Colombia y las Eliminatorias de Italia 1990 (y Parte 2)
El gran Pibe imponiendo su paso el 30 de octubre de 1989 en Ramat Gan
Terminamos el recuento que iniciamos con la Parte 1, de cómo fue que clasificamos por primera vez a un Mundial a color y no en blanco y negro.
Cuarta estación: Iguarán y Rubencho nos rescatan en Barranquilla

El 17 de septiembre de 1989 se jugó el primero de los partidos que, ahí sí, iban a definir si por fin nos salía una en la vida, no joda. Contra unos confiados paraguayos en Barranquilla salimos a jugar con Higuita; Wilson Pérez, Perea, Andrés Escobar, León Villa; Leonel, «Barrabás», Redín, El Pibe; Ruben Darío Hernández y El Guajiro. Otra vez alineación sin repetir: volvieron León Villa por Carlos Mario Hoyos y Redín por «El Bendito»; además retorna a la titular Leonel después de su suspensión, pero no por su reemplazante «Barrabás» sino por «El Chicho» Pérez. La táctica Pachomaturanística de alternar a León Villa de local con Carlos Mario Hoyos de visitante ya era cantada a estas alturas; el regreso de Redín no sé si fue porque a Pacho no lo convenció «El Bendito» en Guayaquil (igual jugó 80 minutos allá), o porque aquel estaba de lesión, o por decisión técnica. Ahora, la entrada de «Barrabás» por «Chicho» Pérez pareció decisión técnica de Pacho, de pronto buscando algo más de manejo de pelota con el hermano de Bolillo. Pero hay que decir acá que, en general, el rendimiento del «Chicho» Pérez en estas Eliminatorias fue bueno, y no entiende uno porque era tan cuestionado en su momento. ¿Por venir de la «rosca paisa»? ¿Por que no entendíamos la utilidad y funcionalidad de un volante como «Chicho»? No sé, Ernesto, no sé…
Paraguay salió con la misma base de siempre, pero con dos cambios arriba: a la banca los delanteros Ramón Ángel Hicks y Gustavo Neffa, de rendimiento muy pobre en estas Eliminatorias, y adentro uno de Guaraní, el ex-Cali Buenaventura Ferreira y uno de Libertad, Eumelio Ramón Palacios – sí, el mismo que estuvo en el Deportes Tolima de la B de 1994 (!!!) y en el Pereira -. Por algún motivo que no sabemos, el DT Luján Manera no alineó ni a Javier Ferreira, el autor de dos de los cuatro goles que habían convertido hasta el momento, ni al megacrack de Roberto Cabañas, ni siquiera en la convocatoria, y que sí jugó – y metió gol – contra Ecuador una semana atrás.
Hablemos ahora sí del partido. Con todo el amor que le tengo a Colombia y al fútbol, te puedo decir que el PT de ese partido es casi inmirable. Lo pesado y paquidérmico del ritmo de juego nuestro, las imprecisiones de casi todos, los nervios que afloraban en cada pelota manejada por nosotros, la angustia existencial que da el ver a León Villa correr a 30 por hora para mandar que ni apuntada la pelota a una cabeza o tobillo paraguayo; el toque inofensivo de Redín y el Pibe, que (sobre todo el primero) esta vez no lo hacía pensar a uno «les escondemos la pelota jajaja» sino «HIJUEPUTA PERO PASEN ESA MONDÁ BIEN O AL MENOS CORRAN NO JODA»… todo esto se te pega como una dermis de angustia y fuego depresivo, que te dan ganas de quitártela de encima con un cortauñas oxidado, y de escaparte y salir corriendo así sea a verte un partido de la liga de béisbol boliviana o un tiktok de un agüevado mostrando cómo se hace un tatuaje… o lo que mierda sea pero que te quite la sensación densa y mortificante de este primer tiempo tan ominoso.
El público en el Metropolitano no dejaba de apoyar, pero el murmullo se dejaba escuchar de modo creciente a medida que el tiempo avanzaba de manera inexorable, llevándose con él nuestra clasificación embolatada. Más aún cuando, casi a punto de terminar el PT, «El Coco» Mendoza aprovecha que entre Wilson Pérez y Perea le hicieron un puente de honor a un obús sin rumbo que vino del área paraguaya, y pum: riendazo inatajable para Higuita. 1-0 parcial y parecía que Chaoyang.

