La primera vez que fuimos felices: Colombia y las Eliminatorias de Italia 1990 (Parte 1)

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ColEcu1989

Perea, Hamilton Cuvi (el capitán de Ecuador), Andrés Escobar, El Palomo y El Guajiro en primer plano en un ataque nuestro contra los ecuatorianos en Barranquilla

La historia de la selección Colombia en Eliminatorias se puede dividir de manera general en dos periodos: la semivirginidad penosa de antes de las de 1990, y la relación tóxica, con algunos momentos bonitos, después de. Acá repasaremos, para todos los que la vivimos, y para los que no también, cómo fue la primera vez que el país se llenó de esperanza, de manera sostenida y realista, por una selección Colombia de Mayores.

The long and winding road (El cule´ camino enredao)

El camino de esperanza y azare bacano que fue el proceso previo a las Eliminatorias de 1990, con la llegada de Pacho Maturana a la selección, la renovación de un equipo oloroso a viejo y perdedor, la ilusión de la gente por una selección Colombia de mayores por primera vez en mil años, ya lo contamos en detalle por acá, por si te lo quieres leer.

Así que vamos al granel. La tarde del 20 de agosto de 1989 en Barranquilla, comenzaría otro camino, el más jodido y el de verdá-verdá: era el debut nuestro en las Eliminatorias a Italia 90, como parte del Grupo 2 de la Conmebol que completaban Ecuador nuestro rival de ese día – y la jodida Paraguay. El viaje iba a ser doblemente sufrido porque la clasificación incluía dos campos minados: primero había que quedar de primero en el grupo sobre los ecuatorianos y Paraguay, y luego, si lo anterior se lograba, pelear contra el clasificado del grupo hechizo de Parias de Asia + Oceanía, que ya se sabía desde abril que era Israel. El obstáculo más jodido era sin duda el de Paraguay, mundialista en México 86 y uno de los pesados del fútbol sudamericano de esos años, con tipos muy calidosos y con bastante cancha como Julio César Romero, Jorge Amado Nunes, Alfredo «El Coco» Mendoza, Rogelio Delgado, Roberto «El Gato» Fernández y otros. Que entre otras cosas, nos ganaron con autoridad un par de meses antes en la Copa América de Brasil… se veía complejo el asunto.

Ecuador y una nómina típica de 1989. Arriba: el DT Dusan Draskovic, Wilson Macías, Jimmy Izquierdo, Luis Capurro, Carlos Morales, Kleber Fajardo, Holger Quiñonez. Abajo Hamilton Cuvi, Julio César Rosero, Byron Tenorio, Pietro Marsetti y Raúl Avilés. Compara el físico de pasahambre de las selecciones ecuatorianas con las vigas (AEEEEE) de hoy

El Metropolitano estaba esa tarde casi completamente abarrotado hasta los jarretes, con barranquilleros (92% del público) y cachacos con la cara enrojecida por el guaro y el calor (el resto), todos felices y bullosos; la muestra de la interminable confianza que la afición le tenía a la selección en cada una de las Eliminatorias, independientemente de si había esperanzas concretas de clasificar, o de si nos tocaba enfrentar con Juan Pérez o Gumersindo Arrieta a un Zico, Maradona o Francescoli. Pero esta vez se sentía en el ambiente algo distinto; había una fe renovada y tangible, un ambiente en el que flotaba la sensación de “Si no es ahora, cuando” que le impregnaba a la misión mundialista criolla un aura de inevitabilidad.

Las formaciones inicialistas (tomado de acá)

El primer obstáculo a superar, como dijimos, era la tradicionalmente medio huevo Ecuador. Los ecuatorianos habían comenzado a hacer cositas de la mano de un señor desconocido traído de Yugoslavia: un tal Dusan Draskovic, entrenador que se sacaron casi que del sombrero – fue seleccionado por la FEF tras una especie de casting por las federaciones europeas –, y que con su métodos de trabajo y de formación terminó siendo el directo responsable en convertir a Ecuador de casi que otro Venezuela, a una selección que si no clasifica al Mundial uno dice «Ay marica, los eliminaron«. Pero eso aún nadie lo iba a saber en 1989: por el momento Ecuador había comenzado a mostrar algunas cosas interesantes, pero nada concreto.

La selección Colombia saltó a la cancha esa tarde con casi, casi, lo mejor que teníamos para lograr los dos puntos que, en una Eliminatoria tan breve y letal, era obligación conseguir: René Higuita; León Villa, Andrés Escobar, Luis Carlos «Coroncoro» Perea, Wilson Pérez; Ricardo «Chicho» Pérez, Leonel Álvarez, Bernardo Redín, El Pibe Valderrama; Albeiro «El Palomo» Usuriaga, Arnoldo «El Guajiro» Iguarán. Casi todos debutantes en unas Eliminatorias Mundialistas, solo el Guajiro Iguarán y El Pibe Valderrama (un poquito) habían mojado cancha en las fallidas Eliminatorias de 1985.

