico. Lo que le salió fue un precisito pase al vació para que picara David Speedie que, entrando al área solo frente a Southall, es, al parecer, tumbado por un defensor galés. El árbitro no pitó lo que pareció un penalty clarito (en la repetición no se ve tanto que lo fuera), y la primera polémica se instaló. Pero la definitiva del partido fue faltando 10 minutos. Otro ollazo desde la derecha del ataque escocés, pivotea bien Sharp a Speedie y este remata de puro instinto, y de una, directo a las manos del defensor Phillips que estaba marcándolo de cerca. Mano con mucha cara de involuntaria que el árbitro neerlandés Keizer no dudó ni un momento en pitar, a pesar de la protesta galesa, como penal. Píllalo acá y dime qué te parece.

Davie Cooper se ofreció, tranquilo y relajado, a cobrar el penalty más importante de los últimos años del fútbol escocés. “No fue que yo agarré el balón para patear, sino que los otros diez dejaron que yo la agarrara” dijo alguna vez el gran Cooper, que moriría diez años después por hemorragia cerebral. Pateó a la izquierda del arco de Southall, que alcanzó a rozar el balón pero no impidió el gol. 1-1 y en ese momento, Escocia quedaba por encima de Gales en la tabla y estos últimos quedaban dependiendo de un milagro quince días después para no quedar eliminados.

England metió dos cambios inmediatamente después del empate y los locales se fueron con todo por el gol que los volviera a meter arriba en la clasificación, pero no les alcanzó. Terminó el partido con este 1-1, y el pitazo final desató la celebración de los escoceses en la cancha y tribunas, el derrumbe de los galeses en la cancha, la estupefacción en los espectadores locales, todo fiesta y pasmo y alegría y tristeza y alivio y dolor en una noche que ya era dramática, y que se convirtió en dolorosa un rato después.

Cooper celebra su gol convertido de penalty

La muerte de un gigante

Big Jock (al medio) en el juego en Cardiff, con un prometedor DT a su lado

Mientras tanto, en el banco escocés Stein había vivido todo el encuentro sin problemas aparentes y de hecho, como diría Alex Ferguson años después “Cuando Davie anotó su penalty Jock no dijo una sola palabra”. Como declaró después el doctor de la selección escocesa y del propio Jock:

“Cerca del final del juego [con el marcador 1-0], todos los fotógrafos estaban apiñados alrededor del banco galés. Todo cambió cuando Cooper metió su penalty, el foco cambió a nuestro banco. Jock alejó de su lado al menos a un fotógrafo. Él se veía como siempre, fuerte y vital.”

Pero faltando dos minutos, el árbitro pitó alguna jugada y Big Jock, pensando que el partido se había acabado, se levantó de su silla aparentemente para ir a saludar al DT rival, como es lo acostumbrado después de cada partido por esos lares…

“…pero mientras se levantaba, tropezó. Yo lo agarré ya que empezó a derrumbarse. Los médicos salieron del túnel, yo lo contuve hasta que se lo llevaron adentro a ayudarlo”.

Gracias, don Alex Ferguson. La TV en directo mostró al gran Jock cargado por varios en el túnel, con rostro aparentemente sereno y casi como que azarado por verse llevado aparatosamente a través de todas las pantallas británicas, mientras le decía a todos que tranquilos, que estaba bien. En la cancha los jugadores escoceses seguían celebrando sin notar lo que había pasado con su legendario DT, hasta que llegó Alex Ferguson y le dijo a Richard Gough “Big Jock se puso mal, mantén a los muchachos en la cancha”.

Esta foto con Alan Rough y Mo Johnston celebrando, y a su lado un preocupado Alex Ferguson (que estaba enterado de lo que pasaba con Jock en ese momento), es brutal

Ferguson estaba preocupado pero no angustiado porque pensaba que lo de Stein era superable, pero la realidad es que en la sala médica del Ninian Park estaban tratando de mantener con vida al DT escocés, que había sufrido no un infarto sino un edema pulmonar (fluído en los pulmones)… precisamente lo que se estaba tratando con el medicamento que dejó de tomar… Stein estuvo despierto por buena parte de este proceso, e incluso le alcanzó a decir al médico escocés “Me siento mucho mejor ahora, doc” tras una inyección. Pero al rato quedó inconsciente, y a las 9:50 pm, poco más de media hora de haber terminado el partido, el gran Jock Stein fue declarado muerto.

Otra vez don Alex: “Cuando me fui a hablar con la prensa vi a Graeme Souness llorando. Dije “¿Qué?” Y él dijo: creo que el gran hombre murió”. Los jugadores escoceses, ya casi todos en el vestuario y dispuestos a celebrar, comenzaron a enterarse de la noticia primero por Jimmy Steel, el masajista de toda la vida de Jock Stein desde los tiempos de Celtic: “Vi a Steel llorando” dijo Richard Gough, “En ese momento lo supe, nadie tenía que contarme que Big Jock estaba muerto”. Maurice Malpas también lo contó: “Steely estaba absolutamente devastado, y pronto nosotros también. El resultado no significaba ya nada para nosotros”. Al rato un atribulado Alex Ferguson le confirmó la noticia a un atónito y silencioso vestuario: “Jock´s dead”, dijo simplemente.

La noticia fue un shock completo para el fútbol británico en general. Para los miles de aficionados escoceses, algunos de los cuales solo se enteraron de la noticia al día siguiente que llegaron de regreso a sus casas, fue un mazazo. “Preferiríamos estar fuera del Mundial y tener de vuelta a Jock”, dijo un abrumado fanático de la Tartan Army, resumiendo el sentir general de toda una nación.

Y final

Los galeses quedaron ardidos por otra oportunidad (la tercera seguida) fallida de clasificar a un evento importante perdida por un pelito, pero había esperanza que, con esa generación y con los resultados recientes, la clasificación a una Euro o un Mundial era algo casi que cantado en los siguientes añitos. ¿Cuándo volverían a clasificar a un evento importante? A la Eurocopa de 2016.

15 días después, España le ganó bastante justo a Islandia 2-1 en Sevilla, volteando un 1-0 en contra a los 35 minutos, con goles de Hipólito Rincón y Rafael Gordillo. Con este resultado se consumó la clasificación directa de España, el lugar en el playoff contra el ganador del grupo de Oceanía para Escocia, y la dolorosa eliminación a una de las mejores selecciones galesas – al menos por nombres – de la historia. Dos meses después Escocia, dirigida temporalmente por Alex Ferguson, vencería en el playoff a Australia sin sobrarle demasiado: 2-0 en Glasgow y 0-0 en Melbourne. A los escoceses les tocaría en el Mundial de México en el que yo sepa es el primer “Grupo de la Muerte” bautizado de la historia: Alemania Federal, Dinamarca, Uruguay, y se quedaron fuera en primera fase. A Ferguson al parecer no le tenían mucha fe y fue reemplazado después de ese Mundial, y de ahí se fue al Manchester United. Espera yo averiguo como le fue allá…

Davie Cooper no puede creer la noticia, con Mo Johnston consolándolo

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