Con todo en contra y con solo 45 minutos restantes para intentar no sumar un fracaso seguido más, Pacho le metió mano al equipo para el ST: adentro «El Palomo» y «El Bendito». Afuera «Barrabás» Gómez y… El Pibe (!), en un cambio arriesgadísimo y que iba a total contramano con lo esperado. Porque sí, no solo estabas sacando a tu máxima figura, sino que aunque estaba jugando mal era más lógico sacar a Redín, que tampoco estaba haciendo una verga; y al menos el Mono tenía más dinámica y criterio que el del Cali. Afortunadamente terminamos volteando el partido en el ST, más a punta de la necesidad y a la falta de manejo de los paraguayos, que nos ayudaron al echarse atrás muy maricamente y regalarnos el balón. Primero fue el gran Guajiro (cuarto gol en tres partidos, había hecho todos nuestros goles hasta ese momento) que empalmó de cabeza y a dos centímetros del bigote de un «Gato» Fernández estático, un centro de Rubén Darío Hernández desde la izquierda. Y luego el mismo Rubencho coronó con un disparo bien colocado una jugada de barullo y rebotes y piscinazos y paridera. El 2-1 no se movió más, y lo único que hay para reprochar de parte nuestra es que cómo no le hicimos una estatua al Guajiro Iguarán, y como hoy en día el aporte de Rubén Darío Hernández en esa clasificación es tan dejado de lado. El 2-1 final nos dejaba vivos pero, recuerden: dependiendo de que los ecuatorianos, ya eliminados de todo, le hicieran partido a los paraguayos en la última fecha en Guayaquil.
El Milagro de Guayaquil
La tabla de posiciones estaba así a falta solamente del Ecuador vs Paraguay:
| Equipo | PJ | PG | PE | PP | GF | GC | Ptos | DG |
| Colombia | 4 | 2 | 1 | 1 | 5 | 3 | 5 | +2 |
| Paraguay | 3 | 2 | 0 | 1 | 5 | 4 | 4 | +1 |
| Ecuador | 3 | 0 | 1 | 2 | 1 | 4 | 1 | -3 |
Lo cual implicaba que a los paraguayos les servía ganar por cualquier marcador en esta última fecha para clasificar al Repechaje. Pero, como ya dijimos antes, el empate NO les servía, porque así quedarían igualados con nosotros en puntos, pero quedábamos arriba por diferencia de goles. Así que ese 17 de septiembre estábamos todos pegados de la pantalla no solo en Paraguay sino en Colombia, con todos por este lado haciéndole fuerza por primera vez en algo en la vida a un grupo de ecuatorianos. Algún vetusto cacreco en radio recordaba sombríamente las Eliminatorias de 1974, en donde pasó una situación parecida; dependíamos de que una eliminada Ecuador le hiciera partido al rival de la última fecha – en ese caso, Uruguay en el Centenario – para clasificar al Mundial. Esa vez perdió Ecuador 4-0… No sé como fue esa vez de 1973, pero en 1989 la verdad no recuerdo que la gente le tuviese mucha fe a los ecuatorianos, por el peso que se suponía iba a tener Paraguay, y por lo poco que habían mostrado nuestros vecinos. El ambiente era en general de una tibia, aunque más o menos tranquila, resignación.

A los 17 minutos del partido ya la afición en Colombia estaba achantada, haciendo balances resignados y en modo «como siempre nos faltan cinco centavitos«, porque en ese momento Gustavo Neffa solo tuvo que meter la pata para el 1-0, tras jugada individual de Javier Ferreira (¡lo que rindió en estas Eliminatorias!) por la izquierda. Pero la bajoneada duró apenas diez minutos, los que se demoró Ecuador en empatar gracias al gran Alex Aguinaga, que definió como el crack que era ante «El Gato» Fernández, otra vez inicialista en el arco paraguayo (¿Chilavert seguía suspendido?). Huy marica, empataron, ¿será que pasamos? Ahí la gente en Colombia comenzó paulatinamente a ilusionarse, a emocionarse por cuenta de los sueltos ataques locales, y a sufrir ante las cada vez más nerviosas embestidas paraguayas. A los 73 minutos la ilusión se convirtió en euforia cuando, tras un ataque que parecía llegar a nada, el volante Pietro Marsetti empalma el balón desde afuera para meter, rastrero y venenoso, su único gol oficial con la selección en su último partido por los puntos con esta (!). Y con Ecuador totalmente relajada y suelta, y Paraguay cagando fuego por todas las esquinas, el habitual de esos años Raúl Avilés metió el 3-1 final faltando 10 minutos, y toda Colombia celebrando aliviada y sorprendida y toda Paraguay llorando estupefacta y terminamos con 5 puntos en primer lugar del grupo y gracias por siempre Ecuador.