Y debutamos bien: el partido lo ganamos 2-0, con superioridad y mejores armas que un rival más limitado que la vida social de un padre soltero de clase media con hijo pequeño. Colombia dominó – no “arrasó” – con un medio muy activo y tocador, que usaba (¿abusaba?) de la triangulación, tirando pases al vacío, tocándola con laterales y delanteros buscando romper las trincheras ecuatorianas. Y eran trincheras minadas, porque casi que la única arma defensiva que mostraron los ecuatorianos esa tarde fue parar a punta de faltas a cualquiera de rojo que se acercase a menos de 25 metros frente al arco. Si lo anterior fallaba, quedaba el arma de revolear el hp balón para que el problema fuera de los de arriba, a ver qué carajo hacían. Igual el recurso de las faltas no afectó a a los visitantes, porque nosotros tuvimos como 17625 tiros libres frontales de los cuales generamos riesgo en exactamente, ninguno.

Igual no es que fuésemos ufffff qué sinfonía perfecta de toque y clase eran estos cuates, porque por ratos estuvimos bastante imprecisos, y a una velocidad pasmosamente pachocha. En gran parte no ayudaba la cancha de mierda que lucía el Metropolitano esa tarde, toda llena de baches y pelados, que le añadía como cinco botes por metro a cada balón al piso. Es cuando uno se pregunta dónde putas estaba la puta malicia criolla en el momento de no pillar el puto detalle de que una cancha en mal estado no le servía a un equipo de toque a ras de piso como nosotros… Afortunadamente el autoboicot no nos afectó de manera global, pero sí hizo que el juego fuese bien irregular.

El PT lo comenzamos con nervios y de a poco nos fuimos asentando y agarrando confianza. Redín fue el responsable casi absoluto de la creación nuestra en ese PT, agarrando, tocando, distribuyendo, metiendo pases, ayudado por el Pibe (raro ver al gran Pibe con la camiseta número 12), Leonel, «Chicho» Pérez (de muy buen partido, de hecho) y casi que exclusivamente por la banda de León Villa en el PT – en el ST fue por la de Wilson Pérez -. Villa era un derroche de intenciones: metía barullo, subía, daba vueltas, se devolvía, desbarataba un poco… para al final mandar la pelota a una cabeza o tobillo ecuatorianos. Qué desespero, pana. Ya a partir de los 25 comenzamos ahora sí, a meter miedo en el arco contrario, y después de una ráfaga de unos cinco minutos en los que el arquero de ellos tuvo que revolcarse ante disparos envenenados de Redín, “El Guajiro” y León Villa (un centro-disparo), metimos el 1-0. Lo hizo El Guajiro, con su metro y medio ganándole de cabeza a su marcador, tras un centro de tiro de esquina cobrado por Wilson Pérez.

Uno de los que más hizo por meternos a ese Mundial

Y ahí el partido agarró casi que el cierre, porque los ecuatorianos no tenían manera de meter miedo, aunque lo intentaron con los dos únicos que medio sabían moverla: el aún pelaíto Aguinaga y el talentoso pero bastante lagunero Hamilton Cuví. Tuvieron sus oportunidades sueltas (incluso antes del 1-0 habían tenido una que finalizaron horrible) pero en ningún momento se sintió el olor a empate. O a descuento, porque a los 78 el gran Guajiro metió el 2-0, otra vez de cabeza (!) y de nuevo, a centro de Wilson Pérez, que le metió un bombazo precisito tras un tiro libre para la entrada del glorioso delantero. El resto del partido lo dominamos plácidamente, y con tiempo para meter un tiro al palo (otro cabezazo, esta vez del “Bendito” ingresado en el ST) y varios más al arco de Rubén Darío Hernández (otro que entró desde el banco) y el Pibe que salvaron con afán los ecuatorianos. En resumen un 2-0 categórico y totalmente justo, que metía fe para el partido más jodido del grupo: una semana después nos tocaba ir a matarnos al mítico Defensores del Chaco en el debut de los paraguayos.