Listo, ahora sí clasificamos al MundAH NO, AGUANTA QUE FALTA ISRAEL
Pasada la euforia por la milagrosa resucitada en Guayaquil, todo el mundo se hizo una muy importante, y en esos momentos, relevante pregunta: ¿Quién triple putas juega en Israel? Es más, ¿Qué es Israel? Lo más cercano a conocimiento de fútbol israelí que tenía el ignaro aficionado colombiano promedio, sospecho que era exactamente el mismo: los retazos de la actuación israelí en México 70 que pasaban antes de los Mundiales en la TV. Y ya, era todo. Lo cual era normal en esos tiempos sin interné en donde las noticias del mundo sólo las podías conocer por lo que te contaban en la TV, en la radio, en revistas trasnochadas o en la prensa. Así que tocaba conformarse con lo que se podía conocer, que era muy, muy poco.

Lo primero que nos enteramos es que los israelíes llegaron a este punto gracias a quedar de primeros en el Grupo final de la Zona Parias de Asia + Oceanía, que incluía también a Taiwan, Australia, Nueva Zelanda y Fiji. El cupo de esa ¿zona? al repechaje contra Sudamérica se definió en un triangular, en el que australianos y neozelandeses se jodieron entre sí de tal modo que permitieron que los israelíes quedaran de primeros con un solo partido ganado y tres empatados (!). Las frenéticas averiguaciones hechas por el periodismo criollo de esos días encontraron pocos datos además de estos, aunque gracias a eso el pueblo se enteró que las figuras israelíes eran principalmente tres: el peligrosísimo delantero Ronny Rosenthal (del Standard Liége), el talentoso volante Eli Ohana (en el KV Mechelen) y el arquero Bony Guinzburg (de Rangers). Por esos días jugar en Europa para un no-europeo era jodidísimo, así que el hecho que estuvieran por allá era algo a considerar. Y en realidad, al menos en el caso de los dos primeros, sí: Rosenthal era habitual del Standard Liége, y años después fue a Liverpool y a Tottenham Hotspur, en donde hizo sus goles a pesar de competir con otros delanteros de altísimo nivel. Ohana era figurón del KV Mechelen (Malinas, pues) que ganó el campeonato belga, la Copa de Campeones de Copa (la vieja Recopa) y la Supercopa de 1988. Y el man sí era muy talentoso, un volante tocador, hábil y que era capaz de hacer goles como este en Minsk con su club o como este hp golazo en Sydney por Eliminatorias.
Pero vuelvo y te digo: casi nadie tenía ni puta idea de quienes eran y cómo jugaban. Para resumirte, no sabíamos si debíamos tenerles miedo o no. El instinto popular y la falta de noticias de ellos en el mundo futbolístico, hacía pensar que como equipo eran del lote de los medio huevo, pero entre la tradicional tendencia nuestra a churretearnos, el hecho que fueran más o menos europeos y los altibajos mostrados contra Paraguay y Ecuador no daban para celebrar por anticipado. De todos modos, teníamos tres semanas – desde la clasificación nuestra por rebote en Guayaquil – para cuadrar el chico antes de la ida del playoff, que no se si por sorteo o desde antes se tenía establecido que iba a ser en Barranquilla, el 15 de octubre de 1989. Ah, y teníamos un pequeño plus más: los israelíes no jugaban un solo partido juntos – ni amistoso ni oficial – desde hacía seis meses; el último había sido en abril de ese año contra Australia por Eliminatorias.