Tángana y angustia en Asunción (o «Hernán Silva perro hp»)

Así de tranquilo estuvo el partido en Asunción

Desde el sorteo era cantado que el partido más jodido del grupo iba a ser la visita a Asunción en la segunda fecha, el 27 de agosto de 1989 en el venerable y áspero Defensores del Chaco. Era el encuentro que más o menos iba a decidir quién agarraba viaje para el repechaje, de acuerdo con la lógica imperante en esos momentos: si al menos empatábamos nos quedaba todo cocinadito y a favor para agarrar el primer lugar. Si perdíamos, tocaba ir a sacar un buen resultado en Guayaquil – ojalá triunfo, porque todos suponían que los paraguayos ganarían allá sin problemas -, ganarle a la Albirroja en Barranquilla y rezarle a los ecuatorianos para que no se dejen ganar por muchos goles contra los guaraníes. Repito, todo de acuerdo a la lógica que se asumía antes del debut, que como sabemos se va a la verga con una mala tarde de alguno. Resumiendo: si ganábamos estábamos casi que adentro, si empatábamos dependíamos de nosotros mismos, si perdíamos quedábamos vivos pero con el ojo puesto en otro lado.

Acá a la izquierda ves las alineaciones de esa tarde en Asunción, y notarás dos cambios respecto de la inicialista vs Ecuador una semana atrás: Carlos Mario Hoyos por León Villa y J.J. Galeano por El Palomo Usuriaga. Me imagino que ambos reflejaban la precaución de Pacho ante, la que se suponía, iba a ser una avalancha paraguaya esa tarde: Hoyos era más aplicadito en marca que Villa, aunque eh, menos dúctil, y a «El Andino» Galeano el DT le tenía fe por su juego aéreo, y su utilidad para bajar como media punta y colaborar con los del medio. Los paraguayos, dirigidos por el conocido Eduardo Luján Manera, salieron con el equipo clásico que tenían esos años, casi todos veteranos de México 86 (incluyendo un par que fueron campeones de América en 1979). Los nuevos eran dos: el arquero, un tal José Luis Félix Chilavert del Zaragoza español, desconocido para el mundo por esos días, y la sensación guaraní del momento, un delantero dizque de 17 años llamado Gustavo Neffa. El caso de Neffa era extrañísimo: a los 17 años se veía como de 27, a los 20 como de 35, a los 25 como de, eh, 35 años, y a los 27 parecía un man de 40 años. Si alguno tenía dudas que estaba más pasao que el bullying en twitter, las despejaría con el hecho de que se terminó retirándo del fútbol a los 29 años (!), tras una trayectoria bastante gris en selección y clubes.

Paraguay ganó ese día 2-1 tras un partido muy accidentado y polémico, que si quieres saber cómo fue en detalle, lo puedes ver acá. Una lástima la derrota, porque nosotros en verdad jugamos bien y con personalidad, anulando los intentos paraguayos –  dirigidos en la cancha por el crack de Jorge Amado Nunes – de asociarse y tocar rápido para mandar arriba el balón al tridente «Coco» Mendoza – Neffa – Hicks. La mayoría del cotejo estuvimos precisitos en la marca con Leonel y «Chicho» Pérez – particularmente el primero estuvo impecable, y además le sobró tiempo para ayudar en la creación -, y controlando las llegadas locales por las bandas. Pero además mantuvimos seguido la pelotica, con criterio y poniendo a ganarse el sueldito a los defensas locales. El Pibe fue el dueño de las jugadas nuestras de creación – construcción – ataque, y cada que la agarraba la escondía, tocaba y mandaba para arriba con mucha clase, y veías a los paraguayos apurados intentando detenerlo, desesperados porque casi nunca le podían quitar el balón a ese señor desgarbado y cheverón al que parecía que le ibas a sacar la pelota fácil, y no.

Leonel recibiendo amarilla

Poco a poco los locales se comenzaron a desesperar y fueron mandando a la mierda el libreto del toque-juego asociado, y lo cambiaron por el clásico y paraguayísimo ollazo frontal a media altura + pivoteo, que conocen desde que nacen los hps. Estrategia bastante rústica pero que les era tremendamente efectiva, porque cada que lo hacían nos hacía sudar fuego por las berijas del ñango. El PT terminó sin goles, y en el ST la cosa seguía por el mismo camino: nosotros teniendo el control del medio pero asustando poco arriba; los paraguayos muy enredados, y por ratos mandando puntazos que Perea y Andrés Escobar sacaban con bastante parto. Así fue que el 1-0 para el local vino más o menos como de la nada: cobro de costado para los paraguayos, cuyo rechazo derivó en mil doscientos cincuenta y cuatro cabezazos y rebotes completados al 70%, de esos que uno grita angustiado «pero revoléala no joda». Hasta que inevitablemente, el recién ingresado Javier Ferreira la agarra y define con mucha clase, solo ante Higuita – que da la impresión que puso flojas las manitos -. ¿Y por qué estaba solo Ferreira? Porque los defensas nuestros en general – y Wilson Pérez en particular -, estaban todos desacomodados yendo al balón como gallinas a las que le tiran maíz.