El plan, o la estrategia lógica en estos casos, era ganar por la diferencia más amplia posible, de modo que en la vuelta no tuviéramos que parir piñas de manera sostenida. Pensando en esto, Pacho mandó a la cancha esa tarde dominical a los dos que en lojojo de todos le habían arreglado el chico ante Paraguay: Rubencho se mantuvo como inicialista acompañando al Guajiro en la delantera, y «El Bendito» entró desde el inicio en vez de Barrabás / El Chicho Pérez, dejando casi solo a Leonel en la marca, con el apoyo protocolario de Redín o el mismo Fajardo en el centro del campo. Entonces, Redín y El Pibe siguieron de titulares, este último a pesar de que su rendimiento era cuestionado por parte de la afición y prensa.
Ahora, yo sí recuerdo la sensación que El Pibe estaba bajo de nivel y que pintaba para ser banqueado, pero viendo de nuevo todos los partidos de esta Eliminatoria, en verdad solo veo al Pibe jugando mal ante Paraguay en Barranquilla. Ante Ecuador de local y en Paraguay jugó, a mi parecer, de bien a muy bien, y en Guayaquil jugó regular. Entonces, con la mirada relajada que da el paso del tiempo, no entiendo el por qué se le dio, en ese preciso momento, tanta varilla al gran Pibe. ¿Será que la gente esperaba que el Mono sacara siempre cipote de pases de mago como los que nos tenía acostumbrados? No recuerdo, la verdad. Y lo raro es que a Redín nunca se le cuestionaba, siendo que su aporte en cancha en estas Eliminatorias fue muy inferior al del Pibe. Redín era muy calidoso, pero su labor principal en esas Eliminatorias fue el de el_man_que_le_pasa_el_balón_al_compañero_del_lado.
Total que la milagrosa clasificación al playoff llenó de confianza al respetable, y el Metropolitano estaba abarrotado ese domingo 15 de octubre de 1989 ante la certeza que lo teníamos ahí nomasito el pase al Mundial. Pero cuando comenzó el partido los nervios estaban a full: ustedes no lo sentirán nunca, pero es una vaina muy hp el enfrentarse en un partido de vida o muerte a un rival del que no conoces absolutamente nada. La incertidumbre de no saber si cuando lo atacas te mata de contra, que si los esperas te cagan a pelotazos, de si mandas a los laterales y resulta que los de ellos son cipote de culebras que se van por la espalda y te matan… eso es muy bravo, y condiciona mucho los partidos. Así que cuando comenzó el partido esa tarde, creo no exagerar cuando digo que todo el puto mundo en el Metropolitano, y me atrevo a meter al cuerpo técnico de la selección, estaba más sano que Shakira cuando se iba de viaje y dejaba a Piqué cuidando la casa.
Antes de los dos minutos el juez (el francés Michel Vautrot) pitó (mal) un fuera de lugar a Israel tras un pase filtrado entre nuestras líneas que dejaba solito a Eli Ohana frente a Higuita. Y eso fue todo lo que hizo Israel en ataque en el PT. Primero tímidamente, después con más confianza, nosotros asumimos con firmeza el control del partido y jugamos seguido en el campo israelí, guiados principalmente por «El Bendito» Fajardo y El Pibe. «El Bendito» era de lejos el más activo en generar juego, pero su efecto se atenuaba con el detalle incómodo de que pasaba perdiendo el hp balón. El Pibe, en cambio, lo veías ahí en apariencia pachocho y relajao, pero era mucho más preciso y tanto le ponía el balón al compañero a medio metro, para volver a recibir y pasarla al otro a 25 cms, como mandaba para adelante con exactitud pases cortantes para Rubencho y El Guajiro.
Ahora, el hecho que dominábamos no quiere decir «arrasamos al rival«. Nones: nuestro juego no dejaba de ser de un ritmo bastante pajeado, con mucho toque lateral, triangulaciones lejos de los arcos, abuso excesivo de paredes, y poca contundencia. Pero ajá, era el juego que aprendimos a dominar, con el que nos sentíamos cómodos, y que, mal que mal, nos funcionó bastante por esos días. Quitándole el folclorismo y el exacerbamiento rupestre del «toque-toque», creo que no soy un iluminado al afirmar que es una estrategia de juego que envejeció bastante mal: hoy sales a jugar así y te come la cancha así sea un Luxemburgo. Pero en el momento, como contamos en un texto anterior, fue la mejor solución para aprovechar las virtudes – y tapar los defectos – de nuestros jugadores, y esto es un gran mérito de Pacho. Y como te digo, algo funcionó porque jugando a eso clasificamos a dos Mundiales – aclaremos que la dinámica del equipo del 94 superaba en 100 km/h la de este, ojo -.
Pero también hay que apuntar que el equipo tenía la virtud de acomodarse a la velocidad de juego del rival, y lo notas acá en los partidos en Barranquilla vs los de visita. En el Metropolitano el equipo era mucho más pachocho, más lento, más paquidérmico, mientras que afuera, cuando nos atacaban, todos se apersonaban y corrían, la metían y mandaban para adelante sin dejar de tocarla, o intentar hacerlo. Sospecho que en Barranquilla el ritmo pausado de los nuestros, se basaba en el respeto al calor que hace allá por las tardes, y por eso se regulaban en la velocidad. También explica eso el que los rivales no reaccionaban igual, y claro, estaban más sofocados que un hp; ve a correr desde la media cancha para apurar a Leonel mientras le pasaba el balón a Carlos Mario Hoyos, y dime si te quedan ganas de pegarte otro pique…
Total que Israel, sea por lo explicado arriba, sea por limitaciones propias, o quizás porque jugaban a eso, se echó para atrás de manera obvia y solo apeló al contragolpe esporádico para intentar meter un gol, y a rezarle a Yahvé. Eso nos ayudó full porque nos dió un campo anchísimo para poder manejar la pelota, y con eso vino la confianza. Así fue que a los 18 minutos ya estábamos pisando el área de modo que nos robaron un penalty ante falta a Iguarán, a los 20 Redín hizo revolcar a Guinzburg con un disparo desde lejos, a los 22 Rubencho intentó con un tiro rasante que agarró el arquero, y a los 24 Wilson Pérez pateó la primera oportunidad de gol de la selección en un tiro libre de todas las Eliminatorias (!!!). Así que el PT terminó con la gente emocionada, pero sin goles.
Para el ST Maturana arriesgó: sacó a Redín y metió al Palomo Usuriaga: delantero por volante para armar un 4-3-3, con Rubencho y el Palomo de extremos. Arriesgada pero lógica, porque Redín no estaba pesando casi nada, y porque la formación de Israel, o más bien la actitud, hacía que sobrara un volante de marca. El Palomo entró bien y pesando en la cancha por primera vez en todas las Eliminatorias; se le notó más suelto y cómodo pegado a la banda derecha, bien punzante y rápido, medio atolondrado pero efectivo, y haciendo sudar thinner su marcador Yehuda Amar. Ahí seguimos llegando, guiados por el Pibe y el «Bendito», generando más revoleadas que ocasiones concretas, y hasta con tiempo para que Higuita hiciera una de esas salidas que uno viéndolas hoy no sabe si fueron una genialidad o una cabalgada random, de esas que levantan al público y que dejaron huella en la memoria colectiva de los aficionados. En esta en particular hizo parir al mundo metiéndose a huevonear entre los soldados israelíes, y terminó – afortunadamente – bien para nosotros: le generó una amarilla a un rival. Casi siempre le salieron bien esas patroneadas al «Loco», excepto ESA vez… pero nadie lo sabía aún.
Pero el gol nada que llegaba. Hasta que, afortunadamente, a los 28 minutos del ST se dio uno de los goles más recordados de todos los tiempos por la afición de este moridero feliz. Toque iniciado por El Pibe con El Palomo Usuriaga, que triangula con el Bendito; este devuelve bien y cayéndose – la clásica del Bendito -, y al área para que el gran Palomo Usuriaga conecte y meta el 1-0 que hizo gritar más de alivio que de alegría a la afición. Pilla el gol abajo, y no le pares bolas al de la transmisión que se la pasó equivocándose de nombres (le decía Galeano al Palomo y Hernández a Iguarán…). El partido terminó así y quedaba la vuelta en Israel.