El panorama se veía maluco, pero si nos calmábamos y retomábamos el libreto, y con la entrada del Palomo por el sacrificado Galeano, había cara que podíamos empatar. Lástima que a Leonel lo expulsaron a los 70 después de cipote de entrada al «Cenizo» Nunes, y ahí se puso crítica la cosa.

Muy pocos se acuerdan que Javier Ferreira, el crack de Junior y América noventoso, entró a jugar contra nosotros en Asunción, y aparte nos clavó con un gol

Después de la expulsión nos perdimos: con la ventaja Paraguay manejó el partido con más serenidad, mientras los nuestros se miraban las caras buscando que el otro le diera soluciones a un partido que se veía más enredado que «Dark«. Pero, curiosamente, también medio de la nada llegó el empate. Faltando tres minutos nada más para el tiempo reglamentario, y con nosotros generando menos miedo que «Actividad Paranormal 4«, por la izquierda se coló el hoy muy subvalorado Rubén Darío Hernández (que había ingresado por «Chicho» Pérez). El gran Rubencho a la carrera metió bien colocadito un balón al área, que el inmenso Guajiro Iguarán, en el único pase que recibió bien y sin perderla en toda la tarde (!!!), controló y mandó en un latigazo preciso y letal a la red paraguaya. 1-1 y la gente en Colombia se quería morir de la alegría y el Defensores del Chaco asado y silbando y la celebración que aún hoy en día ves y te dan ganas de gritar viva Colombia hijueputa.

Desde ahí y hasta el final del partido los locales se mandaron encima como desesperados, tirando esos hijueputas puntazos a media altura que costaban un mundo sacar, y que daban la impresión que había como 15 paraguayos en el área esperando el centro para pivotearlo. El tiempo iba como en el minuto 93 y el árbitro nada que pitaba, y en Colombia todo el mundo dale árbitro hp pita el final ladrón. Ahí en ese momento cayó el millonésimo ollazo al área, que Higuita sale a rechazar con toda la decisión del mundo: lástima que en el proceso rechazó también la cabeza de un paraguayo. Penalazo, que como cosa curiosa el 99.876% de los que nos vimos por TV en Colombia gritamos «COMO ASÍ ÁRBITRO LADRÓN, NO FUE PENAL SINO CHOQUE ACCIDENTAL». Lo mismo pensaron los nuestros en la cancha, porque también le protestaron con bastante azare al juez chileno Hernán Silva. Como se puede ver en el hilo mencionado, no solo es un penal el hp sino que la adición de tiempo es lógica, o si quieres, no fue absurda. Pero ajá, en el momento quedó la sensación de atraco que persiste al día de hoy, como indignados fáciles que somos. El asunto es que Chilavert cobró el penal después de como 140 minutos de protestas y la policía paraguaya en la cancha, y chaz, 2-1 definitivo.

El titular más suave en la prensa colombiana por esos días

Todo complicado, todo en contra, todo a la vez

Una semana después (!) nos tocó jugar, por la tercera fecha del grupo, contra Ecuador en Guayaquil (sí, qué calendario de mierda nos dejamos meter). A la cancha de un despoblado Estadio Modelo – increíble cómo le perdieron la fe los ecuatorianos a su equipo con apenas un partido -, saltamos con Higuita; Wilson Pérez, Perea, Andrés Escobar, Carlos Mario Hoyos; «Barrabás», «Chicho» Pérez, «Bendito» Fajardo, El Pibe; Rubén Darío Hernández y El Guajiro. Pilla los cambios respecto al partido en Asunción: «Barrabás» por el suspendido Leonel, «Bendito» por Redín (no sé si por lesión o decisión técnica), y adelante la entrada de «Rubencho» por «El Andino» Galeano implicaba el tercer inicialista acompañante del Guajiro en tres partidos… Sea por la necesidad de la victoria o por la dinámica diferente de los ingresados, jugamos con mucha más intensidad que en las dos primeras fechas, y generamos varias opciones de gol.

Pero no nos sirvió para mucho: el encuentro fue movido y con varias ocasiones de gol para ambos lados, pero terminó en un empate sin goles que no le sirvió a nadie. A nosotros en particular nos supo bastante amargo por los goles que nos comimos y por la oportunidad perdida de no quedar penando en la tabla. Viendo el partido hoy te das cuenta que el empate fue justo, que los goles comidos no fueron solo nuestros sino de los ecuatorianos, tanto que hasta un 2-2 hubiese sido más lógico. Pero en el momento la gente quedó muy golpeada y el pesimismo invadió al respetable. Acá puedes ver el resumen del partido, pilla en particular ese gol que se devoró el Guajiro tras cagada del arquero Morales.