Y hasta que se nos dio

Para el partido decisivo (otro más y van…) del 30 de octubre de 1989 en Ramat Gan (ciudad del distrito de Tel Aviv), Pacho Maturana no quiso dárselas de muy aventurero teniendo apenas un mísero 1-0 a cuestas, y salió con la intención de abroquelar el resultado. Pero, con buen sentido y bien coherente con su idea, no lo hizo metiendo siete volantes de marca a encerrarse y a sufrir: ese día (noche de allá, que entre otras cosas fue lunes, no sé por qué no se jugó domingo) la selección salió con un 4-5-1, con dos de marca (Leonel y el retorno del «Chicho» Pérez) y tres creativos (Redín, «Bendito» y El Pibe) y solo el Guajiro adelante. O sea: a tener el balón y no prestárselos. Un 4-5-1 en el que el sacrificado fue Rubén Darío Hernández, o El Palomo, dependiendo de cómo veas cuál debía haber sido el titular. El otro cambio en la inicial fue la entrada, por primera vez en las Eliminatorias, de Alexis Mendoza por Luis Carlos Perea, no sé si por lesión de este último o por sanción.
El partido comenzó movidito: a los 15 segundos ya Leonel se le tiró con todo a Rosenthal tras perder un balón (hoy se ganaría la amarilla). Los locales, como es de esperarse, se fueron arriba para convertir rápido el gol, pero estaban bastante imprecisos, y como que cada quien jugando por su lado. Se les notaba la voluntad pero también la falta de calidad, porque en la cancha no tenían casi nadie que supiera manejar con criterio la pelotica y crear jugadas. En ese aspecto les hacía muchísima falta Eli Ohana, en la banca por baja forma física; aunque en Barranquilla jugó horrible era el único (el otro de pronto era el volante Shalom Tikva, más utilitario que calidoso) que hubiese podido armar jugadas coherentes entre la defensa nuestra, y su reemplazante Nir Levin era muy metelón pero hasta ahí. Así que terminamos nosotros manejando el balón, tocándolo y generando un total de cero peligros en el arco israelí; los cinco volantes servían para no prestar la pelota pero a la vez hacía que el Guajiro adelante estuviese muy activo pero más solo que Karen Abudinen dando una conferencia sobre ética y manejo de finanzas públicas. Total que el 1T se fue casi sin ocasiones de gol concretas: solo una vez se nos frunció el *: la pierde Leonel en el medio, contragolpea Israel rapidito, la pelota pasa a la izquierda a Ronny Rosenthal, que nos mostró por primera vez lo culebra que era, porque a punta de velocidad y habilidad dejó tirado a Wilson Pérez, llegó al fondo, centró al área, pivoteó un israelí a Shalom Tikva y este remató de una. Menos mal que el balón se fue lejísimo del palo, pero estuvo maluco el momento.
Para el ST ambos equipos salieron con un cambio. Los israelíes reemplazaron un lateral por otro: salió Ofir Shmueli (debutante en selección mayor (!)) y metieron a un man dizque David Pizanti, aparentemente por lesión del primero. Y por el lado nuestro, Pacho al parecer se dio cuenta que no solo adelante estaba solito el Guajiro sino que al final nos sobraba un volante. Así que sacó a Redín y metió al héroe de la ida, el gran Palomo Usuriaga. El cambio resultó por un lado, porque con Usuriaga por la derecha e Iguarán por la izquierda, bien pegados ambos a la raya, atacamos con más criterio y peligro.
Pero de la misma forma y en sentido contrario, los israelíes comenzaron a meter miedo más seguido en el arco de Higuita, sobre todo a partir de la entrada, a los 6 min del ST, del talentoso Eli Ohana. Y ahí sí comenzamos a padecer, porque los israelíes tenían poco el balón pero cada que la agarraban ponían a correr y a sudar y a parir y a revolear a los nuestros, sobre todo a los laterales Wilson Pérez y Carlos Mario Hoyos. Principalmente el pobre Wilson estaba totalmente desbordado por las corridas de un desfogado Rosenthal, letal, rápido y muy punzante. Pilla acá las principales ocasiones de gol de los israelíes en el ST:
Así que por un lado teníamos a los israelíes pegados arriba cada que la agarraba el Palomo (sobre todo) e Iguarán, pero por otro hubo momentos en que se nos llenó de preocupaciones hasta el último de las portaletes del jopo, por causa de los ataques israelíes, muy en modo «tirarla para adelante y correr» pero no por eso eran inofensivos ni por ahí. Si no hubiese estado impreciso Rosenthal, nos invadían hasta la Guajira.
Sin embargo, nosotros tuvimos en esos momentos, nuestras únicas dos ocasiones del partido. Faltando menos de 10 minutos, los israelíes Cohen y Pizanti al borde de su propia área, tuvieron la gran idea de pasarse el balón con los ojos; como este, como era de esperarse, no se movió, lo agarró el Palomo, se fue hasta el fondo y metió cipote de puntazo que pegó en el palo izquierdo de Guinzburg. Palazo que removió el alma de la gente allá en Colombia, que se terminó de agitar cuando un ratico después, tras un contragolpe bien manejado y con qué hp pase del Guajiro, el Palomo se comió solito el que hubiese sido el gol de la tranquilidad. Pilla acá:
Pero fueron dos ocasiones solitarias en medio del acoso israelí. Los locales seguían empujando con sus limitadas armas y nosotros tratando de manejar la pelota, sin concretar un carajo. Hubo tiempo para que Rosenthal nos quitara dos segundos de vida cuando, casi con el tiempo cumplido, punteó el balón débilmente – y solo – ante Higuita. Pero pasó nada más, y cuando el juez pitó el final ni los nuestros en la cancha, ni nadie en la casa, no la podíamos creer. Volvimos a clasificar a un Mundial de Fútbol, no joda.

Balance
Los números mostraron que nosotros clasificamos a nuestro segundo Mundial con 6 PJ – 3 PG – 2 PE – 1 PP – 6 GF – 3 GC. Un gol a favor por partido, el arco nuestro en blanco en cuatro encuentros (los tres goles en contra fueron todos de los paraguayos, dos allá y uno acá): no es algo arrasador pero suficiente, y justo. Mirando los partidos de estas Eliminatorias te das cuenta no solo de los buenos momentos que tuvimos, sino también, y es algo que nos puede sorprender un poco, que pasamos a pesar de la cantidad de ratos intrascendentes que pasamos. Tuvimos la suerte que el punto más bajo de rendimiento (individual y colectivo) lo vivimos precisito unos meses antes, en la Copa América de Brasil, y que cuando dependíamos de que otro nos diera la mano, por una vez en la vida este no nos defraudó (gracias Ecuador, otra vez). Pero insisto: fue justo porque fuimos mejores que una débil Ecuador, un jodido Paraguay, y una limitada pero voluntariosa Israel. De hecho en el único partido que perdimos en la campaña, en el Defensores del Chaco, jugamos mejor que el rival…
Igual podemos decir que nosotros clasificamos a ese Mundial bien, sin que nadie nos objete, aunque en la memoria romántica de alguno quedará que fuimos una tromba. Tuvimos puntos individuales muy altos: el principal el grandísimo Guajiro Iguarán, autor de cuatro de los seis goles que metimos en esas Eliminatorias, desesperante por ratos con el balón en los pies pero totalmente letal cuando le tocaba serlo en frente del arco. Sin él no sé qué putas hubiésemos hecho, la verdad. Después de él, el aporte de Rubén Darío Hernández se recuerda muy poco, pero nos dio la mano bastante en partidos muy jodidos. El Pibe tuvo momentos buenos y otros no tanto, pero en general manejó bien al equipo. Leonel rindió casi siempre, «Chicho» Pérez lo acompañó muy bien, Andrés Escobar y (algo menos) Perea fueron impasables. Y el Palomo, que después de unos grises primeros partidos se pellizcó y fue figurón en el playoff intercontinental, no solo por el gol sino por el nivel de peligro que metió.
Pero indudablemente, y es algo impopular de decir hoy en el que su recuerdo quedó tan atenuado por lo reciente, sin Pacho Maturana en el banco seguro no hubiésemos hecho un carajo. Sin la manera de crear un equipo con una identidad propia desde cero, sin la confianza que le dio a la gente que tuvo, sin el ojo para no solo resucitar del pasado a uno de los pocos sobrevivientes de las nefastas Eliminatorias de 1986, sino de hacerlo rendir, y sin su mano para manejar los resultados… ni por el putas hubiésemos visto a la selección en Italia unos meses después. ¿Por qué no nos acordamos un poco más de esto? No sé, pero al menos, el mérito de haber logrado algo en un país de perdedores seriales, y sin imitar lo que hacen los otros, da para hacerle una estatua y ponerla al lado de la de Santander…

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Linda y esforzada historia la de este equipo
Recuerdo el nerviosismo tan bravo que se vivió durante los dos partidos del repechaje.