Como decíamos, con el empate quedamos chilingueando a falta de un solo partido por disputar por parte nuestra. Es que el asunto estaba así:

Equipo PJ PG PE PP GF GC Ptos DG
Colombia 3 1 1 1 3 2 3 +1
Paraguay 1 1 0 0 2 1 2 +1
Ecuador 2 0 1 1 0 2 1 -2

Traducción: Paraguay estaba relajado, porque ganándole en casa a Ecuador en la siguiente fecha en el Defensores del Chaco, eliminaba de antemano a la Tri. Si esto ocurría, a la Albirroja después solo le bastaría empatar contra nosotros en Barranquilla para clasificar al Repechaje con una fecha aún por jugarse. E incluso: si perdía en Barranquilla aún le quedaba el último partido, contra Ecuador en Guayaquil, para seguir en el viaje a Italia 90 con una victoria, o incluso, con un empate si la Diferencia de Gol estaba a su favor. Todo lo anterior implicaba, obviamente, que nosotros quedábamos bien de para atrás: estábamos obligados a ganarle sí o sí a los paraguayos en nuestro único partido faltante, y aún así teníamos que rezarle al Dios Chibchanarcocaribe para que, además, los paraguayos pifiaran en alguno de sus compromisos ante nuestros, eh, hermanos ecuatorianos.

Los paraguayos cumplieron su tarea a medias en la siguiente fecha, el 10 de septiembre de 1989 en Asunción, al ganarle a los ecuatorianos 2-1 (Cabañas, Javier Ferreira; descuento de Nelson Guerrero), y ya Ecuador bái. ¿Por qué «a medias»? Porque aunque se encaramaron en la tabla con 4 puntos y una pinta impresionante de viajar a Tel Aviv, solo pudo ganar por un gol de diferencia: el gol que metió el ecuatoriano Guerrero para descontar finalizando el partido, nos dio una pequeñita lucecita a favor. Recuerda que nosotros le habíamos ganado a los ecuatorianos 2-0: este gol de más a favor que hicimos implicaba que, en caso de ganarle a Paraguay así sea por un golcito de diferencia en la siguiente fecha en Barranquilla, los obligaba a ellos a ganarle a Ecuador en Guayaquil en el último partido, ya que con un empate quedarían de cualquier manera con peor diferencia de goles que nosotros. Era muy poquito para emocionarse, y aún así seguiríamos dependiendo de la buena voluntá ecuatoriana, pero daba algo de moral.

La nota de colorrr de ese partido vino por cuenta del cabeza de balín de José Luis Chilavert, que pateó sin balón al autor del gol después que este anotara, para impedirle que fuera rápido a sacar desde la mitad (!!!). Obviamente fue expulsado, y Paraguay terminó ese partido con un jugador de campo en el arco, pero no hubo tiempo de probarlo…

Así quedó la tabla faltando dos jornadas:

Equipo PJ PG PE PP GF GC Ptos DG
Paraguay 2 2 0 0 4 2 4 +2
Colombia 3 1 0 0 2 1 2 +1
Ecuador 3 0 1 2 1 4 1 -3

Los paraguayos, como dijimos, dependían de sí mismos, y con ganar uno de los dos partidos que le quedaban estaba adentro. Nosotros teníamos al menos la tranquilidad que no teníamos que golear a la Albirroja en nuestro último partido, pero había que rezarle a los ecuatorianos para que, ya totalmente eliminados, le sacaran siquiera un empate a los paraguayos en Guayaquil. ¿Jodido? Nombe qué vaaaa…

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3 pensamientos sobre “La primera vez que fuimos felices: Colombia y las Eliminatorias de Italia 1990 (Parte 1)

  1. Varios apuntes:

    1) Qué estoicismo ni ascetismo ni ermitañismo (?): la única forma de sufrir para templar el alma, es vivir una eliminatoria Sudamericana.

    2) La verdad que esos papeles blancos que tiraban antes eran un asco, ni siquiera se distinguían las líneas del área.

    3) Esa camiseta de Ecuador, se ve que eran camisetas de alternativa de Boca, a las que les hicieron unas franjas rojas.

    4) «Cabeza de balín» jajajaja.
    Y lo que es una eliminatoria, perderse un repechaje por un gol en el final, de un equipo que ya estaba quedándose eliminado.

    Muy bueno. Saludos desde Uruguay

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